jueves, 17 de junio de 2021

De la subsistencia y otras pequeñeces

La tendencia que se viene consolidando en materia de subsistencia material de las personas, esto es, que las personas tengan unos medios para vivir dignamente y atender sus necesidades más básicas en materia de alojamiento y alimentación es que sea una especie de política multinivel y transversal a todas las áreas de la política social o incluso de coordinación con otras áreas como la política fiscal.

Podía haberse consolidado otro modelo, como por ejemplo dedicar un área de la política social exclusivamente a este tema, un hipotético Sistema de Garantía de Rentas, pero el modelo que se ha implantado en la práctica, defendido por muchos sectores, es el que he descrito antes.

Ese modelo plantea que las sinergias entre las distintas políticas configuran un sistema de protección suficiente del que forman parte desde las prestaciones más institucionales, como las pensiones, prestaciones por desempleo o el reciente IMV, hasta los bancos de alimentos (con más o menos subvenciones públicas), pasando por las prestaciones de emergencia de los servicios sociales locales y otras ayudas y subvenciones más o menos finalistas de entidades locales o de otras áreas de la política social como las de vivienda o educación.

Y es un modelo que parece funcionar. Aunque los niveles de pobreza son muy altos, inexcusablemente altos, no nos encontramos en nuestro país con hambrunas generalizadas o grandes masas de población sin techo. Otra cuestión es el grado de sufrimiento que las personas padecen en las condiciones que soportan para tener comida y techo, pero salvo excepciones, son dos elementos accesibles.

Claro que un sistema tan complejo, con semejante multiplicidad de actores intervinientes, es algo difícil de coordinar y por ello tiene sus fallos. Digamos que aunque funcione, es alto el riesgo de que no proteja a alguien. Y en esas situaciones de falla, un sistema así puede tener dificultades para identificar la responsabilidad y por tanto de implementar medidas para corregirlas.

Por ello, en esa construcción histórica del sistema, hubo que buscar un actor que asumiera esa última responsabilidad. Y ahí aparecimos los Servicios Sociales locales, expertos en ocupar zonas de incertidumbre y siempre prestos a asumir lugares residuales.

Y con más o menos matices, las leyes y normativas fueron incorporando que el Sistema de Servicios Sociales debía garantizar las necesidades de subsistencia de la población. Explicitar este encargo social, seguramente en coherencia con el paradigma dominante (básicamente la garantía de derechos individuales), tuvo un gran impacto en el Sistema de Servicios Sociales y por ende, en el conjunto de la política social.

A mi juicio, una de sus repercusiones fue la disociación de la Atención Primaria de Servicios Sociales del resto de Sistema. Se relegó esta Atención Primaria a la función de atender la subsistencia. Y esta puerta de entrada quedó reducida a recibir la principal demanda que el Sistema recibe: dinero. Dinero para pagar las facturas, para alimentación o para pagar la vivienda.

Claro que el Sistema de Servicios Sociales tiene más cosas que hacer. Y ante el colapso de la Atención Primaria (ya hemos definido que el sistema de atención a la subsistencia tiene demasiados fallos que se decidió que ésta tenía que corregir) se fueron creando diferentes puertas de entrada y subsistemas (chiringuitos, los hemos denominado a veces, en una impropia caricatura) para atender esas otras cosas (violencia, problemáticas relacionales, prevención o inserción) obviando la función de la Atención Primaria como puerta de entrada general del Sistema.

Todo ello dificulta visibilizar qué función social realizan los Servicios Sociales, quedando reducida generalmente en el imaginario de muchos políticos y técnicos de otros sistemas (incluso del propio) como función de atención a la pobreza. Sobre las repercusiones de esta concepción ya hemos hablado profusamente en otras entradas.

Otra de las repercusiones importantes al asumir esa última responsabilidad (una de las definiciones frecuentes del Sistema de Servicios Sociales es denominarlo como la última red de protección social de las personas), fue el uso de las prestaciones económicas dentro del Sistema.

Prestaciones diseñadas para situaciones muy concretas, de carácter sobrevenido y no crónico, como las de urgencia o emergencia, tuvieron que generalizarse para atender situaciones permanentes y de forma periódica. Prestaciones diseñadas para favorecer la inserción tuvieron que rediseñarse para atender la subsistencia. Esta modificación conceptual fue, más que algo planificado, realizada de una manera reactiva a ese encargo social que se estaba asumiendo y ha supuesto numerosos problemas que aún no terminan de resolverse (por ejemplo la consideración como subvenciones de este tipo de ayudas, las limitaciones en cuantías o presupuestos de las mismas o la exigencia o no de contraprestaciones o condiciones de algún tipo).

Rediseñadas de esta forma, este tipo de prestaciones ha tenido efectos paradójicos, sobre todo al permitir que el resto de Sistemas puedan eludir sus responsabilidades y no tener que gestionar sus prestaciones de modo accesible, al mismo tiempo que han colaborado con la cronificación de muchas situaciones de pobreza, generando procesos de desresponsabilización y delegación con efectos bastante contrarios a los que se pudieran pretender.

Porque no siempre fue así. En el paradigma anterior la responsabilidad era de la propia persona, y los Servicios Sociales generábamos procesos, en primer lugar de diagnóstico, y posteriormente de acompañamiento en la búsqueda o reclamación de soluciones. En el nuevo paradigma la responsabilidad es exclusiva del profesional, que es quien debe proveer las soluciones tal y como la persona las plantee. Diagnóstico y prescripción han quedado anticuadas, sustituidas por certificación y acceso.

La epistemología que subyace en estos dos paradigmas es muy diferente y creo que la irrupción de la segunda ha hecho unos Servicios Sociales mucho más inefectivos.

Reflexiones al hilo de mi participación en el VIII Foro de Derechos Sociales de Zaragoza. Os dejo aquí el enlace en youtube con el debate completo . 

 

martes, 18 de mayo de 2021

Cuando rectificar no es suficiente

El Gobierno de Aragón ha rectificado y ha incluido a los profesionales del Sistema de Atención Primaria de Servicios Sociales en la lista de profesionales esenciales a vacunar.

Por lo que acabo con esta entrada mis reflexiones sobre este proceso de vacunación, a través del cual he tenido la oportunidad de analizar algunas de las más profundas deficiencias de nuestro Sistema.

En lo que a mí respecta, me he vacunado dentro de mi grupo de edad, (a los que sabemos quien son Los Chiripitifláuticos nos están admitiendo ahora) y no, como esperaba, por mi condición de profesional esencial. Creía, iluso de mí, que el Sistema de Servicios Sociales iba a ser considerado de otra manera.

Bueno, al menos, algunos compañeros y compañeras más jóvenes verán reconocida su condición de profesionales esenciales, aunque sea de la manera tan tardía y descreída como el Gobierno de Aragón lo está haciendo. A mí ni siquiera me ha llegado esa magra y simbólica reparación.

Porque si algo me ha quedado claro con la pandemia y en especial con este tema de la vacunación es la extrema debilidad de la posición que ocupamos en la sociedad en general y en la política social en particular el Sistema de Servicios Sociales.

Un Sistema desorganizado, sin liderazgo ni guía, muy desprestigiado, residual. En demasiadas ocasiones ninguneado e invisibilizado y en algunas, como en ésta, maltratado y agraviado.

Creo que ese es el principal reto del Sistema, pues desde estas posiciones poco se puede aportar a la política social más allá de mantenernos en los papeles que al resto de actores les interesa que ocupemos.

Tener un Sistema de Servicios Sociales respetado y prestigioso es el único camino para ser útiles. Y obtener ese prestigio no depende tanto de que se reconozca lo que hacemos (de sobras es conocido por cualquiera que se interese) o de cómo lo comuniquemos. Sin negar que hay cosas que podríamos hacer mejor y que sin duda las podríamos contar de mejor manera, creo que conseguir ese prestigio pasa por una actitud digamos más “combativa”.

Hasta ahora hemos sido demasiado condescendientes con las pérdidas de respeto que hemos sufrido. Traicionados en muchas ocasiones por la pragmática, hemos asumido encargos extemporáneos y posiciones residuales que no nos han hecho ningún bien.

Estoy persuadido de que hay que incorporar posiciones mucho más claras de denuncia y hay que decir con claridad que no a muchos encargos y propuestas. Sé que nuestra dispersión y debilidad hacen difícil este camino, pero me parece que es el único posible en estos momentos.

En este sentido, la rectificación del Gobierno de Aragón y la tardía incorporación como profesionales esenciales a los planes de vacunación no me parece suficiente. Incorporación que estoy convencido de que si no nos ponemos a protestar todavía estaríamos esperando.

Los hermanos Malasombra
El insulto sufrido con la exclusión de nuestro Sistema durante estos meses ha sido demasiado grave y ya estaba llegando a niveles insostenibles. Hay profesionales de los ámbitos privados con mucha menos intervención que nosotros que llevan meses vacunados. Se está comenzando a vacunar incluso a voluntarios de otros sectores. Seguir excluidos de los planes de vacunación era ya un agravio consciente y deliberado que no se podía consentir más. El siguiente paso era acudir a la Justicia.

Por ello no basta con la incorporación ahora. Hay que identificar quién se negaba a nuestra vacunación y qué argumentos utilizaba para ello. Del mismo modo que tenemos que saber que contraargumentos se han intentado y con qué intensidad.

Mi hipótesis es que se tomaron esas decisiones basadas en una mezcla de prejuicios, desconocimiento y prepotencia. Y que quien tuvo la oportunidad de influir en ellas se inhibió de una manera incalificable.

Poner en valor el sistema significa también pedir explicaciones al respecto. El silencio que hemos sufrido como respuesta a nuestras demandas hasta ahora (y la desconfirmación que significa) no puede continuar.

Incluirnos en los planes no repara el daño sufrido. Vernos relegados como profesionales ha sido sentir cómo lo que muchos hemos estado construyendo durante años (un sistema de atención social en Aragón) no era valorado y que la respuesta a los problemas que hemos dado durante la pandemia (en muchos lugares los únicos profesionales que hemos estado presencialmente atendiendo problemas hemos sido los de Servicios Sociales) no ha importado en absoluto. Eso es en verdad lo que hay que reparar.

La herida es profunda. Creo que una vacuna no va a curarla por completo, si no viene acompañada de otro tipo de tratamiento.

Que estaría bien que comenzara por algún tipo de disculpa…

* * * 

Aprovecho para agradecer los apoyos sentidos durante este proceso por parte de usuarios, profesionales y amigos y también de quien se ha comprometido con el tema para que al final se corrigiese.

sábado, 8 de mayo de 2021

El doble vínculo en Servicios Sociales (o de cómo volvernos locos)

“No cualquiera se vuelve loco; esas cosas hay que merecerlas.”

Julio Cortazar.

 

 La teoría del doble vínculo fue acuñada y desarrollada por el antropólogo Gregory Bateson y su equipo de investigación en Palo Alto, California (1956). Está enmarcada en la perspectiva sistémica y hace referencia a aquellas situaciones comunicativas en las que se reciben mensajes contradictorios.

Esta teoría se formuló para explicar el origen psicológico de la esquizofrenia, dejando a un lado las disfunciones cerebrales e hipótesis orgánicas.

Si la comunicación fundamental en una familia es habitualmente doblevincular sus miembros pueden verse gravemente afectados en su desempeño psicológico.

Os hablo de esta conocida teoría porque opino que en la familia de Servicios Sociales éste es un modo de comunicación excesivamente frecuente y que está a punto de hacerse hegemónico y por tanto con alto riesgo de “volvernos locos”.

En la comunicación doblevincular el receptor recibe dos mensajes contradictorios. Habitualmente uno es explícito y el otro permanece implícito en la relación. Por otro lado está prohibida o es imposible señalar dicha contradicción, estando el receptor envuelto en una relación muy significativa con el emisor del mensaje, quien ostenta una posición de poder.

 El Sistema de Servicios Sociales está plagado de comunicaciones de este tipo.

Pondré un ejemplo, con una de las últimas situaciones y que, por su gravedad, me parece especialmente representativa: la vacunación del personal de servicios sociales como personal esencial. Más bien su no vacunación.

Mensaje A.- “El personal de Servicios Sociales es personal esencial.” El 26 de marzo de 2020, a través de la Orden SND/295/2020 del Ministerio de Sanidad, los Servicios Sociales, todos sus centros y trabajadores, independientemente de su titularidad se declara como Servicios Esenciales. Declaración que se reitera en la Ley 3/2021, de 12 de abril, por la que se adoptan medidas complementarias, en el ámbito laboral, para paliar los efectos derivados del COVID-19.

Más explícito y claro no se puede hacer.

Mensaje B.- “El personal de Servicios Sociales no es personal esencial”. Esta vez no se hace explícito. Simplemente, no se incluye al personal de Servicios Sociales entre los profesionales a vacunar.

Contradicción: Somos esenciales y no somos esenciales. Es como la paradoja cuántica del gato de Schrödinger, que está al mismo tiempo vivo y muerto.

Imposibilidad de comunicar: A pesar de las múltiples quejas, requerimientos y argumentaciones desde múltiples foros los responsables del plan de vacunación no se dan por aludidos. Ni una respuesta, ni una explicación. Silencio.

El uso del poder: La desconfirmación. No contestar tiene un mensaje: no importáis nada. Sois esenciales pero no significáis nada para nosotros, que somos los que decidimos. Nos da igual el miedo o la protección con la que tengáis que trabajar.

Los efectos de la contradicción. ¿Nos comportamos como esenciales o no? ¿Seguimos atendiendo presencialmente las problemáticas que lo requieran o dejamos de hacerlo? ¿Cómo vamos a dejar de hacerlo? ¿Pero si no es esencial nuestro trabajo podríamos dejar de hacer muchas cosas, ¿no? ¿Somos esenciales y prescindibles a la vez?¿O somos irrelevantes y muy necesarios? Qué lío...

Podría poner múltiples ejemplos más de este tipo de comunicación dentro del Sistema.  A todos los niveles y relaciones. Entre administraciones, entre profesionales y usuarios, entre los mismos profesionales, en relación con otras entidades…

Pero no lo haré. Os invito a buscarlas a vosotros. Seguro que las encontráis con facilidad pues, como digo, están por todas partes.

Por mi parte, me quedo con el ejemplo que os he puesto y que, como digo, me parece suficientemente representativo.

Hasta otra. Si no nos hemos vuelto locos antes.

 


miércoles, 28 de abril de 2021

Retazos de una pandemia

 Agrupo en esta entrada algunos escritos, que he elaborado a modo de flashes con lo vivido en mi ejercicio profesional en este año de pandemia. Un año en lo que nada volverá a ser igual. Tampoco mi ejercicio profesional.

Hace tiempo que tenía pendiente una entrada de este tipo. Lo vivido ha sido tan intenso que me hubiera gustado hacer una especie de diario con los sucesos vividos y las emociones y reflexiones asociadas. Pero no he tenido ni el tiempo ni el ánimo suficiente como para hacer algo exhaustivo, de modo que recojo algunas anécdotas e impresiones para plasmar al menos lo fundamental de mi experiencia.

Y es que los meses de marzo, abril y mayo de 2020 han supuesto una inflexión importante en mi ejercicio profesional. Lo sucedido en aquellos meses, por lo dramático y estresante, y todo lo que ha venido después, un poco más tranquilo pero igualmente inquietante y perturbador, ha cambiado mi manera de entender el Trabajo Social y los Servicios Sociales.

Con la sensación de que todo aquello por lo que he luchado en mis años de desempeño laboral se ha diluido de manera irremediable, he tomado conciencia del lugar que ocupamos los Servicios Sociales y la Atención Primaria dentro de ellos.

Los últimos. Los que menos importamos. Los que sólo servimos para ser utilizados y tirados luego. El imprescindible cajón de la basura de una sociedad que tiene que gestionar sus miserias y contradicciones de algún modo.

 

Marzo 2020.

Hemos sido declarados esenciales. Significa, entre otras cosas, que todo el personal de nuestro Centro está movilizado y disponible para hacer cualquier tarea que requiera el Sistema de Servicios Sociales. Una residencia colapsa con alto grado de contagios entre ancianos y personal.

Hemos de proporcionar auxiliares. No encuentran y en el Servicio de Ayuda a Domicilio trabajan unas cuantas.

 - ¿Nosotros? ¿A una residencia privada?

 - Claro, forman parte del Sistema de Servicios Sociales.

- ¿Desde el Centro de Servicios Sociales?

- Sí, os corresponde por zona.

- ¿Y la atención especializada, y el Gobierno Autonómico?

 - Estamos atendiendo otras prioridades.

De acuerdo. Es obligado. El Servicio de Ayuda a Domicilio puede reestructurarse para liberar algunas auxiliares. Con miedo, con los escasos medios de protección que entonces se podían encontrar, se hace.

Comienzan las llamadas. Sindicatos, partidos políticos…

 - ¿Estáis seguros de lo que estáis haciendo?

 - Claro, nos han instado a que nosotros solucionemos el problema y la norma está clara. ¿Cómo pretendíais si no que lo solucionáramos?

- No estáis respetando los derechos de las trabajadoras, ateneos a las consecuencias.

 

Abril de 2020.

Un sábado a las 9 de la noche. Confinado en casa intentando descansar y liberar mi mente tras una angustiosa semana de trabajo.

Llamada a mi teléfono particular de un cargo del sistema sanitario. ¿Cómo habrá conseguido mi teléfono? No importa. Recuerdo que nos obligaron a darlo al inicio de la pandemia.

- Tenemos un problema, me dice. Una residencia de ancianos de la zona de vuestro Centro de Servicios Sociales está superada por la situación.

 - Ya, hacemos lo que podemos, le contesto. Hemos tenido que prestarles personal propio de nuestro Centro.

- Bien, pero ahora hay otro problema. Una remesa de mascarillas que hemos entregado al personal era defectuosa y probablemente haya que confinarlos a todos los que las hayan utilizado. La residencia se queda sin auxiliares ni personal para atender a los ancianos. Tenéis que solucionar el problema.

- Y ¿cómo lo hacemos? No hay ningún profesional más en la zona. No encontramos personal de enfermería ni auxiliares disponibles. ¿Movilizamos voluntarios que no sabemos ni si existen? ¿No sería conveniente trasladar a los ancianos a otro centro, o que personal de otros Centros apoyen este?

- No es posible. Os corresponde solucionarlo a vosotros.

 

Marzo 2020.

Comienzan a desbordarnos las llamadas de personas y familias que han perdido sus medios de subsistencia o a las que se complica el cuidado de sus familiares necesitados. Nos organizamos. Les atendemos. Es difícil valorar por teléfono. Han decretado el teletrabajo. Haremos turnos, el Centro tiene que seguir abierto. Hay mucho por coordinar, atender… ¿Y lo emocional? También, claro, hay que apoyar, animar, calmar, seguir…

Demandas extrañas.

-        Hay familias no tienen internet ni tablets. ¿No podríais proporcionárselas vosotros para que sigan las clases? Al fin y al cabo son familias vuestras.

-        ¿Nuestras? ¿No son de todos?

-        Además, ¿no podríais venir a por los materiales y deberes al colegio, hacéis fotocopias y los repartís entre ellas? Así podrían seguir el curso mucho mejor. Es que los colegios están cerrados y los profesores teletrabajando.

-        No podemos, a eso ha de responderse desde el sistema educativo.

-        Pues reclamaremos a vuestros responsables. Pobres familias.

 

-        ¿Cómo? ¿Qué la auxiliar de ayuda a domicilio está yendo al domicilio de ese dependiente que tiene Covid? Inmediatamente ha de ponerse en cuarentena.

-        ¿Pero cómo va a ponerse en cuarentena? Acude al domicilio con la máxima protección disponible.

-        Es el protocolo. Ya se lo hemos comunicado a la auxiliar.

-        ¿Y dejamos al dependiente sin atender?

 

-        ¿Por qué no estáis proporcionando mascarillas y gel a la población?

-        ¿Desde Servicios Sociales?

-        Claro, estamos en pandemia. Si no, ¿para qué estáis?

 

Abril 2020.

 No se puede hacer todo desde casa. Comienzan a surgir conflictos familiares, la violencia estalla en algunos hogares. ¿Cómo atendemos las víctimas? ¿Por teléfono? Imposible. Mascarillas, guantes, pantallas… Visitas a domicilio, acompañamientos, entrevistas en el Centro, las que hagan falta. Tenemos miedo. Es nuestra responsabilidad.

 

Mayo 2020. 

Cansados. La situación se va normalizando, dentro de la extraña situación. La desescalada del confinamiento se va acelerando. Evaluar, rehacer protocolos, prevenir nuevas olas… Mucho trabajo por hacer. Readaptar servicios. Seguir con la atención telefónica e ir incrementando con mucho cuidado la presencial. Consolidar lo puesto en marcha. Agradecer los escasos reconocimientos. Asumir los errores y enfadarnos con las críticas de quien ha visto los toros desde la barrera. Responder a las nuevas necesidades detectadas.

 

Septiembre 2020.

Hemos aprendido. Sabemos más que antes. Las cosas están más claras. Hemos visto quien ha puesto el interés individual frente al colectivo. Nosotros seguimos. Tenemos clara nuestra función y nuestro compromiso con los ciudadanos y dentro de ellos, los más vulnerables.

 

Diciembre 2020

Ha pasado otra ola. Ha sido muy difícil, pero menos que al principio. Resistiendo las pérdidas de respeto de otros sistemas, trabajando para que asuman sus propias responsabilidades. Atenciones de urgencia que no se tendrían que haber generado si las hubiesen asumido. Oponernos a la función de recaderos que nos quieren imponer, sin olvidar nuestro primer compromiso con las necesidades de los ciudadanos.

 

Enero 2021

Ambivalencia. Las cosas vuelven a estar mal. Readapta de nuevo servicios, atiende lo tuyo y lo del vecino, pero hay una luz al final del túnel. Comienzan a vacunarse las residencias. Nos tranquiliza. Hubo mucho dolor en la primavera pasada. Con suerte, no se producirán los problemas que hubo al principio.

 

Febrero 2021.

-         ¿Y la Ayuda a Domicilio? ¿Por qué no se vacuna? Es irresponsable no hacerlo.

-         Tranquilos, irán pronto.

-    Vale. ¿Y el resto del personal de primera línea?. Cómo atendemos la violencia, la discapacidad, dependencia, los conflictos… Seguimos siendo esenciales y estamos asistiendo presencialmente situaciones muy difíciles.

-        Silencio.

 

Marzo 2021.

Se están vacunando profesiones esenciales, incluso personal sin atención presencial de otros sistemas.

 -¿Y nosotros?

 -Silencio de nuevo.

Un  silencio que ensordece, que huele a desprecio, incomprensión. Un silencio que insulta y menosprecia. Nada nuevo. Es otra pérdida de respeto más, estamos acostumbrados. Seguiremos. Asumiremos nuestra responsabilidad, aunque tengamos miedo. Añadiremos la decepción al complejo emocional que soportamos en el trabajo y continuaremos.

 

Abril 2021.

Un año después del inicio de la pandemia. Trabajamos con los últimos, con los más vulnerables. Nos hemos dado de bruces con la realidad. También nosotros somos los últimos. Seguro que nos ayuda a situarnos mejor ante las situaciones que tenemos que atender, podremos aproximamos mejor a lo que sienten las personas que atendemos. Sentir que no importas.

 

 *** 

 

Retazos desordenados de un año de pandemia. Un año en el que ha llovido sobre mojado. Un año en el que no he aprendido nada que no supiera, pero que me ayuda a ser más consciente de algunas cosas.

El Sistema ocupa el último lugar en la política social. No la última red de protección, pues los medios de que se dispone para hacer frente a las problemáticas que se nos derivan son ridículos.

-    Es el último lugar en cuanto a responsabilidad. La última responsabilidad es nuestra, independientemente de lo que hayan hecho o dejado de hacer el resto de sistemas y de los medios de que dispongamos.

-        Es el último lugar en cuanto a jerarquías. Cualquier otro sistema, y cualquier profesional de los mismos puede no ya demandar, sino exigir una determinada actuación por nuestra parte, hurtándonos cualquier valoración o diagnóstico que podamos realizar y pretendiendo que nos limitemos a ejecutar la decisión que ellos han tomado.

-        Es el último lugar en cuanto a las problemáticas. Las problemáticas que tenemos que atender nos vienen definidas desde fuera, en muchas ocasiones en función de la cobertura de los déficits del resto de sistemas, que tienen así una magnifica excusa para seguir manteniendo dichos déficits sin enfrentar las consecuencias.

-        Y es el último lugar en cuanto a prestigio.

Llevo, junto a muchos otros y otras, más de treinta años peleando por construir un Sistema de Servicios Sociales digno y eficaz para las problemáticas sociales que tenemos que atender. Y pretendiendo definir las mismas de una manera propia y funcional. Hasta ahora no lo hemos conseguido.

Tal vez sea una meta imposible. Pero aunque cada vez me cueste más, prefiero seguir pensando que lo importante siempre está en el camino.

miércoles, 21 de abril de 2021

Submantenidos

 En un blog como éste no podemos dejar pasar las declaraciones de la Presidenta de la Comunidad de Madrid (una tal Isabel Díaz Ayuso, no sé si la conocéis…) tildando de "mantenidos subvencionados" a las personas que tienen que acudir a los repartos de alimentos.

Que a una persona o familia que tenga que ponerse a una cola para recibir alimentos para sus necesidades más básicas se le califique como “mantenida” o “subvencionada” es de una catadura moral que dan ganas de vomitar.

Delata una falta de empatía con quien está sufriendo esa situación de pobreza o precariedad suficiente para exigir que esa Presidenta deje la política de inmediato. No podemos tener unos gobernantes a los que el sufrimiento de sus conciudadanos más vulnerables le importen un bledo.

Que existan todavía esos repartos de alimentos es algo que debería avergonzarnos como sociedad, cuya política social ha fracasado estrepitosamente en garantizar algo para lo que tenemos recursos más que sobrados, la mera subsistencia material de todas las personas.

Declaraciones como la que estamos citando lo explican. Porque no es algo idiosincrático de esa Presidenta. Esa manera de pensar, esos prejuicios hacia las personas necesitadas están más extendidas de lo que sería necesario para solucionar el problema. Amplias corrientes en la mayoría de los partidos políticos (en unos más, en otros menos…), así como en sus votantes, piensan parecido, que en el fondo puede resumirse en que “los pobres son unos aprovechados, que están en esa situación por su indolencia y porque son unos vagos”.

Poca gente, sólo los más brutos, van a expresarlo así, pero el pensamiento que hay detrás de la frase preside con demasiada frecuencia cada política y cada gestión de las políticas públicas contra la pobreza.

A Wang se le ha ocurrido que podríamos denominar a las personas desfavorecidas cogiendo parte de los adjetivos con que la Presidenta los califica. En lugar de “subvencionados” y “mantenidos” podríamos llamarlos “submantenidos”.

Esto es. Obligados a mantenerse por debajo del nivel de una vida digna, condenados al oprobio y la vergüenza de tener que mendigar alimentos en una sociedad a la cual no le importan demasiado. En el fondo, están ahí porque se lo merecen.