Mostrando entradas con la etiqueta AYUDA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta AYUDA. Mostrar todas las entradas

domingo, 22 de enero de 2017

De la supervivencia (cuando la solución se convierte en problema)

Esta entrada es una de esas en las que no tengo nada claro. Sensaciones, ideas y reflexiones se entremezclan en un dificil crisol del cual, con el fuego de la escritura, espero que salga algo aprehensible.  


El tema de mis elucubraciones tiene que ver esta vez con la vida de ese sector de personas y familias especialmente desfavorecidas, que acuden a nuestros servicios sociales en busca de una mejora de sus condiciones socioeconómicas.

He hablado en muchas ocasiones en este blog sobre la incapacidad de nuestro sistema de servicios sociales para proporcionar una mejora sustancial en esas familias, así como lo ineficaces e inadecuadas que son la mayoría de las prestaciones, mayoritariamente económicas, que manejamos. No reiteraré ahora este tema, ni en lo que considero su causa principal, la ausencia de una política social integral sobre el problema. 

Mis reflexiones hoy van más bien por alguna de sus consecuencias. Y creo que una de las principales es que se condena a estas familias a sobrevivir. La supervivencia se convierte en el objetivo último y prioritario de estas personas y familias. No hay futuro, ni proyecto de una vida digna. Todo eso queda mutilado y se interioriza en ellas que lo único posible es aguantar y resistir.

Y así los servicios sociales nos encontramos ante la difícil tesitura de convertirnos en unos instrumentos más de todos lo que estas personas utilizan para esta supervivencia. Para solucionar las necesidades más básicas, tal vez hoy un amigo o un familiar les preste dinero, cobijo o comida... tal vez logre realizar una chapuza o trabajo precario que aporte un dinero... tal vez la trabajadora social de alguna administración o entidad le pague la factura de comida o luz... tal vez durante unos meses pueda percibir una prestación económica...

Todas esas cosas, no puede ser de otra manera, se convierten en la fuerza vital de estas personas. El objetivo es la propia supervivencia, pues se ha asumido que nada más es posible. Es perder el tiempo y la esperanza pensar en otras cosas que puedan hacer que se supere esa situación. Es mucho mejor pensar en cómo se va a sobrevivir hoy.

Y en este sobrevivir hoy los servicios sociales somos un instrumento más. Así, nuestras prestaciones no son percibidas como un medio para salir de una situación desfavorable. Son el objetivo en sí mismas. Y la función se convierte en problema.

Son las consecuencias de estar condenados a una vida sin proyecto ni futuro. Personas de segunda clase, que no importan. Una vez interiorizado esto, es muy dificil cualquier otro tipo de planteamiento y hará estéril cualquier otro tipo de ayuda, dirigida a otra cosa que no sea colaborar con esa supervivencia, que pudiera proporcionárseles.

Pero, como decía al principio, todo esto no son más que elucubraciones. En las que pienso cada vez que salen noticias, o políticos y técnicos de nuestro sistema, presumiendo de haber desarrollado no sé que prestación o programa con los que han conseguido que la gente sobreviva.

Si no entendemos que todas esas medidas son fracasos, es que estamos asumiendo también lo mismo que los destinatarios de las mismas. Que sólo se merecen sobrevivir.

No deberíamos felicitarnos por ello.


martes, 8 de septiembre de 2015

Buscando refugio

No tenía previsto hablar de la mal llamada, a mi juicio, "crisis de los refugiados". El drama del pueblo sirio (y el de otros pueblos) huyendo de sus paises de origen y llamando a las puertas de Europa buscando refugio, merece sin duda un acercamiento respetuoso, con un profundo análisis que yo no soy capaz de hacer.



Bandera de Siria, usada por la oposición en el exilio.
Pero alrededor de todo este drama, sí se han producido algunos fenómenos que me han hecho reflexionar. 

En primer lugar, el papel de la sociedad civil en todo esto. Llevamos décadas asistiendo a auténticos genocidios y vulneraciones sistemáticas de los derechos humanos en todo el planeta, pero nunca hasta ahora se había producido una sensibilización tan generalizada como la que se está produciendo con el éxodo Sirio. ¿Qué ha sucedido para que así sea? Os confieso que se me escapan las razones, probablemente sean más complejas que las que puedo analizar, pero la verdad es que me ha sorprendido la explosión de solidaridad con este problema. 

¿Una foto? ¿El recuerdo de nuestros históricos dramas? ¿La situación política o económica nacional, europea o mundial? No lo sé. La cuestión es que la sociedad civil se ha movilizado y, como siempre que ello ocurre, presenciamos la emergencia de multitud de iniciativas que pretenden colaborar, ayudar o solucionar el problema. 

La mayoría de estas iniciativas surgen de la solidaridad y de la buena voluntad. Las más de las veces son iniciativas serias, aunque en ocasiones surgen algunas cuya frivolidad espanta. Generalmente pretenden la coordinación de esfuerzos y la integración y sinergia de las actuaciones, aunque no faltan tampoco aquellas que sólo parecen actuar desde el protagonismo de quien las desarrolla. Frecuentemente están bien planificadas y diseñadas pero hay ocasiones en que son actuaciones irreflexivas, guiadas únicamente por la emoción.

Así, multitud de asociaciones, grupos, ONG's, municipios, comunidades autónomas... incluso ciudadanos individuales, han lanzado sus propuestas para dar refugio a los sirios que están huyendo de su país. Uno de los efectos de esta movilización ha sido la presión ejercida hacia el Gobierno de la nación, que se ha visto obligado a dar un giro a sus intenciones y plantear la acogida de más refugiados de los que sin duda había previsto.

No tengo ni idea cómo va a concretar esto el Gobierno, enfangado en una vergonzosa discusión con Europa en cuanto a los "cupos" de refugiados que "nos tocan" a nuestro país y preocupado unicamente en sacar la calculadora para ver los recursos que tiene que reclamarle para admitir acogerlos. Lo que temo es que con la desgana con la que afronta esta tarea (coherentes con su credo neoliberal) diseñe una rácana respuesta institucional al problema y abandone en manos de la iniciativa de esa sociedad civil la mayor carga de la misma.

A mi juicio, el Gobierno de la Nación debería ejercer en este tema una función de liderazgo y determinar con generosidad no sólo "cuántos", sino (cuestiones igual de importantes) "dónde", "quien", "qué" y "cómo". Y creo también que este liderazgo debería hacerlo coordinando a través de las Comunidades autónomas y Municipios la estructura de la respuesta.

 Azaz, Syria. vía Wikimedia Commons
Creo que Comunidades autónomas y Municipios tienen que tener el principal papel protagonista en la acogida de refugiados, pues no se trata sólo de dar asilo. Se trata también de garantizar la adecuada y convivencia e inserción social de los refugiados. Estamos hablando en última instancia de garantizar los derechos sociales de estas personas y ello exige la tutela y el protagonismo de las administraciones.

Creo también que todo ello debería hacerse a través del Sistema Público de Servicios Sociales, en concreto a través de su atención primaria, a la cual debería dotarse de los recursos necesarios para afrontar la tarea de conseguir la inserción social de las personas que lleguen. Y lo creo a pesar de la situación de abandono, descrédito y deterioro en que el Sistema se encuentra, consciente de la dificultad de la tarea.

Ojalá tuviésemos un Sistema de Servicios Sociales capaz de afrontar este tipo de situaciones de manera normalizada. Lamentablemente y como venimos definiendo en este blog, nuestro sistema dista mucho de ser un verdadero sistema, cuyas graves deficiencias estructurales y normativas no se abordan nunca en profundidad.

Pero aún con todo ello, del mismo modo que nadie duda (espero) que la situación de salud de los refugiados deba ser atendida por el Sistema Sanitario normalizado, todo lo relacionado con la inserción social debe ser atendido por el Sistema de Servicios Sociales. No en vano hace ya mucho tiempo que definimos como uno de los sectores de intervención del mismo a los Refugiados y Asilados (SIUSS dixit) y tenemos a la inserción social como una de las principales prestaciones de nuestro devastado sistema.

Dudo mucho (ojalá me equivoque) que así vaya a hacerse, pero tengo claro que sólo de esa manera podrán garantizarse esos derechos de los que hablo y podrá conseguirse que los procesos de inserción social que se pongan en marcha lleguen a buen término.


martes, 1 de septiembre de 2015

La danza de la demanda

La última entrada que ha publicado la compañera Belén confesando su odio a las prestaciones económicas (ver aquí), me ha animado a publicar esta entrada, que tenía escrita hace algún tiempo, donde reflexiono sobre aspectos parecidos o, al menos, en relación a ellos.



-"Buenas, quiero una cita con la Trabajadora Social, a ver si me da trabajo".

¡Cuántas veces he oído esta frase en mi Centro! Y no me refiero a los últimos años, que también. Es algo que oigo desde que comencé en esta profesión con bastante frecuencia.

Más allá de la frase, es una poderosa manera de encarar una demanda. Es una manera de contactar con el Sistema de Servicios Sociales intentando controlar la relación que se pretende establecer con el mismo. Lo explico.

Una vez en la consulta de la Trabajadora Social, comenzará una pequeña danza en la que ambos, profesional y usuario, son conscientes del engaño. Valgan aquí las palabras del poema de Machado, 
    

                                                  "Cuando dos gitanos hablan
                                                     ya es la mentira inocente: 
                                                  se mienten y no se engañan."

  El usuario sabe que la Trabajadora Social no puede proporcionarle trabajo y ésta sabe que el usuario no ha venido a su consulta con la esperanza de que se lo proporcione. Pero por unos momentos van a bailar un rato.

  Probablemente el siguiente movimiento de la danza sea la petición del usuario de una prestación económica, planteando las dificultades económicas que está atravesando por su situación de desempleo.

   La Trabajadora social enfrentará entonces una disyuntiva: ¿acepta el nuevo paso de baile propuesto y tramita con diligencia la ayuda solicitada? ¿O afronta la ardua tarea de elaborar un complejo diagnóstico (que nadie le demanda) sobre la historia y la situación personal, social y familiar de la persona que tiene en su consulta?

  Pero recordemos que la Trabajadora Social ha comenzado a bailar y las normas implícitas de ese baile ya llevan el diagnóstico incorporado: la causa de la precariedad económica es el desempleo del usuario y la solución, la prestación económica solicitada.

  Añadamos ahora que la Trabajadora Social se encuentra ya cansada de bailar el mismo baile tantos y tantos días... ¡et voilà! La prestación económica queda tramitada y el problema resuelto.

  Pero, como en los cuentos de hadas, los finales felices tal vez no lo sean tanto...

  Comencemos por el principio. Tras la inocente frase con la que nuestro imaginario usuario se ha presentado hay más de lo que parece. En primer lugar hay un mensaje implicito, que más o menos viene a ser éste: 

"estoy atravesando dificultades económicas, pero no vaya a pensar usted que la causa es responsabilidad mía. El problema es que no hay trabajo (si lo hubiera, ya lo habría conseguido o usted me lo proporcionaría). Por tanto no hay nada que yo pueda hacer y debe ser usted la que, tramitándome la ayuda que le solicito, solucione mi problema."

 Es un discurso potente, que contiene en sí diversos elementos: en primer lugar, un diagnóstico (mi problema: las dificultades económicas; la causa: el desempleo). En segundo una definición del objeto de intervención, el cual, mediante un fenómeno de atribución externa, el usuario señala. En tercer lugar, una manera de definir la relación mediante una delegación del usuario, que se declara incapaz, al t.s., que debe proveer la solución. Y en cuarto lugar por el momento, un juego de poder, con el que el usuario intenta controlar dicha relación.

  Como se indica, es una frase y un mensaje en nada inocentes. Aunque atención, tampoco estoy indicando con ello que el usuario los utilice de forma consciente, estratégica y perversa. Más bien lo hace inconscientemente, respondiendo a patrones relacionales que ha ido incorporando a lo largo de su vida familiar, personal y social.  

  Pero es curioso comprobar cómo en muchas ocasiones  este discurso individual es admitido sin más por los profesionales. Además del cansancio del que hablaba en nuestra también imaginaria protagonista, las causas creo que van un poco más allá. Este tipo de discursos no pueden ser cuestionados, pues nos resuena con posiciones de juzgar, que tanto aborrecemos. Además, no se trata de un discurso individual, es más bien social. Está muy arraigada en nuestra sociedad la creencia de que el empleo es lo que conduce al bienestar.

 No en vano hemos oído unas cuántas veces que la mejor política social es el empleo. Mensaje perverso de nuestros gobernantes neoliberales para justificar los recortes en servicios y prestaciones sociales. Pero que al final damos por bueno.

  Por supuesto que el empleo contribuye al bienestar, pero si no va acompañado de otras políticas sociales, difícilmente lo conseguirá por sí sólo. No tenemos más que tomar el ejemplo del nuevo fenómeno social que venimos llamando "precariado". Hay más, pero no voy a extenderme en este punto.

   Porque más allá de estos conceptos, digamos que el baile viene ya viciado de origen. En nuestra metáfora diríamos que se está bailando en la pista equivocada. Propio de nuestra indefinición como sistema, tanto el usuario como el profesional admiten bailar en torno a un problema que no es competencia de servicios sociales. El empleo ya hemos dicho que ambos saben que no. Pero ambos admiten que la garantía de ingresos sí lo es. 

   Y admitido este concepto, nada ya de lo que se haga tiene sentido. Por ejemplo, que sea un Trabajador Social quien haga ese trabajo. Hay profesiones mucho más preparadas, más eficientes y seguramente más económicas, para valorar una carencia de medios e ingresos y tramitar una prestación económica. 

     De la misma manera, tampoco tiene sentido pensar que obtener esa prestación económica mejorará la situación personal, familiar o social del beneficiario. Ello dependerá únicamente del propio beneficiario y del azar en combinación con sus acontecimientos y contextos vitales; poco o nada tendrá que ver con la propia prestación y mucho menos con el trabajo del profesional. 

   Tampoco podrán medirse los efectos iatrogénicos que tal prestación pueda tener.

 Con respecto al propio sistema, los hemos dejado claros: en última instancia, la desaparición. Con respecto a los usuarios... ¿queda a estas alturas alguien que piense que es necesario medirlos?

   Porque puede tenerlos, sin duda. Al igual que toda medicación tiene sus efectos secundarios (y no puede ser prescrita de forma universal, sin la individuación que proporciona la evaluación médica), toda intervención social tiene también unas consecuencias, a veces indeseadas, que los profesionales hemos de prever, medir y controlar.

   En el inextricable mundo de la intervención social, donde se ponen en juego tantas variables intersistémicas, toda actuación tiene unas repercusiones en las esferas intrapsíquicas y relacionales que son, en última instancia, las que constituyen el objeto de nuestra profesión.
  
 El resto, es otra historia...

domingo, 19 de julio de 2015

Control de pobres

El Ayuntamiento de mi pueblo acaba de sacar una Nota Informativa que aún me tiene sorprendido. A modo de Bando, ha colgado en su página web y en las redes sociales la información de que hay un tipo de ayudas sociales que no da. Sí, lo habéis leído bien. Informa de las ayudas sociales que no da. Desconozco por qué hace esto, pero os lo transcribo y comento.




Así de claro, conciso y escueto como lo véis. Yo he visto muchas veces lo contrario. Ayuntamientos y otras entidades públicas (y privadas) que publicitan y difunden las ayudas sociales que promueven. A veces, incluso he criticado el uso propagandístico de esta difusión, pero os confieso que es la primera vez que veo algo así, una nota informando sobre una ayuda que no se da. A lo mejor es algo más habitual y frecuente de lo que a mí me parece, pero como yo es la primera vez que lo veo, la nota informativa en cuestión me ha sugerido unas cuantas preguntas.

Personalmente, me cuesta interpretarla. En primer lugar pensé que tal vez el Ayuntamiento quisiera dejar claras sus prioridades en el gasto social, y que dar ayudas sociales para un tema de ocio como es el uso de las piscinas no entraba dentro de estas prioridades. Si así fuera, me parecería un error. Financiar este tipo de actividades a muchas familias que de otra  manera no pueden permitírselas favorece sin duda la integración social y el bienestar de muchas de ellas. Pero puedo entender que, con unos recursos escasos y con otras necesidades básicas que cubrir, el Ayuntamiento prefiera dedicar sus esfuerzos presupuestarios a estas últimas.

Pero Wang me hizo caer en el error de este razonamiento. Si el Ayuntamiento hubiese pretendido eso, hubiera dado publicidad a las ayudas sociales que SI da. No sólo a las que niega. Este inapelable razonamiento de mi amigo me obligó a plantearme otras hipótesis.

Tal vez, entonces, mi Ayuntamiento esté iniciando una campaña para informar de lo que no hace en materia de política social y económica y a este bando le sigan otros muchos, de este tipo:

"Este Ayuntamiento INFORMA: que NO va a realizar ninguna operación económica ni va a mantener depósitos en entidades bancarias que estén promoviendo desahucios por razones hipotecarias."

O este otro. "Este Ayuntamiento INFORMA: que NO contrata ningún servicio ni suministro con proveedores de los que se conoce que realizan facturas sin IVA."

O este: "Este Ayuntamiento INFORMA: que NO da subvenciones a asociaciones de solidaridad con el pueblo Kurdo."

Pues tampoco debe ser eso, porque a la nota informativa que os comento no le ha seguido ninguna otra y además, Wang vuelve a señalarme que informar de todo lo que un Ayuntamiento NO hace puede ser sin duda una tarea de chinos.

De este modo, el misterio de la nota informativa ha generado en mí una nueva hipótesis. Sé que es un poco peregrina, y seguro que estoy equivocado, pero os la comparto.

¿Es posible, tal vez, que en las piscinas municipales alguna familia se haya comportado incívicamente y algún vecino, molesto por dicho comportamiento, haya preguntado al Ayuntamiento si esa familia estaba subvencionada para su acceso a la piscina? Os aseguro que se trata de una mera elucubración, pues no tengo ninguna información concreta al respecto. Ni Wang ni yo solemos frecuentar la piscina. Somos de talante más bien seco y nos remojamos la barriga sólo en la ducha.

Pero es una hipótesis basada en cosas que, como trabajador social, presencio con cierta frecuencia.
Muchos ciudadanos y muchos políticos exigen que las ayudas sociales consigan el control social de los pobres. Y cuando alguna familia en situación de exclusión social no se comporta de manera adecuada y no se integra según las normas de convivencia comunitarias, se plantea como estrategia (cuando no como castigo) la retirada de las ayudas sociales que pudiera estar percibiendo. Incluso en ocasiones se acusa a los Servicios Sociales (y por extensión a los Ayuntamientos que los sostienen) de haberles concedido de manera inadecuada a esas familias las ayudas o de no haberlas controlado de manera eficiente.

Personalmente creo que un sistema moderno de bienestar social debería tener separados los dos conceptos y las ayudas sociales no pueden ser un instrumento para el control social. El unirlos genera una serie de paradojas y contradicciones que, en última instancia, no hace sino incrementar los problemas de exclusión e integración social y nos hace retroceder como sociedad en materia de derechos sociales. Lamentablemente, no podemos presumir en nuestro país de tener un sistema de bienestar social demasiado moderno.

En todo caso, tal vez sea ésa la presión y la ideología que ha llevado a mi Ayuntamiento a sentirse en la obligación de emitir semejante nota informativa. Me gustaría pensar que no, y ver en el futuro una nota informativa como ésta:

"Este Ayuntamiento INFORMA: que SI da ayudas sociales para favorecer el acceso de todas las personas y familias que lo requieran a las piscinas municipales. Además, está poniendo todos los medios a su alcance para garantizar una adecuada convivencia en dicho recinto y se compromete a aplicar el mismo régimen sancionador a todas las personas, independientemente de las circuntancias económicas o personales que les hayan llevado a acceder al mismo."

Pero como digo, seguro que éste no es el caso y estoy equivocado. En todo caso, me gustaría que dejáseis en los comentarios vuestra opinión al respecto y si habéis tenido experiencias parecidas.

Mientras, y sin que sirva de precedente, Wang y yo nos vamos a la piscina.



jueves, 13 de febrero de 2014

Atando cabos

En el proceloso mundo de los Servicios Sociales suceden habitualmente cosas bastante extrañas, algunas de las cuales llevamos tiempo retratando en este blog. Hoy os voy a contar una de esas cosas que suceden en una parte de ese sistema: en los servicios sociales de atención primaria, comunitarios, generales, o como quiera que se les llame.




http://farm4.staticflickr.com/3110/3105644824_785f3e1894.jpg
Es una de esas realidades con las que solemos lidiar a menudo en esta parte del sistema de servicios sociales que hemos definido en alguna ocasión como "primera línea de batalla" o "trincheras de la acción social". Esa parte cuya responsabilidad ha recaído hasta ahora en los Ayuntamientos, en la administración local, y a la cual la reforma que ha preparado el gobierno de la nación va a golpear sin remedio.

(Aprovecho para recomendar la serie de entradas que nuestro compañero Joaquín está haciendo en su blog sobre esta reforma local, con acertadas reflexiones sobre sus repercusiones e incidencia en el medio rural. Enlace.)

Como todo sistema, el de Servicios Sociales ha tenido siempre unas "zonas de incertidumbre". Aspectos confusos, difíciles de definir y gestionar. Naturalmente, cuando un sistema está sufriendo un ataque dirigido a su desaparición (para ser sustituido por beneficencia) y además está sometido a la gran presión que el incremento de las necesidades ciudadanas supone, esas zonas de incertidumbre se multiplican.

En la realidad que conozco, una de esas zonas de incertidumbre ha sido siempre el papel de los políticos y su relación con los técnicos en la gestión de los servicios sociales locales. A veces he pensado en esta relación como la de un sordo y un ciego intentando escalar juntos una montaña. O el ciego confía mucho en su compañero y el sordo está muy atento a las dificultades del anterior, o no sólo no conseguirán su objetivo, sino que es muy probable que terminen enfadados. Os dejo a vosotros que adivinéis quién es el ciego y quien el sordo en mi metáfora.

Dentro de esta compleja relación, os voy a contar que frecuentemente me encuentro con demandas de atención que políticos nos hacen en relación a determinadas personas o familias. Por mi parte he dividido estas demandas de atención en tres tipos:

  • BIENINTENCIONADAS. El político tiene una honesta preocupación por el caso y lo plantea al técnico para su resolución. Naturalmente, el político no es consciente de la presión que esta derivación supone para el técnico, ni de que esa atención "especial" o "privilegiada" que propone supone un cierto grado de contradicción con la organización y funcionamiento normal del Servicio. En cualquier caso, es la más fácil de reconducir.

  •  HOSTILES. El derivante considera que los técnicos no han atendido previamente  la problemática o bien son responsables de la misma. En estos casos el conflicto está garantizado a no ser que el técnico se pliegue a las exigencias del político, perdiendo así su capacidad de actuar.

  • TRAMPOSAS. Hay una agenda oculta, bien por parte del político, bien por parte del usuario o familia. En el primer caso, con frecuencia, la búsqueda de un trato de favor para familiares o amigos. En el caso de la familia, el acceso a prestaciones o recursos saltándose las normas e intentando presionar indirectamente al técnico.

"Extracción de la piedra de la locura". El Bosco, 1480
Estos tipos de demanda a cargo de remitentes políticos evolucionarán de una manera u otra en función de múltiples variables. Entre ellas, el estilo del remitente: agresivo, desinteresado, partícipe... En cualquier caso, son siempre situaciones que requieren de un cuidadoso trabajo profesional si se quiere salvaguardar la capacidad de ayudar y por tanto, de ser útiles para la problemática que se trate.

En mi experiencia, aunque me he encontrado demandas de los tres tipos, las más frecuentes son las primeras, esto es, una actitud bienentencionada del político. Como digo, son derivaciones no exentas de problemas, aunque habitualmente evolucionan bien. 
.

Pero dentro de éstas hay un fenómeno con el que me estoy encontrando recientemente y que me ha hecho reflexionar. En estas derivaciones los políticos no son conscientes de la falta de recursos y prestaciones que el destrozo del Estado de Bienestar está generando. Derivan situaciones y problemáticas en las que ya se ha hecho todo lo posible, incluso a veces sobrepasando los límites técnicos. No deja de sorprenderme que cuando estos políticos desarrollan, (o al menos aplauden y apoyan), las medidas de desmantelamiento del sistema de bienestar social, mantengan la fantasía de que eso no tiene ninguna repercusión en la vida de los ciudadanos. Y cuando se encuentran de bruces con una situación de sufrimiento, no conciben que no haya recursos para solucionarla.

Yo aún albergo esperanzas de que, algún día, vayan atando cabos...

jueves, 6 de febrero de 2014

¡Una de anchoas!

En la entrada anterior os comentaba que valoraría la actuación del Gobierno, que acaba de anunciar una serie de medidas para paliar la pobreza dentro del Plan Nacional para la Inclusión Social. Pues ahí va.



En esa entrada ya denuncié que se estaba haciendo un uso político y propagandístico de estas medidas, lo cual me parecería ya razón suficiente para oponernos a ellas.

http://www.flickr.com/photos/jenny-pics/10883280024/
Pero no se trata de oponernos o no a las mismas. El problema es que estoy ciertamente convencido de que este tipo de medidas en nada contribuyen a la reducción de la pobreza. Hasta la propia Directora General de Familia del Ministerio de Servicios Sociales reconoce que es "dar el pez y no la caña", en una metáfora que de tan manida ya me parece hasta insultante.

Es obsceno en estos momentos hablar de "peces y cañas". Es obsceno y cruel pensar y discutir si hay que entregar un pez o una caña a alguien que está en medio del río, ahogándose arrastrado por la corriente. En esta situación "dar peces" es cruel e insuficiente y en cuanto a "dar cañas" o "enseñar a pescar", que es la otra manera que tienen de denominar estas políticas en nada inocentes, se introduce un componente ideológico bastante peligroso.

Ese componente ideológico que atribuye al pobre la responsabilidad de su situación: si es pobre será por algo. En las versiones más suaves, es un ignorante que no sabe y al que hay que enseñar. En las más duras, que es un vago o un degenerado al que hay que castigar. Wang cree que es a esto último a lo que se refieren con lo de "dar caña"; (pobre Wang, qué lío lleva con el idioma...).

Está claro que eso de "dar peces" es el modelo por el que han optado para ayudar a la gente que se está ahogando en el río. No hace falta que les digamos que no lo van a conseguir. Ya lo saben y no les importa. 

Y por si fuera poco, además ya lo hemos visto más veces: al final a los pobres les llegarán unas tristes y escuálidas anchoas, ya veréis. El besugo, el lenguado y los grandes filetes de merluza y emperador se las seguirán reservando los ricos. Las condiciones serán tan restrictivas y el modo de gestión tan ineficaz que las ayudas serán al final algo anecdótico.

 Y en cuanto al modo de gestión... En la propia noticia del anuncio de estas medidas, que os vuelvo a enlazar aquí, ya se adivina el modelo. Transcribo literalmente lo que dice:

 "Su funcionamiento es relativamente sencillo. Por ejemplo, Cruz Roja, que acaba de recibir por primera vez para este tipo de gasto las ayudas de IRPF de 2013 para 2014, destina una ayuda máxima para luz, gas y agua de 90 euros por familia. Tras estudiar caso por caso, después tienen que presentar varios justificantes que acrediten que el dinero ha llegado a la familia. Así, si una familia en extrema necesidad requiere que le paguen la luz, Cruz Roja tiene que presentar al Gobierno el recibí de la familia, la copia de la factura de luz y un medio que garantice que ese dinero se ha destinado a pagar la factura, como un sello del banco o una impresión mecánica sobre la factura, según explican desde Cruz Roja. Todo ello para que cada euro destinado a las autonomías o a las ONG vaya de verdad a los que realmente más lo necesitan."

Como siempre modelos confusos, que mezclan la responsabilidad pública y la iniciativa social en un batiburrillo donde a la gente no se le reconoce derechos y se le somete a una inoperante discrecionalidad en las ayudas. Modelos que obvian el Sistema de Servicios Sociales y la red de atención que (cada vez menos) constituyen.

http://lattapiat.deviantart.com/art/The-Seine-277321243
Así, cuando una familia tenga problemas para pagar, pongamos por caso un recibo de la luz, puede acudir a Cáritas o a Cruz Roja, o a cualquiera de las ONGs que ejecutarán estas medidas. Allí se valorará su situación (una injerencia más en una función que debería ser pública) y se concederá o no esa ayuda. Claro que también esa familia puede acudir al alcalde de su pueblo o ciudad, que tal vez se la conceda directamente. En este último caso, al menos, la familia se ahorrará la valoración: tras la reforma de la administración local no habrá técnicos en los Ayuntamientos que la hagan.

Si algún Gobierno se plantea de verdad la lucha contra la pobreza, en primer lugar sería necesario una modificación de los mecanismos estructurales que la están creando. Una verdadera política fiscal y económica redistributiva acompañada de políticas sociales universales, que son las únicas que han demostrado su eficacia para conseguir la reducción de la pobreza.

Mientras tanto, este tipo de planes y medidas, (que por otra parte gozan de bastante crédito entre muchos sectores de la sociedad y en el ámbito político), no pasarán a mi juicio de ser algo más que un triste bocadillo de anchoas que se tira al río mientras le hacemos creer al que se está ahogando que le lanzamos un salvavidas.

 Oye, y tan anchos...

lunes, 3 de febrero de 2014

Hágase la luz

No me parece gratuito que, tras la fiesta de autocomplacencia que las fuerzas conservadoras acaban de celebrar este fin de semana, nos desayunemos el lunes con la noticia de que el Gobierno va a pagar la luz y el agua a los ciudadanos que estén en pobreza severa. Noticia.



http://www.flickr.com/photos/cfuentes/2258981346/lightbox/
Porque creo que ambos sucesos están relacionados. Como no podía ser de otra manera, en la convención (me pregunta Wang si se llama así porque pretenden "convencernos" de algo) que el Partido Popular ha celebrado estos días, la maquinaria propagandística que gestionan se ha hecho abundante eco de las loas y parabienes que en tal reunión han vertido sobre la magnífica gestión económica y social del Gobierno.

Pero como la realidad es tozuda y se empeña en demostrar que esa gestión ha sido una auténtica máquina de generar desigualdad y pobreza, había que completar el asunto anunciando medidas para los ciudadanos damnificados por su política.

Y es que hasta ahora la política de este Gobierno ha sido clara: sin salirse ni un ápice del catecismo neoliberal, la política económica ha estado dirigida a favorecer e incrementar los beneficios y rentas de las grandes corporaciones y empresas de las clases altas, creyendo que este enriquecimiento de los poderosos irá filtrándose en una especie de ósmosis social hacia las clases más desfavorecidas. Obviamente, esto no ha sucedido (y eso a pesar de la propaganda realizada sobre las bondades de los mecanismos benéfico-asistenciales). Si la realidad es tozuda los ricos lo son más, y tienen la mala costumbre de quedarse con el dinero que les llega. Aquí os dejo un enlace para que veáis como les ha ido en 2013 a los ricos.

El resultado es que cada vez más ciudadanos sufren los efectos de la pobreza. Y como eso es peligroso para los intereses de quien nos gobierna, hay que publicitar medidas con las que parezca que se ocupan de esos efectos. 

Así se anuncian las medidas para el 2014 del Plan Nacional de acción  para la Inclusión Social, para paliar los efectos de esa pobreza severa. Y entre estas medidas, ahora que está desgraciadamente de moda eso de la "pobreza energética", han incluido entre otras una especie de bonos o ayudas para pagar la luz y el agua a las familias que tengan menores y se encuentren en pobreza severa.

No seré yo quien me oponga a semejantes ayudas, pero creo que no sirven para nada y no son sino una muestra más de en lo que se ha convertido nuestro Estado de Bienestar. Un conjunto de retales y medidas absolutamente insuficientes en una sociedad que, mientras por una parte expulsa gente a velocidad de crucero, por otra les lanza migajas para sentirse bien.

Pero como no quiero cansaros, dejo la explicación de mi postura sobre este tipo de medidas para mi próxima entrada, en la que hablaré de anchoas y otros animales...




viernes, 10 de enero de 2014

Francotiradores y paracaidistas

Hoy esta entrada es una de esas en las que no sé si voy a ser capaz de transmitir lo que llevo en la cabeza. Al menos, sin liarme demasiado. Lo cierto es que unos sucesos recientes, que no vienen al caso, me han hecho reflexionar sobre algunos aspectos de las relaciones de ayuda.

 

Creo que el título que le he dado a la entrada os sugerirá por donde van estas reflexiones que os comento. Van en torno a las relaciones de ayuda, a las cuales definiremos, simplificando mucho, como las relaciones que se establecen entre seres humanos, en cuanto a seres sociales, para satisfacer sus necesidades. 

Como artificio para mi análisis, voy a dividir las relaciones de ayuda en tres tipos. La relación de ayuda profesionalizada, la relación de ayuda espontánea y la relación de ayuda que he llamado "híbrida".

  • La relación de ayuda profesionalizada en un instrumento para la intervención social. Como intervención profesional está sujeta a unas reglas, unos marcos teóricos y unos límites institucionales, que la contienen y en virtud de los cuales adquiere sentido. 
  • La relación de ayuda espontánea nace de la  condición social del ser humano. En ella, unas personas proveen a otros de los recursos o ayuda que les es necesaria ante diversas necesidades o adversidades. Constituyen las muestras de solidaridad y de ayuda mútua que se han dado siempre en todas las sociedades.
Con ambas relaciones de ayuda las cosas están bastante claras. Al fin y al cabo podríamos decir que la primera es la forma pública de la segunda, que se desarrolla en el ámbito privado y se organiza socialmente en aras de una mayor eficacia, bien ante la complejidad del problema o bien como consecuencia de su extensión. La historia del Trabajo Social y sus antecedentes está llena de ejemplos de este tipo.

Las que me preocupan especialmente son las relaciones de ayuda que denomino híbridas, que tanto veo proliferar ultimamente. En ellas se sale del ámbito privado y se utiliza una relación de poder, de prestigio o económica para desarrollar una relación de ayuda pública pero fuera de los marcos y reglas profesionales.

El análisis, la hipotetización, el diagnóstico, la evaluación, la planificación, el trabajo en equipo, la intervención en red, el proceso... son todos elementos de la intervención social en los que se basa la relación de ayuda profesionalizada.

Son los elementos que se obvian en esas relaciones híbridas que por ejemplo encontramos con mucha frecuencia en la política o en la iglesia. Ya he hablado en otras entradas de las variadas motivaciones que llevan a las personas en estas instituciones a realizar este tipo de actuaciones: desde la buena voluntad hasta graves carencias narcisísticas. Es lo de menos. Lo importante es el resultado de esas intervenciones públicas, desarrolladas al margen de las estructuras que la sociedad ha creado para realizarlas.

http://www.flickr.com/photos/jmube/5256610207/
En esta sociedad posmoderna y neoliberal, donde lo individual está consagrado por encima de lo colectivo y lo público es desprestigiado en beneficio de lo privado, estas actuaciones están convirtiéndose no ya en excepciones, sino en el modelo propuesto.

Es una forma más del desmontaje del Estado de Bienestar que estamos sufriendo. Y es triste que a veces los profesionales colaboramos con ello: cada vez que no somos lo suficientemente rigurosos y respetuosos en nuestra intervención, cada vez que preferimos refugiarnos en nuestra individualidad y no construir la intervención en un proceso compartido y consolidando las estructuras existentes. Cada vez que no denunciamos ni nos oponemos a esas formas de ayuda híbridas que estamos viendo crecer a nuestro lado.

Entonces, sin advertirlo, nos estamos convirtiendo en unos más de esos francotiradores y paracaidistas de la ofensiva contra el Estado del Bienestar.