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jueves, 10 de enero de 2019

Política social paliativa

No espero grandes cambios en la política social de este país. Gobierne quien gobierne, hay una mezcla de pragmatismo y miedo al cambio (junto con una generosa ración de mantenimiento de una situación en la que unos privilegiados viven mejor que bien) que hace imposible que se solucionen los grandes problemas que atraviesa nuestra sociedad.


Antes de que me linchéis por pesimista o, peor aún, abandonéis la lectura de este blog y os vayáis a llorar a cualquier rincón, intentaré explicarme.

La pobreza, la desigualdad, la falta de vivienda, el desempleo... son técnicamente posibles de eliminar en una sociedad desarrollada y rica como la nuestra. Con reformas bastante profundas, sí, pero no demasiado complejas de implementar.

Y ese es verdaderamente el problema. No nos van las reformas demasiado profundas y en el delicado equilibrio entre los privilegiados, los que temen perder lo poco que tienen y los que no tienen nada, la balanza se inclina siempre hacia los primeros, perjudicando siempre y gravemente a los últimos.

Ello es la explicación de que durante la crisis que estamos atravesando las clases ricas hayan incrementado sus beneficios mientras las clases más pobres han visto cómo se ha ido deteriorando su ya precaria situación, con el consiguiente incremento de la brecha de desigualdad en la sociedad.

Es una versión del conocido "efecto Mateo", de acumulación de bienes:

 "Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más;
pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado".
                                                                    Evangelio según San Mateo 13:12
y que explica que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres, más pobres.

Sin el miedo y sin la presión homeostática que los privilegiados ejercen en la sociedad (a través de la política, la banca y los medios de comunicación principalmente) no se explica cómo en nuestro país problemas que tienen fácil solución sigan campando a sus anchas.

Por ejemplo, la pobreza. Creo que a estas alturas nadie puede discutir que una Renta Básica Universal solucionaría de raíz el problema. Y desarrollarla sería mucho más simple que mantener la cantidad de subsidios más o menos condicionados que gestionamos. ¿Por qué no se pone en marcha, entonces?

Los que seguís este blog ya sabéis que considero que instaurar la RBU en nuestro país es una utopía tan irrealizable como conseguir la paz mundial o erradicar el hambre en nuestro planeta. Y por razones parecidas: a los poderosos no les interesa, a la mayoría de la población les asusta los efectos que tendría y los que más se beneficiarían... esos no tienen ni voz ni voto en estos asuntos.

Como mal menor, tenemos que aceptar esos subsidios condicionados, intentar que lo sean cada vez menos y que estén más armonizados a lo largo del territorio. Objetivos también difíciles de conseguir, sobre todo para lograr únicamente paliar el problema sin llegar a solucionarlo nunca.

Otro ejemplo, la falta de vivienda. Aquí el tema es también sencillo. ¿Cómo explicar que habiendo más viviendas vacías que familias necesitadas de ella, siga existiendo un problema de alojamiento? Pero las reformas a realizar para erradicarlo requieren modificar el concepto de propiedad privada, evitar la especulación con un bien de primera necesidad o desarrollar una fiscalidad radicalmente distinta a la que tenemos. 

Imposible, por tanto. Nos queda tan sólo la timorata política de vivienda que tenemos, donde el derecho a la misma queda sin garantizar y que tantos problemas de desahucios sin solución ni alternativas está causando.

Y podríamos seguir con el desempleo, que requeriría de una reforma laboral que invirtiera (oh, anatema) la maximización del beneficio empresarial en pro del aumento de los salarios y mejora de las condiciones laborales.


Nada de ello es posible. Abandonad por tanto cualquier esperanza de que los grandes problemas se solucionen. Y los que tengan fuerzas y ánimo para ello, que recuerden la frase de August Murri

Si podéis curar, curad.
Si no podéis curar, calmad.
Si no podéis calmar, consolad.

Porque calmar y consolar es el único margen posible para la política social. Del mismo modo que en medicina se han desarrollado los cuidados paliativos y la atención para pacientes terminales, o en drogodependencias se han desarrollado los programas de reducción de daños, en política social hemos de orientar las acciones considerando los problemas como crónicos e irresolubles. 

Bienvenidos a la época de la política social paliativa.

lunes, 2 de julio de 2018

Buscando seis pies al gato... (...o del cuarto pilar a las seis patas).


A través de Wang he sabido que el refrán "Buscar tres pies al gato", (que se utiliza como todos sabemos para indicar que no debe uno complicar lo sencillo o intentar probar lo imposible), no fue así en su origen. 


 En su origen parece que era "Buscar cinco pies al gato", lo que parece más lógico. Y fue Cervantes, en boca de Don Quijote, quien decidió darle ese giro hacia los tres pies que ha llegado hasta nuestros días.

Me remonto por tanto al refrán original para ver si podemos "atrapar al gato" que es el Estado de Bienestar y que como buen felino, además de no dejarse atrapar con facilidad, tiene cuatro patas. ¿O no?

Seguro que habéis oído hablar mucho de que los Servicios Sociales son el cuarto pilar del Estado de Bienestar.  Los otros pilares, las otras patas de nuestro gato, serían la Sanidad, la Educación y las Pensiones (en las que algunos autores incluyen la garantía de ingresos, aunque eso no está tan claro).

Sobre el origen del concepto os pongo este artículo de Vicenç Navarro y si queréis profundizar en el tema os vuelvo a recomendar el magnífico libro de nuestro colega Joaquín Santos "El cuarto pilar: un nuevo relato para los Servicios Sociales".

En cualquier caso, la metáfora de los cuatro pilares o patas ha arraigado con fuerza en el discurso de muchos profesionales y políticos. Superado el riesgo de identificar esa cuarta pata únicamente con los Servicios para la Dependencia, la metáfora tiene una indudable utilidad para visibilizar el Sistema de Servicios Sociales. Sin embargo, creo que también puede confundir respecto al contenido de los mismos.

También son seis, pero no hablamos de estas patas...
A mi juicio, el Estado de Bienestar debe garantizar a sus ciudadanos la educación, la salud, unos ingresos suficientes para vivir, una vivienda, un trabajo o empleo y una convivencia adecuada con su entorno. Se definirían así las seis grandes áreas de la Política Social, que configurarían los seis Sistemas Públicos de Protección Social: Educación, Sanidad, Garantía de Ingresos, Vivienda, Empleo y Servicios Sociales. Los seis pies de nuestro gato.

El problema de la metáfora del cuarto pilar es que puede interpretarse que el Sistema de Servicios Sociales debe asumir todo lo que no es Educación, Sanidad y Pensiones y que es el sistema que al final tiene que garantizar a los ciudadanos los ingresos suficientes para subsistir, una vivienda para alojarse, un empleo para integrarse y la solución a los problemas de deterioro convivencial o dependencia que les limiten su autonomía.

Ante semejante encargo, imposible de asumir, teníamos dos salidas: cuestionarlo; o aceptarlo, pero sólo para los pobres. Y así, hemos definido el sistema como aquel que hace todo lo que no tiene que ver con educación, sanidad y pensiones, para las capas más pobres de la sociedad.

La pobreza, por tanto, se constituye como la principal referencia del sistema (coherentes también con una tradición benéfica y asistencialista aún no superada).

Creo que es urgente pasar del relato del "cuarto pilar" a las "seis patas", que no significa buscarle seis pies al gato, sino más bien dos cuestiones: por un lado desarrollar de manera decidida y suficiente los sistemas de empleo, garantía de ingresos y vivienda, para que garanticen los derechos sociales que deben asumir; por otro, considerar la pobreza como algo transversal a toda la política social, en la que todos los sistemas, los seis que estamos definiendo, tienen medidas que implementar.

Y como consecuencia de ambas, redefinir el sistema de servicios sociales desde un nuevo paradigma.

Es la única manera de que nuestro gato comience a cazar ratones, digo patos, digo...


martes, 8 de mayo de 2018

Ancianos que mueren solos en sus casas

A raíz de unas cuantas noticias de ancianos solos a los que se ha descubierto muertos en sus casas,  parece que hemos comenzado a ser conscientes de la situación de soledad y falta de apoyos en la que se encuentra gran parte de este sector de población.


No pretendo con esta entrada desarrollar lo que podría hacerse para solucionar esta problemática a la que parece que ahora dirigimos nuestra mirada. Más bien voy a nombrar simplemente unos apuntes que me parecen oportunos para comprender la misma y reflexionar sobre las medidas que podrían implantarse.

Como primer apunte diré que se trata de una realidad compleja, en la que (reduciendo mucho) hay tres sistemas implicados: el sanitario, el de servicios sociales y el de urbanismo-vivienda. Las soluciones por tanto deben plantearse desde la coordinación de estos tres sistemas y ello, por sí mismo, ya nos permite hacer un pronóstico sobre la mejora de la situación: nula. 

Las experiencias de coordinación consisten frecuentemente en "echar el balón" al tejado del vecino para que se responsabilice del mismo. Y ya sabemos cómo termina este juego siempre: el balón acaba en el tejado más débil y por tanto, con más dificultades para hacer algo con él.

Segundo apunte, ¿qué esperábamos? Alineados con la ideología dominante, en la que el indivíduo es lo único que importa, nos hemos dedicado a diseñar políticas sociales delirantes, sustituyendo y destruyendo los vínculos familiares y sociales de ayuda mútua. El modelo tendente es que, ante una situación de necesidad, la gente se relacione sólo con la administración responsable de satisfacerla y a ser posible, mediante comunicación electrónica.

Por ejemplo y en este sentido, cuando se habla de esta problemática de soledad en los ancianos, siempre aparece entre las medidas a desarrollar para paliarla los servicios de teleasistencia. Y sin duda es así. Pero si, como ocurre en gran medida en la actualidad, consideramos esta teleasistencia como un mero recurso (por muy tecnológico que sea) sin acompañarla de otras medidas de apoyo relacional y sobre todo, sin evaluar ni trabajar el impacto que en lo convivencial puede suponer el acceso al recurso, podemos encontrar la paradoja de que el anciano se encuentre más "conectado" al tiempo que más aislado del mundo que le rodea.

En Servicios Sociales particularmente tendremos que asumir nuestra parte de responsabilidad en cómo nuestras intervenciones (por acción o por omisión) aíslan más que conectan, dividen más que relacionan.

Tercero, llamemos a las cosas por su nombre. Esta situación no es sino otra forma de violencia, la punta del iceberg (en forma de negligencia de cuidados y protección) de todo el maltrato que sufren muchos ancianos, tanto a nivel familiar como social e institucional. Por eso el abordaje que se requiere ha de ser global sobre el conjunto de la problemática y no escindiendo las soluciones sobre una de las manifestaciones más llamativas.

Es necesario una mirada global, compleja, transversal e intersectorial sobre la situación. Sólo así podremos comprenderla y promover soluciones eficaces a la misma, sin caer en el estúpido parcheo (bienintencionado o no) de la misma.

Y final. No hace falta descubrir de nuevo la pólvora. No hagamos grandes planes y programas, (en alharacas sin sentido a la sóla gloria de quien los propone) o diseñemos grandes y complejos proyectos con dispositivos ultramodernos (que dificilmente arraigan). Es imprescindible el refuerzo y el "buen trato" a la atención primaria de salud y a la de servicios sociales, dotándolas de competencias, funciones y recursos suficientes.

Como bien señala Mª José Aguilar en este artículo sobre la atención primaria, "no podemos conformamos con ser meros proveedores o intermediarios de servicios y prestaciones (sean sanitarias o sociales), la atención primaria no va de eso".

El reto para los servicios sociales de los próximos años estará en desarrollar esas estructuras de atención primaria sin que queden estranguladas por esa función de proveedoras de recursos y servicios y puedan afrontar, mediante un trabajo comunitario y relacional, los desafíos que las nuevas formas de convivencia nos presentan (y como en este caso de los ancianos, sus dramáticas consecuencias).

lunes, 12 de junio de 2017

Amancio I "El benefactor"

Bienvenidos al nuevo régimen. Si alguna duda teníamos respecto a qué clase de Estado teníamos, viene el aclamado Rey Amancio I, sentando sus reales, a proclamar su forma:  Monarquía filantrópico-caritativa. 


Y es que eso de que España haya sido durante varios años un Estado Social y Democrático de Derecho es algo que podemos ir olvidando. Se trata de un concepto anticuado, consagrado en nuestra vieja Constitución de 1978, cuyos principios han sido superados en la actualidad con los cambios derivados de la tecnología, la globalización y el nuevo orden económico mundial instaurado por los dogmas neoliberales.

Uno de estos dogmas se podría resumir así: hay que desregularizar la economía y quitar todas las trabas e impuestos a los empresarios; de este modo sus empresas serán cada vez más fuertes y tendrán más beneficios, lo que sin duda generará más empleo y bienestar para el conjunto de la sociedad.

Esta suerte de "ósmosis social" en la cual el incremento de beneficios concentrado en las clases adineradas se filtra hacia las clases trabajadoras y menos pudientes ha sido puesto en cuestión por los datos sobre la evolución de la desigualdad. Por ejemplo, en los últimos ocho años el porcentaje de millonarios en relación a la población española casi se ha duplicado. Han pasado de representar el 0,28% de la población al 0,41%. Al mismo tiempo, los hogares con las rentas más bajas han pasado del 31,2% al 38,5 %. Es decir, el incremento de la riqueza en los ricos se traduce en más pobreza para los pobres. 

Pero sin duda esos datos (y otros tantos que podríamos argüir) deben estar equivocados. Así lo demuestra la donación que el empresario Amancio Ortega, (dueño de Inditex y considerado la cuarta fortuna a nivel mundial), acaba de hacer a la sanidad pública. Nada menos que 320 millones de euros para equipos oncológicos a repartir entre todas las comunidades españolas. ¿Qué mejor prueba puede haber de que la existencia de un rico como el que nombramos sólo puede traer beneficios a la sociedad?

La donación no ha estado exenta de polémica. Muchos sectores han expresado su agradecimiento ante semejante gesto en un tema tan sensible como doloroso, la atención al cáncer. Al mismo tiempo han aparecido críticas sobre el carácter finalista de la donación (tal vez las necesidades de la sanidad pública fueran otras), sobre que el dinero donado proceda del ahorro de impuestos que este empresario realiza mediante la deslocalización de sus empresas (y/o de la ingeniería fiscal de sus cuentas), e incluso sobre la agenda oculta que tiene la donación (desgravar más impuestos, réditos publicitarios, lavado de imagen y hasta favorecer sus propias empresas o contactos de mantenimiento).


Más allá de toda esta polémica sobre las razones de la misma, la donación no puede rechazarse. Sería insensato ( y dificilmente defendible para ningún gestor en la sanidad pública) no adquirir unos equipos que pueden favorecer la detección o tratamiento de una enfermedad tan grave y dolorosa a muchas personas. Pero ahí precisamente está su problema. 

Y es que junto con el necesario dinero que permitirá la compra de equipos va un mensaje y se impone un modelo. Solucionar las carencias del sistema sanitario pasa de ser responsabilidad pública a responsabilidad privada. Es perfectamente compatible recortar servicios y presupuestos en la sanidad y aceptar esas donaciones privadas que en parte los palíen. Por tanto, la sanidad deja de ser un derecho. Un enfermo de cáncer será mejor o peor tratado en función de la graciabilidad de algún filántropo que, como el que nos ocupa, decida dedicar unas migajas de su ingente fortuna al tratamiento de esa enfermedad. Si hubiera decidido dedicar esas migajas a otro noble fin, pongo por caso, el tratamiento de enfermedades raras en los niños, el tratamiento de su cáncer sería más precario.

Es una limosna institucionalizada. El filántropo elevado a la categoría de héroe. La beneficencia llevada a su máxima expresión. La compasión exhibida. La recepción obligada.

Como sociedad empobrecida, no nos queda otra que aceptar esa limosna y mirar con ojos agradecidos a aquel que nos da ese plato de sopa, al que, humillados, sabemos que no tenemos derecho.

Vencidos y arrodillados, demos la bienvenida al Rey Amancio I "El benefactor". Tus siervos te desean larga vida. A tí, y a la era que representas.



miércoles, 1 de julio de 2015

Interregno

Desde las pasadas elecciones municipales y autonómicas, incluso desde comienzos de este año, estamos viviendo en España una especie de interregno. Es decir, ese término con el que en la Edad Media se denominaba al periodo desde que se producía la abdicación o fallecimiento de un rey hasta que comenzaba a gobernar su sustituto.


Al menos, esa es mi sensación. El gobierno ultraliberal de las huestes del PP está dando las últimas bocanadas, conscientes de que su lider, el reyezuelo Rajoy, murió hace tiempo engullido por la corrupción y por la miseria y podredumbre que sus políticas económicas y sociales han extendido entre la población.

Y mientras adviene el cambio de gobierno que se adivina que se producirá en las próximas elecciones generales, las elecciones locales y autonómicas nos han traído un montón de nuevos gobiernos que pretenden, en el mejor de los casos, desarrollar políticas que reduzcan la envenenada herencia que el PP deja: la masiva extensión de la pobreza, (practicamente un 25% de la población, 12 millones de pobres, que se dice pronto) un incremento inusitado de la desigualdad social (muchos cada vez más empobrecidos y unos cuantos cada vez más enriquecidos) y la casi absoluta desaparición de los sistemas públicos de protección social (abandonados a la responsabilidad individual y al mercantilismo más atroz).

Falacias burdas y carentes de toda lógica ni análisis se han convertido en una especie de dogmas de fe en estos años, y gran parte de la población los han admitido sin más reflexión. Por ejemplo, que el Sistema Público de Pensiones es insostenible (hasta Wang se está planteando dejar de cenar e invertir lo que se ahorre en un plan de pensiones privado) o que la culpa de la crisis económica la tienen las políticas de Bienestar Social.

No tengo ninguna duda de que las medidas que los gobiernos que están comenzando ahora su andadura fracasarán en su empeño. Lo que pueden hacer los gobiernos locales y autonómicos es tremendamente limitado sin unos cambios legislativos, estructurales e institucionales que solo pueden darse a nivel nacional.

Así, vamos a asistir a la aparición de múltiples medidas bientencionadas que, en el mejor de los casos, sólo van a aliviar algunos problemas de la población, al tiempo que se les mantiene dentro del mismo nivel de sufrimiento y pobreza en el que se encuentran. A cambio de este alivio, que no solución, obtendremos más dispersión, confusión y desigualdades territoriales. Tal vez sea un peaje temporal que haya que pagar.

Al menos hasta que, como digo, las elecciones generales conformen un nuevo panorama nacional que haga posible los profundos cambios legislativos (incluso constitucionales) que configuren un nuevo sistema y unas nuevas políticas económicas y sociales de carácter universal. Si nos hemos jugado mucho en las elecciones que acabamos de tener, las elecciones generales que se avecinan son absolutamente cruciales. O el nuevo gobierno acomete esas profundas reformas o perderemos el último tren para tener un auténtico Estado de Bienestar cuya prioridad sea la protección de los débiles.

No en vano, los interregnos son tiempos de incertidumbre y confusión...

viernes, 7 de noviembre de 2014

Con las manos en la masa

Dentro de la vocación de servicio con el que nació este Blog y próximos a presenciar la vertiginosa carrera a la que muchos políticos se van a lanzar para perpetuarse en el poder, Wang y yo nos atrevemos a dar una serie de consejos a los que accedan al mismo en las próximas elecciones. Y como de todos es sabido que la culpa de todos nuestros males la tiene la desmesurada dimensión del Estado, estos consejos estarán centrados en cómo reducir el mismo para que la iniciativa privada pueda beneficiarse y ejercer así su labor salvífica de nuestra economía.

 

Receta para externalizar o privatizar un servicio público:

Esta receta va dirigida a políticos tanto profesionales como aficionados, pues su aplicación no revierte demasiada dificultad ni requiere de altas capacidades, habilidades o formación. Pueden así aplicarla desde concejales en los más pequeños ayuntamientos hasta ministros con elevadas responsabilidades.

  • En cuanto llegue al poder, elija usted un servicio público cualquiera. Tal vez le deleguen la gestión de alguno. No se preocupe si no entiende demasiado del tema, quien se lo ha delegado confía en usted. Aproveche el entusiasmo que siente al haber sido elegido (sin duda se lo merece) y dé sus primeras órdenes: que le traigan con urgencia los datos del servicio. 

  • Este paso es importante: durante el estudio del servicio, ante todo, no consulte con ningún técnico. Probablemente le contaminarán con sus ideas y al fin y al cabo, es usted el responsable de que las cosas funcionen como es debido.

  • Si lo hace bien, y consigue mantener a raya a los técnicos que trabajan en dicho servicio (si es necesario sea descortés con ellos, recuerde que son unos abyectos funcionarios, están acostumbrados y es una manera de remarcar su necesaria autoridad), en poco tiempo (no más de 5 ó 10 minutos), habrá llegado a un correcto diagnóstico. Probablemente del tipo: esto no puede continuar así.

  • A estas alturas estará fatigado. Aproveche para descansar unos meses y despreocuparse del importante asunto que tiene entre manos. Vaya a un congreso de su partido o simplemente, no haga nada.
  • Tras el merecido descanso retome con entusiasmo la tarea para la que ha sido designado y aborde el siguiente paso: la planificación. Debe ser absolutamente inexistente. No planifique nada, no prevea nada. La planificación y la previsión hace que surjan menos problemas y los políticos están para resolver problemas. 
  • Tome por tanto las decisiones en la gestión del servicio absolutamente al azar. Presupueste al tun-tun (total, nadie cumple luego los presupuestos), cargue los gastos de sus necesarias gestiones al servicio... y sea imprevisible. Que nadie sepa su estrategia.
 
  • Cada vez que le pidan que tome una decisión, hágalo sin dudar, que se note que sabe qué es lo que está haciendo. Lo importante no es acertar con la decisión, sino la seguridad con que es capaz de tomarla.
  • Cuando vayan surgiendo los problemas en la gestión, échele siempre la culpa a algún técnico. Recuerde que son unos vagos y aprovechados que sólo funcionan bajo presión y con mano dura.
  • Reciba las quejas de algún ciudadano y legitímelas en todo momento. Sobre todo si son cercanos a usted (políticamente hablando, claro). Vuelva a aprovechar para desprestigiar a los técnicos pero deje tranquilo al ciudadano: usted va a ocuparse personalmente del problema y las cosas van a cambiar mucho.
  • Naturalmente no debe ocuparse nunca de ningún problema. Pero tiene que intentar que tampoco lo hagan los técnicos (lo harán mal sin duda). Para ello dificulte cuanto pueda su labor. Deje sin firmar documentos, no acuda a reuniones y sobre todo, remarcamos, sobre todo: NO LES ESCUCHE NUNCA.


  • Tómese otros meses de descanso. No sabía usted que la gestión política era tan dura. Aproveche esta vez para pedir alguna compensación, en forma de remuneración económica. Es una manera de reconocer su preciada labor.

  • Si ha seguido bien todos los pasos, cuando vuelva al servicio estará ya lo suficientemente deteriorado y maduro como para tomar una decisión: la situación es insostenible y debe privatizarse, que así se gestionará de una manera más eficaz y eficiente. (No sabe muy bien la diferencia entre las dos palabras, pero la ha oído en un cursillo de su partido y nota que queda bien utilizarlas).

  • Pero no se precipite. Es muy importante que ahora se tome otro descanso mientras el servicio sigue deteriorándose. Un mayor deterioro le dará justificación para tomar la decisión de privatizar de una manera urgente. 
  • Tras pasar unos meses, estaremos llegando al final. Ahora debe usted hablar con alguna empresa (eso sí, que sean de su confianza. Si no conoce alguna en su partido le recomendarán sin duda un par de ellas). Ellos le asesorarán cómo tramitar el expediente (no lo haga con los técnicos de su servicio, no vayan a ponerse en contra) de una manera rápida y de apariencia legal. Si hay alguna cosa dudosa, siempre podrá decir que era urgente y si algún técnico se opone, obvie sus informes.
  • Casi está acabando. Acepte la invitación de los responsables de la empresa y diviértase.
  • Por último recuerde: no debe evaluar nunca el servicio privatizado. Si necesita datos sobre su eficacia, la propia empresa se los podrá proporcionar.
  • P.D. IMPORTANTE. Intente no utilizar demasiado la palabra privatización. Queda mucho mejor externalización, y le permite explicar a la ciudadanía que la responsabilidad pública del servicio está garantizada.

     Esta receta ha sido comprobada en numerosas ocasiones por múltiples políticos de diferentes partidos y orientaciones, por lo cual nunca falla. Y lo más importante: es legal.

      Además, existe otra versión de esta receta bajo el nombre "In troubled waters fishermen gain", pero está en inglés y ya se sabe que los idiomas son uno de los principales déficits de los políticos españoles.



lunes, 15 de septiembre de 2014

Tapones de plástico y gomas de borrar


Cuanto más nos adentramos en la difícil situación socio-económica que nos ha dejado la crisis, más proliferan las iniciativas que apelan a la solidaridad ciudadana para resolver las necesidades de alguna persona o colectivo que precisa de ayuda. Viejas formas de acción social que ¿han vuelto para quedarse?



Septiembre. Tras el verano comienza el curso escolar y todo vuelve a la rutina pos-vacacional. Y con la rutina, la explosión de iniciativas solidarias para atender tal o cual necesidad.

En este blog venimos hablando con frecuencia de este fenómeno. A quien le interese el tema puede consultar mis entradas: “De la ciencia a la caridad” o “La epidemia de la caridad”. También os recomiendo “Beneficencia”   en la que hablo de la regresión que han experimentado las políticas sociales en la administración pública.

A cualquier observador interesado no le pasará inadvertido que no hay un solo día en el que no aparezca una noticia de este tipo. Antes fueron las campañas de alimentos. Ahora es la época del material escolar. Asociaciones, entidades, ayuntamientos, grupos de vecinos… todos lanzados compulsivamente a la recogida y reparto de material escolar para los niños cuyas familias tienen dificultades para pagarlos.

Y por supuesto, todo sumido en la mayor descoordinación. Por momentos pareciera que interesa más el protagonismo de la entidad que promueve la iniciativa (enrollada, sensible y solidaria como ella sola) que la verdadera resolución de la problemática o la eficacia última de la actuación.

  • ¿Análisis previo de las necesidades? -¿Para qué? Cada entidad conoce alguna familia necesitada. Eso basta para saber que existe el problema.

  • ¿Evaluación del impacto, o los resultados? -¡Oiga!, que bastante tenemos con el reparto.
  • ¿Coordinación de entidades? -¿Qué pretenden, controlar nuestra labor?

Ante semejante fenómeno creo que los servicios sociales deberíamos poner algo de cordura. La ineficacia de muchas de esas actuaciones, la estigmatización que producen, el despilfarro de recursos que debieran ser utilizados de otra manera… requieren que denunciemos muchas de estas actuaciones y que propongamos cambios sustanciales en el desarrollo de otras tantas.

Tarea ingente para la que no estamos legitimados en el contexto actual. El modelo que se propone por parte del Estado es precisamente potenciar este tipo de actuaciones y nuestra Sociedad tiene un claro déficit histórico con respecto a la herencia benéfico-asistencial que a duras penas se empezaba a superar en las últimas décadas.

Los servicios sociales quedamos así atrapados. Por un lado, por un Estado que no reconoce derechos sociales y que considera que debe dejar en manos de la sociedad y de la iniciativa privada la satisfacción de las necesidades de la gente; por el otro, por una Sociedad que legitima, aplaude y pone como ejemplo estas formas solidarias de ocuparse de las mismas.

Lo mismo sucede con otra de las iniciativas que más desasosiego me causan: las recogidas de tapones para pagar los tratamientos médicos de niños enfermos. Cada vez que conozco un caso de éstos me da una punzada el estómago. ¿Cómo puede condenarse a una familia al oprobio de esta nueva mendicidad para que su hijo reciba un tratamiento médico? ¿Cuánto hay de anhelos, engaños y de vagas esperanzas? ¿Dónde queda la denuncia, concreta y constante, de los responsables de que esos niños no reciban en su entorno y junto a los suyos los tratamientos necesarios?

Por momentos siento que hemos perdido la batalla. Todo esto ha vuelto (nunca conseguimos que se fuera del todo) para quedarse.

Bienvenidos al Siglo XIX. Aplaudamos el nuevo altruismo y la filantropía de los tapones de plástico y las gomas de borrar.

Es lo único que nos va a quedar.



jueves, 14 de agosto de 2014

Las vacaciones de Mariano

No, el título de esta entrada no es el de la última novela que he leído, aunque bien pudiera serlo. Más bien se trata de los mensajes que nuestro presidente del Gobierno nos ha querido hacer llegar mientras pasa sus habituales días estivales por la costa gallega.



Son unas declaraciones que no han tenido demasiada trascendencia, pero a mí me han resultado de lo más reveladoras y en nada inocentes. 


Como os digo, aprovechando sus días de asueto (y supongo que tras alguna copiosa comida bien acompañada de los vinos a los que tan aficionado es nuestro dirigente) ha lanzado unas cuantas proclamas donde se puede observar el núcleo de su pensamiento (y por ende, el del partido a través del cual gobierna).


Las copio tal cual han salido en la prensa:


  • "la gente tiene que actuar sin esperar a que sus problemas se los vengan a resolver las administraciones públicas"

  • "hay valores del deporte que se han de aplicar a la vida para llegar al éxito: la perseverancia, el sacrificio, el aguante, de vez en cuando mirar para otro lado y siempre que haya gente que apoye a uno, aunque no lo entienda muy bien"

  • "a veces la gente piensa que las Administraciones públicas tienen que llegar a todo, y las administraciones llegan a donde llegan"

  • "un país es su gente, su voluntad, su tesón, su capacidad de actuar por sí mismo sin esperar que sus problemas se los vengan a resolver las administraciones públicas, su empuje. Un país sólo funciona con gente."

La verdad es que no se puede ser más claro, eso hay que reconocérselo. Pero como sé que el lenguaje de estos neoliberales trasmite mensajes que a veces pasan un poco desapercibidos, me he atrevido a meter estas frases en el traductor "neoliberal-vulgar" de Google. Y esto más o menos me ha salido:

  • "España es un país lleno de gente vaga y que no se esfuerza lo suficiente. En vez de luchar con tesón y empuje para solucionar sus problemas se sientan a esperar que las administraciones públicas se lo solucionen"

  • "De las situaciones de necesidad que la gente atraviesa, no han de ocuparse las administraciones públicas. Los pobres, los dependientes, los desempleados... se encuentran en situación de necesidad porque no se esfuerzan y no deben ser objeto de la protección del Estado. Ha de ser la solidaridad de la gente quien se ocupe de ello."

  • "Los derechos sociales son algo a extinguir. Pueden ser sustituidos perfectamente por la caridad y la compasión ciudadana".

  • "No es responsabilidad del Estado solucionar los problemas de la gente. Ha de ser la propia Sociedad quien se encargue de ello. Por tanto, las prestaciones y servicios sociales son algo perfectamente prescindible y pueden recortarse sin ningún miramiento"

¿A que así se entiende mejor? Al menos a mí esta traducción me ha ayudado a entender la política social que este Gobierno lleva ejecutando estos últimos años, desmontando sin piedad los sistemas públicos de protección social y permitiendo que fenómenos como la desigualdad, la exclusión social o la pobreza infantil crezcan sin ponerles remedio.

¿Porque acaso nuestros gobernantes son unos seres desalmados, que gozan con el sufrimiento de la gente y se afanan en provocarlo? Sé que por momentos parece que sí, pero yo no lo creo. Aunque muchos de ellos hayan accedido a la política preocupados únicamente por su propio beneficio y la gestión del bien común sea algo a lo que no le prestan interés, a una gran parte de ellos estoy seguro de que las situaciones de sufrimiento humano les conmueven y preocupan. El problema es que están convencidos de que desde su ejercicio público no deben ocuparse de ello.

Y si el Estado no ha de ocuparse de las necesidades de los ciudadanos, ¿en qué ha de ocuparse? No sé muy bien que piensa esta gente, pero una de las primeras cosas que hizo este Gobierno fue ponerse a gestionar la venta de armas internacional, que antes era responsabilidad únicamente de las empresas privadas. Enlace. ¿En ésto sí ha de intervenir el Estado? Yo no lo entiendo, pero ¿cómo asumimos entonces que le hayamos vendido a Israel durante 2013 cinco millones de euros en material bélico antes de que, avergonzados por su utilización en el conflicto de Gaza, le hayamos suspendido la venta? Enlace.

No haré la demagogia de decir que este Gobierno prefiere la venta de armas a, por ejemplo, la atención a la dependencia. 

Aunque lo parezca, al menos, durante las vacaciones de Mariano.

Os dejo con un clásico: Os resentidos y su "Galicia Canibal". Y es que... ¡fai un sol de carallo!.




lunes, 30 de junio de 2014

Trabajo Social de contrabando

En el mundo de los blogs, a veces una entrada de alguien sugiere otra a un compañero. Es lo que le sucedió a Joaquín Santos con una entrada mía y lo que me ha sucedido a mí con la suya. Una manera más de dialogar, interaccionar y reflexionar entre todos. 

 

En mi entrada "Servicios Sociales en la niebla" compartía con vosotros mis sensaciones sobre la situación actual del sistema de servicios sociales en nuestro Estado. Ello le dió pie a nuestro compañero para elaborar otra donde exponía una tesis muy interesante, a modo de conclusión: "El Sistema de Servicios Sociales no está en crisis. Lo que está en crisis son los conceptos y valores en los que se sustenta nuestra convivencia". Podéis consultar su entrada completa aquí. "Crisis y Sistema de Servicios Sociales"

Por mi parte, acepto y comparto esa tesis. Y lo hago, entre otras cosas, porque me parece una buena explicación a otra de las mías: El Sistema de Servicios Sociales en nuestro país nunca ha existido. Sé que semejante aseveración os parecerá un tanto exagerada. Lo admito e intento explicarme.

Podemos admitir que nuestro inexistente Sistema se comenzó a desarrollar a caballo entre las décadas 70-80, en un intento de sustituir las políticas sociales heredadas de la tradición benéfico-asistencial del franquismo por otras en línea con lo que nuestra Constitución definía como Estado Social y de Derecho. El reto era construir un Sistema de Servicios Sociales acorde con el Estado de Bienestar.

Pero semejante reto coincide con el comienzo de esa crisis de valores a la que se refiere Joaquín. El neoliberalismo comenzó a tomar posición de ventaja en aquellos años y a través de sus máximos valedores, Ronald Reagan (1981-1989) y Margaret Thatcher (1979-1990), consiguió imponer su doctrina de reducción del gasto social, el absolutismo del mercado y la concepción del Estado como algo residual. La ideología subyacente se ha ido filtrando desde entonces a nuestros días y ha ido impregnando toda la política, no solo la social, que se ha hecho en nuestro país.

Así pues, nuestro intento de construcción del sistema se hace en unas condiciones tremendamente adversas, en medio de una fuerte contradicción ideológica entre lo que ese sistema debía ser y lo que la ideología dominante le iba a permitir ser. Eso explica que el Sistema nunca se haya terminado de consolidar como tal, con desarrollos tan tímidos e insuficientes que ahora la crisis económica se los está llevando por delante sin mucho esfuerzo. El techo, las columnas, paredes, puertas y ventanas de lo que hemos construido así han sido tan precarios e inconsistentes que ni siquiera podemos llamarlo casa.

Efectivamente, la crisis del Sistema de Servicios Sociales no es sino el reflejo de la crisis de valores de esta sociedad. O los sustituimos, o no podremos desarrollar un Sistema de Protección Social donde todas las personas puedan vivir con dignidad.

¿Y mientras tanto? Pues tendremos que seguir haciendo lo que hemos hecho hasta ahora. Wang lo define como Trabajo Social de contrabando. Joaquin lo apunta al final de su entrada:

"No es tiempo para la inacción sino para la reflexión, también para la resistencia y la defensa de los derechos de ciudadanía, para el compromiso ético profesional con la mejor calidad de atención posible con las herramientas de que disponemos y, sobre todo, de construir alternativas políticas basadas en los valores democráticos".

Pues eso, aunque los vientos no nos sean nada favorables (no lo han sido nunca, como decimos), tendremos que resistir y seguir construyendo, con las limitadas herramientas que se nos pone a nuestro alcance, los mejores servicios que podamos para dar respuesta a las necesidades de los ciudadanos. Aunque sea a escondidas, aunque sea en contra de algunos, aunque sea con trampas...

De contrabando, vaya.

lunes, 2 de junio de 2014

Elecciones a la vista

En la entrada anterior os amenazaba con una serie de propuestas para reflexionar de cara a las próximas elecciones locales, autonómicas y nacionales que van a celebrarse en nuestro país dentro de unos meses. Propuestas surgidas al hilo de lo sucedido en las recientes Elecciones al Parlamento Europeo. Ahí van.


Pues sí. El año 2015 va a ser movidito. Elecciones municipales y autonómicas para la primavera y elecciones generales probablemente en otoño. ¡Vaya verano 2015 que nos espera! Aunque desde ya vamos a estar muy entretenidos: la maquinaria de los partidos políticos ya se ha puesto en velocidad de crucero a preparar esos comicios tanto a nivel interno como en las instituciones que gobiernan o des-gobiernan. La habitual liturgia de la democracia se pone en marcha.

Lo primero que viene a mi mente cuando pienso en la situación política actual de cara a estas próximas elecciones generales es que es el momento para el consenso. Más allá de los posibles pactos de gobernación que la fragmentada política parece que va a requerir, deberíamos establecer una serie de mínimos en los que la mayoría de las fuerzas políticas deberían estar de acuerdo. En materia de política social, por ejemplo: ¿qué sistema educativo diseñamos para la España de los próximos años? ¿qué asistencia sanitaria vamos a garantizar a todos los ciudadanos? ¿cómo vamos a proteger a la infancia, a los dependientes, a los excluidos?

Es, a mi parecer, ineludible, que todos los partidos políticos se pongan de acuerdo en unos mínimos en estas áreas. Una Ley de Educación, una Ley de Sanidad y una Ley de Servicios Sociales consensuadas por todos y diseñadas para estar en vigor largos años, que marquen las líneas rojas que no podrían sobrepasarse nunca independientemente del partido político que gobierne en cada momento concreto. Pasado ese tiempo se evalúa lo conseguido y  se negocia un nuevo marco si es necesario. Supongo que es una propuesta utópica, pero ¿acaso no es la política el arte del acuerdo y la negociación en el gobierno de los pueblos?

Lamentablemente, veo este consenso lejos de poderse producir. Por ello creo que tendremos que hacer lo de siempre: intentar ejercer nuestro voto lo más responsablemente que podamos analizando en profundidad los programas y propuestas de cada partido político.

Para este análisis, comparto con vosotros algunos aspectos que considero de importancia en materia de política social,  y en particular sobre servicios sociales.

A modo de sugerencias, tres ejes me parecen importantes a analizar en esos programas:

-          Derecho a la subsistencia, a la existencia ciudadana. Varios partidos políticos están hablando de desarrollar la Renta Básica como derecho ciudadano. Todavía echo en falta mayor definición, mayor concreción en el modelo, su diferenciación, o no, con las Rentas Mínimas de Inserción. Con demasiada frecuencia observo propuestas políticas cargadas de errores, que confunden ambos términos. Veremos cómo se va concretando todo esto en cada partido y si son propuestas con algo de realidad o mera propaganda electoral sobre un tema de moda.

-          Ley General de Servicios Sociales. Que desarrolle un verdadero Sistema Público de Servicios Sociales donde se definan claramente sus objetivos, finalidad, prestaciones y estructura. Que acabe de una vez con la política social benéfico-asistencialista que heredamos de épocas pasadas y de la que nunca nos hemos terminado de desprender. Al igual que la anterior veremos quién habla de ello, quién concreta las medidas necesarias (el PSOE ha hablado en algún momento incluso de reformar la Constitución –ver enlace-)  y quién compromete los tiempos y los plazos.

-          Otras políticas sociales. Ley de Dependencia, Ley de Pensiones, Protección al desempleo… Su carácter, o no, universal. Su legitimación como derechos subjetivos. Su sostenibilidad y sus formas de financiación. Su relación con el Sistema de Servicios Sociales.

Wang me apunta que analizar todo esto en los partidos políticos durante los próximos meses va a ser una tarea de chinos. No me cabe ninguna duda. Pero algo tendremos que hacer para sobrevivir al bombardeo de propuestas (ojalá) y de propaganda (lamentablemente) que nos espera a partir de ahora.

domingo, 23 de marzo de 2014

Hechizados

Las "Marchas de la Dignidad" que se han celebrado este fin de semana me han traído un halo de esperanza. Tal vez no esté agotada la capacidad de respuesta y reacción de la sociedad civil frente al brutal recorte de derechos y la drástica reducción de nuestro Estado de Bienestar. Al hilo de este "viento fresco", reflexiono sobre algunas razones que pueden explicar la resignación con que parecemos vivir el aumento de la desigualdad social y el deterioro de nuestra calidad de vida.


http://www.flickr.com/photos/joanabella/8549614990
Es un debate y una reflexión que de forma frecuente aparece en los medios de comunicación. ¿Cómo es posible que la sociedad civil esté aguantando estoicamente este ataque sin que se produzca una masiva rebelión? ¿Por qué las respuestas que se han ido organizando desde distintas plataformas ciudadanas no se han generalizado e intensificado cada vez más?

He leído y oído diferentes argumentaciones que intentan explicar este fenómeno. Numerosos autores y personas han aportado razones históricas y sociológicas, unas idiosincráticas de nuestro país y otras más generales respecto a la condición humana, que  aportan algo de luz para comprender esta compleja situación. Como sucede en todos los fenómenos complejos, no hay una única lectura ni explicación, y la comprensión responde a multitud de variables interrelacionadas que a veces, es dificil identificar.

 Por mi parte, creo que hay dos conceptos que habitualmente utilizamos para describir dinámicas relacionales en otros contextos y que aplicados a esta situación, me han ayudado a comprenderla un poco más y creo que un poco mejor...

Se trata de los conceptos de HECHIZO y el de MISTIFICACIÓN.

El primero de ellos es un concepto desarrollado por Reynaldo Perrone para explicar algunas estrategias de dominación psicológica que se dan en el maltrato y abuso infantil. Mediante las mismas el abusador puede cometer sus tropelías no con el consentimiento sino con la indefensión de la víctima. El hechizo puede crearse por efecto del terror, la amenaza, la confusión y la violencia, pero también puede darse en interacciones de seducción, en las que la víctima no percibe su falta total de libertad. Resumo algunas características de este tipo de relación, descritas por su autor:

Se trata de una forma extrema de una relación no igualitaria, que se caracteriza por la influencia que una persona ejerce sobre otra sin que ésta lo sepa. Vive de esta manera una experiencia de injusticia, a la que somete porque no encuentra salida a la situación. La persona sometida registra el comportamiento del otro, pero el contexto o los medios de que dispone no le permiten escapar de esa relación. Hay una relación de dominio, pero no está claramente identificada por la víctima. Se trata de una colonización del espíritu de uno por el otro, una suerte de invasión, de negación de la alteridad de la victima, quedando así atrapada en una relación de alienación.

Naturamente, la víctima no es consciente del hechizo, desconociendo las intenciones y el comportamiento de la persona dominante, sin que pueda detectar con nitidez sus efectos. El dominador le envía un doble mensaje engañoso: "Aunque digas lo contrario, estoy seguro de que esto te gusta..."

La confusión y perturbación de la víctima son tales que pierde el sentimiento de identidad y no puede decodificar la naturaleza de la relación. El abusador no considera en absoluto a la víctima como sujeto, vale decir que no toma para nada en cuenta su deseo. Ella es lo que él quiere que sea, con la única meta de su beneficio personal. La persona dominada tiene una imagen ilusoria del otro, imposible de conocer y de definir, ya que la naturaleza misma de la relación altera sus funciones cognitivas y críticas.

Tal mecanismo no tiene nada que ver con un simple abuso de poder, ya que se basa en la fascinación. (*)

http://www.flickr.com/photos/cottergarage
Con respecto al segundo de los conceptos, la mistificación es una interacción descrita por Ronald Laing, a partir del concepto marxista del mismo nombre. Laing fué un psiquiatra escocés, fallecido en 1989 y conocido especialmente por sus estudios sobre las causas de las perturbaciones mentales.

Mistificar según este autor es "confundir, ofuscar, ocultar, enmascarar lo que está ocurriendo", utilizando interpretaciones falsas en lugar de las verdaderas o planteando problemas engañosos para cubrir los reales.  La persona mistificada se halla confundida pero "tal vez no se sienta así". "Es una forma de actuar sobre el otro, que sirve para la defensa y seguridad de la propia persona"

"La persona mistificada es aquella a la que se le hace entender que se siente feliz o triste, independientemente de cómo se sienta; que es responsable de esto o no responsable de aquello, independientemente de cuál sea la responsabilidad que se haya echado o no sobre sí misma. Se le atribuyen capacidades o la carencia de éstas, sin referencia a ningún criterio empírico compartido acerca de lo que puedan ser o no dichas capacidades"

 Para Laing, casi todo está mistificado sin que lo percibamos claramente. "Lo que llamamos realidad no es más que la estructura de la fábrica de estas alucinaciones socialmente compartidas... y nuestra locura colusoria es lo que llamamos cordura". Un ejemplo cotidiano sobre la mistificación se produce cuando la madre, agotada luego de la jornada, no trasmite al hijo su estado de fatiga y, por el contrario, le dice que nota que él está cansado y que seguramente quiere ir ya a la cama.

Particularmente creo que tomar conciencia de cómo los poderosos están utilizando estos métodos de hechizo y mistificación cuando ejecutan sus políticas puede ayudarnos a situarnos frente a las mismas.

Y para muestra, vale un botón: ¿qué véis vosotros en esta imagen de ayer?


No os preocupéis, que los medios oficiales del Gobierno nos la explican: son los apenas 36.000 exaltados (no se sabe muy bien todavía si salvajes neonazis o radicales extremistas de izquierda) que se manifestaron ayer injustamente contra este honrado y esforzado Gobierno que nos está sacando de la crisis...

- "Pues parecen más", me dice Wang.

  Tal vez su magia china le esté protegiendo de los hechizos...





(*) Tomado de Perrone, R y Nannini, M. "Violencia y abusos sexuales en la familia", Buenos Aires, Paidós 2005.