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miércoles, 5 de diciembre de 2018

Reflexiones de un hambriento

Ha vuelto a pasarme. Al igual que hace un par de años, he vuelto a ser señalado como un ser insolidario al negarme a coger la bolsa que, a voz en grito, me acercaba uno de los voluntarios de la gran recogida que los Bancos de Alimentos han organizado este fin de semana pasado.

 

"Reflexiones de un hambriento" 1894 E. Longoni
No os aburriré con los detalles. Fue un episodio parecido al que en aquella ocasión os relataba en esta entrada. Y como en ella también os contaba mi postura al respecto, tampoco seré más pesado con el tema.

Sí os recomiendo la estupenda entrada al respecto de los compañeros/as de Ágora de Treball Social de Lleida  ("Atún y galletas, Menú de los pobres de hoy, sábado"), un estupendo trabajo de análisis, reflexión y alternativas al respecto de estas iniciativas.

También le podéis echar un ojo a este artículo "Es hora de cerrar los Bancos de Alimentos", en la web Renta Básica Universal

En todo caso, a pesar de que muchos de nosotros mantenemos una postura crítica al respecto de estas iniciativas y de que son cuestionadas desde muchos ámbitos en la intervención social, la verdad es que éstas gozan de una salud envidiable, pues las cifras en voluntarios y alimentos recogidos no dejan de incrementarse año tras año.

La extremada legitimidad social de estos Bancos y sus repartos de alimentos tienen diversas razones, ancladas en nuestro átavico subdesarrollo en materia de política social y sustentadas en una ideología benéfico-asistencial que estamos lejos de superar, pues entronca directamente con las corrientes neoliberales que arrasan nuestra sociedad.

Pero a mi juicio hay otras razones, seguramente contaminadas de esa ideología de la que hablo, que son igualmente importantes.

Una atañe a los profesionales y técnicos variados en esto de la acción social. Incapaces de consensuar unas alternativas eficaces a estos bancos, perdidos en palabrería en torno a la justicia social y los derechos sociales mientras por acción, omisión y/o obligación, diseñamos y gestionamos prestaciones y servicios tan asistenciales como aquello que denunciamos.

La otra tiene que ver con un factor psicológico de enorme fuerza rectora: nos hace sentir bien, esto de dar alimentos a los pobres. Nos reconcilia con el sentimiento de culpa que nace de nuestra desigualdad y nos genera una ilusión de reducirla que, aún siendo paradójica, no es menos tranquilizadora.

En cualquier caso, Wang y yo lo tenemos claro. El año que viene evitaremos ir al supermercado un fin de semana como éste. Nos ahorraremos algún disgusto.

***

Entrada dedicada a mis colegas, amigos y amigas andaluzas. Que este fin de semana sí que han tenido un disgusto de los de verdad.

miércoles, 18 de abril de 2018

El máster de Wang

Pues nada, otro mito que se ha caído. En el fondo ya lo sabíamos, pero no queríamos creer del todo que la podredumbre que envuelve todo lo que la ideología neoliberal toca hubiera llegado también a la Universidad. 


Todavía confiábamos en que el acceso a la Universidad por parte de grandes sectores de la población era un paso más en la igualdad de oportunidades y en la reducción de las desigualdades, cuando nos enteramos que gran parte de las clases dirigentes han reservado para sí parte del sistema universitario, instrumentalizándolo a su favor para conseguir privilegios y prebendas vetados al resto de los mortales.

Nada nuevo bajo el sol, lamentablemente. Ya sabíamos qué había detrás de la "cultura del esfuerzo", el "gobierno de los mejores" y todas esos mantras utilizados por los prebostes neoliberales que nos gobiernan. Estrategias para ocultar su mediocridad y perpetuar un sistema basado en la desigualdad.

En el fondo no es sino la reproducción de ese pensamiento que con tanto ahínco han conseguido introducir en la sociedad, en la que los poderosos, los gobernantes y los ricos acceden a ese estatus porque son los mejores, mientras que los débiles y pobres se encuentran en esa situación debido a sus muchos defectos, lo cual por otra parte legitima que no se les ayude salvo con diversas formas de caridad.

Wang, que a pesar de sus muchos conocimientos y titulaciones, tan sólo se define como "filósofo" (bueno, a veces presume también un poco de haber sido guerrero Taiping...), ha asistido estos días, entre preocupado y divertido, a todas estas noticias que se han desvelado sobre cómo estos gobernantes habían engordado su curriculum inventándose titulaciones no realizadas o directamente compradas.

Y como parece que ahora si no tienes un máster no tienes nada, ha decidido crear la Fundación de Estudios Filosóficos "Wang", a través del cual va a impartir un master, totalmente gratuito, dirigido a los profesionales que trabajan en el Sistema de Servicios Sociales. Lo ha llamado "Master de supervivencia para trabajar en el Sistema de Servicios Sociales". El diploma se envía con antelación, las clases serán on-line y el temario más o menos el siguiente:

TEMA 1.- "No hay quien entienda... La Ley de Dependencia". 
                   Donde se proporcionarán un conjunto de técnicas, traídas de la sabiduría milenaria china, para obtener el estado de relajación trascendente adecuado para ayudar a los dependientes a soportar los insoportables retrasos en la valoración y acceso a los recursos, así como las prestaciones insuficientes e inadecuadas que se les ha reconocido como derecho.

TEMA 2.- "Nuevos desarrollos profesionales: marketing en consumo energético". 
                   En este tema aprenderá a desarrollar de manera eficiente la función para la que ha sido designado según las últimas normativas: "Comercial de las compañías eléctricas". Aprenderá a considerar y transmitir como un éxito el que las entidades locales dediquen parte de sus escasos recursos a maximizar tanto el ahorro del beneficiario como el beneficio de la compañía.

TEMA 3.- "¿Renta Básica?... ¡para qué!"
                   ¡Actualice su anticuado modo de pensar!.  La supervivencia material de las personas ya está garantizada suficientente con la combinación actual: un poco de economía sumergida, un puñado de rentas mínimas y algo de beneficencia o caridad. Con el colchón de las ayudas de urgencia locales el cuadro queda completamente cubierto y es un ejemplo de colaboración público-privada y de coordinación interadministrativa. Deje de pensar que con una renta básica se podría hacer mejor.

TEMA 4.- La sabiduría de los suizos.
                  Tranquilos, no les vamos a recomendar que evadan capitales a Suiza. (Salvo que los tengan, claro, lo cual será difícil trabajando donde trabajan...). No, de Suiza lo importante no son sus montañas, ni su estructura financiera... ¡Son las navajas!. Sí, esas que sirven para todo. En el master analizaremos las técnicas de esas navajas multiusos y las aplicaremos a sus funciones como profesional del Sistema, en las que tendrá que atender todo lo que los demás sistemas de protección social no quieran hacer. Le garantizamos que podrá hacer de todo con una simple navaja.

TEMA 5.- La coordinación sociosanitaria.
                  Con las antiquísimas técnicas de los monjes tibetanos, expertos en el tema, le enseñaremos el único instrumento que se le va a exigir para que pueda desarrollar esta coordinación de una manera adecuada: la obediencia. Aprenderá a dejar su mente en blanco y aceptar los designios que para sus casos y programas tengan a bien recomendarle desde el sistema sanitario.

De momento Wang ha diseñado y desarrollado estos temas, pero está abierto a vuestras sugerencias para que el master desarrolle un programa lo más completo posible.

Y si alguien no puede o no tiene tiempo para hacer el master que no se preocupe. La Fundación  "Wang" es tan flexible que con la simple lectura de esta entrada le convalida el título. Y si dejas un comentario, lo hace con Matrícula de Honor.





lunes, 12 de junio de 2017

Amancio I "El benefactor"

Bienvenidos al nuevo régimen. Si alguna duda teníamos respecto a qué clase de Estado teníamos, viene el aclamado Rey Amancio I, sentando sus reales, a proclamar su forma:  Monarquía filantrópico-caritativa. 


Y es que eso de que España haya sido durante varios años un Estado Social y Democrático de Derecho es algo que podemos ir olvidando. Se trata de un concepto anticuado, consagrado en nuestra vieja Constitución de 1978, cuyos principios han sido superados en la actualidad con los cambios derivados de la tecnología, la globalización y el nuevo orden económico mundial instaurado por los dogmas neoliberales.

Uno de estos dogmas se podría resumir así: hay que desregularizar la economía y quitar todas las trabas e impuestos a los empresarios; de este modo sus empresas serán cada vez más fuertes y tendrán más beneficios, lo que sin duda generará más empleo y bienestar para el conjunto de la sociedad.

Esta suerte de "ósmosis social" en la cual el incremento de beneficios concentrado en las clases adineradas se filtra hacia las clases trabajadoras y menos pudientes ha sido puesto en cuestión por los datos sobre la evolución de la desigualdad. Por ejemplo, en los últimos ocho años el porcentaje de millonarios en relación a la población española casi se ha duplicado. Han pasado de representar el 0,28% de la población al 0,41%. Al mismo tiempo, los hogares con las rentas más bajas han pasado del 31,2% al 38,5 %. Es decir, el incremento de la riqueza en los ricos se traduce en más pobreza para los pobres. 

Pero sin duda esos datos (y otros tantos que podríamos argüir) deben estar equivocados. Así lo demuestra la donación que el empresario Amancio Ortega, (dueño de Inditex y considerado la cuarta fortuna a nivel mundial), acaba de hacer a la sanidad pública. Nada menos que 320 millones de euros para equipos oncológicos a repartir entre todas las comunidades españolas. ¿Qué mejor prueba puede haber de que la existencia de un rico como el que nombramos sólo puede traer beneficios a la sociedad?

La donación no ha estado exenta de polémica. Muchos sectores han expresado su agradecimiento ante semejante gesto en un tema tan sensible como doloroso, la atención al cáncer. Al mismo tiempo han aparecido críticas sobre el carácter finalista de la donación (tal vez las necesidades de la sanidad pública fueran otras), sobre que el dinero donado proceda del ahorro de impuestos que este empresario realiza mediante la deslocalización de sus empresas (y/o de la ingeniería fiscal de sus cuentas), e incluso sobre la agenda oculta que tiene la donación (desgravar más impuestos, réditos publicitarios, lavado de imagen y hasta favorecer sus propias empresas o contactos de mantenimiento).


Más allá de toda esta polémica sobre las razones de la misma, la donación no puede rechazarse. Sería insensato ( y dificilmente defendible para ningún gestor en la sanidad pública) no adquirir unos equipos que pueden favorecer la detección o tratamiento de una enfermedad tan grave y dolorosa a muchas personas. Pero ahí precisamente está su problema. 

Y es que junto con el necesario dinero que permitirá la compra de equipos va un mensaje y se impone un modelo. Solucionar las carencias del sistema sanitario pasa de ser responsabilidad pública a responsabilidad privada. Es perfectamente compatible recortar servicios y presupuestos en la sanidad y aceptar esas donaciones privadas que en parte los palíen. Por tanto, la sanidad deja de ser un derecho. Un enfermo de cáncer será mejor o peor tratado en función de la graciabilidad de algún filántropo que, como el que nos ocupa, decida dedicar unas migajas de su ingente fortuna al tratamiento de esa enfermedad. Si hubiera decidido dedicar esas migajas a otro noble fin, pongo por caso, el tratamiento de enfermedades raras en los niños, el tratamiento de su cáncer sería más precario.

Es una limosna institucionalizada. El filántropo elevado a la categoría de héroe. La beneficencia llevada a su máxima expresión. La compasión exhibida. La recepción obligada.

Como sociedad empobrecida, no nos queda otra que aceptar esa limosna y mirar con ojos agradecidos a aquel que nos da ese plato de sopa, al que, humillados, sabemos que no tenemos derecho.

Vencidos y arrodillados, demos la bienvenida al Rey Amancio I "El benefactor". Tus siervos te desean larga vida. A tí, y a la era que representas.



martes, 28 de febrero de 2017

Vejez y estupidez



Hace mucho que no comentaba ninguna noticia o comentario de algunos de nuestros políticos, pero hay estupideces que uno no puede dejar pasar…


El otro día leía algo así como que la incompetencia en grado suficiente es indistinguible de la mala voluntad. Me pareció una frase muy acertada, sobre la que estaba reflexionando cuando me encontré con las declaraciones de nuestro anterior presidente del gobierno de España, un tal Aznar, no sé si recordaréis…

Hablaba de las pensiones y venía a decir que para hacer el sistema de pensiones sostenible hay que retrasar la edad de jubilación a los 70 años.

En el fondo, tiene razón, me decía Wang. Retrasar la edad de jubilación a los 70 años hará el sistema más sostenible, y si la retrasan hasta los 100 años obtendrán seguramente un buen superávit, argumentaba mi amigo.

Y mientras nos dedicábamos a imaginar a qué se podría dedicar ese posible superávit (Wang abogaba por doblar los salarios de nuestros políticos, mientras yo me inclinaba más por subvencionar a bancos y grandes empresas), no podía dejar de pensar en la profunda estulticia que manifiestan unas declaraciones semejantes.

No sé apenas de economía, pero en un país con un porcentaje de paro tan alto como el nuestro y donde casi la mitad de nuestros jóvenes no encuentran trabajo, retrasar la edad de jubilación no parece una gran medida.

A no ser que se defienda, como hace toda esta secta de neoliberales que nos gobierna, que el problema de las pensiones es sólo demográfico. Los bajos salarios y cotizaciones, el fraude fiscal y empresarial, la escasa productividad de muchas de nuestras empresas, la falta de una política industrial y productiva que no se base más que en la especulación y en el cortoplacismo… deben ser a juicio de toda esta gente meras anécdotas apenas tangenciales al problema. Para ellos, lo único importante es que hay muchos viejos jubilados.

Y para reducirlos, no hay nada mejor que una combinación adecuada de recortes en la edad de jubilación y en los sistemas de protección social (con especial ahínco en el deterioro de la sanidad y en la dependencia).

Que son justo las medidas que (como digo desde la incompetencia y desde la mala voluntad) llevan tiempo aplicando.

No vaya a ser que, al final, lleguemos a vivir hasta edades por encima de nuestras posibilidades.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Dolores de mi vida


Excma. Sra. Dña. Dolors Monserrat, 
Ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad
   Paseo del Prado, 18
 28014 Madrid


"Estimada ministra:

            Como trabajador social del Sistema Público de Servicios Sociales, siendo usted en estos momentos la máxima representante de dicho sistema, me veo en la obligación de escribirle esta carta para expresarle el profundo malestar que he sentido al escuchar su felicitación navideña.

              Sin duda recordará la conversación telefónica que mantuvo con  mi compañera Belén, otra trabajadora social del sistema, en la que intentaba explicarle lo desafortunadas (cuando menos) de sus declaraciones en dicha felicitación. Como parece ser que no entendió las razones de ello, me he animado a escribirle esta carta confiando en que tal vez por escrito pueda comprenderlo.

             Los deseos navideños que usted ha expresado darían para escribir un libro, pero no quiero hacer muy larga esta misiva. Sólo le diré que son la expresión clara de la ideología y de la estrategia de su gobierno: la sustitución de los servicios sociales públicos basados en derechos y ejercidos por el Estado, por una suerte de beneficencia ejercida por la sociedad civil y basada en la graciabilidad.

             Porque no me parece ni gratuito ni inocente que, con la cantidad de cosas que podía haber planteado en su felicitación navideña, eligiera las palabras con las que arengaba a la sociedad civil a participar en esas campañas de alimentos y de juguetes con las que, según usted, se pone de  manifiesto lo maravillosa y solidaria que es nuestra sociedad con quien lo pasa mal.

              En cualquier caso, he de decirle que considero que su Ministerio no está para realizar estas arengas a la solidaridad ciudadana. Ésta debe expresarse mediante impuestos y su Ministerio (más bien el Gobierno al que pertenece), con los presupuestos procedentes de esos impuestos, debe garantizar el derecho a la alimentación de la población vulnerable y debe proteger a la infancia (también mediante el juego), y no fiar ambas cosas a las tómbolas y entregas aleatorias, injustas y humillantes de esos repartos ciudadanos.

            Y dado que tan amablemente ha tenido a bien felicitarnos, por mi parte creo razonable hacerle una serie de peticiones: consolide usted el maltratado Sistema de Servicios Sociales, dótele presupuestaria, técnica y organizativamente, defina de manera adecuada sus marcos legislativos y sus competencias, presione para que el resto de ministerios y sistemas asuman las suyas... 

              De sobras sé que son peticiones que usted no va a atender, pues ha dejado claro que no cree en ellas. Diferimos tan profundamente en el modo de abordar las situaciones de sufrimiento que no espero que atienda ninguna.

              No me queda más que felicitarle el Año Nuevo y compartir el deseo que, particularmente, voy a hacerle al año que entra: que vd y la ideología que representa desaparezcan cuanto antes de la política social.

               Reciba un cordial saludo

Pedro Celiméndiz Arilla
Trabajador Social
 del Sistema Público de Servicios Sociales"



            

lunes, 19 de diciembre de 2016

La autopista del hambre

La entrada que escribí hace unos días sobre los bancos de alimentos me ha proporcionado bastantes críticas (algunas merecidas, sin duda; otras, quizá no tanto...).  Preparando mi defensa contra esas críticas para que no se crea que soy totalmente insensible hacia el hambre y la miseria que padecen algunos de mis congéneres, me he encontrado con alguna curiosa coincidencia que comparto con vosotros.


Considero que la única manera de solucionar la situación sería instaurar una Renta Básica Universal, que garantizara unos mínimos de supervivencia a toda la población, pero como no creo que vayamos a poder desarrollarla ni a corto  ni a medio plazo, me he lanzado a diseñar (tal vez imaginar) una serie de medidas que, sin ser ideales, me parecen alternativas más dignas, eficaces y adecuadas que esos (mal llamados por otra parte) "bancos de alimentos".

Y pensando en esas alternativas, se me ocurría, entre otras cosas, que algo que tendría muchísimo impacto para solucionar el problema del hambre es garantizar la alimentación adecuada de todos los niños y niñas que se encuentran en familias bajo el umbral de la pobreza mediante la apertura de los comedores escolares todos los días del año y proporcionando al menos un desayuno y una comida diaria.

Dada mi (de)formación profesional, antes de concretar más una medida, realizo una estimación de los costes necesarios. Haciendo cifras gruesas, pongamos que en España hay algo menos de unos 8 millones de niños de niños y niñas menores de 16 años. Considerando que entre un 25 % y un 30 % de ellos se encuentren en situación de pobreza, podemos estimar en unos 2 millones de niños en esta situación.

Considerando un coste medio del menú en estos comedores de 5 € y el desayuno en 2,5 € tenemos que el coste diario para cada niño sería de 7,5 €, es decir, una cantidad de 225 € al mes.

Todo ello nos da que garantizar mediante los comedores escolares un desayuno y una comida adecuada a todos los niños en situación de pobreza supondría un coste de 5.400 millones de euros.

  • -¿Dónde he oído yo esta cifra?, le pregunté a Wang antes de ponerme a calcular otras cuestiones en torno a la medida, que reducirían este coste.
  •  -¿5.000 millones? me contestó. -Las autopistas.
  • -¡Las autopistas!, claro. El rescate del que tanto están hablando estos días...  

Es decir, que atender el hambre infantil costaría tanto como van a costarnos el rescate de la quiebra de las autopistas.
Cuando una viñeta vale más que mil palabras...

Y mientras el neoliberalismo que nos envuelve no tiene ningún pudor en financiar con dinero público esos negocios privados que han quebrado, prefiere que del hambre infantil se encarguen esos bancos de alimentos, con sus operaciones kilo, sus tómbolas benéficas y ese aroma de rancia conmiseración con el que se propugnan como la única alternativa.

Personalmente me niego. A mí se me ocurren unas cuantas medidas alternativas como la que os he expuesto. Y además de calcular los costes, me atrevo incluso con la financiación. Llamadme loco, pero creo que hay que financiarlas vía impuestos, tanto en renta como patrimonio, empresas y sociedades.

Claro que visto lo concienciada que está la ciudadanía con el problema (dado el éxito de esas campañas de alimentos) habría que complementar esos impuestos con algún tipo de asignación voluntaria en las declaraciones de renta, para que esa solidaridad ciudadana pudiera expresarse y que las personas que quisieran colaborar especialmente con el sistema pudiesen hacerlo.


Puestos a ello, analizando lo sensibilizadas que se se muestran las grandes empresas y cadenas de alimentación, habría que ponerles unos impuestos especiales (estos obligatorios), para que tengan la oportunidad de seguir siendo tan solidarios como hasta ahora.

Otro día os hablaré del modo de gestión que considero necesario para estas medidas, en el que considero que el papel de los servicios sociales y del trabajo social sería meramente tangencial. Porque, entre otras cosas, bastante trabajo tendríamos para luchar contra todas las voces que, estoy seguro, se levantarían contra el sistema y acusarían a quienes se beneficiasen de él de ser unos vagos y parásitos que se aprovechan del esfuerzo de todos.

Y os apuesto un tape de boli a que muchas de esas voces saldrían de entre los que ahora se encuentran encantados con los bancos de alimentos.

Y como no podría ser de otra manera, os dejo con AC/DC y su "Autopista al infierno". Que es a donde voy yo derechito, escribiendo estas cosas y metiéndome en estos charcos...





martes, 13 de diciembre de 2016

Aceitunas con chocolate

Creo que Wang anda algo nostálgico. El otro día le pillé preparándose un bocadillo de chocolate al que le añadía una generosa ración de aceitunas, cortadas en trocitos. Cuando le pregunté por esa combinación tan extraña me confesó que le recordaba algunos sabores de su infancia, en su China natal.


La verdad es que no me preocuparía si no le hubiese pillado algunas otras incongruencias. Pero es que mientras se preparaba su bocadillo, me preguntó si la Ley de Dependencia era esa que obligaba a los catalanes a permanecer en España.

No pude por menos que explicarle que no tenía nada que ver. Lo que mal llamamos Ley de Dependencia es en realidad Ley de Promoción de la Autonomía Personal y de Atención a las personas en situación de dependencia, y se diseñó como una parte más de nuestro sistema de protección social. Lo de los catalanes es otra historia.

- Sí, pero ellos, ¿no quieren también la autonomía?, me replicó mientras veía con espanto como comenzaba a añadirle mahonesa al bocadillo que se estaba preparando.

- Bueno, sí, pero son dos autonomías distintas. Le contesté. Una se refiere a unas condiciones personales y la otra al derecho de autodeterminación de un pueblo y a la voluntad de sus habitantes de ser independientes.

-Pues eso, ser independientes...

Y así continuamos el diálogo un buen rato. Yo creo que al final lo entendió todo. Al fin y al cabo, era una confusión creada por una mezcla de términos y conceptos que nada tenían que ver unos con otros.

Pero me quedé pensando en la cantidad de ocasiones en que, habitualmente desde la política o desde los medios de comunicación se mezclan conceptos que tampoco tienen nada que ver, pero que grandes sectores de la población se tragan sin darse cuenta de la imposible mezcla.

Pondré sólo dos ejemplos, pero los hay a cientos:  

"El futuro de las pensiones está en riesgo debido al envejecimiento de la población". Y te encuentras a un montón de gente convencida de que el problema de las pensiones es únicamente demográfico, sin reflexionar sobre como influyen en el tema, por ejemplo, los salarios bajos o la estructura del sistema de impuestos.

O este otro: "Los inmigrantes son un problema para la sociedad, una carga y un riesgo de violencia". Y de igual manera te encuentras gente defendiendo que todos los inmigrantes viven de las ayudas sociales, a pesar de que los datos demuestren lo contrario, o mirando con precaución al vecino musulman no vaya a ser que esconda una bomba bajo la chilaba.

Cuando masticando con la boca llena, Wang me ofreció darle un bocado a su merienda lo rechacé, aunque os tengo que confesar que fue unicamente por miedo a que fuera a gustarme...

martes, 15 de septiembre de 2015

Atontaos

Si hay alguna declaración política que me haya impresionado ultimamente de verdad ha sido la del Presidente del Gobierno de nuestra nación refiriéndose a su política económica y utilizando para ello la metáfora de la lluvia, de la cual, vino a decir, "nadie sabe por qué cae agua del cielo". Podéis verlo en este enlace.



"Este tío es tonto", dijo Wang cuando lo oyó. No sé muy bien porqué, pero cuando Wang aprendía castellano, una de las palabras que más llamaron su atención fue la de "tonto". Desde entonces la utiliza con frecuencia y habitualmente, de manera acertada.

Pero esta vez tuve que corregirle. Una de las acepciones más frecuentes de la palabra "tonto" es la de alguien poco inteligente, ingénuo y sin malicia. Y ninguna de las tres cosas pueden aplicarse a nuestro Presidente.

Las redes sociales enseguida empezaron a bromear con la supuesta estulticia de nuestro protagonista y comenzaron a explicarle las razones científicas para ese misterio del "agua que cae del cielo". 



Pero yo no estoy de acuerdo. En primer lugar no creo que el Presidente sea tan zafio como para no saber lo que todos estudiamos de niños sobre el ciclo del agua y de la lluvia. Y en segundo lugar porque me he acostumbrado a observar que los mensajes de toda esta secta neoliberal son de todo menos espontáneos e inocentes. 

Seguramente traicionado por su ineptitud para los discursos y obligado a emitir más palabrería que la que desearía, no acertó a darle forma del todo al mensaje y utilizó una metáfora inadecuada. (Aunque también es muy posible que su subconsciente le traicionara y en su interior ultra-retro-católico siga atribuyendo la lluvia a la intersección de los santos). 

Pero más allá de la ejecución chapucera, el mensaje es certero: las cosas no suceden porque sí y sólo se consiguen con esfuerzo. Ergo si no consigues nada es porque no te esfuerzas lo suficiente.

Wang me dice que en mis intentos por deconstruir los mensajes neoconservadores a veces le busco "tres pies al gato" (otra expresión que le encanta) y que, simplemente, nuestro Presidente es tonto.

Y yo le contesto que tal vez, pero que todos estos mensajes al final están calando y nos están atontando a nosotros. Porque solo atontándonos puede tener esperanzas nuestro ínclito amigo de volver a gobernar.

Y para desgracia de todos las tiene, vaya que si las tiene...

* * *

Mientras, os dejo con este vídeo de Les Luthiers, uno de cuyos miembros ha fallecido recientemente, invocando a la lluvia. Por si acaso os hace falta.


lunes, 2 de febrero de 2015

Un gracioso Presidente



Acabo de ver los últimos vídeos promocionales del Partido Popular en los que, sin pudor ninguno, se dedican a glosar lo magnífico de su gestión. ¡Todavía no salgo de mi asombro!


https://www.flickr.com/photos/rahul3/
En las formas, los vídeos no hay por dónde cogerlos: rancios, cutres, con actores y protagonistas insoportablemente engolados…  Supongo que todo se deberá a alguna estrategia publicitaria, no puede haber tanta necedad. Yo no soy experto en la materia pero, personalmente, me causan arcadas. Y a Wang también, sólo que las suyas están ocultas por las carcajadas. Aún se está riendo, mi amigo…

Mucho más allá de estas formas, en cuanto al contenido, la verdad es que estos vídeos se descalifican por sí mismos. Es tal la autocomplacencia, la falta de autocrítica y las mentiras que los componen que no resisten ningún análisis. Pura y dura propaganda. No hay más. Sólo la liturgia preelectoral y la crueldad que proporciona el haber gobernado tanto tiempo para los poderosos, puede explicar una campaña así.

Pero de entre todos estos vídeos, uno me ha parecido especialmente paradigmático. Es el del Presidente del Gobierno dando las gracias a diversos ciudadanos, incluso visitándoles en sus viviendas o negocios. No voy a negarle valor al Presidente. Hay que tener mucho cuajo para protagonizar un anuncio así, después de la trayectoria que ha llevado durante su Gobierno.

Os resumo, desde mi punto de vista esta trayectoria:
            Primero, LA MENTIRA: “no se recortará ni en sanidad, ni en educación ni en pensiones públicas”. Entre otras muchas mentiras, ésta puede servirnos de ejemplo de su actitud.

            Segundo, LOS RECORTES: De manera cruel y despiadada, sin poner la mirada ni un momento en los ciudadanos de a pie (los mismos que a los que ahora da las gracias), ni en los sufrimientos que les estaba causando, ejecutó su política de destrucción de derechos sociales con la precisión de un neurocirujano. La casi destrucción  de la Ley de Dependencia, el incremento de las tasas de pobreza o el vertiginoso aumento de la desigualdad son muestras de todo ello.

            Tercero, EL PERDÓN: De modo tangencial, obligado por los daños colaterales que el descubrimiento de la corrupción en su Gobierno y en su partido le estaban haciendo, realiza unas peticiones de perdón tan falsas que sólo producen más dolor. Ya comenté estas peticiones en las entradas de este blog: “El perdón y la nada” y “Me he equivocado…”, y lo que escondían estas peticiones de perdón.

            Cuarto, EL AGRADECIMIENTO: Dar las gracias a los ciudadanos por aguantar los padecimientos que su propia política les ha causado sólo tiene una palabra: cinismo.

            Quinto EL MENSAJE: “La crisis ya ha pasado”. “Yo os he sacado de ella de la única forma que podía hacerse”. “Votadme de nuevo o ateneos a las consecuencias”.

Torpemente, pero en este blog intentamos con frecuencia deconstruir los hechos, las palabras y los mensajes con que la ideología neoliberal nos bombardea. Y estos vídeos condensan la mayoría de las esencias de esa ideología, así que no podíamos dejarlos pasar.

Porque, a pesar de lo que nos cuentan, la lucha contra la crisis se pudo hacer de muchas formas.  Y este gobierno apostó por una muy concreta, la que es propia de su ideología. Se trata de crear las condiciones y potenciar las estructuras que permiten que los ricos y poderosos aumenten su riqueza (véase la reforma laboral, la disminución de las prestaciones sociales o el incremento de las privatizaciones, entre otros ejemplos). Según ellos, este aumento en la riqueza proporcionará, en una especie de ósmosis social y principalmente a través del empleo, el aumento del nivel de vida de toda la población.

El problema es que no funciona. La acumulación de riqueza en cada vez menos manos sólo se traduce en una pobreza cada vez mayor para el resto, y así el crecimiento exponencial de la desigualdad. De ahí que las cifras macroeconómicas puedan mejorar sin que la población en general vea a su vez significativamente mejorada su situación.

Por eso el Presidente nos da las gracias. El principal de sus objetivos se ha cumplido. El esfuerzo y sufrimiento de la mayoría de la población ha conseguido enriquecer más a los poderosos. Ahora el resto, dicen, vendrá sólo.

Y con ese agradecimiento nos quedaremos mientras esperamos. ¡Qué gracioso, el Presidente!

De nada, hombre, de nada…