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viernes, 30 de marzo de 2018

Quo vadis?

Quo vadis es una frase latina que significa "¿Adónde vas?", famosa entre otras cosas gracias a la película que con motivo de estas fechas de Semana Santa se proyecta en televisión todos los años.


Así que vamos a aprovechar el contexto y vamos a reflexionar un poco sobre la pregunta que contiene la frase, naturalmente aplicada a nuestro sector, los Servicios Sociales, o más bien el Sistema Público de Servicios Sociales, un sistema que me parece que no está reflexionando lo suficiente hacia donde va. Y como dice el viejo consejo, "si no sabes a donde te diriges, acabarás en otra parte". 

Surgen estas reflexiones al hilo de algunos comentarios recibidos con motivo de mi última entrada, sobre la situación histórica y el fracaso en el devenir de nuestro sistema, y al calor de alguna sugerencia que Fernando Fantova nos hace en uno de sus últimos artículos "Por una industria 4.0 de los servicios sociales"   en el que, ante el incremento de las necesidades derivadas de la diversidad de la población y ante la crisis de las familias y la comunidad para brindar los cuidados y apoyos primarios necesarios, propone "entreverar dinámicamente actividades profesionales de alto contenido relacional con procesos automatizados de control de situaciones y respuesta a necesidades", apoyandose para ello en las oportunidades de la era digital.

Sin duda es un reto para el Sistema, aunque me parece que antes de desarrollar estas prácticas tiene que resolver otras preguntas, como por ejemplo ¿a qué se quiere dedicar?, lo cual tiene que ver de nuevo con lo indeterminado y confuso de nuestro objeto. Desde el "enfoque de derechos" en la intervención social, que se ha extendido sobre todo en la última década, la respuesta a la pregunta está clara: el sistema ha de garantizar los derechos sociales de los ciudadanos. Y desde ahí sólo un fuerte desarrollo tecnológico puede garantizarlo.

El problema vuelve a ser de definición ¿qué es un derecho social y qué no lo es?, así como la pragmática que hay que implementar dentro del sistema. Ya hablé de ello en unas entradas de hace un par de años y que resumí en "De lo nuevo y lo viejo", por lo que no reiteraré las reflexiones que allí hacía. Podéis consultarlas si queréis. 

En todo caso, creo que el futuro pasa por diferenciar claramente la baremación y evaluación de las condiciones para el acceso a recursos, del resto de las situaciones objeto del sistema para las cuales es necesario un diagnóstico profesional más complejo. 

Para las primeras, ese futuro se ha de concretar en plataformas y apoyos que permitan a los ciudadanos un rápido y autogestionado acceso a los recursos. Del mismo modo que en la actualidad hay productos y servicios que antes requerían un contacto relacional entre un profesional y un ciudadano y que ahora se gestionan en plataformas digitales (desde la planificación de un viaje hasta la declaración de impuestos o una trasferencia bancaria, pongo por caso) no tiene que estar lejos el día que los propios ciudadanos podamos acceder a la mayoría de prestaciones y servicios que hoy se gestionan en el Sistema de Servicios Sociales (desde la gestión de una plaza de alojamiento residencial o una prestación económica cuando carecemos de ingresos, por ejemplo).

En cuanto a las segundas, requerirán de equipos interdisciplinares altamente capacitados para gestionar los aspectos relativos a las vicisitudes de la convivencia en sus diversas formas. Quedarán en este nivel las situaciones derivadas de conflicto, violencia, exclusión o incapacidad en lo que afecten a la convivencia familiar o comunitaria.

Domine quo vadis? (1602) by Annibale Carracci
Naturalmente, dado que el Sistema hoy está orientado básicamente a las primeras, dedicandose prioritariamente a la verificación de los requisitos que los ciudadanos han de cumplir para acceder a los recursos, caminamos hacia una fuerte "reconversión industrial", caracterizada sobre todo por la desaparición de múltiples puestos de trabajo de tipo técnico (que realizan fundamentalmente esa verificación) y la creación de algunos de tipo tecnológico y de servicios.

El Sistema tal y como lo conocemos ha de transformarse profundamente. Hay que definir claramente las situaciones objeto del sistema y su nivel de atención y rediseñar las estructuras con las que se abordan. El ahorro en profesionales de gestión ha de invertirse en estructuras tecnológicas, con especial atención a las que permitan evaluar el impacto de las políticas. 

Puede que haya a quien le cueste imaginar este futuro hacia el que caminamos. Pero este se construirá en torno a las claves que comienzan a apuntarse y coherentemente con los valores e ideología dominantes. Estas claves son: 
  • definición de qué derechos sociales (o qué necesidades, en lenguaje arcaico) va a garantizar la sociedad a sus ciudadanos.
  • implementación de plataformas tecnológicas que permitan a los ciudadanos ejercer esos derechos, de un modo individual y garantizando la máxima confidencialidad y autodeterminación.
  • desarrollo de servicios de iniciativa mercantil y social dedicadas a prestar dichos servicios.
Por tanto, ese es el lugar hacia donde vamos. Basicamente hacia la desaparición del sistema tal y como lo conocemos. Su confusión e ineficacia lo ha hecho prescindible.
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En cuanto a la alocución latina que han sugerido estas reflexiones, cuentan que se atribuye apócrifamente a San Pedro, quien huyendo de Roma para no ser crucificado se encontró con Jesús cargando una cruz en la Vía Apia y le preguntó: ¿Quo vadis, Domine? ("¿Adónde vas, Señor?"); el Señor le respondió: Romam vado iterum crucifigi ("Voy hacia Roma para ser crucificado de nuevo").
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Lo cual me parece una digna forma para que muera nuestra sistema. 



jueves, 8 de diciembre de 2016

A propósito de Nadia

Estos días estamos asistiendo al polémico caso de Nadia, una niña de 10 años que padece una extraña enfermedad y cuyos padres llevan años recaudando fondos a través de la solidaridad ciudadana para poder proporcionarle los tratamientos que necesita.


La polémica se ha desatado cuando se ha comprobado que los padres estaban mintiendo respecto a esos tratamientos y que podrían haber estado cometiendo por tanto una estafa. Con la proliferación que ha habido en estos últimos años de este tipo de casos de niños enfermos y padres desesperados, no era extraño que más tarde que pronto aparecieran noticias de este cariz.

Por mi parte, me abstendré de realizar ningún juicio al respecto. Sabéis que estoy en contra de estas iniciativas y expresiones de la solidaridad ciudadana, modelo al que en alguna ocasión he denominado como "Tapones de plástico y gomas de borrar", y que me parece tan injusto como perverso. 

Pero mi crítica al modelo no presupone ninguna crítica a los participantes del mismo. Respeto profundamente el sufrimiento de esos padres y esos niños, así como la buena voluntad del que solidariamente se lanza, en muchas ocasiones tan generosa como irreflexivamente, a ayudarles.

Mi crítica al modelo ya hace mucho tiempo que la hice, allá por el año 2012, apenas comenzando a escribir en este blog. Ya por aquel entonces reflexionaba sobre este tipo de historias en una entrada que me ha parecido oportuno volver a compartir con vosotros y que os invito a que leáis haciendo click en el siguiente enlace, con el nombre que le puse a la misma:
 

 

domingo, 17 de enero de 2016

Gestos confusos

Mientras esperamos que del complicado puzzle político que se ha configurado tras las elecciones salga un gobierno que afronte los graves problemas de este país (aunque perdida toda esperanza de que las cosas en lo social mejoren significativamente esta legislatura), estamos presenciando una serie de gestos que parecen estar sustituyendo, al menos temporariamente, las medidas concretas.


Y pocas veces un gesto ha tenido tanta repercusión mediática como el que de esa nueva congresista llevándose a su hijo a la sesión constituyente de las Cortes. Enlace. De forma inmediata  surgieron voces criticando la decisión de la diputada y acusándola de hacer demagogia, pues el Congreso dispone de guardería y desde la privilegiada posición que ocupa esta madre tenía múltiples alternativas que hacían innecesaria la presencia de su hijo junto a ella en el escaño. 

Al mismo tiempo se emitían encendidas defensas de este gesto, reclamando el derecho de las madres a criar a sus hijos como consideren oportuno y reivindicando la compatibilidad de esa crianza con el ejercicio de sus profesiones en el entorno laboral. Además, se ha interpretado el gesto como una defensa de la crianza a través de una especie de maternidad "full-time", que defiende que la madre no se separe nunca del bebé en los primeros meses o años de su vida e incorporando la lactancia regulada a demanda del lactante y el colecho como la mejor forma de criar al niño.

Por mi parte, no me ha quedado claro qué pretendía con este gesto esta madre-diputada. Si reinvindicar derechos laborales, estilos de crianza como el descrito, ambas cosas a la vez, o ninguna de ellas. No se si el gesto era simplemente consecuencia de la situación de esta madre, que ha decidido ir siempre con su hijo a todas partes, o respondía a un propósito táctico y reivindicativo, pues ambos argumentos se han dado para explicarlo.

Por mi parte, respeto cualquier gesto con el que una mujer decida reclamar derechos sociales o laborales, aunque viniendo de una diputada espero más medidas concretas que gestos. En cualquier caso me parece legítimo que denuncie con su gesto (si eso era lo que pretendía) la situación de las mujeres en nuestro país, con una política familiar practicamente inexistente y que ha decidido que la carga de los cuidados de los niños, de los ancianos o de las personas en situación de dependencia, recaiga exclusivamente en los hombros de las familias y, dentro de ellas, en los de las mujeres.

Espero de esta diputada que proponga medidas legislativas que permitan una verdadera conciliación de la vida familiar y laboral que permita que cualquier familia o mujer pueda decidir el estilo de crianza para sus bebés. Desde aquellas que decidan tener a su hijo las veinticuatro horas del día con ellas hasta las que opten por utilizar guarderías u otros apoyos para la crianza desde los primeros momentos. Para que ni la maternidad ni el desarrollo profesional supongan un problema para la mujer, ni de manera conjunta ni por separado.

Entornos profesionales y legislación laboral que favorezca la cercanía de los bebés junto a sus madres y también con sus padres. Escuelas infantiles públicas y gratuitas desde el nacimiento. Apoyos económicos y técnicos para las familias que decidan cuidar a sus personas dependientes. Centros y recursos externos para aquellas familias que decidan no hacerlo.

Ojalá fuera todo ello lo que pretendiera la diputada. Pero mucho más allá de lo que pretendiera, (cada cuál sabrá lo que defiende y por qué lo hace), y pareciéndome legítimo tanto el gesto como las hipotéticas reivindicaciones, hay algo que no comparto.

Se trata de la presencia del bebé. Si como parece el gesto tenía un propósito táctico, a mí el bebé me sobra en la escena. Todas y cada una de las reivindicaciones que he descrito podían haberse hecho de igual manera sin él.

Creo, sinceramente, que hay otras formas de poner estos temas en el debate social y político y otras estrategias para conseguir los necesarios cambios sociales sin tener que utilizar a un niño para llamar la atención sobre el problema.

domingo, 9 de agosto de 2015

¡Todos a dieta!

No digáis que no os estoy avisando. ¡Cuidado con el sobrepeso! Si este verano, con el relajo de las vacaciones y el calor os estáis dando a los placeres del comer y beber en demasía, os advierto: poneos a dieta cuanto antes y quitaos esos kilos de más que estáis cogiendo.


Tal vez os estéis preguntando a qué viene esta repentina preocupación por vuestro peso. Bueno, he de confesaros que no se trata de una cuestión estética, ni siquiera de salud... Es que acabo de conocer los planes del gobierno británico (ver noticia) para excluir de la sanidad y de las ayudas sociales a los británicos que tengan problemas de obesidad o adicciones y no hagan lo suficiente para adelgazar o desengancharse.

Y como este tipo de medidas empiezan a gozar de un creciente (y preocupante) predicamento entre la clase política y la población general de nuestro país, temo que sean copiadas por alguno de los múltiples gobiernos que nos regulan y, tal vez por culpa de vuestra incipiente barriguita, os veáis excluidos de alguno de los pocos derechos sociales que nos van quedando.

Porque la ideología neoliberal está más extendida de lo que parece, tanto a nivel internacional como a niveles más locales. Ya comenté en otra entrada ("Que se mueran los feos") la medida propuesta por el ministro de finanzas japonés sobre dejar morir a los ancianos por el elevado gasto sanitario que suponen para el país. "Que se den prisa y se mueran", vino a decir el amigo. Y si os parece que Japón está lejos, os recuerdo que algo parecido vino a defender la viceconsejera de sanidad de Madrid, al plantear si tenía sentido que un paciente crónico viviera gratis del sistema. (Enlace) O la noticia que ya comenté en esta otra entrada ("Peligrosas alcaldadas"), en la que me hacía eco de las propuestas de un alcalde de Huelva, para negar los servicios sociales a quienes hubieran cometido algun delito.

Ideología que resume muy bien nuestro ínclito presidente del Gobierno español, con su clarificador concepto de "Solidaridad bien entendida".

Por mi parte, yo lo he entendido perfectamente desde hace un tiempo. La batalla es ideológica y en ella se dirime la construcción de nuestra sociedad. Una sociedad donde el Estado no debe encargarse de la protección social de los débiles, que deben ser abandonados a su suerte a causa de su demostrada indolencia. Todo gasto social debe ser eliminado, pues es un lastre para la economía y la beneficencia puede perfectamente aliviar el sufrimiento de los débiles lo suficiente para que la sociedad no estalle.

Me preocupa cómo esta ideología (claramente urdida por los poderosos para acumular riqueza), ha calado profundamente en nuestra sociedad civil. Cada vez que se propone alguna medida de protección social, no faltan voces que se oponen a ella con argumentos de lo más peregrinos. Ved si no los comentarios que en las redes sociales suelen hacerse contestando estas medidas, o probad a explicarlas en entornos no profesionales. Desalentador.

Así que quedáis avisados. Nada de tapas o cervecita estas vacaciones. No vaya a ser que la próxima vez que necesitéis atención sanitaria o social el profesional de turno os diga que no os puede atender hasta que no perdáis unos kilos.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Dignidad... ¿qué dignidad?



Ayer se celebró el Día Mundial del Trabajo Social, que se conmemora todos los años el tercer martes del mes de marzo. Tuve la oportunidad de participar en la celebración que organizó el Colegio Profesional de Trabajadores Sociales de Aragón. El lema del día tenía una palabra clave: DIGNIDAD, y la verdad es que estuve durante todo el acto con el estómago removido. Os voy a contar por qué.


No, no tuvo nada que ver con la celebración. El acto estuvo muy bien organizado por el Colegio, al que aprovecho para felicitar desde aquí y en especial a su presidente, Javier, por todo el trabajo que están realizando él y el resto de miembros de la Junta para dignificar y potenciar nuestra profesión. Son tiempos oscuros para las organizaciones formales y creo que hay que darle el valor que tiene el trabajo que realizan. Aquí dejo pues mi reconocimiento.

Mi sensación de inquietud y desasosiego tuvo su origen unas horas antes del acto, en el desempeño de mi trabajo por la mañana. A unas compañeras y a mí nos tocó asistir a un juicio donde estábamos citados como peritos, al haber asistido durante meses a una víctima de violencia contra la mujer.

Esta mujer, tras varios años sometida a un maltrato psicológico que la había anulado como persona y afectado gravemente a su salud, había conseguido deshacerse de esa nociva relación y, con el apoyo de diversas instituciones y profesionales afrontarla de una manera adecuada, entre ellas presentando una denuncia por las agresiones que sufría.

A partir de ese momento, como ocurre con muchas de las víctimas de violencia, de cualquier tipo de violencia, comenzó la particular carrera de obstáculos en la que nuestra sociedad ha convertido la lucha de estas víctimas para recuperar su dignidad.

Carrera de obstáculos que culminaba ayer en el juicio al que me refería. Un auténtico esperpento donde más que defendida fue nuevamente agredida. Una re-victimización cruel que presenciamos con una mezcla de asco, incredulidad e impotencia.

No es la primera vez que lo presenciaba. Formalmente nuestra sociedad tiene mecanismos para proteger a las víctimas y a los débiles. En la práctica, sus derechos son vulnerados sistemáticamente. Los ricos y poderosos triunfan siempre. Los pobres y débiles sólo pueden esperar caridad y unas migajas de justicia.

Hemos construido una sociedad donde las victimas de violencia no son defendidas, donde los que carecen de recursos se ven obligados a ejercer la mendicidad institucional en la que hemos convertido el sistema de servicios sociales, donde las personas no valen nada y se les puede arrebatar todo.

Os confieso que tras presenciar cómo a la mujer que acompañábamos por la mañana le era pisoteada de esa manera su dignidad, me costó mucho por la tarde reflexionar sobre ese concepto en el acto del Colegio.

Jorge Barudy es uno de los autores que plantean que las situaciones de violencia no se dan sólo entre agresores y agredidos. Para que se produzcan es necesario un tercer actor: los consentidores. Instigadores, ideólogos, cómplices… pero también los pasivos, los indiferentes, los que no quieren saber o los que, sabiéndolo, no hacen nada para oponerse a estas situaciones y/o tratar de contribuir a crear las condiciones para un cambio.

Creo que es un concepto que puede trasladarse de las situaciones de violencia a cualquier otra situación de injusticia, desigualdad o aquellas donde los derechos humanos y sociales son vilipendiados.

Por eso me parecen más necesarias que nunca iniciativas como el Espacio de Derechos Sociales, plataforma constituida en Aragón para defender los derechos sociales en servicios sociales y donde un grupo de personas y profesionales intentan no formar parte de ese tercer actor al que me refiero. Vaya también mi reconocimiento para este espacio y en especial para todos los trabajadores sociales que lo están apoyando, entre los cuales voy a mencionar a Rosa, siempre en la brecha y en la lucha.

Este Espacio de Derechos Sociales terminó el acto organizado por el Colegio con la presentación y emisión del documental “Derechos Sociales por la Dignidad”, que el Consejo General deTrabajo Social ha elaborado para denunciar la situación actual de vulneración de los mismos.

Vulneración que no está sólo en las grandes cifras. Se refleja en todas y cada una de las familias y de las personas que están sufriendo la violación de sus derechos. Como las que aparecen en el documental y que representan las miles y miles de situaciones en las que los Trabajadores Sociales presenciamos como la dignidad de las personas es agredida.

Como la que nos tocó a nosotros presenciar ayer por la mañana y que consiguió, por un momento, quebrar nuestra esperanza.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Aclarando conceptos bélicos...

A veces utilizo metáforas bélicas en este blog. Que si estamos en guerra, que si estamos invadidos, que si las trincheras de la acción social, que si son tiempos de resistencia... Ya he dicho en otras ocasiones que no me entusiasman estas metáforas, pero las utilizo porque me parece que describen con exactitud algunas dinámicas en las que estamos envueltos los profesionales de la acción social. A pesar de ello, por lo que he hablado con algunos colegas, es conveniente hacer algunas precisiones.


Si alguna vez se me ha interpretado que la guerra a la que me refiero es entre el ejército de profesionales del sistema y las hordas de usuarios que nos invaden, me he explicado bastante mal. Nada más lejos de mi intención. Sé perfectamente cual es mi bando, nuestro bando. Y considero que es un bando compartido con nuestros usuarios, con la gente que lo está pasando mal.

¿Contra quién? 

Pues básicamente contra todos los que militan, más o menos conscientemente, en esa ideología neoliberal que defiende la desaparición del estado de bienestar social y la ausencia de protección social para los desfavorecidos.

Pero no sólo contra éstos. 

También contra todos aquellos que, investidos de una aparente defensa de los derechos sociales, tan sólo buscan su protagonismo y el colocarse medallas al estilo de "el más solidario" o "el más comprometido".

También contra todos aquellos cuya actuación responde más a sus necesidades emocionales de sentirse bien que a una necesidad objetiva del supuesto objeto de esa actuación.

Por supuesto contra todos aquellos que utilizan el sufrimiento humano para hacer política. Para promocionarse, para publicitarse o para medrar.

Contra los que tienen agendas ocultas, y persiguen intereses que nunca confiesan. Contra los que manipulan.

Del mismo modo contra aquellos incapaces de generar sinergias, que se sienten en posesión de la verdad y sólo persiguen el grito y la violencia como única alternativa.

Contra los más puros, los perfectos que todo lo hacen bien, que no saben nadar en aguas revueltas, embarradas, para conseguir los objetivos.

Contra los que son incapaces de utilizar las posiciones "down", y siempre pretenden imponer sus posturas.

Contra los que utilizan a los usuarios y su sufrimiento para sus intereses particulares, cosificándolos para atacar a otros. 

Contra los que utilizan la dialéctica y no la dialógica.

Contra los que consideran que en la acción social todo vale, que cualquiera está preparado, que basta tener un poco de sensibilidad ante el sufrimiento ajeno para opinar, para proponer o para dirigir.

Iluminados, advenedizos, paracaidistas....

Todos ellos sobran. Si no son el enemigo, son unos traidores que están impidiendo la lucha contra él. Hay que extirparlos. Y es difícil, muy dificil.

Esta es mi guerra. Contra todos ellos.

Y aunque sea obvio el decirlo, nunca contra ningún usuario. En ningún caso. Aunque esté seducido, manipulado o utilizado por alguno de los anteriores. 

Espero haber sido claro.


lunes, 15 de septiembre de 2014

Tapones de plástico y gomas de borrar


Cuanto más nos adentramos en la difícil situación socio-económica que nos ha dejado la crisis, más proliferan las iniciativas que apelan a la solidaridad ciudadana para resolver las necesidades de alguna persona o colectivo que precisa de ayuda. Viejas formas de acción social que ¿han vuelto para quedarse?



Septiembre. Tras el verano comienza el curso escolar y todo vuelve a la rutina pos-vacacional. Y con la rutina, la explosión de iniciativas solidarias para atender tal o cual necesidad.

En este blog venimos hablando con frecuencia de este fenómeno. A quien le interese el tema puede consultar mis entradas: “De la ciencia a la caridad” o “La epidemia de la caridad”. También os recomiendo “Beneficencia”   en la que hablo de la regresión que han experimentado las políticas sociales en la administración pública.

A cualquier observador interesado no le pasará inadvertido que no hay un solo día en el que no aparezca una noticia de este tipo. Antes fueron las campañas de alimentos. Ahora es la época del material escolar. Asociaciones, entidades, ayuntamientos, grupos de vecinos… todos lanzados compulsivamente a la recogida y reparto de material escolar para los niños cuyas familias tienen dificultades para pagarlos.

Y por supuesto, todo sumido en la mayor descoordinación. Por momentos pareciera que interesa más el protagonismo de la entidad que promueve la iniciativa (enrollada, sensible y solidaria como ella sola) que la verdadera resolución de la problemática o la eficacia última de la actuación.

  • ¿Análisis previo de las necesidades? -¿Para qué? Cada entidad conoce alguna familia necesitada. Eso basta para saber que existe el problema.

  • ¿Evaluación del impacto, o los resultados? -¡Oiga!, que bastante tenemos con el reparto.
  • ¿Coordinación de entidades? -¿Qué pretenden, controlar nuestra labor?

Ante semejante fenómeno creo que los servicios sociales deberíamos poner algo de cordura. La ineficacia de muchas de esas actuaciones, la estigmatización que producen, el despilfarro de recursos que debieran ser utilizados de otra manera… requieren que denunciemos muchas de estas actuaciones y que propongamos cambios sustanciales en el desarrollo de otras tantas.

Tarea ingente para la que no estamos legitimados en el contexto actual. El modelo que se propone por parte del Estado es precisamente potenciar este tipo de actuaciones y nuestra Sociedad tiene un claro déficit histórico con respecto a la herencia benéfico-asistencial que a duras penas se empezaba a superar en las últimas décadas.

Los servicios sociales quedamos así atrapados. Por un lado, por un Estado que no reconoce derechos sociales y que considera que debe dejar en manos de la sociedad y de la iniciativa privada la satisfacción de las necesidades de la gente; por el otro, por una Sociedad que legitima, aplaude y pone como ejemplo estas formas solidarias de ocuparse de las mismas.

Lo mismo sucede con otra de las iniciativas que más desasosiego me causan: las recogidas de tapones para pagar los tratamientos médicos de niños enfermos. Cada vez que conozco un caso de éstos me da una punzada el estómago. ¿Cómo puede condenarse a una familia al oprobio de esta nueva mendicidad para que su hijo reciba un tratamiento médico? ¿Cuánto hay de anhelos, engaños y de vagas esperanzas? ¿Dónde queda la denuncia, concreta y constante, de los responsables de que esos niños no reciban en su entorno y junto a los suyos los tratamientos necesarios?

Por momentos siento que hemos perdido la batalla. Todo esto ha vuelto (nunca conseguimos que se fuera del todo) para quedarse.

Bienvenidos al Siglo XIX. Aplaudamos el nuevo altruismo y la filantropía de los tapones de plástico y las gomas de borrar.

Es lo único que nos va a quedar.