lunes, 21 de diciembre de 2015

Lo mejor del blog en 2015

Al igual que en años anteriores, os pongo los enlaces a las entradas que han tenido más visitas en este año 2015. 


Por orden, han sido:


1.- La danza de la demanda. Publicada en septiembre y donde reflexionabamos sobre un tema crucial. Las prestaciones económicas en la acción social y la función de garantía de ingresos que hemos asumido mediante ellas en el sistema de servicios sociales. Un tema que, dada su importancia y al caer de los acontecimientos, tendremos que tratar más veces.


2.-Se necesitan pobres. A propósito del injustificable auge de la pobreza en nuestra país. Publicada en noviembre, penúltimo mes (espero) del PPgobierno Mariano, los verdaderos responsables de tal desatino.






3.-Evolución. Una entrada de cariz más personal, donde analizo mi experiencia profesional a la luz de cómo entiendo que ha ido evolucionando mi pensar, mi sentir y mi hacer como trabajador social.




Si queréis echarles un ojo, podéis pinchar en los enlaces con el título.


Wang y yo os agradecemos el interés y el cariño con el que nos habéis leído y comentado durante este año.

Os deseamos una muy Feliz Navidad y esperamos que el año que viene nos traiga un poco más de justicia y bienestar social.

Hasta la próxima.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Estrategias

Llegan las elecciones generales del día 20. Pero tranquilos, que no voy a venir yo ahora a reflexionar más sobre ellas. Que bastante estamos teniendo con los debates y los variados actos políticos con los que los partidos y candidatos nos muestran sus propuestas e intentan conseguir nuestro voto.


Y ya somos todos mayorcitos para saber qué tenemos que hacer. Ir o no ir a votar y, en su caso, a quién. Por mi parte, y en esta ocasión, me abstendré de recomendaros nada al respecto. Son tan sólo (nada más y nada menos) unas elecciones. 

Un momento histórico, dentro de otros, donde se va a escenificar una batalla de esta guerra entre los poderosos y los desposeídos. Después, la guerra seguirá y tendremos otras batallas (muchas cotidianas, algunas extraordinarias) para alinearnos con el bando que queramos.

Como trabajadores sociales, tenemos claro el bando en el que luchamos. No creo que haya mucha discusión al respecto. En cuanto a las estrategías... ahí ya diferimos.

Llevo ya bastante tiempo observando cómo en las redes sociales y fuera de ellas toma fuerza una corriente de opinión en la cual se defiende que el Trabajo Social debe tener una especie de "presencia pública colectiva" y que entiende que es a través de esa presencia como ha de ejercerse la función de reforma o cambio social que tiene nuestra profesión.

Personalmente no tengo nada en contra de esta postura. Al contrario, en ocasiones me ha parecido necesaria esa presencia pública. Con lo que no estoy de acuerdo es que se considere como la única alternativa. Creo que hay muchas otras maneras, igual de legítimas, para que como trabajadores sociales ejerzamos esa función de reforma. Desde nuestros propios puestos de trabajo, desde el asociacionismo, desde las estructuras colegiales, desde nuestra participación en partidos políticos, sindicatos o movimientos sociales...

Pero veo con demasiada frecuencia cómo se juzga desde dentro a nuestra profesión en virtud de lo que llamamos "movilización". Bajo diferentes formas (salir a la calle, visibilizar la profesión, protestar, reivindicar, denunciar...) se entiende que todo ello sólo puede ejercerse desde esas acciones públicas colectivas. Y si no se realizan, acusamos a nuestra propia profesión de pasividad, inmovilismo, acomodación, insensibilidad... cuando no de estar actuando inadecuadamente.

En este sentido, me parece que a veces tenemos una profesión un tanto "cainista" y a veces echo en falta un poco más de valoración y respeto a las múltiples posturas y estrategias que conviven en ella.

No hace mucho, los compañeros del grupo de facebook "Corriente crítica Trabajo Social" nos hacían llegar un fragmento del discurso de apertura de la XIX Conferencia Mundial de Trabajo Social de la FITS en 2008, realizado por José Paulo Netto.

"No es la tarea de una profesión subvertir el orden establecido (…) No somos el Mesías, ni proclamamos de ninguna escatología social. Somos, tan solo, profesionales especializados, inscritos en la división socio-técnica del trabajo, como todos los asalariados (…) sin embargo, en donde existe la demanda de concretización de los derechos se pone nuestra agenda de trabajo, [lo que nos ubica] en una contingencia [que facilita la] comprensión del significado Social de nuestra intervención profesional. Entonces, descubriremos que nuestra acción profesional se desarrolla como uno de los múltiples hilos de la trama social, igual de tensa y contradictoria.
La respuesta profesional a esta tensión y a esta contradicción, no es tarea individual (...) depende de la construcción de un proyecto profesional que refracte, reflecte y recree (desvele) los intereses corporativos que conflictuan con la sociedad [en su conjunto], pasando a dinaminzar nuestras concepciones y nuestras prácticas. Y sólo el debate colectivo, el intercambio de conocimientos y el choque de ideas, pueden viabilizar tal proyecto"

Me parece un buen texto para comenzar a reflexionar el día 21 sobre como situarnos como profesión en ese entramado social, complejo, tenso y contradictorio, que se va a configurar tras las elecciones, suceda lo que suceda.

jueves, 3 de diciembre de 2015

El bueno, el malo y el imbécil

Buenos y malos profesionales los hay en todos los ámbitos. Pero la división que hace el Gobierno central entre buenos y malos trabajadores sociales merece que le prestemos por unos momentos nuestra atención.


Me refiero, por supuesto, a las declaraciones que hizo Alvaro Nadal, el director de la Oficina Económica del Presidente del Gobierno. Podéis consultarlas por ejemplo en este enlace, pero como no tienen desperdicio, os las copio aquí:

 "Lo que no puede ocurrir es que en España el nivel de prestaciones sociales que alguien recibe depende de la suerte que tenga con su asistente social. Si es muy bueno, le lleva de ventanilla en ventanilla y va a tener una potente ayuda social, mientras que si no tiene tan buena suerte, pues no ocurre eso. No puede ocurrir que ningún español en situación de desvalimiento o necesidad, no tenga una aportación".

Como no podía ser de otra manera, el Consejo General del Trabajo Social ha respondido de una manera contundente y adecuada a estas declaraciones. Os pongo el enlace a la nota de prensa que publicaron, así como a su difusión en las redes sociales y su repercusión en radio (a partir del minuto 42) o televisión. (a partir de 4h. 14'). En ellas se refleja la reprobación que en algunos medios merecieron esas palabras, destacando la realizada por Tania Sánchez, a mi juicio muy atinada. También nuestro compañero Nacho la ha comentado en su blog. Enlace.

¿Os imagináis, pongo por caso, al Ministro de Sanidad haciendo unas declaraciones parecidas?

"Lo que no puede ser en España es que, si tienes una enfermedad (póngase lo que proceda), tu curación dependa de la suerte que tengas con el médico que te atienda. Si es muy bueno, te proporcionará todos los tratamientos necesarios para curarte mientras que si no tienes tan buena suerte, pues no te ocurrirá eso".
 
O al de Educación, largando algo como ésto:

"Lo que no puede ser en España es que los niños tengan fracaso escolar o no dependiendo de la suerte que tengan con los maestros que les haya tocado. Si tienen suerte y les tocan buenos maestros, saldrán adelante, mientras que si no la tienen fracasarán en sus estudios".

No tengo ninguna duda de que, aunque lo piensen (lo cual es muy coherente con la ideología neoliberal de los que nos gobiernan) no se atreverían a hacer con estos colectivos profesionales unas declaraciones tan culpabilizantes y mezquinas como las que este político ha hecho contra nosotros.

La explicación está sin duda en que son colectivos profesionales mucho más numerosos, y que pertenecen a sistemas mucho más potentes y consolidados que el nuestro.

Pero más allá de esta cobardía, quiero analizar la cantidad de prejuicios que contienen esas palabras. Pocas veces unas declaraciones condensan tanto (de manera explícita o implícita) las ideas más rancias y trasnochadas sobre una profesión y sobre un sistema de protección social. Señalaré varias:
  • La función principal de los trabajadores sociales es ocuparmos de los pobres (desvalidos y necesitados).
  • Si la principal función es asistir, naturalmente somos "asistentes sociales". (Lo de que somos mayoritariamente varones es de sobras conocido).
  • Las ayudas sociales son prestaciones económicas que se obtienen en las ventanillas.
  • Los buenos trabajadores sociales son expertos en los trámites burocráticos y administrativos (necesarios para acceder a esas prestaciones en las ventanillas de la administración).
  • En España existe un nivel suficiente de protección social y hay al alcance de todos unas potentes ayudas sociales.
  • La injusticia y la desigualdad no son responsabilidad política, sino técnica.
  • Mucha gente que no tendría derecho a prestaciones sociales las obtiene gracias a la pericia de sus trabajadores sociales. (Verbigracia: hay un alto fraude en la obtención de prestaciones sociales). 
En estos tiempos de buenos y malos, duros y sin matices, estas ideas (lamentablemente extendidas entre nuestra población) bien podrían constituir una guía para diferenciar al "buen asistente social".

Lo cual, os confieso, me interesa bastante menos que diferenciar a  los buenos políticos de los imbéciles. Que de esto último vamos sobrados. ¡Si por lo menos se callaran!...

lunes, 16 de noviembre de 2015

Siempre nos quedará París

Anda Europa golpeada por los últimos actos terroristas que el islamismo radical ha cometido en París. Todo el mundo muestra su solidaridad con las víctimas a la par que la repulsa contra los perpetradores. Mientras las redes sociales se visten con la bandera francesa, no son pocos los que recuerdan que los muertos de otras banderas también son muertos, aunque en la lejanía duelan menos.

 

Como siempre, vaya por delante mi condolencia para con las víctimas. ¡Como si fuese necesario decirlo! 
No es momento de comparaciones, ni de juzgar cómo cada cual expresa su dolor o solidaridad. Unos vecinos nuestros han sufrido un execrable atentado y hay que estar junto a ellos. 
Pero también es tiempo de reflexionar sobre lo que está sucediendo.

Y lo estamos haciendo. ¡Vaya si lo estamos haciendo! Todos los medios de comunicación están analizando la situación desde múltiples perspectivas. Desde las más amplias, como la geopolítica hasta las más reducidas, como la psicología.

Entre tanta maraña de enfoques, uno tiende a perderse.  Por lo que no está de más en estos momentos insistir en el verdadero germen de la violencia que estamos padeciendo, tanto en Europa (de un modo más puntual) como en Oriente Medio o Africa (de un modo más permanente).

Y ese no es otro sino la pobreza. Una pobreza que genera incultura y sobre todo, resentimiento. En la pobreza, y no en otro sitio, encuentran terreno abonado las ideas radicales y con ellas, los actos violentos.

Cuando un pueblo no tiene más esperanza que la amarga supervivencia entre el hambre y la miseria puede surgir en su seno la semilla del odio. Es en el fondo lo que estamos sufriendo, mucho más allá del resto de explicaciones.

Hemos vivido demasiado tiempo de espaldas a la pobreza de otros países. Nuestra solidaridad con ellos ha sido vergonzosamente escasa, sobre todo a nivel gubernamental. Los presupuestos para cooperación y solidaridad con estos países han sido siempre rácanos, como a regañadientes. "No podemos dedicar más..." nos decían (mos).

Tan sólo la sociedad civil, organizada en torno a unas cuantas organizaciones no gubernamentales, han estado, en ocasiones y de forma puntual (y naturalmente insuficiente) a la altura.  En cuanto al Estado y sus políticos... ni han estado ni se han enterado. Lo cual es una amable manera de decir que les importaba más bien poco.

Y luego nos sorprendemos de los fenómenos migratorios y de radicalización que presenciamos.

Porque si la cooperación internacional  es algo en lo que hemos fracasado sin paliativos, qué decir de la pobreza en nuestro propio pais. Se ha optado por una política económica y social que ha incrementado la pobreza hasta niveles inimaginables para un pais que se supone desarrollado. Convivimos como si nada con una desigualdad insultante y unos índices de pobreza que, en muchas ocasiones, nuestros prebostes se dedican a negar.

Pues bien, sigamos mirando para otro lado. Permitamos que la pobreza cabalgue a sus anchas en nuestro país y en otros paises. Sigamonos diciendo que no hay recursos suficientes para acabar con ella.

La factura la pagaremos más adelante. Y como siempre que nos retrasamos en un pago nos saldrá mucho más cara. Tan cara como ahora en París.


miércoles, 11 de noviembre de 2015

La paradoja de los refugiados

Por su condición de extranjero, Wang está siempre muy atento a los fenómenos de inmigración, extranjería o refugio que se producen en nuestro entorno. Y todo el baile que se está produciendo en torno a las medidas de asilo para los refugiados sirios le tiene más que preocupado.



"Enfadado", me confesaba el otro día, mientras leía la noticia sobre los primeros refugiados que han llegado a España. Yo coincidía con él en la lamentable postura de nuestro gobierno ante este tema y que, varios meses después de que se comenzase a tomar conciencia con el problema (foto de niño ahogado mediante), ha desembocado en la increible cifra de doce refugiados acogidos por nuestro país. Enlace.

Para mí, y así se lo explicaba a mi amigo chino, todo lo sucedido en estos meses con este tema no es casual. Responde a una serie de razones estructurales e ideológicas de nuestra sociedad, y por tanto, de nuestros gobiernos. Y en este sentido, más que una excepción, constituye una pauta de funcionamiento sobre los problemas sociales.

En primer lugar la ideología neoliberal que impregna toda nuestra sociedad y nuestra política tiene una incapacidad manifiesta para identificar el sufrimiento humano. Del mismo modo que el depredador no se preocupa del sufrimiento de sus víctimas, símplemente se las come. Es la ley de la selva, los fuertes sobreviven y los débiles no.

Desde ahí, todas las situaciones en que las personas sufren no son objeto de preocupación política y por tanto no se arbitrarán las medidas necesarias para solucionarlas, a pesar de que haya recursos más que suficientes para ello. Como mucho, lo hará desde la caridad o la conmiseración, en lo que no es más que una revictimización o instrumentalizacion del sufrimiento. No desarrollaremos más este tema, pues ya lo hemos hecho en numerosas ocasiones en este blog.

Digamos como resumen que la empatía no es uno de los puntos fuertes de la ideología neoliberal.

La incapacidad para integrar el sufrimiento es lo que explica que fenómenos como el de la pobreza, la violencia contra la mujer o contra la infancia, o este mismo de los refugiados, no sean adecuadamente abordados por nuestros gobernantes. Y es lo que hace que, en vez de medidas estructurales y profundas, se opte por medidas coyunturales y reactivas, a todas luces insuficientes e ineficaces para resolver los problemas que pretenden tratar.

En consecuencia con esta línea ideológica, sobre los problemas sociales se da una especie de pauta general que voy a desgranar.

https://www.flickr.com/photos/h-k-d/4635702361
Todo comienza con una toma de conciencia falsa sobre el problema. Ya sabíamos que existía, pero mirábamos para otro lado hasta que un suceso dramático nos lo pone delante de los ojos. La foto del niño sirio es algo paradigmático, de la misma manera que lo son otras luctuosas noticias. La madre que tira a su bebé recién nacido a la basura, el hombre que mata a cuchilladas a una mujer, el desahucio de una familia con niños, una dependencia o discapacidad especialmente penosa... La cuestión es que una noticia concreta moviliza a la sociedad en general y llama la atención sobre un problema más general.

Lo que viene invariablemente a continuación es la implementación por parte de la sociedad de respuestas asistenciales, (unas veces necesarias, otras no tanto, muchas veces irreflexivas y a veces contraproducentes). En algunas ocasiones, esta respuesta viene acompañada de una denuncia para que la administración y sus gobernantes solucionen el problema, lo cual en el mejor de los casos sólo servirá para que se incrementen más respuestas de corte asistencial.

Tras esta explosión de la ciudadanía condolida por el problema, pasado un tiempo comenzarán a surgir voces que intentarán justificar la inacción: tal vez los refugiados no lo sean tanto y nos encontremos ante peligrosos terroristas..., tal vez los pobres a los que estamos ayudando nos están engañando y sólo son unos vagos que pretenden vivir a costa de los demás..., tal vez esa mujer ha presentado una denuncia falsa por violencia para obtener ventaja...

Tal vez... pero al final, algo de todo eso queda. Y se ralentiza, si es que se estaba poniendo en marcha, algún tipo de respuesta estructural.

Mientras, la sensibilización ciudadana se va diluyendo, se satura la capacidad de denuncia y de respuesta y los medios ofrecerán pronto otra noticia que, a modo de carnaza, hará que dejemos la anterior.

En resumen. De los miles y miles de refugiados que íbamos a acoger en nuestro país, de momento sólo han llegado doce. Y hay siete que han rechazado venir con nosotros.

Aún hay gente que no se lo explica. Miedo me da Wang, con el cabreo que lleva, cuando dice que él se ofrece a explicárselo...