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miércoles, 11 de abril de 2018

Ser o no ser, esa es la cuestión

Con más frecuencia que la que desearía, oigo definiciones de nuestra profesión que son de un reduccionismo tal que la convierten en una mera caricatura de nuestra disciplina



Este tipo de definiciones suelen compartir que la principal razón de nuestra profesión es poner en contacto a las personas con los distintos recursos, prestaciones y servicios que puede tener a su alcance para solucionar sus situaciones de necesidad. Para ello, el conocimiento de dichos recursos (y la compleja normativa que les suele acompañar), se convierte en nuestro principal campo de actuación, pues sólo manejando con soltura dicha información podremos encontrar, dentro de la inextricable maraña que conforman estos recursos, aquel o aquellos a los que tiene derecho nuestro sujeto y que mejor van a solucionar sus problemas o carencias.

En muchas ocaciones lo hemos resumido como ser "expertos en recursos". Somos los encargados, como dice la canción, de buscar la pomada que cure el dolor del que tenemos enfrente y de garantizar que se la aplica convenientemente.

Se trata sin duda de una noble función. Y necesaria en nuestra sociedad. Tanto, que la hemos reclamado en exclusividad y como digo, la hemos convertido en nuestra principal identidad como profesionales.

En el juego dialéctico con la sociedad y con otras profesiones hemos construido esta identidad, de manera que las definiciones que la acompañan nos vienen tanto desde fuera como desde nosotros mismos. En el vasto campo de la relación de ayuda nos hemos visto seducidos por la parte del acceso a los recursos, confundiendo esta parte con el todo y encontrando acomodo en "dar ayudas" (con "s" al final) más que en ayudar.

Ha sido un juego peligroso al que hemos jugado durante mucho tiempo, de manera que ahora tenemos difícil salir de este tipo de definiciones.

Como muestra de todo ello, hemos conocido recientemente esta Resolución del Defensor del Pueblo en Navarra , en la que (resumidamente) viene a recordar que, según las Leyes actuales de Servicios Sociales, el deber de información de nuestro sistema sobre las prestaciones del mismo y sobre las del resto de sistemas públicos es prácticamente ilimitada. Esto es, el Sistema de Servicios Sociales (y el Trabajo Social como la profesión de referencia del mismo) tiene la función y obligación de informar de modo preciso y exhaustivo sobre cualquier tipo de prestación o servicio, sea del sistema que sea, al que pueda tener derecho un ciudadano.

Como bien dice Manuel Aguilar Hendrickson en este hilo de Twitter, es lo que tiene atribuir alegremente funciones en la Ley que suenan bien; ...que a veces hay alguien que se lo toma en serio y nos recuerda las responsabilidades que tenemos que asumir.

A mi juicio, llevar a las últimas consecuencias esta función (y más dentro de la complejidad, fragmentación y descoordinación del conjunto de la política social) es una tarea inasumible. O más bien posible a coste (y es algo que viene sucediendo) de reducir las funciones y objetivos del Trabajo Social a ese "profesional experto en recursos" y convertirnos en los gestores de la burocracia que acompaña dichos recursos.

Ya hemos planteando en numerosas ocaciones la necesidad de redefinir el Sistema de Servicios Sociales desde sus cimientos, dado que es la única solución a este tipo de derivas en las que nos encontramos.

Porque son derivas muy peligrosas para la profesión. Si la función social que se (nos) atribuye es esa, deberemos asumirlo y transformarnos en otra cosa. Los planes de estudios de la disciplina deberán cambiar (parece que es una tendencia que en algunas universidades ya se atisba) y primar los contenidos de legislación, normativas, gestión de recursos... frente al resto de materias que estudiamos y que debieran convertirse en residuales.

Creo que es urgente que nos redefinamos y que acompasemos lo que somos y lo que hacemos. Y si no podemos cambiar lo que hacemos... tal vez tengamos que cambiar lo que somos.

domingo, 18 de marzo de 2018

Que todo está por hacer y todo es posible

El pasado día 13 tuve la grandísima suerte de ser invitado a celebrar el Día Mundial del Trabajo Social en LLeida, participando en un encuentro que bajo el título "Conversaciones desde el Trabajo Social" nos permitió reflexionar sobre "El poder de la palabra en el Trabajo Social".


La verdad es que me resulta difícil expresar lo que vivimos allí en ese encuentro, porque la intensidad con la que los colegas de aquellas tierras viven y sienten el Trabajo Social es absolutamente excepcional.

Fue una gozada ver cómo la Facultad d'Educació, Psicologia i Treball Social, junto al Col.legi Oficial de Treball Social y los profesionales del espacio Ágora habían organizado juntos los actos del encuentro, en una envidiable actitud de colaboración y buen rollo.

Y es que el encuentro, desde el tema elegido hasta el formato de los actos del día, (fiesta incluida) fue todo un acierto que logró que pudiésemos hablar de cosas que con frecuencia no hablamos (atribulados y urgidos por las graves amenazas que nos acechan) y poder conectar con la esencia de nuestra profesión: la palabra, la relación, la ayuda, el encuentro con "el otro"...

Pero más allá de los contenidos, (que podéis consultar por ejemplo en el blog de Ágora) quiero destacar el ambiente que se vivía, caracterizado por la actitud de todos los profesionales y estudiantes que participaron del encuentro. Rara vez he presenciado un tono tan acogedor, tan comprometido, tan alegre y reflexivo como el que nos regalaron. Muchas gracias, colegas.

Y aunque debiera nombrar a mucha más gente, quiero agradecer especialmente a Alba, Ramón y Montse la acogida y el trato durante la jornada y media que pasé por allí. Medio en broma, medio en veras, les decía que teníamos que "clonarlos" y repartirlos por muchos sítios de todo el estado. Creo sinceramente que las cosas funcionarían mejor.

Y ya sin más despido esta pequeña crónica, que sólo ha pretendido recoger un poco de la esencia de lo vivido por allí ese día, esencia que concentro en las rimas de un poeta catalán, Miquel Martí i Pol, cuyo poema "Ara Mateix" (Ahora mismo), creo que nos pueden servir de guía hoy para el Trabajo Social. Os pongo un fragmento:

Y estamos donde estamos, más vale saberlo y decirlo
y asentar los pies en la tierra y proclamarnos
herederos de un tiempo de dudas y de renuncias
en que los ruidos ahogan las palabras
y con muchos espejos medio enmascaramos la vida.
De nada nos vale la añoranza o la queja,
ni el toque de displicente melancolía
que nos ponemos por jersey o corbata
cuando salimos a la calle. Tenemos apenas
lo que tenemos y basta: el espacio de historia
concreta que nos corresponde, y un minúsculo
territorio para vivirla. Pongámonos
de pie otra vez y que se sienta
la voz de todos solemne y claramente.
Gritemos quién somos y que todos lo oigan.
Y al acabar, que cada uno se vista
como buenamente le apetezca, y ¡adelante!
que todo está por hacer y todo es posible.

 Pues eso, colegas. ¡Que todo está por hacer y todo es posible!. En Lleida lo viven y lo demuestran.

 Y si tenéis alguna duda, os diré que hasta hacen cerveza especial para celebrar el Día Mundial del Trabajo Social. Si eso no os convence, yo ya no sé...

domingo, 24 de diciembre de 2017

Otro año más...

Acaba el 2017 y como todos los años, dedico una entrada a recapitular y evaluar brevemente el año tanto a nivel personal como profesional y, por supuesto, desde el punto de vista del blog.


A nivel personal, este año he cumplido 50 años y lo he celebrado con amigos y familia como la cifra merece. Con menos energía que hace unos años, pero con más experiencia, me pasa en general como en las carreras: un poco menos de velocidad, pero mantengo un buen fondo. En cuanto a mis aficiones, los objetivos los hemos ido cumpliendo, superando incluso alguna inoportuna lesión. Tan sólo se resistió un poco la montaña, queda pendiente algún pico para otra ocasión.

A nivel profesional, los que seguís el blog ya sabéis que pienso que atravesamos una profunda crisis tanto en el Trabajo Social como en los Servicios Sociales. Los paradigmas que hemos utilizado durante años ya no nos sirven y no acertamos a ponernos de acuerdo ni desarrollar unos nuevos. Por lo demás, hemos intentado no quedar sepultados por esta crisis y en lo laboral hemos conseguido desarrollar algunos proyectos interesantes. Lo seguiremos intentando aunque cada vez hay más viento en contra.

Y en cuanto al blog, pues también hemos conseguido mantenerlo a flote este año. Bajando un poco el ritmo frente a años anteriores, pero al final han sido 35 las entradas publicadas. Algunas de ellas se han situado (con cierta sorpresa para mí, lo confieso), entre las más leídas de todo el blog.

Las entradas más leídas este año han sido:
  • "El Trabajo Social ha muerto" Una entrada que tuvo miles de lecturas e innumerables comentarios en las redes sociales y tras la cual tuve que escribir otra "Viva el Trabajo Social", para aclarar algún concepto y/o malentendido de la primera. En ellas ponía el dedo en la llaga sobre la deriva del Trabajo Social y los Servicios Sociales en los últimos tiempos.
  • "La desaparición del Trabajo Social", también con una gran repercusión y en la que compartí el contenido de la comunicación que realicé al III Congreso de Trabajo Social de Aragón, jugando entre bromas y veras con el cuento de Alicia en el País de las Maravillas.
  • "El secuestro de la relación de ayuda", en la que reflexionaba sobre la dialéctica entre la profesión y la sociedad a la hora de delimitar estas relaciones de ayuda y "Amancio I El benefactor", donde alertaba sobre los peligros de la filantropía, fueron también entradas con una gran difusión y no exentas de algunas polémicas.
Si les queréis echar un ojo, ahí las tenéis. O si preferís leerlas en pdf, os adjunto un documento que podéis descargaros con todas las entradas del blog este año: (os recuerdo que en esta entrada: "Cinco años de Blog" tenéis las de todos los años anteriores).


Y ya sib más, Wang y yo aprovechamos para desearos una Feliz Navidad y lo mejor para el año que viene, en el que seguiremos confiando, conversando y construyendo juntos.

Un abrazo a tod@s.

lunes, 20 de noviembre de 2017

La coleta de los Servicios Sociales

Hace unas semanas que no escribo. Por una parte, diversos asuntos han requerido de mi atención y no me ha quedado demasiado tiempo para reflexionar sobre los temas que toco en este blog. Por otra, en estos tiempos tan convulsos, atravieso una fase en la que me falta claridad en el diagnóstico.


Claridad no tanto en la situación ni en las causas del deterioro del sistema, sino sobre las estrategias a implementar para superarlo. Con respecto a las primeras, el mes pasado ya certifiqué la muerte del Sistema de Servicios Sociales y la desaparición del Trabajo Social dentro de él, así que tengo poco más que añadir.

En cuanto a lo que hay que hacer para revertir la situación y "resucitar" el Sistema (si vale el simil), estoy bastante confundido. Tengo la sensación de que la política social está dando respuestas a los grandes problemas sociales mediante estrategias y soluciones totalmente erradas e ineficaces, pero que en el Sistema de Servicios Sociales estamos dando por buenas.

Son soluciones como la que utilizó el Barón de Münchhausen en esa célebre aventura en la que se sacó a sí mismo y a su caballo de la ciénaga en la que habían caído, tirando de su propia coleta. Capacidad extraordinaria, sin duda, la del Barón. Pero yo no tengo tan claro que en Servicios Sociales podamos hacer lo mismo.

Porque de momento, tirar de nuestra coleta es lo único que se nos ocurre. Y cuando hablamos de innovación o de soluciones alternativas, nos dedicamos a intentar hacer más fuerte nuestro brazo o las piernas con las que sujetamos al caballo.

Creo que cruzar la ciénaga en la que los Servicios Sociales han caído va a requerir de algo más que una sólida cabellera, un brazo y piernas musculosas o los mensajes de ánimo con los que podamos alentarnos...


viernes, 6 de octubre de 2017

La desaparición del Trabajo Social

El Trabajo Social está despareciendo del Sistema de Servicios Sociales. Esta fue la idea-fuerza que defendí en la comunicación que presenté hace unos días en el III Congreso de Trabajo Social en Aragón.

 

Tal vez sea una argumentación demasiado contundente, pero con ella señalo la tendencia que vengo observando en la evolución del Trabajo Social en el Sistema en las últimas décadas.

Apoyándome en la paradójica narración de Lewis Carroll en "Alicia en el Pais de las Maravillas" y equiparando el Sistema de Servicios Sociales a ese maravilloso país donde una Trabajadora Social-Alicia intenta sobrevivir, reflexiono sobre las causas, consecuencias y posibles soluciones de esa desaparición, con la esperanza de revertirla y que no se extienda a otros sectores que empiezan a dar síntomas en la misma dirección.

Como de todo ello hablo más extensa y ordenadamente en la comunicación, y algun@s de vosotr@s me habéis pedido que os la haga llegar, os la cuelgo en el siguiente enlace por si queréis leerla completa.

Y, como siempre, estaré encantado y agradecido de recibir vuestras críticas, aportaciones y reflexiones.


jueves, 14 de septiembre de 2017

Trabajo Social confortable

Hace tiempo que tenía pensado escribir sobre ésto, pero lo he ido posponiendo hasta que ya no me queda otro remedio. Y es que ya resulta insoportable la presión y los mensajes que respecto a eso que llaman "zona de confort" se están difundiendo.




¿Cómo salir de tu zona de confort? ¡Sal de tu zona de confort! ¡Arriésgate más allá de tu zona de confort! ¿Te encuentras estancado en tu zona de confort?

Estos y muchos mensajes parecidos nos los encontramos a diario en nuestro quehacer profesional y en lo personal. Parece que se ha vuelto imperativo salir de nuestras zonas de confort, para poder crecer y evolucionar como personas o como profesionales. Es algo que se ha puesto de moda y que todos parece que abrazamos como si fuera una verdad absoluta.

En nuestra profesión, son mensajes que calan y se difunden profusamente. Si es por las arengas que se hacen a que los trabajadores sociales salgamos de nuestra zona de confort, podríamos deducir que somos un colectivo que vive confortablemente instalado en cómodos trabajos sin importarnos un pito la realidad para la que se supone que trabajamos.

Y nada más lejos de la realidad. Nuestra profesión nos sitúa permanentemente ante situaciones de sufrimiento humano para las que con frecuencia carecemos de respuesta y sobre las que asumimos responsabilidades sin los necesarios instrumentos. Y eso es todo, menos cómodo.

Por otro lado, no me imagino yo diciéndoles a nuestros usuarios o familias con las que trabajamos que para salir de su situacion de malestar o sufrimiento, deben comenzar por abandonar sus zonas de confort. Si no se parten de risa, lo más seguro es que nos partieran la cara. 

Así que cuando yo oigo eso de que tengo que salir de la zona de confort, lo primero que pienso es que antes la tendré que encontrar. Que como decía aquel, si hay que salir, se sale, pero salir sin más... es tontería.

A lo mejor es que mi falta de formación en todas estas corrientes tan en boga ahora como la psicología postiva o el coaching hace que yo no entienda este tipo de mensajes, pero no puedo evitar que me desprendan un tufillo bastante desagradable a rancia autoayuda, individualismo y competitividad. Creo que deberíamos reflexionar por qué hemos demonizado el confort, y empezamos a ver como algo negativo el sentirnos cómodos con lo que hacemos o somos.

Llamadme inútil, acomodado o lo que queraís, pero no veo que abandonar tus zonas de confort te lleve a ningún sitio mejor. Como mucho, a estar más incómodo. Y yo no le veo ninguna ventaja a estar permanentemente incómodo, que parece ser de lo que se trata.

Mi mensaje es más bien al contrario. Sólo desde la comodidad se puede ser eficiente. Si algo te resulta incómodo, busca otra manera de hacerlo, pues estoy convencido de que sólo si te gusta lo que haces podrás hacerlo bien.

Y no, no estoy defendiendo el hedonismo ni mantengo posturas de "bon vivant". Creo en el esfuerzo, en el afán de superación, en el crecimiento en todos los órdenes de la vida, pero mantengo que puede y debe hacerse todo esto desde la comodidad.

La búsqueda de la felicidad tiene que ver con ésto. Si estás cómodo con lo que haces, no pasa nada por que lo sigas estando. Al contrario, no te sientas mal por no estar incómodo. Para..., relájate..., contempla..., disfrúta... Tómate la vida como un paseo, no como una carrera de obstáculos a superar para llegar más lejos, más alto, más...

Y no busques la incomodidad, busca zonas de confort. La vida por sí misma ya te traerá suficientes problemas e incomodidades, no hace falta que colabores tú más. Al contrario, intenta sortearlas y superarlas como mejor puedas.

En el fondo, se trata de estar a gusto con lo que somos y con lo que hacemos y si no lo estamos, tal vez sea hora de cambiar. Que tal vez sea a lo que se refieren todos estos gurus anti-confort.

Pero eso se llama cambio. No te confundas.

***

Y para relajar un poco, hoy os dejo este vídeo de Les Luthiers "La vida es hermosa", que también habla de cosas parecidas...



miércoles, 17 de mayo de 2017

¿Viva el Trabajo Social?

Aún ando sorprendido por la repercusión de la entrada que he escrito sobre la muerte del Trabajo Social. A las pocas horas de publicarla ya tenía miles de lecturas y yo ya había perdido el hilo de los comentarios y ramificaciones que se iban generando en las redes.


¿Nuevo Trabajo Social?
Así que ahora, con las aguas un poco más quietas, considero preciso hacer algunas aclaraciones. Por un lado, (y mucho más allá de las licencias con las que a veces, aconsejado por Wang, adorno mis escritos para impactar y llamar la atención), la sensación de haber dado en la diana. Algo del problema que he señalado está conectado a la actualidad de la profesión, pues ha generado importantes debates con posiciones bastantes polarizadas.

La pérdida de espacios propios de nuestra profesión es alarmante y se encuentra en progresión constante. Es un hecho y un problema sentido y reconocido que no estamos abordando con eficacia.

No me sirven los argumentos de que el retroceso de nuestra profesión se refleja sólo en los servicios sociales públicos. La iniciativa privada no es la quintaesencia donde se conservan los principios de nuestra disciplina, ni el ejercicio libre de la profesión el lugar donde se reinventará... de la misma manera que tampoco son los servicios sociales públicos los creadores ni conservadores del verdadero Trabajo Social.

El deterioro y retroceso del Trabajo Social en el sistema de servicios sociales es evidente. Aún se conservan espacios donde profesionales desarrollan funciones e iniciativas dignas de nuestra profesión, pero cada vez más esos espacios comienzan a parecerse a la aldea gala de los tebeos de Asterix.

Y también es cierto que en ONG's y en el ejercicio privado hay compañeros que desarrollan actividades de gran valía, pero no es menos cierto que en muchas ocasiones desarrollan funciones y tareas que se parecen al Trabajo Social tanto como los huevos a las castañas.

Y es que el debate no es público o privado. Respeto profundamente el Trabajo Social que se realiza en la iniciativa social o privada. De la misma manera que pienso que, en nuestra historia reciente, el Trabajo Social ha estado indisolublemente unido al desarrollo de los servicios sociales públicos y a éstos tenemos unido nuestro destino.

Más allá del contexto en que desarrollemos nuestro trabajo, como profesión no podemos permitir el deterioro del sistema público de servicios sociales, y dentro de él, del papel fundamental y protagonista de nuestra disciplina. Del mismo modo que los médicos lo ejercen dentro del sistema de salud o los maestros en el educativo. 

Lo diré sin ambages, por poner un ejemplo. En Servicios Sociales y en todas las agencias o instituciones dedicadas a la acción social todos los puestos de coordinación y dirección deberían estar ocupados por trabajadores sociales. No podríamos ni pensar en cualquier otra posibilidad. Lo mismo podríamos hablar de la Universidad, donde el profesorado y los puestos de dirección en las Facultades de Trabajo Social deberían ser ocupados mayoritariamente por trabajadores sociales.

Y si no me vale el argumentario público-privado, tampoco me sirven las posturas idealistas, entusiastas o románticas con las que se defiende la profesión. Lo de "somos agentes de cambio, creámoslo", o lo de que "mientras haya una persona que necesite ayuda, ahí estará el Trabajo Social", están muy bien como slogans o alharacas, pero no sirven de nada al desarrollo de nuestra disciplina y en ocasiones son utilizados tan inapropiada como infantilmente.

La última cuestión que quería aclarar es la crítica a la iniciativa solidaria propiciada por una asignatura en los estudios de Trabajo Social de la Universidad de Zaragoza. El evento consiste en recoger ropa durante una semana destinada a personas sin techo de la localidad, y ha sido publicitado como una magnífica forma de ayuda a un colectivo tan desfavorecido como el de estas personas con el que se ha implicado toda la Universidad.

Con lo que hemos peleado Wang y yo en este blog y en otros sitios contra iniciativas de este estilo, denunciando la perversidad de estas formas de acción social benéfico-asistenciales (y recibiendo montones de críticas por insolidarios), presenciar cómo son alentadas desde la Universidad es (paradoja) desalentador cuando menos. 

Lamento que estos alumnos (y sobre todo los profesores que los deberían orientar) se hayan dejado seducir por el mensaje navideño de nuestra flamante Ministra de Servicios Sociales más que por las entradas de este blog.

Y dado que las razones de mi tristeza, verguenza y desaliento están contenidas en muchas de esas entradas, me atrevo a recomendar, a quien le interese, algunas de ellas:


Y una, especialmente dedicada a quien me lea desde la Universidad: De la ciencia a la caridad

Con la esperanza de que algún día podamos gritar, como en la sucesión de las monarquías medievales "El Rey ha muerto, viva el Rey" "El Trabajo Social ha muerto, viva el Trabajo Social", me despido del debate agradeciéndoos los múltiples comentarios y críticas recibidos y esperando no haber herido a ninguno de los magníficos profesionales que a lo largo del Estado desarrollan su labor.

domingo, 14 de mayo de 2017

El Trabajo Social ha muerto

No somos pocos los profesionales que estamos preocupados por la deriva que los Servicios Sociales han tenido en estos últimos años, con un fuerte retroceso hacia formas de acción social que creíamos superadas y un protagonismo inusitado del más rancio asistencialismo y de la más retrógada beneficencia.


Pero siendo importante, siento que ese no es verdadero problema. Lo que de verdad me importa es la posición que el Trabajo Social está tomando al respecto. Y es para hacérnoslo mirar.

El retroceso del Trabajo Social en el Sistema de Servicios Sociales y en el resto de Sistemas Públicos de Protección Social es alarmante. Y no por la presencia, que también, sino por sus prácticas.

Salvo excepciones (que lamentablemente son sólo eso, excepciones), los Servicios Sociales se han convertido en una gestoría de prestaciones (la mayoría económicas). Se nos llena la boca de frases como "garantizar derechos" cuando en el fondo a lo que nos referimos es que el ciudadano reciba la mayor prestación o servicio posible de entre aquellos que regulan las dispares y complicadas normativas. Y entre las dos cosas hay una gran diferencia en la que nos vemos atrapados y confundidos.

Y en esa confusión, hemos reducido la  función del Trabajo Social a navegar por ese inextricable mundo de órdenes, normas y reglamentos contradictorios realizando principalmente unas tareas burocráticas en las que lo más cercano a funciones técnicas como por ejemplo, la valoración, es certificar la pobreza (o insuficiencia de medios económicos) de los solicitantes de las prestaciones correspondientes. Lamentable, pero cierto.

Anclados en esas tareas, hemos abandonado progresivamente otros territorios que siempre han estado ligados a nuestro ADN como profesión. Como el Trabajo Social de casos (Belén dixit), o todo lo que podamos definir como terapéutico (que cada vez más abandonamos en manos de médicos o psicólogos). O las funciones educativas y/o de acompañamiento (cuyo protagonismo está siendo asumido por educadores sociales, enfermeros...). Y  podríamos seguir.

Hemos permitido que el resto de profesiones asuman estos territorios y hemos dejado que sean ellas quienes definan el nuestro, relegándonos a esas funciones burocráticas en las que cada vez somos más prescindibles. No hemos sido capaces de defenderr la transdisciplinariedad y en este mundo neoliberal e individualista, hemos renunciado a nuestro trozo de tarta. Noble sacrificio si no fuera porque la intervención social se ha empobrecido hasta niveles insostenibles.

Progresivamente, he ido perdiendo toda esperanza de que consiguiéramos revertir la situación. E iluso de mí, confiaba que uno de los últimos bastiones era la Universidad. Quería creer que en ella, las nuevas hornadas de profesionales se estaban formando científica y críticamente, y que saldrían al dificil mundo laboral pertrechados con algunas armas para hacer frente al desafío de evitar que desaparezcamos. 

Pero escribo todo esto profundamente entristecido por darme de bruces con la realidad al saber la noticia de que alumnos del Grado de Trabajo Social en Zaragoza se han lanzado a organizar una iniciativa asistencialista confundiendo solidaridad con beneficencia. Os cuelgo la noticia, avergonzado por la imagen que transmite de nuestra profesión.

Creo que como profesión, estamos muertos. Y tal vez, como en la película de Amenabar, estemos en una realidad paralela en la que no nos hemos dado cuenta todavía.




lunes, 1 de mayo de 2017

Cinco años de Blog

Mañana, dos de mayo de 2017, este Blog cumple cinco años.


Cinco años de Blog, 222 entradas publicadas, más de 170.000 visitas (espero que muchas lecturas entre ellas), innumerables comentarios en el blog y en las redes sociales, muchos amigos y amigas, contactos, algunas críticas, muchos agradecimientos...

De todas estas cosas, y de muchas más, ha estado hecho el viaje que Wang y yo hemos hecho durante estos cinco años, con alguna parada técnica incluida, casi de modo ininterrumpido.

En él, nos hemos dedicado a analizar durante estos años el inextricable mundo del Trabajo Social y los Servicios Sociales, dentro del marco de una Política Social tan predecible como incomprensible.

Hemos tocado también algunos aspectos colaterales, las ideologías, la convivencia y relaciones humanas. Incluso de vez en cuando nos hemos permitido compartir alguna cuestión personal.

Atribulados como corresponde a nuestro tiempo y al tener que navegar muchas veces en aguas revueltas, nos hemos removido ante muchas situaciones de dolor, nos hemos esperanzado ante algunas decisiones o noticias y nos hemos desesperado ante muchas más de ellas.

La guía de nuestro viaje ha sido siempre el construir. Hemos intentado aportar algo: nuestra experiencia, alguna idea, una llamada de atención o una caricia...  No siempre lo hemos conseguido (a veces Wang es más ácido de la cuenta y yo más pesimista e irascible de lo necesario...) pero a fe que hemos intentado aportar nuestro granito de arena para consolidar y desarrollar ese Sistema de Servicios Sociales que consideramos imprescindible para el Bienestar Social.

Hemos tenido que lidiar con algunos miedos y salvar algún obstáculo, pero ahí hemos estado luchando para que nuestra pequeña voz se oiga junto a otras muchas en ese apasionante reto de construir una sociedad un poco más justa y donde todos podamos vivir con más dignidad.

Y para celebrar estos cinco años y agradeceros vuestra paciente y estimulante compañia, Wang y yo hemos creído conveniente tener un detalle con vosotros.

Se trata de los artículos de este blog, editados en formato pdf y divididos por años. Hemos pensado que a lo mejor os apetece tenerlos y poder leerlos en este formato o consultar alguno concreto de ellos. En cualquier caso, si alguna idea o reflexión de las muchas que hay en estos artículos os sirve para algo y podéis utilizarla para el desarrollo del sistema de servicios sociales o del trabajo social, es vuestra. No hace falta ni que citéis la procedencia.

Así que aquí os dejo los enlaces para que podáis descargaros los documentos.


Tribulaciones Año I (2012)
Tribulaciones Año II (2013) 
Tribulaciones Año III (2014)
Tribulaciones Año IV (2015)
Tribulaciones Año V (2016) 
Tribulaciones Año VI (2017)

Tribulaciones Completo (2012-2017)

Cada documento contiene los artículos escritos ese año. Si pincháis en los títulos del índice, os llevará directamente a cada uno de ellos. En cada artículo también tenéis el enlace a la entrada original del blog, donde podréis ver también las ideas y reflexiones de quienes han comentado las entradas.             


Wang y yo nos sentimos muy afortunados de que hayáis viajado con nosotros durante estos años... ¡Sigamos el viaje! Y como dicen los de Seguridad Social en esta canción:

vamos a hacer el camino
con decisión y coraje
sin pensar que el viaje
llegue a su destino

lunes, 24 de abril de 2017

La intervención social ¡vaya circo!



Abordo hoy un tema relativo a la intervención social, más hacia terrenos técnicos que políticos, para el que os confieso que no tengo respuestas. Lo que van a continuación son sólo preguntas y reflexiones, sin ninguna certeza y sí con alguna preocupación.


El tema en cuestión, sobre el que suelo reflexionar a menudo, tiene que ver con el trabajo social de casos y la hago desde mi práctica en este tipo de intervención social.

Lo que suelo encontrarme es que, ante un caso de tipo social (cualquier tipo de violencia familiar, personas en situación de riesgo por diversas causas, familias en situación de exclusión social…) la cantidad de profesionales y personas intervinientes es extremadamente elevada y con frecuencia, su implicación en el problema también.

Ello tiene que ver con algunas características de las personas o familias que atraviesan situaciones de dificultad, pero no nos detendremos ahora en ellas. Considero que la responsabilidad está más bien en ese contexto de intervención que crece sin guía ni control conforme el caso se desarrolla.

Esto es algo que sólo ocurre, al menos en este grado, con los problemas sociales. En otros terrenos, por ejemplo el sanitario, son muchos menos los profesionales intervinientes. Para la mayoría de los problemas médicos de cierta gravedad en este ámbito hay un par de profesionales en la atención primaria y otro par de profesionales en la atención especializada que sostienen el núcleo de la intervención. Si hay más profesionales son accesorios y subordinados a éstos.

Y además, esto es importante, con ligeras variaciones suelen coincidir en el diagnóstico y el tratamiento, al menos en sus líneas más generales. Naturalmente que hay discrepancias, pero no suelen ser la norma.

Al contrario que en nuestro “territorio”. En los problemas sociales, todo el mundo se siente legitimado para opinar e intervenir. La intervención social se construye bajo un paradigma pseudodemocrático, en el que todas las voces son legitimadas y todas las intervenciones bienvenidas. Así, independientemente de su procedencia (pública o privada, individual o institucional, del mismo o de diferentes niveles de la administración, profesional o voluntario…) los operadores van desarrollando sus intervenciones conforme a sus paradigmas e intereses.

A diferencia del sistema sanitario, donde, pongo por caso, a nadie se le ocurre que la voz de un curandero sea considerada igual que la de un catedrático de anatomía patológica, en el sistema de servicios sociales todas las voces tienen más o menos el mismo peso.

Profesionales de servicios sociales de atención primaria, atención especializada, voluntarios, miembros de asociaciones, curas, alcaldes, maestros, médicos, “activistas”, vecinos… Todos saben qué hay que hacer, quien debe hacerlo y cuándo y cómo debe hacerse. Naturalmente, cada uno piensa una cosa diferente.

Y no sólo eso. Entre la profesión y dentro del propio sistema, también ocurrirá algo parecido. Ante la misma situación, difícilmente se coincidirá en el diagnóstico (suponiendo que alguien se tome la molestia de desarrollar ese extraño paso intermedio entre la presentación del problema y su resolución). Cada profesional interviniente “echará la suya” y, legitimado como digo para intervenir, comenzará a desarrollar actuaciones de las cuales no necesita dar cuenta a nadie más allá de su propia institución (si pertenece a alguna). Además de todo ello, con frecuencia tenemos a gala contradecir el diagnóstico y cuestionar las intervenciones previas de otros colegas, ejerciendo un anti-corporativismo radical que nos apasiona.

Pero no descubro nada nuevo ¿verdad? Tanto es así que hace tiempo que hemos descubierto las dificultades que ello supone para la intervención social, que construida de esta manera, siendo generosos, la podríamos tildar de ineficaz.

Por eso hemos intentado aplicar algunas soluciones. En concreto hemos desarrollado dos: una cosa que hemos dado en llamar COORDINACION y otra PROFESIONAL DE REFERENCIA.

De cada una de ambas podríamos escribir unas cuantas entradas…Sobre algunos de los problemas de ambas ya escribimos una hace un par de años. "Fragmentación al cubo", que os invito a que leáis.

Personalmente, pienso que el desarrollo que esto del profesional de referencia está teniendo lo asemeja cada vez más a un titiritero-equilibrista. Un saltimbanqui enfrentado a una tarea de todo punto imposible y teniendo que saltar sin red en un circo tan roto y desvencijado como triste y decadente.

En cuanto a lo de la coordinación, en la propia definición llevamos las contradicciones. Vuelvo al ejemplo. ¿Debe el catedrático coordinarse con el curandero?

El verdadero problema para que ambas soluciones (o cualquier otra que pudiéramos imaginar) funcionen es que no se puede legitimar de igual manera todos los intervinientes en una situación social. Y eso sólo puede hacerse desde unas estructuras claras, donde se encuentren definidas las responsabilidades y competencias.

Desarrollo estructural y competencial que, en nuestro sistema, estamos lejos de abordar con la seriedad y la profundidad necesarias.

martes, 28 de marzo de 2017

...y con poder, tampoco se puede.

Hace unas semanas reflexionaba en este blog sobre el poder, y más concretamente sobre el poder profesional, que definía como la capacidad e influencia para cambiar las cosas. A raíz de algunos comentarios recibidos como consecuencia de esa entrada he creído conveniente completarla para aclarar algunos de los conceptos que en ella exponía.


Terminaba la entrada con una frase de Wang en la que me decía que "sin poder, no se puede". La principal aclaración ya la habréis adivinado con el título de esta entrada "...y con poder, tampoco se puede".

Esto es, mi concepto de poder lleva implícito la renuncia del mismo. No, no tenemos poder para cambiar las cosas, y mucho menos a las personas. 

Inserto ahora un aviso para estudiantes y profesionales que -ojalá- estén comenzando a ejercer: podéis dejar de leer esta entrada. Seguro que estáis ilusionados y convencidos de salir al mundo a cambiar la vida de las personas, mejorar sus condiciones, incrementar su bienestar y todas esas cosas que se aprenden durante los estudios de nuestra disciplina. No leáis más, de verdad. No quiero quitaros esa ilusión, sin la que estoy convencido de que no se puede ejercer. Tan sólo creo que debemos ser conscientes de que se trata de eso, de una ilusión. En lugar de esta entrada os recomiendo esta otra de otro compañero bloguero, Israel Hergón, que reflexiona sobre lo que es el Trabajo Social mediante una sugerente disertación entre lo académico y lo divulgativo.

A los que decidáis continuar (allá vosotros), os diré que estoy convencido de que nadie tiene la capacidad de cambiar la vida de nadie. Ninguna persona, ningún profesional, ninguna disciplina. 

Podemos manejar con soltura toda la legislación y normativa referente a un caso. Podemos conocer todos los recursos que podrían aplicarse. Podemos poner en marcha toda nuestra pericia técnica en la relación con los participantes del mismo. Podemos aplicar el más adecuado protocolo y utilizar las mejores herramientas. Pero siempre, siempre, el resultado será impredecible y dificilmente atribuible a nuestra acción.

Poco a poco me he ido haciendo consciente de la extrema complejidad de los sistemas humanos y sociales y de la necesidad de asumir e incorporar su inherente impredecibilidad. El azar juega un papel importante y creo que las lógicas lineales en las que todo está determinado según unas causas y sus consiguientes consecuencias son tan tentadoras como erradas. 

A mí me costó tiempo asumir esa incapacidad. Al principio la veía como fracaso. A veces sentía que en un caso había (habíamos) hecho todo lo correcto y que, con mucho trabajo y dedicación, no habíamos dejado ni un cabo suelto. Y el caso no se solucionaba. Otras veces, en cambio, el caso parecía solucionarse sin apenas intervención por nuestra parte, o por la intervención de algo o alguien que ni de lejos podíamos prever o valorar como necesaria.

Experimentar la realidad de estar insertos en sistemas complejos, con una diversidad casi infinita de variables, personas, profesionales e instituciones implicadas es una buena manera de conocer los límites de nuestra acción y de transitar responsablemente por los caminos de la humildad.

Ya os he comentado en alguna ocasión que hace tiempo que hice mías estas palabras de Barudy:
 “...no me veo como el detentor de un poder 
para cambiar, cuidar, ayudar o hacerme cargo de alguien, 
sino más bien como una persona capaz de relacionarme con otros para perturbarles, 
a raíz de mi creatividad, 
en el sentido de estimular sus potencialidades y sus posibilidades de cambio".

 Tomar conciencia de que nosotros no podemos cambiar nada es sin duda un duro aprendizaje. Pero también liberador. Nos sitúa ante los límites de nuestra acción y de que, tal vez, el único cambio accesible para nosotros es el nuestro. Y ni siquiera ese cambio podemos hacerlo nosotros: necesitamos a los demás.

Así que, ya lo sabéis. No se puede. Y hay que tomar conciencia profunda de ello, porque sólo así podremos seguir trabajando para  hacer lo correcto y necesario en cada situación. 

Y es que a pesar de que no se pueda, tenemos que seguir haciéndolo. Es nuestra responsabilidad.