jueves, 10 de mayo de 2012

¿Solidaridad?

 He dudado mucho si escribir esta entrada o no. No me gustaría ser malinterpretado por ella, así que pido del lector paciencia para leerla en su totalidad y comprensión sobre la reflexión que pretende.

  
   Recientemente ha salido en los medios de comunicación los datos sobre la situación de la infancia en nuestro país, y cómo la crisis se ha cebado en este sector. Creo que estos datos hablan mucho (y no muy bien) de nuestra sensibilidad para la protección a la infancia y de cuántos recursos hemos dedicado a ello en los últimos años. Y pensando en estas cosas, he relacionado estos datos con una serie de noticias que también hablan de la atención a la infancia, en este caso la infancia con graves enfermedades.

     En estas noticias, cada vez más frecuentes, un determinado niño o una niña, aquejado/a de una rara enfermedad incurable dentro del sistema sanitario español, salvará su vida si realiza un tratamiento en el extranjero, (habitualmente en los E.E.U.U)., a cargo de  un prestigioso médico de una prestigiosa clínica de dicho país. Pero claro, el costoso tratamiento cuesta un dinero que la familia no tiene, por lo cual inicia una campaña para recaudar fondos mediante los cuales, entre todos, podremos salvar la vida de esa infeliz criatura y permitirle un futuro que de otra manera vería truncado.  

      Llevo algún tiempo presenciando, no sin cierto asombro, la movilización ciudadana que se produce en torno a este tipo de campañas. Campañas que lideran los luchadores padres de estos niños y mediante las cuales recurren a la solidaridad de nuestra sociedad para conseguir los cientos de miles de dólares que cuestan dichas intervenciones.

     En el municipio donde trabajo se ha organizado una Campaña de este tipo y he presenciado, como digo con bastante sorpresa, la cantidad de entidades sociales que se lanzan a organizar actos para recaudar ese dinero, y cómo algunas entidades tanto privadas como públicas se dedican a apoyarlas. Aunque también les entiendo. Puedo entender que la sociedad se conmueva hacia estos padres envueltos en semejantes dramas. ¿Quién no lo hace ante semejante tragedia, y más cuando es una niña (a la que además conoces) quien apela a tu sensibilidad en una campaña llena de emoción y esperanza? 
Y también entiendo perfectamente a estos padres. Creo que nada puede resultar más doloroso para unos padres que la posibilidad de que un hijo muera y comprendo que hagan cualquier cosa por intentar evitarlo. Les admiro.

Pero en estas bonitas historias de padres luchadores y de sociedad altruista y solidaria hay cosas que me hacen sentir incómodo.

No entiendo cómo puede movilizarse de semejante manera la solidaridad social, que se pone a recaudar dinero sin hacerse preguntas. Porque en esta historia hay un tercero que se obvia, y al que a mí, por lo menos,  me gustaría escuchar.

Se trata de nuestro Sistema Sanitario Público, y naturalmente, el de sus responsables políticos. Me gustaría oir su voz, su opinión y su postura en esta bonita historia. ¿Es cierto que el Sistema Sanitario Público Español ha desahuciado a estos niños? ¿Es cierto que no hay tratamiento posible en nuestro país? ¿Es cierto que hay tratamientos alternativos, pero que nuestra Sanidad no puede realizar debido a su inexperiencia, su  incompetencia o su falta de fondos para estas enfermedades? ¿Acaso nuestro Sistema Sanitario Público, a fuerza de hacerlo tan eficiente y austero, no puede acometer estos tratamientos y está condenando a estos niños a morir sin esperanza de curación alguna?

Si es cierto todo ello, entiendo la movilización ciudadana.Pero me asombro de que dicha movilización no venga acompañada de la correspondiente denuncia de semejante situación hacia nuestro sistema sanitario y hacia los técnicos y políticos que lo están gestionando.

Porque el problema no es que se ocupen o no del problema de los niños de estas campañas concretas (que al fin y al cabo han tenido la suerte de contar con unos padres protectores, enérgicos y combativos), sino de todos los niños y niñas que, con problemas parecidos (me gustaría encontrar estadísticas) están condenados a morir en nuestro país porque sus padres no pueden o no saben realizar estas movilizaciones y campañas.

Me parece admirable, ya digo, la manera en que se apoyan estas campañas, pero echo en falta que esta lucha se haga también hacia nuestras instituciones públicas y se reclame enérgicamente que se salve también la vida de esas niñas y niños anónimos. Porque si habiendo soluciones estamos dejando morir a estos niños sin voz no merecemos llamarnos sociedad avanzada.

Si no hay estas denuncias y si no hay pronunciamiento por parte del Sistema, tengo la sensación de que estamos condenando a los padres a que, para intentar salvar la vida de sus hijos, tengan que recurrir a la tómbola de solidaridad ciudadana.
Personalmente no quiero una sociedad de tómbolas y Beneficencia, de caridad y de sorteos, sino de justicia y de derechos. Por caros que sean. ¿O hay algo más valioso que la vida de un niño?

Por lo demás, felicito y animo a estos padres por las campañas que realizan. ¡Ojalá sus niños se curen y tengan una vida larga y placentera junto a estos padres que tanto les quieren!

Y también felicito y animo a todos los que están colaborando con ellas. Solo espero, como digo, que sus voces solidarias se conviertan también en enérgica denuncia.                                                                    


miércoles, 2 de mayo de 2012

Macrodesgracias


Una macrodesgracia es una mala noticia cuyas repercusiones van a hacer que empeoren las condiciones de vida de muchas personas. He decidido bautizar así a todas estas noticias que día sí, día tambien, nos están emponzoñando la vida: que si recortes por aquí, que si primas de riesgo por allá, que si decretos o normativas por acullá...

 
  Cada una de estas macrodesgracias va a desencadenar multitud de microdesgracias que, a diferencia de las primeras, rara vez salen en las noticias. Inmigrantes sin asistencia sanitaria, desempleados que no pueden pagar las hipotecas, familias en las que la angustia por la supervivencia se convierte en violencia... Tantas y tantas situaciones las que en el Sistema de Servicios Sociales les ponemos cara y circunstancias y asistimos, en demasiadas ocasiones impotentes, ante sus adversidades..

      A veces salgo del trabajo saturado de estas microdesgracias, y caigo en la tentación de no escuchar, de huir de esas macrodesgracias. Casi prefiero no saber, no pensar, no reflexionar.

     Pero entonces Wang me recuerda que como trabajador social también tengo una responsabilidad: además de ayudar a resolver problemas hemos de comprender y entender el contexto más amplio donde se inscriben. Y entonces me obliga a leer algún artículo, o libro, o asistir a alguna conferencia.

     Tal vez no sirva de nada, pero por respeto a todas esas microdesgracias intentaré estar atento a todas y cada una de las macrodesgracias que nos están invadiendo.

     Y tal vez sólo sea un símbolo, pero siguiendo a otros compañeros, yo también vestiré de negro los viernes durante un tiempo.