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domingo, 22 de diciembre de 2013

Dura Navidad

Pues nada. Llegó la Navidad, lo cual entre otras cosas significa que se acaba el año. Y cuando algo se acaba es conveniente mirar un poco atrás para repasar qué ha sucedido y con esa mirada, prepararnos para encarar lo nuevo que va a comenzar.


Imagen en partido.marianistas.org
La Navidad es un tiempo extraño. Hay personas que las esperan con alegría y entusiasmo y otras que preferirían borrar estas fechas del calendario. Particularmente no tengo demasiada predilección por las mismas, pero tampoco me generan especial rechazo. Tienen pros y contras, como todo, y muchas de las cosas dependen básicamente de cómo las encaramos.

Yo suelo aprovechar algún espacio en Navidad para evaluar lo que ha sido el año. Aprovechando el paréntesis que las fiestas producen en el trabajo cotidiano, me resulta más fácil hacerme unas cuantas preguntas sobre lo que ha sucedido en él. No se trata de una evaluación exhaustiva, como tenemos que hacer en el trabajo, con los proyectos o la planificación que hemos desarrollado. Es algo más general. Algo así como una mirada reflexiva, casi a nivel de sensaciones. No es algo muy sistemático como os digo, pero a mí me sirve.

Pienso pues dedicar algunos espacios a realizar esa reflexión, pero os adelanto mis primeras impresiones. Tengo la sensación de que hemos llegado al final de año un poco cansados. Por lo menos yo. Ha sido un año bastante duro. Para los que nos dedicamos a trabajar las problemáticas sociales están siendo tiempos bastante complicados, donde la incertidumbre y la desesperanza por momentos se han apoderado de nosotros.

Ha sido difícil observar cómo todo se ha ido deteriorando cada vez más, cómo la desigualdad y la pobreza han aumentado mientras los derechos y la protección social han sufrido unos brutales e inmisericordes recortes. No ha sido fácil ver a personas concretas afectadas por toda esta situación, poner rostros y situaciones específicas a las consecuencias de esta política social que nos están imponiendo.

Desde el Trabajo Social y en los servicios sociales estamos acostumbrados, por decirlo de algún modo, a presenciar situaciones de sufrimiento y malestar. Pero ahora la sensación es diferente. Una de las cosas que caracteriza a nuestra intervención es la confianza en que estas situaciones pueden superarse. Y eso es algo que ahora nos cuesta mantener. Porque están causadas por unas políticas concretas, ejecutadas mediante una cruel planificación que sólo pretende desmontar el Estado de Bienestar y obtener beneficio económico por encima de las personas, sin importarle el sufrimiento causado. Políticas que nos han llevado a situaciones que nunca pensamos que pudieran llegar.

Cansancio y desesperanza. Esas son dos de las sensaciones con las que termino el año. La tercera es una mezcla de incertidumbre y miedo. Porque creo que la situación no va a mejorar. Porque la sociedad no está encontrando las fuerzas y las formas eficaces para oponerse a tanto desalmado.

Menos mal que por todo el territorio hay personas y profesionales comprometidos, como nuestra compañera Virginia Tovar,  a la que desde aquí le doy las gracias por su compromiso (no os perdáis su intervención en el Programa "La sexta columna"). Ellos nos enseñan que, a pesar de todas las dificultades, hay que seguir luchando y denunciando, exigiendo cambios en esta política social que los engolados e insensibles gobernantes actuales están aplicando por doquier.

Por eso encaro el año que va a comenzar con el propósito de no dejarme llevar por los sentimientos con que he acabado el mismo. Desde mi pequeño rincón personal y profesional pienso seguir denunciando las tropelías que se están cometiendo. Voy a intentar participar en las iniciativas colectivas que se opongan a las mismas. Voy a intentar realizar mi trabajo y desarrollar mis proyectos cada vez mejor, con más calidad, más profesional, más comprometido y más respetuoso.

Mientras, a modo de felicitación navideña, Wang y yo os dejamos con estos versos de Sabina en la canción "Noche de bodas", que nos parecen unos buenos deseos para el duro año que nos espera.

Que no se ocupe de tí el desamparo
que cada cena sea tu última cena,
que ser valiente no salga tan caro,
que ser cobarde no valga la pena.

Que no te compren por menos de nada,
que no te vendan amor sin espinas,
que no te duerman con cuentos de hadas,
que no te cierren el bar de la esquina.


Lo dicho. Feliz Navidad y hasta la próxima.

jueves, 31 de octubre de 2013

Fontanería social

Estoy de obras en mi casa. Ya tiene unos cuantos años y necesitaba algunas reformas, entre ellas, la fontanería. Y mis conversaciones con albañiles y fontaneros me han sugerido unas cuantas reflexiones que me vais a permitir que comparta con vosotros.


http://www.flickr.com/photos/lefthandrotation/988177531/
Os contaba hace unos meses que los hospitales son unos lugares donde se establecen unas relaciones breves, pero muy intensas, y donde surgen conversaciones ciertamente curiosas. Pues he descubierto que hacer obras en casa es parecido. Debe ser que los entornos hostiles y cargados de emociones propician el diálogo sobre lo humano y sobre lo divino. (Nota al márgen: si pensaís que obrar en casa no es un entorno hostil y cargado de emociones, es que no habéis tenido esta "maravillosa" experiencia).

Pues lo dicho. Entre presupuestos, imprevistos y las vicisitudes propias de una obra, he podido hablar con los profesionales que la están haciendo de muchos temas. Naturalmente uno de ellos ha sido sobre la política y sobre la crisis económica. Tema recurrente, en el que estos amigos me contaban lo mal que lo están pasando para intentar sobrevivir, la radical reducción de personal que han tenido que hacer en sus pequeñas empresas, las dificultades y trabas administrativas que tienen que solventar cada día y la cantidad de familiares, compañeros y conocidos a los que la crisis ha expulsado del mundo del trabajo y del empleo.

Yo les contaba que en mi sector (funcionario, -con perdón y sin más especificaciones-, que uno a veces es muy prudente...), pasaba algo parecido. Recortes de personal, compañeros que se quedan en el camino y en general, dificultades cada vez mayores para realizar el trabajo. Y no es que no me creyeran, que sí que lo hacían, pero se quedaban pensando como si las dificultades que yo les contaba no fueran comparables a las suyas.

Venían a argumentarme que, aunque la situación fuese difícil para todos, al fin y al cabo su trabajo era mucho más penoso que el mío. A diferencia de mí, ellos no tenían un salario asegurado a fin de mes, ni las tardes libres, ni el cómodo trabajo de oficina que me atribuyen. El fontanero además me contaba algunos trabajos, ciertamente penosos e incómodos, que frecuentemente tiene que realizar.

http://www.flickr.com/photos/luisus_d/5347672983/
Ni el tiempo ni el entorno (escombros, polvo y tuberías viejas, ya os imagináis) permitían profundizar en la conversación. Si hubiese podido les hubiera explicado que hoy el salario ni el trabajo lo tenemos asegurado nadie (nuestros gobernantes ya se han encargado de ello, definiendo como privilegio insolidario el derecho a un trabajo fijo) y como la Reforma de la Administración Local se va a llevar por delante cantidad de puestos de trabajo en mi sector.

Y sobre la penosidad en mi trabajo... Ahí sí que hubiese tenido difícil la argumentación, porque los riesgos psicosociales del trabajo están infravalorados respecto a los físicos. Porque a nosotros, los que nos dedicamos a la intervención psicosocial, nos pasa igual que a los fontaneros. Nos toca frecuentemente "mojarnos" y embarrarnos (tenemos que tomar partido ante muchas desigualdades e injusticias sociales, bien concretas); tomamos contacto con realidades sucias y desagradables (maltratos, violencia, desamparos, negligencias, conflictos, miseria...); a menudo nos vamos a casa cansados y en ocasiones muy heridos (con esas heridas que presenciar el sufrimiento ajeno y las injusticias te dejan en el alma).

"Malos tiempos para tener una fontanería", oí que le decía a Wang mi fontanero.

"Sin duda", pensé yo.

jueves, 24 de octubre de 2013

Wang al rescate

La semana pasada escribí desde las tripas para intentar sacarme de encima ese sentimiento de derrota que las malas noticias que nos trajo me habían dejado. Bien, no lo conseguí del todo, pero...

 



Con el fin de semana y el inicio de la cotidianeidad que nos trae el lunes he ido viendo algunos brotes verdes. Estos sí, no los que nos quieren hacer ver los PPgobernantes ahora que enfilan la recta final de su mandato y se les aproxima el periodo preelectoral.

 [Abro un paréntesis: (presumen de tener una hoja de ruta marcada; sin duda. Consistía en acrecentar la crisis y el negro panorama económico al inicio de su mandato, para inducir miedo y justificar los recortes, y a continuación, como digo preparando las elecciones, decir que la crisis se ha solucionado como consecuencia de su gobierno. Así la crisis es causa del gobierno anterior y ellos la demostrada solución. Y si para eso hay que maquillar estadísticas, mentir, manipular o tergiversar, pues se hace. Es tan burdo y previsible que hasta me temo que les funcione.) Cierro paréntesis.]

Volviendo a mis brotes verdes, he estado intentando buscar algunas briznas de esperanza. Algunas buenas noticias que nos iluminaran un poco entre tanta podredumbre. Algo a lo que agarrarnos para pensar que no todo está perdido.

Y Wang, especialista como es en señalarme las cosas positivas, me ha recomendado mirar lo pequeño, lo cotidiano. Así lo he hecho.

Y he descubierto a un montón de compañer@s comprometidos en el día a día con su trabajo. Preocupados y un poco más desanimados que en otras ocaciones, pero comprometidos con los casos, las familias, los servicios y los programas que gestionan, dando lo mejor de sí mismos para que todo salga adelante.

También he visto como las Mareas Naranjas de todo el territorio organizan acciones, denuncian las injusticias, nos convocan, movilizan... Defienden el Sistema en una palabra. Os pongo por ejemplo un enlace a una de las últimas acciones de la Marea Naranja de Aragón sobre la defensa del Ingreso de Inserción.  (Enlace)

Otros colectivos y asociaciones, como la asociación de directores y gerentes de servicios sociales, (enlace) elabora y nos proporciona documentos, argumentos, mantiene su actitud de denuncia ante el desmantelamiento de los servicios sociales y ante los duros corazones de quienes lo promueven. (Enlace)

Internet, la red, está llena de colectivos y personas que se posicionan, que luchan, que convocan, que comunican sus experiencias, reflexiones... Barro un poco para casa y os pongo un ejemplo de ello: la blogotsfera (Blogosfera del Trabajo Social).

Más de 1.000 Trabajadores Sociales nos vamos a reunir en el Congreso que el Consejo General y el Colegio de Málaga han organizado. "La Intervención social en tiempos de malestares: sabemos, podemos, queremos." Sobran las palabras.

Algunas personas y familias que conozco están solucionando sus problemas, sus conflictos, saliendo adelante, agarrándose y utilizando los pocos recursos que el sistema ha dejado a su alcance.

Las alumnas en prácticas han llegado este curso a mi centro con la misma mezcla de inexperiencia, incertidumbre e ilusión de siempre. Savia nueva y empuje para la profesión. Al respecto os recomiendo esta entrada de Nacho sobre el tema.

Los compañeros del sistema educativo han organizado una huelga y con valentía y coraje, se están oponiendo a una Ley Educativa que arrasa el Sistema Educativo. No tanto como la Reforma Local va a hacer con el nuestro, pero casi.

[Abro otro paréntesis: (¿seremos capaces en Servicios Sociales de organizarnos del mismo modo? Creo que ahí está uno de nuestros grandes retos.) Cierro parentesis.]

En fin, un montón de motivos para la esperanza. Unos más pequeños, otros más grandes, pero motivos al fin y al cabo.

No sé qué pasará al final. Tal vez lo único que merezca la pena sea el camino, me dice Wang...

martes, 13 de agosto de 2013

Los Tai-Ping y la cultura del esfuerzo

Es verano. Y no sé por qué extraña razón, pero en estas tardes de calor que a mí sólo me dan ganas de dormitar, Wang se pone a reflexionar sobre política. Y en concreto sobre la política y el esfuerzo. ¡Son raros, estos chinos!



Como os lo cuento. A Wang el calor le da ganas de hablar y discutir sobre política, así que ayer por la tarde no pude escaquearme más y tuve que aguantar sus últimas reflexiones. Y como considero que en el fondo me parecieron interesantes, os las comparto.

Me decía mi extraño colega lo preocupado que le habían dejado las últimas sentencias del Tribunal Supremo en las que rebajaban las penas a diversos políticos y sobre todo, los argumentos que utilizaba este tribunal para no considerar delito el cobro de dietas de Caja Navarra por parte de la Presidenta Foral de Navarra cuando era alcaldesa de Pamplona. Enlace.

A Wang estos argumentos le parecían ciertamente difíciles de admitir y me reconocía que le tenían entre cabreado, deprimido y estupefacto. Me decía que la lógica jurídica cada vez está más alejada de la lógica del mundo de los mortales, y eso es un verdadero problema.

Porque este Tribunal Supremo viene a defender que no es delito que la Presidenta citada cobrara dietas por asistir a reuniones dobles y triples de órganos de la Caja (órganos que no tenían función ejecutiva) cuando era alcaldesa de Pamplona. El argumento es que no lo hacía como alcaldesa, sino como miembro de la Junta de la entidad.

Remata el tribunal diciendo que la dieta se corresponde con la ocupación y que "no es factible en una causa penal indagar sobre la justificación de la dieta y el esfuerzo realizado". (sic)

  • "En román paladino: -intentaba Wang, que lo entendiera- La alcaldesa, como tal, no puede cobrar dietas por su cargo. Pero si tiene otros cargos, por ejemplo en las Cajas de Ahorros, sí puede cobrar dietas por ellos. Independientemente de que esos cargos no sirvan para nada y la susodicha no realice ninguna función en ellos ni le supongan esfuerzo alguno".

www.anticapitalistes.net
Resumiendo, que el Tribunal Supremo legitima que nuestros políticos acumulen las dietas que quieran, con el simple mecanismo de adjudicarse cargos en órganos de diferentes entidades. Que esos órganos sean meramente decorativos y las funciones del cargo practicamente figurativas, no importa.

Y para más infamia, estos mismos políticos que realizan estas prácticas son los que nos hablan de volver a la "cultura del esfuerzo". 

Para esfuerzo, el mío. El que tengo que hacer para contener a Wang e impedir que vuelva a salirle el asesino Tai-Ping que fue en su juventud y se lance con el cuchillo entre los dientes a una nueva insurrección. (*)

(*) No es broma. En el reciente Congreso Español de Sociología se advertía del posible incremento de la violencia ante la actual situación de crisis y de descreimiento en los políticos y en la democracia representativa. Enlace.



viernes, 5 de julio de 2013

El olor de la injusticia

Últimamente ando un poco en plan "abuelo Cebolleta", rememorando algunos casos que me tocó atender en mis comienzos como trabajador social. El otro día me sorprendí contándole a Wang el caso que os voy a relatar.


Fue un caso que atendí con el entusiasmo y la inexperiencia propia de quien comenzaba en la profesión. Inés era una anciana de edad indefinida, de esas de las que casi podíamos decir que siempre habían sido ancianas, que no habían tenido juventud, ni niñez. Probablemente hubiese sido así, en la España en la que vivieron no había lugar para muchos niños ni jóvenes.

Vivía en los bajos de una casa vieja, prácticamente en ruinas, en las afueras del pueblo, sin apenas el equipamiento básico para sobrevivir. Un grifo con un lavabo en la única habitación que hacía las veces de cocina, dormitorio, salón y despensa. Una cama en un rincón y dos sillas desvencijadas con una mesa camilla en el otro. Un gran armario ocupaba casi por completo una de las paredes y en la otra tan sólo un minúsculo ventanuco que apenas iluminaba la habitación. 

A pesar de no tener baño ni luz eléctrica, ni la anciana ni la casa estaban sucias. Lo que sí transmitían ambas era una amarga tristeza. Una gran pesadumbre te envolvía en cuanto entrabas en la casa, recuerdo perfectamente la sensación.

Inés no tenía historia. Siempre había vivido allí. No se le conocía familia y siempre había sobrevivido con una  mísera pensión de orfandad. Ella tan sólo nombraba a una sobrina que tenía en Barcelona y que decía que solía ir a visitarla y ayudarle. Los vecinos nunca la vieron. Apenas hablaba ni tenía relaciones con nadie. De vez en cuando salía a comprar a la tienda del pueblo y una vez al año, para la Fiesta Mayor, se le veía sentada en uno de los bancos de la Iglesia.

Poco a poco, las enfermedades y los años comenzaron a pesarle demasiado. Como sucede en los pueblos pequeños, los vecinos, preocupados por lo que para ellos era una evidente necesidad de cuidados para la anciana, nos llamaron. Pero Inés no quería ayuda de nadie. Tuve que visitarla muchas veces para que, (supongo que aquel día la pillé desprevenida), aceptase el servicio de ayuda a domicilio. Lo disfrutó poco. A mí me sorprendía entonces que lo que más valoraba de la auxiliar es que la ayudaba a peinarse y "ponerse guapa", como solía decir.

Un día Inés enfermó gravemente y quedó en la cama. Los servicios médicos no consideraron su ingreso en un hospital (era inmiente su muerte) y yo intenté que pasase sus ultimos días en una residencia, sin conseguirlo. La auxiliar de hogar que la atendía se convirtió en su única compañía en esos momentos. Olvidándose de horarios, la auxiliar se comprometió con ella y pasaba muchas más horas de las asignadas con Inés. Yo pasaba todas las mañanas a verla y en una de esas visitas, Inés murió.

Nunca había visto morir a nadie, y me sorprendió la manera en que lo hizo. Ines simplemente exhaló un suspiro y la auxiliar dijo "me parece que ha muerto". Acercándole un espejo a la cara, se cercioró de que no respiraba. Llamamos a los servicios médicos, quienes certificaron la muerte.

A la auxiliar y a mí, lo comentamos luego en muchas ocasiones, nos embargó una gran tristeza. Inés no merecía una muerte así. Siempre he pensado que ni los servicios sanitarios ni los servicios sociales estuvimos a la altura que Inés necesitaba. Se merecía una muerte más digna, en un hospital o residencia, donde pudieran garantizarle los cuidados  que precisaba en esos momentos.

Pero no los obtuvo. Para la administración sanitaria y social de aquellos años dedicar una cama de hospital o residencia para esa anciana prácticamente desconocida y sin familiares, era un gasto innecesario.

En estos tiempos de recortes en los servicios, cuando la gente enferma, dependiente o necesitada, parece no importar; cuando las personas se sitúan detrás de lo que cuesta atenderlas y su bienestar se mide en términos de rentabilidad yo me acuerdo muchas veces del caso de Inés.

Porque estoy viendo que en España estos casos cada vez son más frecuentes. Porque cada vez hay más personas abandonadas a su suerte. Porque no importan, porque no son rentables o sostenibles para el sistema.

Porque este país me huele cada vez como la casa de Inés. A opresión, a injusticia, a tristeza, a oscuridad y pesadumbre.

Yo con Inés fracasé. Pero desde entonces sigo luchando y confiando en que llegará un día en que no sucederán más casos como el de ella y que las personas vivirán (y morirán) con la dignidad que se merecen.


martes, 25 de junio de 2013

Pereza

Como corresponde a una buena crisis, todo se vuelve caótico y desconcertante. Y yo lo reconozco, estoy desconcertado. Sobre todo ante algunas respuestas que se están dando desde diferentes instituciones y administraciones a los problemas que esta crisis ha generado.


Es desesperante. No pasa un sólo día en que no tengamos alguna noticia sobre que un Ayuntamiento, una Comunidad Autónoma o alguna otra institución ha aprobado alguna medida o Plan para solucionar, abordar o paliar algún efecto de la crisis. Que si escolares que pasan hambre, que si familias desahuciadas...

Al principio, tengo que reconocer que me interesaban esas iniciativas. Algunas me parecían hasta interesantes. Ya no. Me da una pereza mortal. Os diré por que.

En primer lugar, porque en el 99 % de las ocasiones no son sino meras medidas asistencialistas, que lejos de abordar las causas de los problemas se dedican a paliar los efectos que esos problemas causan.

En segundo lugar, porque suelen estar propuestas con toda pompa y boato, a la mayor gloria de la institución que la propone, quien deja bien claro:
                              a) que ha descubierto la piedra filosofal de la acción social y 
                              b) que es más solidario, bueno, moderno y eficaz que nadie

Tercero, porque en otro gran porcentaje son propuestas por administraciones o posturas políticas que al mismo tiempo mantienen las estructuras y causas de la crisis. En una postura cínica donde las haya ejecutan políticas contradictorias. Siguiendo la metáfora clásica diríamos que los mismos que expulsan a la gente del tren se dedican a recoger a algunos para subirlos de nuevo y poder echarlos. Lo del Plan contra la Pobreza Infantil del Ministerio de Servicios Sociales no tiene calificativos.

Cuarto, porque jamás son propuestas estructurales. Son ocurrencias, propuestas puntuales, presupuestos sacados de aquí y allá, que probablemente no tengan continuidad y que cuando no puedan disponerse de ellos se eliminarán utilizando la más sucia propaganda para decir que ya no hacen falta.

Quinto. Porque si de verdad quisieran hacer algo para la gente que peor lo están pasando aprobarían medidas coordinadas, consensuadas incluso a nivel nacional (sí, nacional). Porque se reforzarían las estructuras y sistemas (por ejemplo el de Servicios Sociales) para que pudieran cumplir su función. Porque se aprobarían leyes como la de Renta Básica u otras donde se garantizara el derecho a la vivienda o al trabajo.

Pues eso. No se si será el comienzo del verano, pero todas estas medidas me dan una pereza...



miércoles, 19 de junio de 2013

La diligencia

Vuelven los de la CEOE (Confederación Española de Organizaciones Empresariales) a darnos lecciones. ¡No aprenden, pobres (*), ni cuando se equivocan! Ahora nos salen con los permisos por muerte de familiares, que les parecen excesivos.  Si de verdad esta gentuza representa al empresariado español, nuestro país no va a volver a generar riqueza y empleo hasta dentro de unos siglos.


Os pongo el enlace, que no tiene desperdicio. Otra perla de esta cuadrilla. Un dirigente de la misma que viene a decir que cuatro días de permiso por el fallecimiento de un familiar de primer grado son excesivos porque en nuestro país ya no se viaja en diligencia.

By William Henry Bishop [Public domain], via Wikimedia Commons
Se puede ser más abyecto, seguro, pero es difícil. Este personaje debe pensar que ante la muerte de un familiar de primer grado (tu padre o tu madre, por poner un ejemplo), lo mejor que puedes hacer es ir al entierro rapidito y volver a trabajar enseguida. Total, los funerales suelen durar más bien poco, con lo que no hace falta dedicarles mucho tiempo.

Seguro que habrá hecho cálculos como éstos: una media de dos horas para los desplazamientos. Otra hora para el funeral. Y otra hora para llorar un rato con los familiares y allegados (eso si eres débil y lloras la muerte de tus familiares) y para hacer el papeleo. Total: cuatro horas. Aún te queda jornada para trabajar.¿Dónde vamos haciendo en cuatro días lo que se puede hacer en cuatro horas? Así va España, pensará sin duda.

Por mi trabajo me toca acompañar numerosos procesos de duelo. Sé del golpe, el vacío, el dolor y el sufrimiento que la muerte de un ser querido deja. Presencio frecuentemente la dificultad para recuperarse de las heridas invisibles que estos fallecimientos conllevan.  En la mayoría de las ocasiones, es recomendable y necesario recuperar cuanto antes las rutinas y la vida normal. Pero a su tiempo. Hay que tener tiempo para llorar, para acompañar y sentirse acompañado, para que las cosas vuelvan a su lugar tras el periodo de crisis que acaba de atravesarse.

Le diría al sujeto que ha manifestado semejante ocurrencia éstas y otras muchas cosas en relación a los procesos de duelo, pero dudo que las entendiera. Así que me limitaré a explicarle algo que él mismo ha nombrado: la diligencia. Además de una película de John Ford y un antiguo vehículo de transporte, hay otro significado que debiera conocer:

Diligencia: definición
  1. f. Cuidado, prontitud, agilidad y eficiencia con que se lleva a cabo una gestión.
Pues eso, que se aplique el cuento y sea más cuidadoso en las responsabilidades que le toca gestionar, porque con estas manifestaciones ha demostrado de todo, excepto diligencia.

(*) Eufemismo utilizado para nombrar a estos personajes, que en el fondo son tan pobres que no tienen más que dinero.

miércoles, 24 de abril de 2013

Reinicio

Seguro que os ha pasado alguna vez. El ordenador se atasca, va cada vez más lento, es incapaz de procesar los requerimientos que le hacemos en el teclado y... ¡zas!, llega un momento que no nos queda más remedio. ¡Apagarlo y comenzar de nuevo!


Pues justo estaba yo peleándome con el ordenador en uno de estos trances cuando Wang me observa y con esa flema china (cuasi-británica) que le caracteriza, me dice:
  • Creo que no es sólo tu ordenador quien necesita un reinicio.
  • Mira Wang, -le contesté-, que no estoy ahora para adivinanzas...
  • ¿Conoces la historia del ave fénix?

Cuando Wang se dispone a contar una historia, sé por experiencia que no hay forma de evitarlo. Las veces que entra en "modo filosófico", más te vale dejar todo lo que estás haciendo y escucharle, así que cerré mi ordenador y, suspirando, le dije.
  • Pues claro que la conozco. Todo el mundo conoce la historia del ave fénix.
  • Pero seguro que no la del ave fénix chino.
  • No, Wang, -reconocí-, la versión china no. Pero seguro que vas a contármela...

"En China, -comenzó mi amigo- el ave fénix se llama Feng Huang. A diferencia del fénix europeo no necesita renacer, porque no puede morir ni por edad ni por heridas. Se trata de un ave sagrada, la más bella de todas las aves en China.
   Nunca mata a un ser vivo, se alimenta de hojas y semillas e incluso lo hace con cuidado para no dañar a ninguna de las plantas.
   Se trata de un ser compuesto de muchas criaturas, incluyendo el gallo, la golondrina, serpiente, tortuga, ciervo e incluso en algunas versiones tiene forma de pez. Se dice que la cabeza es el cielo; los ojos el sol; el lomo, la luna: las alas, el viento; las patas; la tierra y la cola, los planetas. 


http://cuadernoderetazos.wordpress.com/
    El Feng Huang está bellamente adornado con plumas de todos los colores, la cola de color rojo, azul, amarillo, blanco y negro. Feng Huang canta una canción dulce especial, que se dice que es la fuente de la escala de las cinco notas musicales china.
     Según la mitología china, el Huang Feng, junto con el dragón, el li, y la tortuga creó el mundo y  ahora gobierna los cielos. 
    Curiosamente, aunque el Huang Feng es en sí misma dos pájaros, un macho y una hembra, el Feng Huang también se considera la pareja femenina del dragón macho. Se asocia con la emperatriz.
     El inmortal Feng Huang vive lejos de los seres humanos y sólo aparece en los albores de una era de paz y prosperidad, o cuando un nuevo emperador benevolente nace. Así, la llegada de los Huang Feng es considerado un evento bendito y maravilloso."
 
  •  De acuerdo, Wang, tú ganas... -le dije-. ¿qué quieres decirme con esta versión de vuestro pájaro inmortal?
  • No lo sé, pero me ha parecido que podías utilizarla como metáfora. Me acordé de ella cuando el otro día hablabas de que vuestro Sistema de Servicios Sociales estaba sentenciado
  • Muy bien, pensaré en ello. Pero ahora, déjame intentar arreglar este puñetero ordenador.
Y cual ave fénix, no tuve más remedio que reiniciar el ordenador. Y os he de confesar que, para mi sorpresa, desde entonces funciona.

     
     

miércoles, 6 de marzo de 2013

La Mantícora o de cómo superar la crisis

La mantícora es una criatura mitológica, de origen persa, una especie de quimera con cuerpo rojo de león, cabeza de hombre, y cola de dragón o escorpión. En ocasiones se la representa con cuernos, alas y coraza y es capaz de disparar espinas venenosas con las que paraliza a sus víctimas a las que luego devora. Su nombre significa "devoradora de personas".

 

 

Hace unos días Wang y yo visitábamos la Catedral de Tarazona, una de las joyas monumentales que atesora nuestro país. Entre tanto recorte, crisis y malas noticias es una suerte encontrarte con edificios como éste, felizmente recuperados tras casi 30 años de obras para nuestro patrimonio cultural y social.

Entre las innumerables obras de arte que encierra la Catedral, hay una que me llamó la atención. Tras el sagrario hay una pintura de una mantícora, una de las bestias representadas en los bestiarios medievales.

En cuanto la ví, le comenté a Wang que me parecía una buena imagen de la crisis en la que estamos actualmente. Al igual que la mantícora, la crisis nos está paralizando, mientras vemos cómo devora sin piedad a las personas.

Luchar contra bestias como ésta es algo que requiere de mucha fortaleza y de mucho ingenio. Y de fortaleza e ingenio van sobrados en otra de las joyas que oculta Tarazona. Esta vez no se trata de un monumento, sino de un Centro. Un Centro Ocupacional para discapacitados intelectuales.

El mundo de la discapacidad intelectual es apasionante y sorprendente. La capacidad de superación de estas personas y sus familias sobrepasan todo lo imaginable. Luchadores y optimistas, enfrentan los problemas con una lucidez y un positivismo del que tenemos mucho que aprender.

Wang y yo tenemos la suerte de aprender mucho de ellos. Y una de las últimas enseñanzas nos la ha regalado Maite, una de las  discapacitadas del centro. Maite, como todos sus compañeros y compañeras, han visto cómo en el propio centro, en su familia y en muchos otros lugares, se están recortando prestaciones y derechos sociales. Y cuando le han explicado que estos recortes eran como consecuencia de la crisis, Maite, enfadada, ha dicho: "recortes, recortes... ¡lo que habría que hacer es recortar la crisis!"

Más claro no se puede tener. Y más lúcido no se puede pensar. Así que decidme si tiene razón o no. Pero cuidado, no le llevéis la contraria... ¡Maite lleva desayunando mantícoras muchos años!.

martes, 13 de noviembre de 2012

Porque aún tenemos mañana.

      Mañana voy a hacer huelga. Como dice la canción, "nos sobran los motivos". Ahí van unos cuantos de los míos.

 

    Porque en los últimos cinco años hemos experimentado un gran retroceso en nuestro nivel de vida. Al descenso en nuestra capacidad adquisitiva como consecuencia del desempleo generalizado se le ha añadido en el último año un fuerte recorte en nuestros sistemas públicos de protección social, consecuencia del auge de la política neoliberal, lo cual ha supuesto además que nuestra calidad de vida se vea amenazada a niveles que nunca hubiéramos creído. Aunque nivel de vida y calidad de vida están relacionados, no tienen una relación inequívoca y exacta. Por desgracia, ambos ambos están descendiendo en nuestras vidas en una espiral que parece imparable. 

    Porque los trabajadores sociales estamos presenciando en primera línea las consecuencias de todo ello. Una sociedad cada vez más empobrecida, unos sectores de población vulnerable cada vez más desprotegida, personas mayores, menores, discapacitados, inmigrantes, dependientes... pasándolo cada vez peor. Familias cada vez con menos capacidad para superar sus conflictos, estresadas por la búsqueda de la supervivencia, asustadas ante el futuro que se les viene encima. Deshaucios, penuria, estrecheces... Cada vez peor atendidos por el sistema sanitario, por el educativo, por el social, cuyos profesionales se la ven y se las desean para seguir haciendo una labor que hoy es más necesaria que nunca.

    Porque nuestros gobernantes están insensibilizados ante el dolor y el sufrimiento ajenos. No creo que sea por maldad, en la mayoría de los casos. Tan sólo están cegados por una ideología que, a modo de secta, les tiene de acólitos de ese dios llamado mercado. Henchidos de poder se imaginan en el camino correcto, anestesiados ante las consecuencias de la desigualdad social que sus políticas están generando y agrandando. Ungidos por la gloria de las elecciones, sin caer en la cuenta de su ineptitud y escasas aptitudes, creídos de ser los mejores, sin conciencia de la meritocracia que reina en sus partidos.

     Porque en este panorama tan sombrío surgen movimientos ciudadanos que nos reconcilian con la democracia, personas que nos recuerdan el valor de las personas, iniciativas que vuelven a poner la creatividad por encima del horizonte gris que nos envuelve, acciones solidarias, participativas y valientes que nos ayudan a mantener la esperanza de que todo va a cambiar a mejor, si nos empeñamos fuerte en conseguirlo.

     Porque mañana es otro día más para luchar y construir otro mañana diferente al que nos están empujando. Por todo eso, y por unas cuantas cosas más, yo voy a hacer huelga mañana.




miércoles, 3 de octubre de 2012

Universalidad ¿realidad o ficción?


Wang y yo nos hemos puesto a hacer limpieza de papeles y nos hemos encontrado con este pequeño artículo que nos ha sorprendido por su actualidad. Se trata de “Viejos o nuevos: orientaciones actuales de los Servicios Sociales en España”  y fue escrito en 1993, en un contexto de crisis parecido (salvando las distancias) al actual.

El artículo da unas cuantas claves para entender los Servicios Sociales que en aquellos momentos se estaban construyendo y es muy interesante observar la actualidad de algunos temas que plantean las autoras, así como la evolución que han tenido 20 años después los conceptos que desarrollan y la involución en los mismos que venimos observando con la actual crisis.

Las épocas de crisis son propicias para la reflexión y ahora que tenemos que repensar el papel de los Servicios Sociales en una situación de crisis socioeconómica como ésta y el modelo de Servicios Sociales que queremos para el futuro, artículos como el que citamos nos ayudan a situar la reflexión en un contexto histórico que a veces olvidamos.

Discutiendo sobre el artículo, Wang y yo hablábamos que uno de los elementos que hay que redefinir en el sistema de Servicios Sociales es su universalidad. Aunque en teoría está configurado así, en la práctica está tan insuficientemente dotado en cuanto a recursos y prestaciones que se le incapacita para atender a toda la población, limitándose a atender únicamente a los más desfavorecidos de la misma. De ahí que hoy siga resultando muy difícil luchar contra uno de los estigmas de los servicios sociales: el atender únicamente a la pobreza.

La universalidad cuesta dinero, viene a resumir Wang. Y tiene razón. Durante las últimas décadas tal vez la quisimos comprar demasiado barata y como suele pasar, lo barato a veces termina resultando caro. Ahora que con la crisis grandes sectores de población están acudiendo a nuestros servicios nos encontramos con que no tenemos respuestas para ellos y nos estamos dando de bruces con la falacia de esa universalidad.

Es, otra vez más, el momento de reinventarnos. En lo grande y en lo pequeño, en lo más global y en nuestros quehaceres profesionales más concretos. Sin perder ese principio fundamental de la universalidad, aunque ahora nos hayamos dado cuenta que esa realidad era sólo (y nada menos que) una utopía.

¿Servicios Sociales para todos o Servicios Sociales para los más desfavorecidos? ¿Cuál será nuestro futuro? 

martes, 18 de septiembre de 2012

Paisajes que duelen

      Ayer, tras volver de la manifestación del 15-S y con toda la energía allí recogida, tomamos fuerza para irnos de excursión al Moncayo, a ver sobre el terreno la parte quemada en el incendio de hace unas semanas. La verdad es que acongoja caminar entre las cenizas y ver seco y negro lo que antes era verde y exuberante. Wang me recordaba la frase que una chica inmigrante nos dijo un día para expresar lo mal que se sentía en un país extraño: "me duele hasta el paisaje". Pues este paisaje quemado también duele.


   Pino llorando tras el incendio  

Como también duelen otros paisajes que estamos viendo. Desempleados sin horizonte, familias desahuciadas, personas sobreviviendo en la basura... El incendio que la política neoliberal ha provocado está arrasando y quemando todo a su paso y mientras lo intentamos sofocar, van apareciendo cada vez más focos y nuevos frentes.

     Pero, como decía en la anterior entrada, no es momento para desánimos. Durante nuestro paseo  por el Moncayo pudimos comprobar como entre las cenizas del incendio estaban naciendo flores, llenas de color y de vida. La vida siempre se abre camino. 
     
     Porque este incendio neoliberal terminará algún día. Volverán las flores y las personas dejaremos de respirar este ambiente a humo espeso en el que nos ahogamos. La vida siempre se abre camino. Lo sentí en Madrid con la Marea Naranja y lo comprobé en el Moncayo.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

El bosón de Higgs

"Por fin. Medio siglo después de haberse conjeturado su existencia, se ha descubierto la partícula de Higgs. Y es realmente importante: desde ahora se conoce un poco mejor cómo funciona el universo. El Higgs, dicho de modo muy sencillo, ayuda a explicar por qué existe la masa de las partículas elementales. Si el electrón, por ejemplo, no tuviera masa no se formarían los átomos y sin átomos no existirían ni estrellas, ni planetas ni personas."


Esta noticia saltó a los medios hace un par de meses, y desde entonces la he visto comentada en muchos ámbitos, algunos de ellos sin relación con la física. Todo el mundo habla con normalidad de bosones, partículas y otros conceptos de física cuántica que antes del descubrimiento nos sonaban (excepto a los físicos, claro) a chino. En este sentido este bosón ha hecho que la física cuántica, tan desconocida e indescifrable para los legos, se divulgue entre la población en general.


Desde entonces vengo yo pensando lo importante que sería para los Servicios Sociales descubrir un bosón como el de Higgs. Algo que nos permita llegar a la población en general y difundir qué hacemos y qué somos. Llevamos muchos años arrastrando estigmas a los que cuesta mucho hacer frente. Todavía a los Servicios Sociales se nos atribuyen funciones análogas a las de la antigua beneficiencia, con la principal función de socorrer a los pobres. Conceptos como la universalidad, la inclusión, la dependencia (cuán lejos ha quedado la autonomía personal...), la convivencia, la integración, la igualdad, los derechos sociales, la prevención... han costado mucho transmitir y divulgar como propios de este sistema de protección social. Por cierto, en este enlace al blog del compañero José Ignacio Santás hay una creativa divulgación de nuestra labor que no os debéis perder.

Por eso nos vendría bien en estos momentos un bosón de Higgs. La Ley de Dependencia supuso algo parecido durante un tiempo, por lo que supuso de visibilizar el sistema, aunque como contrapartida tuvo que en demasiadas ocasiones se confundía la parte con el todo.

A explicar, difundir y construir los Servicios Sociales nos hemos dedicado las últimas décadas, no sin errores por cierto, la multitud de profesionales que formamos parte del sistema (y algunos políticos, justo es decirlo en estos momentos). Pero a pesar de los indudables avances en la materia, todavía queda mucho camino por hacer. Camino que ahora siento profundamente amenazado por el giro que está tomando la política social.

El empobrecimiento al que los políticos que están gestionando la crisis están condenando a la población y la ideología que están imponiendo, sustituyendo la solidaridad y redistribución social por la caridad y los derechos sociales por las concesiones graciables, están haciendo que los Servicios Sociales estemos en grave riesgo de quedar como algo residual, en una mera, escasa e ineficiente función asistencial.

Los recortes que "por bosones" nos están imponiendo en política social en estos momentos de crisis  (ver enlace) son algo así como racionar el agua a los bomberos cuando hay un incendio y van a hacer retroceder al sistema de servicios sociales a épocas que creíamos ya superadas. Eso si no lo impedimos.

Creo que es más necesario que nunca salir a la calle y parar esta política social, retrógrada e insolidaria. En Servicios Sociales creo que lo estamos haciendo, aunque aún nos falta mucho. La Marea Naranja está haciendo funciones parecidas a las del bosón de Higgs. Si el bosón de Higgs es lo que permite que las partículas tengan masa, la Marea Naranja está aglutinando a los profesionales y usuarios del sistema en una voz y acción coordinada. Si el descubrimiento del bosón ha supuesto la divulgación de la física cuántica entre la población, la Marea Naranja está consiguiendo visibilizar los Servicios Sociales entre la multitud de sistemas afectados por los recortes.

Me gustaría que la Marea Naranja fuera nuestro particular bosón de Higgs. Algo que nos aglutine, nos dé a conocer y nos permita luchar contra el ataque al Estado de Bienestar al que estamos asistiendo. De todos depende conseguirlo. Y el día 15 tenemos otra oportunidad.

viernes, 31 de agosto de 2012

Sobre la renta básica

Llevo ejerciendo de Trabajador social en un contexto en el que todas las personas y familias tenían garantizada la subsistencia, esto es, un mínimo para alimentarse, sobrevivir y un techo donde alojarse. Si no era con medios propios, la familia extensa o la propia comunidad, mediante distintas formas de ayuda mutua, garantizaba estos mínimos.

Naturalmente, he presenciado personas y familias en situaciones de pobreza extrema, pero más que por carencia de recursos, era por una inadecuada administración de los mismos. Este inadecuado aprovechamiento y utilización de los propios recursos venía determinado a veces por algún tipo de trastorno mental, aunque en la mayoría de ocasiones de las que he sido testigo respondía a determinadas características culturales y/o relacionales de las propias familias.


No es nuevo por tanto el fenómeno de personas rebuscando en contenedores de basura, a pesar de las fotografías y noticias que se han publicado. Lo que sí que parece nuevo es la generalización de tal práctica entre sectores de población que antes no la realizaban. Lo que antes respondía a otras razones, ahora empieza a hacerse como una verdadera necesidad para sobrevivir.


Porque todo ha cambiado en los últimos años de un modo vertiginoso. La crisis ha golpeado con dureza, de una manera que nunca pensamos y ahora empezamos a ver en lugares y contextos donde no existían antes situaciones de verdadera pobreza, que poco a poco engullen a más y más sectores y niveles de población.

Personalmente, creo que esta nueva realidad lleva tiempo situado a los Servicios Sociales ante una encrucijada, que a mi juicio tiene que ver con la dialéctica entre subsistencia e inclusión social. La mayoría de las prestaciones y recursos que manejábamos para la inserción social partían de la hipótesis de que las carencias en lo económico y en lo laboral estaban profundamente relacionadas con carencias en otras áreas (en lo relacional, en lo formativo, en lo cultural...), que debían ser superadas para solucionar las primeras. Mi experiencia me ha hecho presenciar que el dinero, por sí sólo, ni siquiera el empleo, es suficiente para sacar a las personas de la exclusión social. He visto fracasar reiteradamente con muchas familias prestaciones económicas y planes de inserción basados únicamente en lo laboral.

Y es que, como digo, la realidad está cambiando y creo que desde los Servicios Sociales estamos aplicando de una manera inadecuada prestaciones y recursos que no fueron diseñados, y por tanto son insuficientes e ineficaces, para responder de manera adecuada a las necesidades actuales. Vale aquí la frase de Mark Twain: "Si lo único que tienes en las manos es un martillo, tenderás a tratar todo como si fuera un clavo".

Desde el Trabajo Social creo que es una buena oportunidad para la reflexión, para re-pensar nuestras prácticas y también nuestros paradigmas. Porque de esta crisis nadie va a salir igual. Tampoco los Servicios Sociales, ni nuestra profesión.

Personalmente me parece importante desvincular la subsistencia de la inclusión social. La subsistencia es un derecho fundamental, tiene que ver con la propia vida, y como tal tiene que ser garantizado. La inclusión también es un derecho, pero a diferencia del primero, requiere la participación activa de la persona y de su voluntad para ejercerlo.

Por eso me parece fundamental en estos momentos, cuando la supervivencia de muchas personas comienza a estar amenazada, la instauración de una renta básica universal que garantice la subsistencia de las personas independientemente de cualquier otra circunstancia. Y despues, ya hablaremos de inclusión.

Habrá quien diga que no es el momento de instaurar una política social como la de la renta básica. Al respecto os remito a este interesante documento elaborado por la red rentabasica, que también os recomiento visitar.


jueves, 30 de agosto de 2012

Hai, la Muralla China y los platos rotos.

Los primeros esbozos de la gran muralla china se iniciaron en el s. V a. C. Su función era la de proteger las fronteras ante futuros ataques de otros pueblos. Algunas fuentes indican que su longitud es de 8.851 km, es decir 10.000 li, que en China equivale a infinito. Parece que actualmente sólo se ha conservado el 30%. En tiempos, estuvo custodiada por más de un millón de guerreros y también ha llegado a llamársele el“cementerio del mundo” porque en su construcción perdieron la vida más de 10 millones de trabajadores. Ahora es Patrimonio de la Humanidad.

Por fin Wang ha confesado. Ya os decía que, desde que vino de sus vacaciones en China, estaba un tanto raro, nervioso y atribulado. Ahora sé la razón. Sus padres le pidieron que acogiera en España a su hermana Hai. El no pudo negarse, pero lleva todo este tiempo muy preocupado porque sabe que la situación de su hermana, emigrando irregularmente, no va a ser nada fácil. ¡Con la que está cayendo!

Así que Hai ya lleva unos días viviendo con Wang. Ya le hemos contado la situación socioeconómica en la que nos encontramos y la política de recortes con la que nuestros gobernantes pretenden que creamos que la vamos a superar. Hai ya estaba al tanto, porque su hermano le había informado con el ánimo de desalentarla a venir, cosa que, obviamente, no consiguió.

Hai nos decía que los recortes en los derechos sociales más básicos, como son la educación, la sanidad, los propios servicios sociales, le llevaban a pensar en la muralla china. Tantos siglos de construcción, tantas personas a lo largo de la historia que se dejaron la piel por conseguir más igualdad, justicia y equidad, y de aquí a poco, ¿qué nos va a quedar? ¿El 30%? Y si pensábamos que ese logro era infinito, ya vemos que no, proseguía.. No sólo estamos expuestos a los ataques de los de fuera, es que los ataques más violentos vienen desde dentro y no sabemos ya en qué lado de la muralla nos tenemos que poner para defendernos y sobrevivir. Reflexionaba Hai sobre los esfuerzos que las naciones empeñan en conservar figuras como la Gran Muralla China.  Está bien. ¿Y los derechos sociales? ¿Y la dignidad de las personas?

Como veís, Hai tiene razón en muchas de sus apreciaciones.  Además, nos comentó que en China tienen un proverbio que viene a decir algó así como
                    Chéng mén shī huǒ, yāng jí chí yú
                            失 火,殃 及 池
que es como decir, “los señores se pelean y los siervos pagan los platos rotos”, que me pareció una perfecta analogía sobre la dialéctica política y sus repercusiones en los ciudadanos.

En fin. Defender la muralla y pagar los platos rotos. En poco tiempo ha definido Hai lo que va a ser nuestra tarea para los próximos tiempos.

viernes, 10 de agosto de 2012

Beneficencia

    Aunque estemos en Agosto y los días más calurosos del año no inviten demasiado a la reflexión, no me resisto a comentar las últimas medidas del Gobierno español sobre la Sanidad, en lo que me parece el descarado desmontaje de un sistema universal y gratuito para convertirlo en uno elitista y mercantil. Vale aquí la frase "cuando las barbas de tu vecino veas pelar...", porque tengo la sensación de que lo que se aplica en Sanidad se aplica poco después en Servicios Sociales.


    Cuando comencé a trabajar en esto de los Servicios Sociales, hace casi 25 años, una de las principales tareas que me encargaron en mi Ayuntamiento fue la revisión de un dispositivo que había venido funcionando desde tiempos predemocráticos: el Padrón de Beneficencia. Muchos de vosotros lo recordareis. Era una especie de Sanidad para pobres en la cual el Ayuntamiento se hacía cargo de la asistencia sanitaria y farmaceútica de las personas que no tenían derecho a la Seguridad Social y carecían de medios para financiársela.

     A mi juicio, era un sistema bienintencionado que partía de un hecho incontrovertible: una Comunidad no puede permitirse tener entre su población a personas enfermas sin atenderlas. Además de peligroso para la propia Comunidad, en aquella España católico-franquista era moralmente reprobable el no atender a los enfermos.

    En el Padrón que yo conocí era el propio Alcalde del municipio el que proponía al Pleno Municipal la incorporación de las personas al mismo. Tras ello, se les asignaba un médico de los que, voluntariamente, participaban en el programa (por aquel entonces los médicos todavía atendían en sus domicilios, los ambulatorios y posteriormente Centros de Salud estaban apenas iniciándose) y estos médicos facturaban su intervención al consistorio. Del mismo modo se pagaban las recetas farmaceúticas que prescribían.

   Además de estigmatizador (era público, dado que se aprobaban en los Plenos las personas beneficiarias y sus tratamientos), el sistema era muy limitado, pues su cobertura era muy básica. Si se necesitaba una prueba medianamente especializada, quedaba en manos de la caridad de alguna persona o entidad benefactora o de los contactos personales del médico de turno.

    Lo primero que se cambió fue la necesidad de incorporar un informe social para acceder al Padrón. Posteriormente, el análisis individualizado caso por caso y las leyes y normas que por aquel entonces estaban desarrollándose (Ley de Pensiones no contributivas, LISMI, asistencia sanitaria para personas sin recursos...) permitieron que todas las personas que lo integraban fueran incorporándose al Sistema Sanitario general.

     Cuando el Padrón se cerró, consideramos que habíamos logrado en nuestro municipio incorporar un granito de arena hacia dos principios que nos inspiraban en la política social: la NORMALIZACIÓN y la UNIVERSALIDAD.

    ¿Por qué os cuento esta historia del "abuelo Cebolleta"? Por que resume justo lo contrario que la política social que nos están imponiendo. Una vuelta al asistencialismo, a la caridad, basada cuando más en la compasión y cada vez más alejada de los derechos sociales que con tanto esfuerzo hemos construido. Como bien dice nuestro compañero Gustavo García en este  artículo, la beneficencia sólo pretende "destacar la bondad del benefactor frente al pobre, cuya cualidad de desvalido se evidencia para destacar el valor de quien le ayuda". A eso caminamos, si no lo impedimos entre todos. Otra vez más.

sábado, 14 de julio de 2012

Ideología y motivos

    Acabo de volver de vacaciones. Han sido unos días de desconexión relativa, puesto que nuestros gobernantes se han encargado de aderezarlos con su sistemático y premeditado desmontaje de nuestro sistema de bienestar social. Así que, a la vuelta, es dificil no hablar de las últimas decisiones que han tomado al respecto.
    Wang además todavía no ha vuelto de sus vacaciones, con lo cual no tengo a nadie con quien hablar de semejantes tropelías y que se me pase un poco el cabreo. Disculpadme si utilizo el blog para ello.
     Las medidas y los recortes concretos atacan, una vez más, a los más desfavorecidos de la sociedad. Es espeluznante asistir a semejante espectáculo, con nuestros gobernantes (y un montón de palmeros, que es más triste) justificando lo injustificable.
     Coincido con Joaquín en una de sus última entradas en su blog. Naturalmente que los recortes son ideológicos. Como muestra, nuestro presidente del gobierno argumenta que la rebaja del 60% al 50% en la percepción de la prestación por desempleo se hace para incentivar la busqueda activa de empleo. Y se queda tan ancho. Más allá de la desfachatez del argumento, o de que se nos tome por imbéciles al pretender que nos lo creamos, quiero comentar lo que me parece que hay detrás de semejante afirmación.
    En el fondo, creo que semejante argumentación responde a una determinada visión de la dialéctica social. Consideran que el desempleo no es un problema estructural, sino individual. Si estás en paro es porque no estás suficientemente preparado, o porque eres un vago y "no buscas activamente empleo". Las prestaciones por desempleo, por tanto, desactivan la busqueda de trabajo de la gente, y son por tanto prescindibles. El concepto de protección social queda así reducido a su mínima expresión, pues los vagos no merecen protección.
     Yo no salgo de mi asombro de que gente con semejante visión del mundo nos esté gobernando, pero lamentablemente no es la primera vez que me topo con estos argumentos. He conocido a muchos políticos con actitudes parecidas, que cuestionaban con argumentos parecidos no ya las prestaciones por desempleo, sino las prestaciones de acción social. Os contaría mil y una anécdotas, pero seguramente vosotros tendréis muchas parecidas. Lo más triste es que ahora, toda esta gente nos está gobernando y dirigiendo la política social. Gente como la que se permite lanzar en el parlamento ese "que se jodan", que no comentaré porque aún no me he sobrepuesto.
    Esa visión del mundo, en la que en el fondo piensan que el que tiene problemas es porque se lo merece, es lo que les permite realizar los recortes que están realizando en la protección social a los desempleados, dependientes, pensionistas, excluidos...  sin que les tiemble la mano o la conciencia. Y es lo que justifica, para ellos claro, el que el Estado abdique del concepto de protección social. No estamos en una crisis económica, como bien vienen demostrando muchos autores. Es una crisis de valores, donde se está imponiendo una determinada ideología.
    Tenemos por tanto motivos para estar cabreados. También los tenemos para estar tristes. Y quiero pensar que también tenemos motivos para la esperanza. Y como los tenemos, iremos a la concentración de la Marea Naranja del próximo jueves. Porque no nos podemos quedar callados ahora.






martes, 3 de julio de 2012

El año del Dragón


Tener a Wang de consejero es algo extraño. A veces pienso que, como es chino, no entiende de verdad nuestra cultura y sus orientaciones me parecen auténticas sandeces. En otras, me sorprendo de su acertada visión y de sus afiladas opiniones. La mayoría de las veces me fío de él y le hago caso, pues he aprendido que suele tener razón.
El otro día me explicaba que según el calendario chino estamos en el año del Dragón, que comenzó el 23 de enero y durará hasta el 9 de febrero de 2013. Me contaba que en Oriente el Dragón es considerado una criatura mágica, un ser mitológico. Es un símbolo de buena fortuna y poseedor de un gran poder. Para los chinos es un buen año, e incluso estadísticamente, en los años de dragón hay más nacimientos, pues es normal que los padres prefieran esperar un año para tener el hijo en el signo del dragón. 
Por mi parte le planteaba la paradoja de que, estando en un año tan propicio y positivo, estemos viviendo unos meses tan convulsos y confusos, donde la crisis nos está golpeando con tanta injusticia. Entonces Wang me contó la siguiente historia:

     Una hija se quejaba a su padre  acerca de su vida y cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo  hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de  luchar.   Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía  otro.


     Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo.  Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua  de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó  huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir  palabra. 


     La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría  haciendo su padre. A los veinte minutos el padre apagó el fuego.   


     Sacó las zanahorias y las colocó en un recipiente. Sacó los huevos  y los colocó en otro. Coló el café y lo puso en un tercer  recipiente. 


     Mirando a su hija le dijo: "Querida, ¿qué ves?".  "Zanahorias, huevos y café", fue su respuesta. 


     La hizo acercarse y  le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas.     Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara,  observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras  disfrutaba de su rico aroma. 


    Humildemente la hija preguntó: "¿Qué  significa esto, padre?". Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado  la misma adversidad: ¡agua hirviendo!, pero habían reaccionado en forma diferente. 


     La zanahoria llegó al agua siendo fuerte y dura. Pero  después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de  deshacer. 


     El huevo había llegado al agua siendo frágil. Su cáscara  fina protegía su interior líquido. Pero después de estar en agua hirviendo, su  interior se había endurecido. 


     Los granos de café sin embargo eran  únicos. Después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al  agua. 

     "¿Cual eres tú?", le preguntó a su hija. "Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes?. ¿Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café?" (*)


        

     No sé muy bien porqué, pero saber que estamos en el año del Dragón y esta historia que me contó Wang han hecho que ande estos días de mejor humor. 

 

 

(*) Tomado del libro “La culpa es de la vaca de los autores Jaime Lopera Gutiérrez y Marta Inés Bernal Trujillo (Editorial Intermedio).