Hoy quiero dejar por un momento la política social y los servicios sociales y voy a centrarme en un aspecto que no suelo tocar en el blog. La relación entre los profesionales del Trabajo Social y los usuarios. O al menos, en algunos aspectos de esta relación.

Sé que la crisis ha llevado hasta nuestros servicios una gran presión asistencial (no sólo por el incremento de las necesidades ciudadanas, también por los modelos que se prestigian y se potencian para subvenirlas) y muchos profesionales se sienten desbordados, generándose las condiciones para que se den este tipo de comentarios. Pero no puedo evitar considerarlos tremendamente injustos. Injustos para los usuarios e injustos para nuestra profesión, a la que creo que no aportan nada bueno.
El contexto asistencial es uno de los contextos más extendidos en nuestra profesión. En la actualidad ha fagocitado muchos servicios y profesionales, viéndose convertidos en máquinas expendedoras de diversos recursos (las más de las veces prestaciones económicas, no nos engañemos) ante diferentes situaciones de necesidad para las que se tiene demasiado poco tiempo para analizar y valorar.
Pero la extensión de este contexto no tiene en la crisis la única explicación. Tradicionalmente muchos profesionales han visto en él un refugio para hacer un tipo de Trabajo Social que consideraban eficaz y para el que no eran necesarios poner en juego demasiadas habilidades o destrezas técnicas. Del mismo modo se ha llevado en ocasiones demasiado lejos la construcción del modelo de provisión social basado en los análisis necesidades-recursos.
Hemos olvidado frecuentemente el resto de contextos profesionales y las claves de la relación de ayuda han quedado limitadas, constreñidas a la dimensión asistencial. Es desde aquí donde surgen estos comentarios a los que me refiero.
La mentira. Oigo (y hasta leo en ocasiones) que los usuarios intentan engañarnos, falsear sus datos y situaciones para acceder a las prestaciones que manejamos. Los profesionales que defienden esto se están traicionando por el contexto asistencial en que se desenvuelven y desde ahí interpretan como interés manipulativo situaciones y actitudes que poco tienen que ver el engaño y la manipulación. Más bien tienen que ver con mecanismos relacionales y psicológicos que las más de las veces se producen por los mecanismos de defensa y estrategias de supervivencia psicológica que las personas en situación de sufrimiento y necesidad deben construir.
Personalmente puedo decir que he visto como me mentían en muchas ocasiones. Además del asistencial, estas mentiras son muy frecuentes en el contexto cohercitivo, por ejemplo. En bastantes de esas ocasiones, me han engañado. Lo que sí puedo decir es que nunca me he sentido traicionado.
¡Por supuesto que la mentira y el engaño me han enfadado! Pero es nuestra obligación trascender este enfado y, con paciencia, ir deconstruyendo el complejo artificio psicológico que la persona ha construido. Comprendiendo sus razones, legitimándolas desde su malestar, analizando las relaciones de poder en que se producen, contextualizándolas dentro de una historia personal y familiar llena de necesidades insatisfechas sobre las que la persona ha ido desarrollando los mecanismos de defensa que le han llevado a utilizar la mentira con nosotros.
La mentira de los usuarios no es una traición. Tan sólo (nada más y nada menos) señala un lugar desde donde construir una verdadera relación de ayuda, mucho más profunda (y eficaz), que los juegos de policías y ladrones que desde el contexto asistencial nos imaginamos con los usuarios.
En cuanto a lo del agradecimiento de los usuarios para con nosotros, cada vez que lo oigo no puedo evitar pensar en las carencias técnicas y metodológicas (y probablemente personales) de los profesionales que las profieren. Pero como la entrada se hace muy larga, dejaré este tema para futuras ocasiones.
Mientras, os dejo con este poema de Shakespeare, que siempre me ha parecido una deliciosa forma de definir los aspectos relacionales de las mentiras:
Hemos olvidado frecuentemente el resto de contextos profesionales y las claves de la relación de ayuda han quedado limitadas, constreñidas a la dimensión asistencial. Es desde aquí donde surgen estos comentarios a los que me refiero.
La mentira. Oigo (y hasta leo en ocasiones) que los usuarios intentan engañarnos, falsear sus datos y situaciones para acceder a las prestaciones que manejamos. Los profesionales que defienden esto se están traicionando por el contexto asistencial en que se desenvuelven y desde ahí interpretan como interés manipulativo situaciones y actitudes que poco tienen que ver el engaño y la manipulación. Más bien tienen que ver con mecanismos relacionales y psicológicos que las más de las veces se producen por los mecanismos de defensa y estrategias de supervivencia psicológica que las personas en situación de sufrimiento y necesidad deben construir.
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¡Por supuesto que la mentira y el engaño me han enfadado! Pero es nuestra obligación trascender este enfado y, con paciencia, ir deconstruyendo el complejo artificio psicológico que la persona ha construido. Comprendiendo sus razones, legitimándolas desde su malestar, analizando las relaciones de poder en que se producen, contextualizándolas dentro de una historia personal y familiar llena de necesidades insatisfechas sobre las que la persona ha ido desarrollando los mecanismos de defensa que le han llevado a utilizar la mentira con nosotros.
La mentira de los usuarios no es una traición. Tan sólo (nada más y nada menos) señala un lugar desde donde construir una verdadera relación de ayuda, mucho más profunda (y eficaz), que los juegos de policías y ladrones que desde el contexto asistencial nos imaginamos con los usuarios.
En cuanto a lo del agradecimiento de los usuarios para con nosotros, cada vez que lo oigo no puedo evitar pensar en las carencias técnicas y metodológicas (y probablemente personales) de los profesionales que las profieren. Pero como la entrada se hace muy larga, dejaré este tema para futuras ocasiones.
Mientras, os dejo con este poema de Shakespeare, que siempre me ha parecido una deliciosa forma de definir los aspectos relacionales de las mentiras:
Mi vida, ¡cuánto te quiero!
dijo mi amada y mentía.
Yo tambien mentí: -Te creo.
Te creo, dije pensando:
así me tendrá por niño.
Mas ella sabe mis años.
Si dos mentirosos hablan,
es la mentira inocente,
se mienten, mas no se engañan.
Poema que el cancionero apócrifo de Machado refleja de esta manera:
Oí decir a un gitano:
-se miente, más no se engaña
y se gasta más saliva
de la necesaria.
Cuando dos gitanos hablan
es la mentira inocente:
se mienten y no se engañan.
Hasta la próxima.