viernes, 21 de noviembre de 2014

Mensajes fáciles.

Nos van los mensajes fáciles. Que no requieran demasiado esfuerzo para comprender, para analizar o que nos hagan reflexionar demasiado. Ideas rápidas que confirmen nuestra visión del mundo, sin atrevernos a contraponer otras miradas.


Os voy a contar una anécdota al respecto. El otro día en el trabajo, tras una larga mañana de reuniones y diversas gestiones, un responsable político me reclama a su lado y me muestra un mensaje de wasap (o como diablos se llame), que acababa de recibir y en el que se venía a decir, más o menos, que los inmigrantes están acumulando todas las ayudas sociales, las cuales se les conceden indiscriminadamente y en detrimento de personas nacidas en España, que ven así perjudicados sus derechos. Quería saber mi opinión al respecto.

El tufillo racista y xenófobo del mensaje estuvo a punto de provocar que le mostrara a mi interlocutor algún otro mensaje que tengo donde se manifiesta con total rotundidad que todos los políticos son unos corruptos  pero afortunadamente me contuve y decidí intentar explicarle cómo funcionan esas "ayudas sociales" a las que se refería el mensaje.

No pude saber si este responsable político daba mucha o poca credibilidad al mensaje, ni si mis explicaciones servían o no para que comprendiera algo más el sistema de servicios sociales, sus objetivos, dificultades y carencias, o si le estaba aportando algún punto de vista diferente que le llevara a cuestionarse sus ideas y sus certezas.

Al menos, él había preguntado, lo cual indica, si no alguna duda, sí al menos la posibilidad de generarla. Pero me quedé pensando en la cantidad de gente que recibe este tipo de mensajes y los da por buenos sin más. Y, sobre todo, la facilidad y rapidez con que se propagan por el mundo digital.

Y es que este tipo de mensajes, tan rápidos, tan breves y fáciles de consumir, encuentran un vehículo perfecto en las redes sociales. Hoy todo es tan rápido que es dificil escapar a la inmediatez de estos mensajes y así, sin darnos cuenta, van configurando nuestra visión del mundo y nuestras actitudes.

El antídoto es complicado, pues requiere un proceso mucho más lento y trabajoso. Leer, reflexionar, argumentar, dialogar... ¿quién tiene tiempo para todo eso?


viernes, 7 de noviembre de 2014

Con las manos en la masa

Dentro de la vocación de servicio con el que nació este Blog y próximos a presenciar la vertiginosa carrera a la que muchos políticos se van a lanzar para perpetuarse en el poder, Wang y yo nos atrevemos a dar una serie de consejos a los que accedan al mismo en las próximas elecciones. Y como de todos es sabido que la culpa de todos nuestros males la tiene la desmesurada dimensión del Estado, estos consejos estarán centrados en cómo reducir el mismo para que la iniciativa privada pueda beneficiarse y ejercer así su labor salvífica de nuestra economía.

 

Receta para externalizar o privatizar un servicio público:

Esta receta va dirigida a políticos tanto profesionales como aficionados, pues su aplicación no revierte demasiada dificultad ni requiere de altas capacidades, habilidades o formación. Pueden así aplicarla desde concejales en los más pequeños ayuntamientos hasta ministros con elevadas responsabilidades.

  • En cuanto llegue al poder, elija usted un servicio público cualquiera. Tal vez le deleguen la gestión de alguno. No se preocupe si no entiende demasiado del tema, quien se lo ha delegado confía en usted. Aproveche el entusiasmo que siente al haber sido elegido (sin duda se lo merece) y dé sus primeras órdenes: que le traigan con urgencia los datos del servicio. 

  • Este paso es importante: durante el estudio del servicio, ante todo, no consulte con ningún técnico. Probablemente le contaminarán con sus ideas y al fin y al cabo, es usted el responsable de que las cosas funcionen como es debido.

  • Si lo hace bien, y consigue mantener a raya a los técnicos que trabajan en dicho servicio (si es necesario sea descortés con ellos, recuerde que son unos abyectos funcionarios, están acostumbrados y es una manera de remarcar su necesaria autoridad), en poco tiempo (no más de 5 ó 10 minutos), habrá llegado a un correcto diagnóstico. Probablemente del tipo: esto no puede continuar así.

  • A estas alturas estará fatigado. Aproveche para descansar unos meses y despreocuparse del importante asunto que tiene entre manos. Vaya a un congreso de su partido o simplemente, no haga nada.
  • Tras el merecido descanso retome con entusiasmo la tarea para la que ha sido designado y aborde el siguiente paso: la planificación. Debe ser absolutamente inexistente. No planifique nada, no prevea nada. La planificación y la previsión hace que surjan menos problemas y los políticos están para resolver problemas. 
  • Tome por tanto las decisiones en la gestión del servicio absolutamente al azar. Presupueste al tun-tun (total, nadie cumple luego los presupuestos), cargue los gastos de sus necesarias gestiones al servicio... y sea imprevisible. Que nadie sepa su estrategia.
 
  • Cada vez que le pidan que tome una decisión, hágalo sin dudar, que se note que sabe qué es lo que está haciendo. Lo importante no es acertar con la decisión, sino la seguridad con que es capaz de tomarla.
  • Cuando vayan surgiendo los problemas en la gestión, échele siempre la culpa a algún técnico. Recuerde que son unos vagos y aprovechados que sólo funcionan bajo presión y con mano dura.
  • Reciba las quejas de algún ciudadano y legitímelas en todo momento. Sobre todo si son cercanos a usted (políticamente hablando, claro). Vuelva a aprovechar para desprestigiar a los técnicos pero deje tranquilo al ciudadano: usted va a ocuparse personalmente del problema y las cosas van a cambiar mucho.
  • Naturalmente no debe ocuparse nunca de ningún problema. Pero tiene que intentar que tampoco lo hagan los técnicos (lo harán mal sin duda). Para ello dificulte cuanto pueda su labor. Deje sin firmar documentos, no acuda a reuniones y sobre todo, remarcamos, sobre todo: NO LES ESCUCHE NUNCA.


  • Tómese otros meses de descanso. No sabía usted que la gestión política era tan dura. Aproveche esta vez para pedir alguna compensación, en forma de remuneración económica. Es una manera de reconocer su preciada labor.

  • Si ha seguido bien todos los pasos, cuando vuelva al servicio estará ya lo suficientemente deteriorado y maduro como para tomar una decisión: la situación es insostenible y debe privatizarse, que así se gestionará de una manera más eficaz y eficiente. (No sabe muy bien la diferencia entre las dos palabras, pero la ha oído en un cursillo de su partido y nota que queda bien utilizarlas).

  • Pero no se precipite. Es muy importante que ahora se tome otro descanso mientras el servicio sigue deteriorándose. Un mayor deterioro le dará justificación para tomar la decisión de privatizar de una manera urgente. 
  • Tras pasar unos meses, estaremos llegando al final. Ahora debe usted hablar con alguna empresa (eso sí, que sean de su confianza. Si no conoce alguna en su partido le recomendarán sin duda un par de ellas). Ellos le asesorarán cómo tramitar el expediente (no lo haga con los técnicos de su servicio, no vayan a ponerse en contra) de una manera rápida y de apariencia legal. Si hay alguna cosa dudosa, siempre podrá decir que era urgente y si algún técnico se opone, obvie sus informes.
  • Casi está acabando. Acepte la invitación de los responsables de la empresa y diviértase.
  • Por último recuerde: no debe evaluar nunca el servicio privatizado. Si necesita datos sobre su eficacia, la propia empresa se los podrá proporcionar.
  • P.D. IMPORTANTE. Intente no utilizar demasiado la palabra privatización. Queda mucho mejor externalización, y le permite explicar a la ciudadanía que la responsabilidad pública del servicio está garantizada.

     Esta receta ha sido comprobada en numerosas ocasiones por múltiples políticos de diferentes partidos y orientaciones, por lo cual nunca falla. Y lo más importante: es legal.

      Además, existe otra versión de esta receta bajo el nombre "In troubled waters fishermen gain", pero está en inglés y ya se sabe que los idiomas son uno de los principales déficits de los políticos españoles.



jueves, 30 de octubre de 2014

El perdón y la nada

En un nuevo ejercicio de cinismo sin precedentes, la clase política gobernante en España se ha lanzado a pedir perdón y nos han trasladado sus disculpas por algunas de sus actuaciones y decisiones. La manera en que lo han hecho me parece, por encima de cualquier otra cosa, una nueva y desalmada agresión.



Ya hablé de este tema en este blog hace más de un año, en la entrada "Me he equivocado...", a raíz de otra pseudopetición de perdón que realizó nuestro presidente del gobierno. Pero como, al parecer, Rajoy no se lee mis entradas, y dudo que nuestros gobernantes conozcan mi blog, me veo obligado a reiterar algunas de las reflexiones y recordar algunos de los planteamientos que allí hacía.

Analizaba entonces que la petición de perdón del presidente adolecía de algunos elementos, en especial el genuino reconocimiento, la exoneración y la reparación. Y que sin ellos, las peticiones de perdón no son sino nuevas agresiones, que no producen sino una nueva revictimización de los destinatarios.

Pues bien, al no leer mi blog, los últimos episodios en que nuestros gobernantes han pedido perdón han vuelto a caer en los mismos errores que entonces. Llamativas en este sentido han sido las peticiones de perdón de Esperanza Aguirre y de Mariano Rajoy ante la multitud de escándalos de corrupción que les han salpicado, cometidos por sus otrora amigos, fieles escuderos y servidores.

Un reconocimiento parcial, teñido de uno de los niveles de negación que describen Trepper y Barret (1989) en su conceptualización de los mismos: la negación de la conciencia. Pido perdón... pero... "yo no sabía nada, por tanto no soy responsable de nada, y no hay nada más que entender". Y ya está. Ni un  triste amago de compensación o intento de reparación del daño causado. El perdón y la nada.

Como perdón, y nada más después, han esgrimido por ejemplo, el consejero de sanidad de Madrid, por sus declaraciones sobre la auxiliar infectada por el virus del Ébola; o la asidua de este blog, la presidenta del Círculo de Empresarios, con sus declaraciones sobre la contratación de mujeres embarazadas; o el alcalde de Toledo, por sus machistas manifestaciones sobre mujeres y ascensores.

Y si llamativo es el contenido de las peticiones de perdón, qué decir del lenguaje no verbal de sus protagonistas. Observadlo. No se puede trasmitir más falsedad: diversos tics, lectura textual y apresurada, memorización, mirada ausente, desgana y nerviosismo...

Yo, de verdad, prefiero que no pidan perdón. Y mucho menos, por los escándalos de corrupción que les envuelven. Preferiría que lo hiciesen por sus inhumanas y crueles políticas, cargando sobre los débiles y desprotegidos las consecuencias de la crisis y permitiendo el enriquecimiento, tan legal como inmoral, de los poderosos. Y que lo reparasen.

Pero eso es otra historia. De momento nos quedamos con el perdón y la nada. Un amargo perdón y una insufrible nada.

Y como hablan del perdón, os dejo con unos maestros, estos sí, Les Luthiers y su "Perdónala"


jueves, 23 de octubre de 2014

Círculos viciosos

A veces pienso que podría escribir un blog comentando sólo las manifestaciones y propuestas de las organizaciones empresariales en nuestro país. Su última ocurrencia para salvar al país de la crisis: que a los funcionarios públicos se les pueda despedir con las mismas reglas que en el sector privado.



Parece ser que la propuesta está contenida entre las que el Círculo de empresarios hace para que el Gobierno las incluya en los presupuestos de 2015. Si hay algún despistado todavía, este misterioso círculo es una especie de lobby empresarial presidido por la inefable Mónica Oriol, generadora de otras propuestas estrella para la recuperación económica y empresarial de nuestro país como la de que hay que rebajar el Salario Mínimo para los jóvenes que no tienen cualificación, puesto que no producen y no sirven para nada; o la de que es preferible contratar a mujeres menores de 25 o mayores de 45 años, porque no se quedan embarazadas.

Desconozco cómo la propuesta de favorecer el despido libre de funcionarios puede mejorar la economía. Mi limitado intelecto (merecedor sin duda de la rebaja de salario que como funcionario he sufrido los últimos años) me hace incapaz de comprender las sólidas teorías económicas y datos empíricos en que sostienen la propuesta.

Mis limitaciones me hacen pensar más bien que este tipo de propuestas no están basadas más que en el fundamentalismo neoliberal al que estos empresarios se adscriben, cuya doctrina les hace abogar por la desaparición del Estado en pro de un libre y omnipotente mercado y por tanto anatemizar cualquier servicio público. Y amparadas además en el más rancio populismo, aprovechando el desprestigio interesado de lo que llaman "casta funcionarial". 

Pero seguro que son prejuicios míos, como digo basados en mi ignorancia...

Y llegado hasta aquí, os confieso que tengo una duda: seguir con la entrada en serio, intentando contraponer datos y evidencias que pongan de manifiesto la incoherencia de esta propuesta neoliberal; o bien tomárnoslos un poco a chufla, como decimos por tierras aragonesas.

Así que he llamado a Wang y hemos tirado una moneda al aire. Y ya lo siento, pero ha salido en serio. Así que hemos decidido complementar las propuestas que los empresarios hacen al Gobierno con otras de nuestra cosecha, para que el Gobierno las incluya también en los presupuestos de 2015.

Lo primero ha sido documentarnos. Inspirados en el Código de Comercio de la Dinastía Han (206 – 220 d.C), que Wang conoce muy bien, hemos conseguido concretar las siguientes propuestas:

  • Todo empresario que al finalizar un ejercicio anual, presente en el balance de su empresa números negativos (pérdidas, vaya), recibirá un número de azotes en el culo proporcional al tamaño de su empresa. Por torpe. 
  •  Como la austeridad es algo importantísimo para un empresario, ha de procurarse que estos vivan de la manera más austera posible. Para ello el Ministerio de Hacienda creará un cuerpo especial de inspectores que velarán porque los empresarios permanezcan encerrados en sus casas si no están en sus empresas. Les estará vetada cualquier forma de diversión y por supuesto cualquier gasto supérfluo. De esta manera se garantizará que su dinero no se dilapida en tonterías.
  • Del mismo modo, al ser conveniente que los empresarios sean un ejemplo para la sociedad, las mujeres empresarias no podrán quedarse embarazadas hasta pasados los 65 años. En caso contrario, les será nacionalizada la empresa. 
  • Todo vástago empresarial que pretenda gestionar la empresa de sus padres, deberá pasar un examen de aptitud. El tribunal encargado de tales pruebas estará compuesto por un concejal que no haya sido nunca imputado, un cura párroco de algún municipio que no sea el de residencia del aspirante (para garantizar la neutralidad) y un árbitro de fútbol de regional preferente.
  • Quedan eximidas de estas medidas las pequeñas empresas familiares, las fábricas de rabos de boina y las factorías de botijos, dado que por su valor estratégico para el futuro de nuestra emergente economía, merecen un tratamiento excepcional.
Pasmadicos os habéis quedado con la eficacia de estas medidas ¿a que sí?  Sin duda, son de tanta utilidad como las que propone el Círculo de empresarios.

Pues nada, Wang y yo, siempre dispuestos para asesorar a este Gobierno. De nada, hombre, de nada...

Os dejo con Sabina y sus "Círculos viciosos":




lunes, 20 de octubre de 2014

Pobre semana...

Acaba de terminar la Semana contra la Pobreza, que ha pasado sin demasiada repercusión entre los medios. Una pobre semana...

 

A pesar de ello, se han vuelto a difundir datos que ya sabíamos, pero que ni a fuerza de repetirlos pareciera que nos hacemos conscientes de su magnitud: 805 millones de personas siguen pasando hambre en el mundo, por ejemplo. Las 85 personas más ricas del planeta tiene la misma riqueza que la que se reparte entre la mitad más pobre de la población mundial, 3.500 millones de personas. Más de 1.000 millones de personas no tienen acceso a agua potable. Cada día 30.000 niños mueren de enfermedades perfectamente evitables, por la simple razón de que no pueden acceder a los tratamientos necesarios. Inconcebible.

¿Y en España?. Pues hemos constatado cómo estos cuatro años de gobierno neoliberal y ultraconservador de Rajoy y sus huestes han traído básicamente dos consecuencias: la extensión brutal de la pobreza (más del 20 % de la población por debajo del umbral de la pobreza y el segundo país de Europa en pobreza infantil) y un incremento inusitado de la desigualdad (el número de millonarios en España ha crecido en el último año un 24 %, mientras la renta de la población más pobre sigue cayendo en picado). En cierto sentido, reconoceremos que este gobierno es muy eficaz en sus políticas, pues han conseguido una especie de cuadratura del círculo: más pobres y más ricos.

Pero al margen de todos estos dolorosos datos, ha habido algunas cosas durante esta semana que han llamado mi atención. En especial las medidas que se proponen desde ciertos ámbitos para luchar contra la pobreza en España. En esta semana no han faltado voces que han reclamado la creación o el incremento de lo que se vienen a llamar rentas de inserción para luchar contra el problema de la pobreza. Me parece correcto, pero creo necesarias algunas precisiones, cuando menos terminológicas.

Porque cada vez me preocupa más el confuso debate que se está creando en torno a las medidas para la lucha contra la pobreza, y el papel que a los Servicios Sociales se nos asigna (o nos asignamos, que ya no estoy seguro...) en este tema. 

Lo cierto es que nadie preveía la situación actual, con semejante incremento de la desigualdad y con la apabullante extensión de la pobreza que estamos presenciando. Pero creo que a los técnicos del Sistema de Servicios Sociales, esta situación nos ha pillado con el paso cambiado y todavía no hemos sido capaces de transmitir a la sociedad un mensaje y unas medidas unificadas ante el problema.

Algo que me parece urgente aclarar a la sociedad es que pobreza y exclusión social son dos realidades distintas. Dos entidades nosográficas (si pudiéramos hablar en estos términos para las cuestiones sociales), ciertamente diferentes.

Creo que los profesionales y técnicos del sector lo tenemos claro, pero como os digo ni los responsables políticos ni los medios de comunicación transmiten claridad alguna, por lo cual la sociedad está muy confundida.

Naturalmente, la exclusión social y la pobreza están interrelacionadas. Es obvio que lo están, del mismo modo que la hipertensión puede estar relacionada con el infarto de miocardio o la diabetes con la ceguera. Pero son cosas distintas.

Estoy dispuesto a admitir que en el caso de la pobreza y la exclusión podamos hablar incluso de una especie de patología dual, como solemos hablar (y eso que me gustan poco estos términos) en el caso de la toxicomanía y la enfermedad mental.

La pobreza es un factor de riesgo importante para la exclusión social, del mismo modo que la exclusión social tiene como consecuencia en muchas ocasiones la pobreza. Pero no es lo mismo la situación de pobreza en una familia que historicamente ha tenido una serie de deprivaciones culturales y sociales, con problemas de variado tipo, que en otra cuyo único problema haya sido la salvaje disminución de rentas e ingresos como consecuencia de la situación económica social derivada de un neoliberalismo inmisericorde.

A nadie se le escapa que en el primer caso, para ayudar a esa familia habrá que diseñar medidas complejas y trabajar en muy diversas áreas. Seré generoso al decir que las rentas de inserción que hemos tenido en España era ésto lo que pretendían. 

Pero en el segundo caso, lo que necesita principalmente esa familia es dinero. Dinero y empleo. Punto. Gran parte de la pobreza en España hoy tiene un carácter unicamente estructural. Estas familias y personas no necesitan inserción y si la necesitan, la simple mejora de su situación económica la va a procurar.

Por eso pienso a veces que erramos cuando nos adscribimos sin matices a pedir el incremento de estas medidas de inserción. Claro que está bien reclamarlas, tanto como denunciar su ineficiente diseño (de lo cual por otra parte no oigo tantas voces como serían necesarias), pero no para la lucha contra la pobreza.

Propongo mensajes contundentes: las rentas de inserción no son instrumentos adecuados para la lucha contra la pobreza; como su nombre indica el objetivo de estas medidas es la exclusión social, no la pobreza. Si lo que nos preocupa es la pobreza, y no me cabe ninguna duda de que así es, a la luz de los datos a los que estamos asistiendo y de las situaciones de las que somos testigos, no podemos centrar nuestras reivindicaciones en reclamar estas prestaciones.

Ya he dicho en otras ocasiones que la lucha contra la pobreza no debe configurar el objeto del Sistema de Servicios Sociales. Este problema debe ser un objetivo compartido por todos los Sistemas Públicos de Protección Social y su solución pasa por políticas universales y redistributivas de rentas e ingresos.

Si no aclaramos estas confusiones corremos riesgos importantes. Por ejemplo, convertirnos en el Sistema de atención a los pobres, renunciando inadvertidamente a la universalización por la que tanto hemos luchado. También el alinearnos sin darnos cuenta con el mensaje culpabilizador del catecismo neoliberal, que viene a decir que la gente se encuentra en situación de pobreza por su exclusiva e individual responsabilidad.

¿Y eso del 0,7 %, qué es? -me pregunta Wang.

- Otro día, Wang, ya te lo cuento otro día...