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miércoles, 13 de junio de 2018

El barco

Me da igual si es un gesto aislado o el inicio de una nueva política, pero la postura del nuevo  Gobierno ante la crisis del barco "Aquarius", resolviendo la situación del más de medio millar de personas migrantes abandonadas a su suerte, es una buena noticia.


Si hay algo de lo que debemos avergonzarnos profundamente como sociedad "civilizada", en este caso los europeos, es del tratamiento que hemos hecho de los flujos migratorios provenientes de las situaciones de guerra y pobreza que se viven en muchos países de Africa y Oriente Medio.

En lugar de convertirnos en una sociedad acogedora, nos hemos limitado a cerrar y endurecer las fronteras, convirtiendo al mar Mediterráneo en un auténtico cementerio, mientras "defendemos" con uñas y dientes el pedazo de bienestar en el que hemos tenido la suerte de nacer y que no estamos dispuestos a compartir.

Por todo ello, decisiones como las de acoger en nuestras ciudades a los migrantes de ese barco al que, en contra de cualquier instinto humanitario, se le negaba el atraque en los paises cercanos, es algo esperanzador. Ojalá sea el inicio de un replanteamiento de la política europea sobre las migraciones y sobre la cooperación con los paises desfavorecidos, aunque no lo creo.

De todos modos, no es de la decisión de lo que quería hablaros. Más bien quiero hacerlo de las reacciones que esa decisión ha causado entre algunos sectores de la sociedad.

Con una mezcla entre asombro y preocupación, asisto a la gran cantidad de mensajes en contra de la acogida de estas personas, tanto en las redes sociales como en muchas conversaciones analógicas. La guinda ha sido el lanzamiento en las redes de diversas encuestas para que la gente se pronuncie a raíz o en contra. Consecuencia de esos mensajes trufados de desconocimiento, de miedo a lo diferente, de prejuicios infundados y en muchas ocasiones de actitudes clasistas y marcadamente xenófobas.

No reiteraré aquí esos mensajes para no darles más pábulo, pero son el indicador para mí de un grave problema como sociedad. Un virus que nos enferma , que nos deteriora como comunidad y que atenta nuestra cultura.

Me preocupa especialmente cómo esos mensajes han calado entre mucha gente. Gente buena, incapaz de hacer daño a nadie, defendiendo con fruición que el barco debía haberse hundido en el mar y sus pasajeros morir ahogados en el mismo... hasta que pueden reflexionar un poco y se dan cuenta de la barbaridad que defienden.

Porque creo que esa es una de las principales claves. Muchos de los argumentos que se utilizan en contra de estas medidas son irracionales. Cuando se consigue información, cuando se favorece la reflexión, cuando somos capaces de ponernos en el lugar "del otro", la perspectiva cambia y esos argumentos no se sostienen.

Por ello, paralelamente a las decisiones sobre política migratoria y cooperación al desarrollo, hay que hacer una labor importante de pedagogía sobre la ciudadanía. Y creo que los Servicios Sociales deberíamos asumir el papel protagonista en la construcción de esa pedagogía. Al fin y al cabo, estamos hablando de convivencia. Acoger para convivir con el otro, con el extranjero, con el que tiene otra cultura, con el que viene huyendo de la guerra o del hambre...

Y ese es nuestro objeto, la convivencia en sus más variados niveles. Además, nuestra mirada compleja y relacional nos sitúa de manera privilegiada ante este fenómeno y ello nos hace especialmente responsables para liderar esa pedagogía.

Pero lamentablemente, andamos demasiados ocupados en otras cuestiones que no debieran ser de nuestra competencia...



martes, 22 de agosto de 2017

Pesadillas de verano

En este verano, cuando las amables temperaturas y el relajo propio de las vacaciones nos invitaba a la tranquilidad, nos hemos sobresaltado con varios sucesos que nos están dejando con el corazón encogido y una honda preocupación social.


Desde este blog no hemos comentado estos sucesos, pues la complejidad de los mismos requería de profundas reflexiones que ni Wang ni yo estábamos dispuestos a acometer en este periodo de estío. Pero ello no significa que no los hayamos presenciado, en ocasiones tristes, en otras perplejos, a veces enfadados y siempre preocupados.

De todas las pesadillas que hemos sufrido nos referiremos especialmente a tres, que creo que han marcado todo este periodo. Son, como digo, temas complejos sobre los que Wang y yo tenemos más dudas e incertidumbres que certezas y claridades. Al escribirlas y exponerlas en este blog sólo pretendemos, como siempre, intentar aclararnos un poco.

La primera noticia no puede ser otra que los atentados en Cataluña. Poco tenemos que añadir a lo que ya reflexionábamos hace poco sobre los atentados de Londres ocurridos el pasado mes de junio. Esta vez el terrorismo yihadista nos ha golpeado muy de cerca y, como decíamos entonces, esperamos ser capaces como sociedad de responder a la violencia sin violencia. Más allá del necesario incremento de las políticas de seguridad, hemos de apostar con más claridad por las políticas sociales de integración, igualdad y multiculturalidad. Sólo una sociedad donde los niveles de pobreza y desigualdad sean mínimos y la convivencia y comunicación entre culturas sea fluída y abundante será capaz, pongo por caso, de prevenir y detectar la radicalización de jóvenes como los que han cometido esos abominables atentados. Y para la correcta ejecución de estas políticas sociales el sistema de servicios sociales debe asumir y realizar unas funciones que en muchas ocasiones se encuentran muy limitadas.

El otro caso que ha marcado nuestros sueños de verano ha sido el de Juana Rivas, una madre que ha decidido desafiar a la justicia para no entregar a sus hijos al padre, condenado por maltrato en 2009 y que al parecer tiene la custodia provisional de los menores. Por mi experiencia laboral, sé lo difícil que lo tiene una mujer para salir de una situación de maltrato y probar que ha sido víctima del mismo. Por eso, y a pesar de las versiones que parecen defender al padre, tiendo a creer a esta mujer y entiendo su desesperación a la hora de tomar las decisiones con las que ella estima que defiende a sus hijos.

Dicho esto, y respetando su opción por la desobediencia legal, yo nunca se la hubiese recomendado. Optar por semejante desafío debe ser algo muy personal, que creo que nunca hay que aconsejar a nadie más allá de uno mismo. Las repercusiones pueden ser importantes y el riesgo de que esta mujer consiga lo contrario de lo que pretende (convivir con sus hijos y protegerlos) me parecen demasiado elevados. Por ello entiendo el movimiento social que se ha generado con el lema "Juana está en mi casa", legitimando y apoyando su desobediencia a las resoluciones judiciales, pero no lo apoyo, pues discrepo de esa estrategia. 

De todas formas, se trata de un caso, como muchos otros, lleno de complejidades y claroscuros, con unas decisiones judiciales cuestionadas y que, en cualquier caso, considero que deberían estar orientadas de forma fundamental y protagonista por el diagnóstico y orientaciones del sistema de servicios sociales, garante a mi juicio del bienestar de los menores en su convivencia familiar.

Y la tercera noticia tiene que ver con dos casos extremos de maltrato y violencia hacia los menores, situaciones que hemos conocido en estos días y cuya repercusión social ha quedado en cierto segundo plano por los acontecimientos que he relatado antes.

En uno de ellos una niña de ocho años fue asesinada en Sabiñánigo, Huesca,  tras sufrir una brutal paliza a manos de su tío, quien la torturaba de modo habitual. El otro, el de una niña de cuatro años fallecida presuntamente tras sufrir maltrato y abusos sexuales que justo en ese momento se estaban investigando al haber detectado los servicios sanitarios indicios de maltrato.

En ambos casos las mismas preguntas: ¿Se podían haber evitado ambas muertes? ¿Se trata de accidentes, o por el contrario son sucesos previsibles? En especial en el segundo caso, pero con mucha probabilidad también en el primero, los indicios de que un maltrato de gravedad se estaba produciendo eran bastante altos. ¿Qué falló para que no se detectaran a tiempo?

La violencia hacia los menores es una epidemia que creo que no dimensionamos de manera adecuada y de la que los casos que hemos nombrado no son sino la punta del iceberg. Para erradicarla (no puede ser otro el objetivo) es necesario revisar los protocolos de notificación, denuncia e investigación, en muchos casos lentos y confusos. También se hace imprescindible formar a los profesionales del ámbito educativo, sanitario y social en la detección y intervención en maltrato infantil. Y es necesaria una adecuada coordinación de todos los anteriores con el sistema policial-judicial.

Creo que la clave para que todo ella sea posible está en el sistema de servicios sociales, y más concretamente en su atención primaria. Sólo si construimos este sistema de atención primaria de una manera sólida y a lo largo de todo el territorio seremos capaces de afrontar los retos a los que todas estas situaciones nos desafían.

Estoy convencido de que es la mejor manera de acabar con nuestras pesadillas.

domingo, 4 de junio de 2017

¿Caballos de Troya?

Tras un mes de mayo bastante ajetreado con este blog y tras unos días sin escribir, retomo las reflexiones impactado y dolorido por los atentados ocurridos en Londres.


En este mundo globalizado, las muertes de personas inocentes a manos de unos radicales sanguinarios son dolorosas ocurran donde ocurran. Puede ser en Londres o en Yemen,  pueden estar impulsadas por motivos económicos, por cuestiones de fe religiosa, misoginia, racismo o por cualquier otra razón... Da igual. Pero también es cierto que, cuanto más cerca ocurren de nosotros, más parecen golpearnos.

Naturalmente, son abominables y repudiables estos actos de violencia, pero hoy quiero detenerme a analizar algunos aspectos colaterales que estos hechos iluminan y que me preocupan sobremanera. 

Porque si me golpean las muertes y agresiones a inocentes, también me quedo impactado y preocupado cuando leo y oigo algunas reacciones a las mismas. Y es que son demasiado frecuentes las arengas a expulsiones y deportaciones, las generalizaciones respecto a lo peligrosas que son otras culturas, o las llamadas a aplicar "mano dura" en asuntos de inmigración o ayudas sociales a extranjeros.

Puedo entender que muchas de estas manifestaciones están movidas por el dolor y por el miedo, pero muestran que está calando un mensaje: los "moros" son peligrosos y su inmigración es una estrategia, para, a modo de caballo de Troya, introducirse en nuestras sociedades occidentales y agredirnos en cuanto nos descuidemos.

En mi trabajo tengo contacto con bastantes familias de otras culturas y todas tienen algo en común. Han emigrado buscando únicamente una vida mejor para ellos y para sus hijos que la que, habitualmente por motivos de violencia o económicos, tenían en sus países de origen.

Y esto que tienen en común las familias de Senegal, Marruecos, Argelia, China o Rumanía es lo único que las diferencia de las familias españolas. Lo diré más claro: no son personas más violentas que nosotros, ni más vagos, ni más aprovechados, ni más radicales, ni más machistas, ni más incultos... Son exactamente como nosotros. Podéis preguntarle a Wang.

Claro que hay alimañas entre las familias de origen extranjero. Como las hay en las familias nacionales. Y haremos bien en controlarlas e impedir que causen daño en nuestras comunidades. Pero creo que estas generalizaciones tipo "musulmán = islamista radical" no son el camino.

Personalmente me parecen generalizaciones tan interesadas e injustas como otras con las que venimos lidiando en acción social. Por ejemplo la de "gitanos = vagos aprovechados", o "enfermo mental = violento peligroso", o tantas otras que en esta cultura neoliberal de mensajes simplones sólo pretenden sembrar las condiciones para que los privilegiados sigan enriqueciéndose.

Y no soy experto ni en geopolítica ni en historia, pero creo que responder a la violencia con violencia es siempre una mala opción.

viernes, 27 de enero de 2017

Wang y el efecto llamada

La verdad es que no pensaba comentar en este blog ese proyecto del Gobierno, expresado en la última Conferencia de Presidentes de Comunidades Autónomas, que consiste en la creación de una "Tarjeta Social" y que en el fondo no es sino una "Tarjeta para pobres" en un retorno 2.0 a los antiguos Padrones de Beneficencia.


 
Porque como medida, no deja de ser una anécdota. Peligrosa, eso sí, pero tan sólo un reflejo más y la lógica consecuencia de aquello en lo que hemos convertido el Sistema de Servicios Sociales. La situación de este sistema, y por ende, la situación de la protección social en nuestro país es lo verdaderamente preocupante.

Sobre la tarjetita de marras ya se ha pronunciado magnificamente tanto la Asociación de Directores y Gerentes de Servicios Sociales (ver este enlace) como nuestra compañera bloguera Belén (en este otro). No podría yo expresar con mejores palabras la necesidad de oponerse a esta medida, así que os las ahorro.

Del mismo modo que me proponía abstenerme de comentar los argumentos para la creación de esta tarjeta que tan bien exponía Javier Maroto, el Vicesecretario del Partido Popular y que basicamente se reducen a decir que hay que controlar las ayudas sociales pues hay personas que abusan mucho de ellas (enlace). Naturalmente, luego lo adornan todo con un poco de neo-jerga y hablan de eficacias, duplicidades, accesos, racionalizaciones... que intentan crear confusión respecto a la motivación fundamental: la persecución inmisericorde del posible fraude de los pobres en las ayudas sociales.

Pero hete aquí que aparece un nuevo personaje en la escena, el economista José Carlos Díez, encargado al parecer de asesorar al PSOE en el diseño de sus próximas propuestas económicas. Y va el elegido para tan noble tarea y se descuelga con un argumento en contra de la posible creación de una renta básica: que atraería tantos inmigrantes que habría que controlarlos con francotiradores en las fronteras (sic) .


Más allá de lo violentas de sus palabras, sobre las que pidió perdón y quiero pensar que fue un desafortunado error, pues no creo que piense de verdad que haya que matar a balazos a los inmigrantes  en nuestras fronteras, las declaraciones tienen un trasfondo preocupante.

Preocupante porque un economista elegido para asesorar al PSOE y un vicesecretario del PP comparten la misma ideología sobre las ayudas sociales (admitamos para el debate que la renta básica lo sea). Tanto uno como otro comparten los mismos prejuicios sobre los beneficiarios de las mismas y que muy groseramente se resumiría así: "hay que tener mucho cuidado con qué ayudas sociales se crean y cómo se instauran, pues hay unas hordas de pobres, dentro y fuera de nuestras fronteras, dispuestas a hacer un uso abusivo de las mismas y aprovecharse así del esfuerzo de todos". Ambos, además plantean las mismas medidas de control para evitarlo: el uno con la tarjetita y el otro con el control de las fronteras.

Tan parecidas son las declaraciones de uno y otro sobre el efecto llamada que Wang me ha recordado una entrada que escribi allí por el año 2014, sobre unas que hizo Javier Maroto, cuando éste era todavía sólo Alcalde de Vitoria, donde ya mostraba su enérgico y tenaz compromiso para evitar el fraude en las ayudas sociales y señalaba ese "efecto llamada" sobre su ciudad. La titulé "Fauna Ibérica" y os invito a que la leáis.

Tarjetas que nadie quiso controlar...
Me gustaría que el tenaz Vicesecretario dedicase la mitad del esfuerzo que dedica a pensar cómo controlar a los pobres en cómo controlar el fraude de las grandes empresas. Tanto como que el atribulado economista que se preocupa tanto de los posibles inmigrantes que puedan cruzar nuestra frontera al calor de las ayudas sociales, lo hiciese de los capitales en negro que las cruzan hacia los múltiples paraisos fiscales que el sistema mantiene.

Porque esta coincidencia ideológica entre estos dos actores, aparentemente antagónicos, sólo refleja que en nuestra sociedad se ha impuesto ese modo de pensar sobre las ayudas sociales, los pobres y los inmigrantes. Percibo una mayoría social convencida de que el fraude en las ayudas sociales es un grave y extendido problema que pone en riesgo la sostenibilidad del sistema de protección social. Mientras esta ideología no cambie tendremos muy crudo construir nada.

Y en cuanto al efecto llamada, Wang, como inmigrante, lo tiene muy claro. Los inmigrantes no vienen al calor de nada. Vienen huyendo del frío, del hambre y la violencia en sus países. Frío, hambre y violencia que nosotros vergonzosamente consentimos.

miércoles, 1 de abril de 2015

¿Pueden los esquizofrénicos pilotar aviones?

Ya disculparéis que el título de la entrada sólo guarde con el contenido una relación tangencial. Porque no voy a hablar especificamente de esa enfermedad mental, ni de los estigmas o dificultades que las personas afectadas padecen. Con vuestro permiso, voy a utilizar la pregunta a modo de metáfora de la realidad política actual.


El trágico accidente aéreo acaecido la semana pasada ha abierto una serie de debates y reflexiones que los que nos dedicamos a lo social haríamos bien en desarrollar. Dudo que vaya a hacerse con la suficiente profundidad. Cuando pase un poco de tiempo, el dolor se diluya un poco y el morbo descienda, pasaremos página como en tantas otras tragedias semejantes. Aprenderemos algo, seguro, pero dudo que sea algo más allá de lo superficial.

Como os digo, yo no voy en estos momentos a referirme a estas reflexiones. El suicidio, la inclusión social de las personas que padecen algún trastorno mental, su tratamiento (en demasiadas ocasiones exclusivamente farmacológico), la depresión, la esquizofrenia, la fuerte estigmatización de los afectados... Son temas que requieren un desarrollo pausado que no voy a hacer por ahora. En todo caso, si estos temas os interesan os recomiendo que visitéis el blog del compañero Sergio Siurana "Esquizofrenia y Terapia Familiar", que contiene artículos y materiales bien interesantes sobre ellos. También podéis consultar los materiales del "Proyecto Chamberlin" y su campaña contra el estigma y por la sensibilización social en las enfermedades mentales.

Y apuntado el tema, os explico por qué lo utilizo como metáfora.

La esquizofrenia es un diagnóstico utilizado para describir varios trastornos mentales, todos ellos ciertamente complejos tanto en su etiología como en su fenomenología o en su tratamiento. Generalizando mucho diremos que alguien con esquizofrenia suele desarrollar diversas alteraciones en la percepción de la realidad, acompañadas de conductas que resultan anómalas para la comunidad. Síntomas frecuentes son las creencias falsas, pensamientos poco definidos y confusos, alucinaciones, reducción de las actividades de relación y de la expresión de emociones.

Todo ello me ha venido a la cabeza estos últimos días, presenciando las últimas decisiones que el gobierno de nuestra nación ha tomado en materia de política social, en especial sobre la asistencia sanitaria a inmigrantes irregulares.

Si algo ha demostrado en el tiempo que lleva gobernando el Partido Popular es su especial insensibilidad hacia el sufrimiento de los más débiles, con una falta de empatía tal que, a mi juicio, cae dentro del trastorno afectivo propio de muchas enfermedades mentales.

Pero no sólo eso. Además de esa crueldad, la política social de este gobierno pasará a la historia por su torpeza. El nivel de improvisación y chapuza con el que diseñan sus políticas es algo digno de estudio, fruto sin duda de un elevado nivel de prepotencia, ignorancia y desinterés. Y probablemente  a causa de las falsas creencias con las que la esquizofrenia neoliberal que padecen afecta a sus confusos pensamientos.

Como digo, no hay mejor muestra de todo ello que esa especie de "baile de la yenca" en que han convertido el acceso de los inmigrantes irregulares a la asistencia sanitaria. Hace tres años, en una medida cruel como pocas se han tomado, excluían del acceso normalizado a miles de immigrantes. Poco les importó quebrar la universalidad del sistema, o el grave riesgo para la salud pública que se generaba, ni los avisos sobre la saturación de urgencias que iba a suponer. Ni qué decir de las situaciones de sufrimiento que iba a crear. Una medida basada en una ideología racista que ni siquiera podía justificarse esta vez por razones económicas.

Ahora intentan plantear de nuevo el acceso al sistema sanitario normalizado del que fueron expulsados, pero con la rigidez y la falta de autocrítica propia de estos enfermos mentales, al no poder reconocer su equivocación plantean un acceso condicionado, sin reconocer derechos ni restituir el caracter universal del sistema de salud. Para ello utilizan los argumentos que antes negaban. En mi pueblo se denomina a estas actuaciones comportarse "como pollo sin cabeza" y creo que también es una buena metáfora de la sinrazón con la que gobiernan y de la confusión que crean.   

Resumiendo. Que no voy a contestar a la pregunta sobre si los esquizofrénicos pueden pilotar aviones. La verdadera pregunta que tendríamos que hacernos es si deberían gobernar sociedades.

lunes, 19 de enero de 2015

Wang y la Yihad


Con motivo del revuelo causado por los atentados yihadistas en París, a nuestro Gobierno, encabezado por el pío Jorge Fernández Díaz, Ministro del Interior, se le ha ocurrido poner en marcha el Plan Nacional de Lucha contra la Radicalización Violenta Islamista, una especie de Plan de choque contra la Yihad…



Al parecer este Plan llevaba varios años elaborándose, pero como para este Gobierno la proactividad es un concepto desconocido, prefieren actuar reactivamente y, tras los atentados de París, deciden poner en marcha este Plan. Podéis consultar aquí o aquí la noticia. Es “la hora de la acción”, parece que ha manifestado el ministro. Eso necesitamos. Hombres de acción como él. 

La verdad que este tipo de planes no suelen llamar mucho mi atención. La mayoría de las ocasiones no son sino operaciones de maquillaje con las que los gobernantes pretenden dar la impresión que se ocupan con eficacia de un asunto del cual, en el fondo, o bien no tienen ningún interés en ocuparse, o bien no tienen ni idea de cómo hacerlo.

Pero en este caso, sí ha llamado mi atención. Lo ha hecho porque entre sus medidas plantean que los trabajadores sociales (junto a médicos y profesores) estén atentos a detectar los síntomas de radicalismo entre los musulmanes. 

Otros compañeros de la Blogotsfera, como Eladio, (enlace) también ha comentado esta noticia y de modo más general, Nacho (enlace)  hace unas sugerentes reflexiones sobre la relación entre el hecho religioso y el Trabajo Social. Os invito a consultar sus entradas, si no lo habéis hecho ya.

Por mi parte, no conozco en profundidad el Plan del ministro (como os digo, me dan una pereza este tipo de planes...), pero el oportunismo del momento elegido para su puesta en marcha (ya veremos...), me hace pensar en su ineficacia, pues creo que el diagnóstico del que parte está errado y las medidas que proponen no van a servir para nada.

Transcribo a continuación lo que la noticia dice sobre el objetivo del Plan y algunas de sus medidas:

        "El objetivo del plan es «establecer estructuras operativas y administrativas específicas» para «crear cauces fluidos de intercambio de información» entre las distintas administraciones y también con la sociedad civil para poder «intervenir (…) desde todos los ámbitos» cuando se detecten «manifestaciones de radicalidad o violencia extremista», reza el resumen. De la coordinación de todos estos actores se encargará Interior a través de una «estructura interministerial». Barrios o distritos con fuerte concentración de población musulmana son los «escenarios principales» en los que se luchará contra la radicalización. De ahí la necesidad de «diseñar un intercambio específico de información» entre los ayuntamientos e Interior.
       En cada distrito habrá un delegado, al que se le impartirá una formación ad hoc, según fuentes conocedoras del plan. Éste será el receptor y primer evaluador de las sospechas que le trasladen profesores de instituto que observen, por ejemplo, el cambio de atuendo de un alumno; las trabajadoras sociales a las que un joven ya no quiera dar la mano; los médicos cuya paciente rehúse de pronto desvestirse, etcétera."

            ¿Os imaginaís el escenario? Trabajadoras sociales mosqueadas porque ese joven al que hasta ahora se le daba la mano, de repente, se niega a recibir ese saludo. Y convirtiendo ese mosqueo en una denuncia ante esa especie de “comisarios políticos” (no encuentro mejor modo de denominar a esos delegados) que pretenden crear.

¿En serio plantean que eso pueda o vaya a hacerse? Y en su caso… ¿de verdad piensan que eso va a servir para algo? Francamente, me resulta hasta cómico que puedan pensar en este tipo de medidas. Si la función de control social es algo sobre lo que el Trabajo Social anda permanentemente debatiendo, este tipo de medidas pretenden institucionalizarla de un modo tan grosero e infantil que, ya os digo, es de risa. O de llanto.

Más allá del tipo de medidas que se destacan, reaccionarias y retrógradas como las que suele gustar a este PPgobierno (ver Ley Mordaza, por poner un ejemplo reciente), me gustaría llamar la atención sobre el modelo en que parece que se asienta el Plan.

“Establecer estructuras operativas y administrativas específicas”, se define como uno de los objetivos del Plan. Otro chiringuito, vamos. Medidas aisladas, chiringuitos “ad hoc” que igual que se crean morirán de inanición, mientras el sistema se deshace y se destruye.

Esta violencia ha de tratarse en su globalidad, y para ello el único camino es consolidar (y no recortar) los sistemas públicos de protección social.

El único camino es dotar al sistema de servicios sociales (y al sanitario y al educativo) de profesionales suficientes para desarrollar proyectos de educación, de prevención, sobre igualdad, sobre interculturalidad, sobre convivencia, sobre respeto, sobre violencia... y para que podamos atender a la población (a toda la población) de modo inclusivo. Ello implica reforzar las estructuras existentes, incrementar sus recursos, definir protocolos, funciones, crear cauces de coordinación y participación…

Pero mucho me temo que para ese tipo de políticas ya pasó su tiempo. Hoy, los gobernantes del Partido Popular han instaurado un nuevo régimen. No les ha costado mucho, el terreno estaba en cierto modo abonado. Es el régimen de la represión y la exclusión. Lo demuestran a cada momento. Están convencidos de que políticas exclusivas como la de retirar el derecho a la asistencia sanitaria a inmigrantes irregulares sirven para algo y que no tienen que ver nada en la aparición de otro tipo de problemas (como la radicalización o la violencia, por ejemplo...).

En vez de prevenir y educar prefieren castigar y reprimir. En vez de globalizar, fomentar procesos y potenciar estructuras prefieren fragmentar y aplicar remedios aislados. El mayor problema es que están convencidos de que funciona.

Wang, que como sabéis tiene un oscuro pasado como sanguinario guerrero de la tribu de los Tai-Ping, está muy enfadado. Cualquier día vuelve a coger las armas...
 

viernes, 21 de noviembre de 2014

Mensajes fáciles.

Nos van los mensajes fáciles. Que no requieran demasiado esfuerzo para comprender, para analizar o que nos hagan reflexionar demasiado. Ideas rápidas que confirmen nuestra visión del mundo, sin atrevernos a contraponer otras miradas.


Os voy a contar una anécdota al respecto. El otro día en el trabajo, tras una larga mañana de reuniones y diversas gestiones, un responsable político me reclama a su lado y me muestra un mensaje de wasap (o como diablos se llame), que acababa de recibir y en el que se venía a decir, más o menos, que los inmigrantes están acumulando todas las ayudas sociales, las cuales se les conceden indiscriminadamente y en detrimento de personas nacidas en España, que ven así perjudicados sus derechos. Quería saber mi opinión al respecto.

El tufillo racista y xenófobo del mensaje estuvo a punto de provocar que le mostrara a mi interlocutor algún otro mensaje que tengo donde se manifiesta con total rotundidad que todos los políticos son unos corruptos  pero afortunadamente me contuve y decidí intentar explicarle cómo funcionan esas "ayudas sociales" a las que se refería el mensaje.

No pude saber si este responsable político daba mucha o poca credibilidad al mensaje, ni si mis explicaciones servían o no para que comprendiera algo más el sistema de servicios sociales, sus objetivos, dificultades y carencias, o si le estaba aportando algún punto de vista diferente que le llevara a cuestionarse sus ideas y sus certezas.

Al menos, él había preguntado, lo cual indica, si no alguna duda, sí al menos la posibilidad de generarla. Pero me quedé pensando en la cantidad de gente que recibe este tipo de mensajes y los da por buenos sin más. Y, sobre todo, la facilidad y rapidez con que se propagan por el mundo digital.

Y es que este tipo de mensajes, tan rápidos, tan breves y fáciles de consumir, encuentran un vehículo perfecto en las redes sociales. Hoy todo es tan rápido que es dificil escapar a la inmediatez de estos mensajes y así, sin darnos cuenta, van configurando nuestra visión del mundo y nuestras actitudes.

El antídoto es complicado, pues requiere un proceso mucho más lento y trabajoso. Leer, reflexionar, argumentar, dialogar... ¿quién tiene tiempo para todo eso?


domingo, 10 de agosto de 2014

Fauna ibérica

Dentro de la fauna ibérica cuyas andanzas y costumbres suelo comentar en este blog, ocupan un lugar privilegiado (casi en el mismo rango que los representantes del empresariado), los alcaldes. Sí, los alcaldes; esos seres que gobiernan nuestras ciudades y pueblos y entre los que de vez en cuando aparece algún espécimen digno de estudio. Como éste que os traigo hoy: Javier Maroto, alcalde de Vitoria y ¡oh, causalidad!, del PP.


No sé si será el acceso a la alcaldía (con esa agradable sensación de omnipotencia al haber quedado primeros en algo...) o es que vienen así de serie, pero cuando un alcalde se lía a hablar sobre cuestiones sociales suele dejar comentarios que en este blog no podemos dejar pasar.

Y en este caso el amigo ha tenido suerte: Wang está de vacaciones y, seguramente, hubiera sido mucho más radical que yo. Porque sin duda, las manifestaciones que ha hecho este alcalde son bastante radicales. Os las cuento. Enlace.

Aunque podéis consultarlas en el enlace que os pongo, os resumo que este personaje en concreto ha venido a decir que "los inmigrantes, sobre todo marroquís y argelinos, viven de los servicios sociales que pagamos todos". Naturalmente, (seguro que es lo que pretendía) se ha generado una polémica importante. Supongo que tales manifestaciones vendrán refrendadas de un concienzudo análisis y unos rigurosos informes que, sin duda, pondrán de manifiesto lo que todos ya saben: que los inmigrantes son un atajo de vagos y defraudadores que se aprovechan de las ayudas sociales para vivir sin trabajar y que por esta causa, están perjudicando a los nacionales que se ven privados de las ayudas que (estos sí) sin duda merecen.

Tales manifestaciones, a mi juicio, contienen tres críticas importantes: una, al Sistema de Servicios Sociales en general, que  tiene diseñadas unas ayudas sociales inadecuadas que permiten que la gente se aproveche de ellas y viva, cual parásito social y sin esfuerzo ninguno, del dinero de los demás; otra, a los profesionales de dicho Sistema, que lejos de controlar el adecuado uso y seguimiento de las ayudas, las dan indiscriminadamente sin criterio ni análisis; y la tercera a los propios inmigrantes, como hemos dicho y por resumir, unos delincuentes aprovechados.

Ya hace unos años, cuando este blog comenzaba, comenté en un par de entradas: Algo hemos hecho mal y Los míos, unas noticias parecidas. Es recurrente dentro de la ideología neoliberal el argumento de culpar al inmigrante (y al pobre, al parado...) de aprovecharse de las ayudas sociales. Ya por entonces terminaba mis reflexiones con otros datos: los inmigrantes han aportado al conjunto del país mucho más que lo que han obtenido. Pero esto es una realidad que a esta gente no le interesa señalar.

Y no lo hace porque, simplemente, les quita argumentos para su estrategia: el desmontaje y destrucción de cualquier sistema de protección social.

De todas formas, lo que de verdad me irrita no son los argumentos. Al fin y al cabo, los espero de esta gente. Lo que sí me molesta más es la gran repercusión que obtienen y los sentimientos de odio y rechazo que alientan entre grandes capas de la sociedad.  Y que los políticos que exhiben este argumentario de una manera tan irresponsable, presuman además de ser los valientes que por fín dicen las cosas que nadie se atreve a cuestionar.

Pues bien, yo, que soy de naturaleza confiada, estoy dispuesto a admitir que este alcalde tiene razón. Seguro que tiene estudios que demuestran y apoyan sus argumentos. Datos incontestables que demuestran el alto grado de fraude en la percepción de las ayudas por parte de argelinos y marroquís. A cambio de mi confianza, le pido a este alcalde (dudo que lea ésto, así que lo daré por hecho) que confíe también en mí.

Porque yo también he hecho algún estudio. Es sobre los alcaldes. Tras recopilar numerosos informes y datos y pedir a algunos catedráticos de la prestigiosa Universidad de Old River of Down que los analizasen, he llegado a unas cuantas conclusiones, que pueden resumirse en la siguiente tesis:

Los alcaldes viven de los impuestos que pagamos entre todos. Son un verdadero problema para esta sociedad. Ineptos en su gobierno y con el único interés de su beneficio propio se están aprovechando de todos nosotros, viviendo sin apenas esfuerzo y dilapidando ineficazmente montones de dinero público. Por su causa, todos estamos teniendo que pagar las consecuencias y tenemos una calidad de vida muy inferior a la que podríamos.

¿Que os parecen injustas estas conclusiones? No sé por qué. Están basadas en  fuentes parecidas a las que utiliza el alcalde de Vitoria.

Como os digo, me alegro que Wang esté de vacaciones: porque ahora estaría proponiendo la expulsión inmediata del país de cualquier político que haya sido alcalde estos últimos años. ¿A dónde, podéis preguntar? Conociendo a Wang seguro que propondría expulsarlos a Marruecos o Argelia.

Porque otra cosa no, pero Wang es de un ocurrente...

lunes, 1 de abril de 2013

Exámenes

Esta Semana Santa pasada he visto a Wang leyendo un libro. Nada inhabitual, si no fuera por el título: "Historia de España". Desconocía el interés de mi amigo por la historia de nuestro país, así que le he preguntado por los motivos de esa lectura. 

 

     
      - "Estoy preparándome." -Me ha respondido.-
      - "¿Preparándote? ¿Para qué?."

      - "Para el examen".

      - "No sabía que estuvieses estudiando algo. ¿De qué materia se trata?

      - "No sabría cómo decirte". -me reconoce- "Creo que lo llaman ESPAÑOLIDAD."
 
Por poco me trago entera la torrija que me estaba desayunando.  Sin duda tenía que ser una broma que me estaba gastando Wang. Tal vez en su país fuera un día parecido al de los Santos Inocentes, o algo así. Pero no. Lamentablemente no era una broma.

Parece ser que nuestros gobernantes están pensando en que los inmigrantes que pretendan (osados ellos...) solicitar la nacionalidad española deberán pasar unos exámenes oficiales en los que acrediten que conocen el castellano y que están suficientemente integrados en la sociedad. Ver enlace.

Yo no se la querencia que tiene esta gente que nos gobierna por esto de los exámenes. Parece ser que no se quedaron tranquilos introduciendo reválidas y nuevas pruebas en la definitiva y penúltima reforma educativa. Sedientos como los veo por crear la sociedad elitista con la que sueñan, ahora se plantean poner impedimentos a esos advenedizos inmigrantes que pretenden ser como nosotros.

Hace ya unos meses que hablé en este blog de este tipo de políticas, y de su preocupante refrendo por parte de grandes sectores sociales. (Entradas "Los míos. (I)" y "Algo hemos hecho mal. Los míos (II)"). Falacias del tipo "es insostenible dar prestaciones a los inmigrantes", han calado hondo en la sociedad y teñidas de ciertas actitudes racistas se convierten en un perfecto caldo de cultivo para políticas restricitivas y exclusivas como la del examen que estamos hablando.

Y no es que esté en contra de los exámenes. Como todo, me parece una herramienta imperfecta pero útil para seleccionar, para demostrar conocimientos o aptitudes. Lo que critico de esta iniciativa es que se utilice la herramienta para excluir.

Porque si la medida sale como está en los medios... ¿Cómo va a demostrar alguien que está o no integrado en la sociedad mediante un examen? Y los que no están integrados (o no consigan demostrarlo), ¿negarles la nacionalidad va a favorecer su integración?

Pero vayamos un poco más allá. ¿Les quitamos la nacionalidad a todas las personas que estén en situación de exclusión social? Mensaje para gitanos, pobres, mendigos, mujeres, discapacitados... que se encuentren excluidos: -No se merecen ustedes ser españoles. Han vivido por encima de sus posibilidades y ahora deben pagar las consecuencias.

Por mi parte, cuando veo políticas como ésta suelo refugiarme en los principios de nuestra profesión. No voy a ser pesado, pero por ejemplo en el Artículo 7 de nuestro Código Deontólogico queda bien claro que nuestra profesión se basa  en los valores universales de la dignidad, la libertad y la igualdad. Atención a la definición de este último: "Igualdad: Cada persona posee los mismos derechos y deberes compatibles con sus peculiaridades y diferencias."
De los valores y principios básicos derivan varios principios generales (que no voy a copiar enteros, aunque ganas no me faltan), que me parecen una magnífica guía para la intervención profesional y para argumentar porqué, como trabajadores sociales, no podemos estar de acuerdo en iniciativas como ésta. Os invito a que los leáis con atención. Sólo señalaré uno, por ejemplo: "9.-  Solidaridad, implicarse en el logro de una sociedad inclusiva, y la obligación de oponerse a las situaciones sociales que contribuyen a la exclusión, estigmatización o  subyugación social."

Pero como se que a pesar de toda oposición que podamos hacer, van a terminar aprobando esta medida, me voy a permitir darles una serie de ideas de cara a esos exámenes para que los inmigrantes demuestren que conocen nuestra identidad española:

  • Tema I. La fabricación de rabos de boina. Industria floreciente en la historia reciente de España y con grandes posibilidades para el futuro.
  • Tema II. Los toros. Vacas, vaquillas y toreros famosos de la última década.
  • Tema III. ¿Bárcenas? ¿Quién conoce a Bárcenas?
Yo creo que con estos tres temas van sobrados, pero si se os ocurren otros, no dudéis en proponerlos.

Yo personalmente voy a ponerme muy en serio con una idea que todo esto me ha sugerido. Sin duda el examen mas necesario de todos va a ser uno para políticos. Con dos partes: una antes de las elecciones y otra inmediatamente después. Eliminatorio, claro.

Hasta otra.


    sábado, 22 de septiembre de 2012

    De Borbones y tópicos.

         Este verano que ahora termina he tenido la "oportunidad" de pasar unos cuantos días de hospitales, acompañando a un par de familiares. He podido presenciar en primera persona las virtudes y defectos de nuestro sistema sanitario (el público y el concertado), así como el deterioro que los recortes están produciendo. Pero no me voy a referir a nada de todo esto, porque en esta experiencia hay cosas que he presenciado y que me han preocupado más si cabe.
        Durante las largas horas de espera en los hospitales he podido entablar algunas conversaciones con distintas personas sobre diferentes temas, desde los más intrascendentes a los más actuales y comprometidos. E invariablemente cuando se comenzaba a hablar de estos últimos, había tres que destacaban sobre el resto. Se trata de la monarquía, los recortes y deficiencias en la Sanidad y los inmigrantes.

         En el primero, prácticamente unanimidad. A pie de calle y a pesar de lo que digan las estadísticas, la institución de los Borbones no parece estar atravesando sus mejores momentos en cuanto a la valoración popular. El comportamiento del Rey y de su numerosa Corte han conseguido granjearse la enemistad de la ciudadanía y ahora se les percibe como una especie de parásitos que se pegan la gran vida a costa de los sufridos (más bien sufrientes) contribuyentes.
         Pero si el merecido descrédito de la Corona es importante, es mera anécdota respecto a los dos siguientes.

         En el de los inmigrantes, pues la verdad es que he vuelto asustado. Ha calado muy hondo en la sociedad la idea de que los inmigrantes tienen la culpa de gran parte del "excesivo" gasto social en educación o en sanidad, principalmente. Los tópicos más tópicos sobre el tema están muy vivos y casi todos están de acuerdo: hay muchos inmigrantes y es insostenible mantenerlos a todos, pues viven de las ayudas y están aquí para beneficiarse y abusar de nuestros servicios públicos. Me ha sorprendido cómo la gente, sin datos y sin reflexión, sostiene con contundencia estas afirmaciones.

         El tercero de los temas más frecuentes en mis debates hospitalarios ha sido, no podía ser de otra manera, la situación de la Sanidad. La gente se queja de los tiempos de espera, de la masificación en urgencias, del trato y ejercicio de algunos profesionales o de las deficiencias de las instalaciones, pero en general valora muy positivamente la atención que el Sistema Sanitario nos procura, que es percibido como eficaz y profesional. La percepción general es que los recortes lo están haciendo cada vez más incomodo y hay una preocupación bastante extendida sobre que cada vez haya menos y peores prestaciones sanitarias.
       Lo que he percibido es que hay cierta comprensión respecto a estos recortes. Se ven como inevitables y se entiende que nuestro sistema sanitario, tal y como lo hemos tenido, universal y gratuito, era un lujo que ahora no nos podemos permitir.

       Se que mis amables y coyunturales contertulios no son una muestra representativa de ningún sentir popular, así que me abstendré de generalizar ninguna conclusión. Pero a nivel de sensaciones, he sacado la impresión de que estas actitudes son más frecuentes de lo que esperaba.

        Naturalmente, me he abstenido también de discutir la mayoría de estas afirmaciones. Ya me ha pasado alguna vez, y cuando hablas de déficit público, de porcentajes del PIB o de distribución de rentas la gente te mira como una vaca a un tren. Así que dado que en estos entornos hospitalarios lo primero es la convivencia, me he limitado en estos debates a lo que podríamos llamar "observación no participante", suponiendo que algo así, como sabemos, pueda existir.
         Pero como es lo que he vivido, os lo cuento.

         ¡Ah!, se me olvidaba. Hay un cuarto tema en el que hay bastante consenso: este Gobierno no lo está haciendo bien.
         - ¡Algo es algo!, dijo Wang cuando se lo conté.