miércoles, 13 de marzo de 2013

Tres preguntas.

Mientras espero a ver cómo me queda la tarta que tengo en el horno sobre una experiencia de trabajo social en otros países, voy a dedicar la entrada de esta semana a otro de los encargos que gustosamente asumimos en la blogotsfera: dar difusión a los contenidos del XII Congreso Estatal del Trabajo Social


Congreso que hace unos días el Consejo General de nuestra profesión convocó para los días 14 a 16 de noviembre, encargándose de organizarlo en esta ocasión el Colegio de Málaga, a los que desde aquí felicito por el compromiso y les envío todos mis ánimos para el trabajo que un evento así supone.

Esperamos que sea un éxito y cuente con una participación masiva de profesionales, en uno de los encuentros más trascendentes que una profesión puede tener. Poco a poco se irán difundiendo contenidos, programa, ponentes, temas... De momento sabemos ya el lugar concreto (Marbella) y el lema: "La intervención social en tiempos de malestares. Sabemos, podemos, queremos".

El compañero Joaquín ya ha comentado lo que le sugiere el lema en esta entrada de su blog. Comparto sus apreciaciones sobre lo acertado del lema: la intervención social, la intervención psicosocial, el malestar, nos sugieren la esencia misma de nuestra profesión. Como bien señala en dicha entrada una de las definiciones sobre el objeto del trabajo social que más consenso cuenta es la defendida por Teresa Zamanillo en este sentido, de la cual os pongo el enlace de uno de sus artículos más conocidos sobre el tema en la Revista Cuadernos de Trabajo Social.

Por mi parte, la segunda parte del lema: "Sabemos, Podemos, Queremos.", lleva desde que la conocí dando unas cuantas vueltas por mi cabeza. El problema es que lo ha hecho en forma de preguntas.

¿Sabemos? Sin duda. Nuestra profesión lleva más de un siglo dando respuesta a diferentes situaciones de malestar. Montones de grandes autores nos han dejado y dejan un legado de teorías, modelos, métodos y técnicas con las que construir intervenciones eficaces ante diversos problemas. Y cantidad de profesionales de todos los países llevan construyendo en la práctica dichas intervenciones. Tal vez nos haya faltado un poco de difundir, escribir, sistematizar... volcados y urgidos muchas veces en la práctica hemos olvidado un tanto la teorización, la elaboración, la investigación... Pero es algo de lo que cada vez somos más conscientes. A mi juicio, esta pregunta es la que menos dudas me genera.

¿Podemos? Con un poco más de dudas, pero quiero contestar afirmativamente también a esta pregunta. Muchos profesionales lo están demostrando en el día a día, enfrentados a situaciones muy difíciles y con contextos a veces nada favorables. Y sacando adelantes prestaciones, servicios, proyectos y programas que sin la aportación de nuestra disciplina serían inviables. Aquí es posible que en ocasiones nuestra profesión no haya tenido en la política social toda la presencia que hubiese sido necesaria. Diversos elementos históricos explican estas carencias, pero sin duda que cada vez más y mejor, nos estamos haciendo un hueco en la elaboración de las políticas sociales.

¿Queremos? No tiene discusión que a veces estamos descoordinados, que preferimos hacer la guerra por nuestra cuenta, que en ocasiones nos falta compromiso y nos sobran despistes,... pero sólo diré una cosa: si no quisiéramos no habríamos elegido una profesión tan apasionante como dura, difícil y no reconocida.

Hasta la próxima.

miércoles, 6 de marzo de 2013

La Mantícora o de cómo superar la crisis

La mantícora es una criatura mitológica, de origen persa, una especie de quimera con cuerpo rojo de león, cabeza de hombre, y cola de dragón o escorpión. En ocasiones se la representa con cuernos, alas y coraza y es capaz de disparar espinas venenosas con las que paraliza a sus víctimas a las que luego devora. Su nombre significa "devoradora de personas".

 

 

Hace unos días Wang y yo visitábamos la Catedral de Tarazona, una de las joyas monumentales que atesora nuestro país. Entre tanto recorte, crisis y malas noticias es una suerte encontrarte con edificios como éste, felizmente recuperados tras casi 30 años de obras para nuestro patrimonio cultural y social.

Entre las innumerables obras de arte que encierra la Catedral, hay una que me llamó la atención. Tras el sagrario hay una pintura de una mantícora, una de las bestias representadas en los bestiarios medievales.

En cuanto la ví, le comenté a Wang que me parecía una buena imagen de la crisis en la que estamos actualmente. Al igual que la mantícora, la crisis nos está paralizando, mientras vemos cómo devora sin piedad a las personas.

Luchar contra bestias como ésta es algo que requiere de mucha fortaleza y de mucho ingenio. Y de fortaleza e ingenio van sobrados en otra de las joyas que oculta Tarazona. Esta vez no se trata de un monumento, sino de un Centro. Un Centro Ocupacional para discapacitados intelectuales.

El mundo de la discapacidad intelectual es apasionante y sorprendente. La capacidad de superación de estas personas y sus familias sobrepasan todo lo imaginable. Luchadores y optimistas, enfrentan los problemas con una lucidez y un positivismo del que tenemos mucho que aprender.

Wang y yo tenemos la suerte de aprender mucho de ellos. Y una de las últimas enseñanzas nos la ha regalado Maite, una de las  discapacitadas del centro. Maite, como todos sus compañeros y compañeras, han visto cómo en el propio centro, en su familia y en muchos otros lugares, se están recortando prestaciones y derechos sociales. Y cuando le han explicado que estos recortes eran como consecuencia de la crisis, Maite, enfadada, ha dicho: "recortes, recortes... ¡lo que habría que hacer es recortar la crisis!"

Más claro no se puede tener. Y más lúcido no se puede pensar. Así que decidme si tiene razón o no. Pero cuidado, no le llevéis la contraria... ¡Maite lleva desayunando mantícoras muchos años!.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Más acrobacias


En la anterior entrada os prometí hablar de la posición de los profesionales en nuestro Sistema de Servicios Sociales. Lo definía como una mezcla entre hacer acrobacias y juegos malabares. Muchas veces me he sentido así, porque nuestro papel como trabajadores sociales no ha sido nunca fácil. Por deformación profesional tiendo a ver las cosas en triángulos y nuestra posición como técnicos la he visto siempre formando parte de uno de ellos, en cuyos otros dos vértices estarían nuestros responsables políticos en uno de ellos y nuestros usuarios-clientes en el otro.


Las relaciones en este triángulo han sido siempre problemáticas, en función del contexto (otra deformación profesional) en el que se inscriben. Todos los contextos generan dificultades en estos triángulos relacionales, pero dado que como consecuencia de la crisis  el contexto que está tomando más protagonismo es el asistencial, voy a referirme especialmente a él. Dejo para otras entradas futuras el resto de contextos y el tema del deslizamiento entre ellos, fuente de no pocos patinazos profesionales.


El contexto asistencial es un contexto de difícil manejo al que por su poco prestigio tal vez, no le hemos dedicado toda la atención que debería. Voy a señalar tres puntos que a mí me parecen problemáticos y sobre los que creo que debemos reflexionar.

  • NIVEL TECNICO. En Servicios Sociales raramente encontramos un contexto asistencial puro. Frecuentemente las prestaciones asistenciales están mezcladas con otra serie de medidas (coercitivas o promotoras) que pretenden introducir cambios en los usuarios. En mi anterior entrada Money, money reflexiono sobre alguna de estas situaciones en relación a las Rentas de Inserción.

  • NIVEL USUARIOS. Lo resumiré en esta frase de nuestro paisano Baltasar Gracián "El no y el sí son breves de decir, pero requieren de mucho pensar". Y es que en muchas ocasiones nos dejamos atrapar y enredar en las trampas de la demanda (la urgencia, la delegación, la desresponsabilización, la dramatización...) y utilizamos estas prestaciones asistenciales sin la reflexión y valoración necesarias. Reflexión y valoración para la que se necesita un bien cada vez más escaso: el tiempo. Diversas dificultades en el trabajo con usuarios y diferentes triangulaciones son consecuencia de un escaso análisis de la demanda.

  • NIVEL POLITICO. Las presiones que provienen del nivel político. Cada vez con más frecuencia (a mí me ha ocurrido siempre, pero cada vez más) los políticos de turno se sienten legitimados para escuchar, valorar, diagnosticar y proponer el tipo de ayuda que necesita una persona o familia. Y trasladan el mandato al nivel técnico, de varias formas. Y en todas ellas se dificulta, cuando no se impide, el trabajo profesional. Muchas veces viene acompañado de un mensaje doblevincular: "actúa profesionalmente (con criterios técnicos, haciendo un buen uso de los escasos recursos..) pero con quien yo te lo diga (y como yo te diga)". Dificil resolución.

Los problemas en los tres niveles están interrelacionados y dan como consecuencia una multitud de variables y complicaciones en los procesos. Voy a intentar desarrollar algunas orientaciones para la solución de los mismos.


  • NIVEL TECNICO. A mi tradicional reivindicación de separar subsistencia de inclusión, voy a añadir la necesidad de contar en Servicios Sociales con prestaciones asistenciales ágiles, rápidas y con la menor burocracia posible. No estoy de acuerdo con lo de que a mayor burocracia mayor control. Debemos revisar la normativa, aclarar el sistema de prestaciones, simplificarla (y si ya la adaptamos a unos mínimos en todo el Estado...)

  • NIVEL USUARIOS. Formación. No puede ser que profesionales inexpertos o recién llegados al sistema se encarguen de este contexto sin la adecuada formación y supervision profesional. Se debe asímismo dotar al sistema de ratios razonables de atención por profesional. No es razonable obligar a los profesionales a atender 20, 30, 40 usuarios por día y pretender que se haga bien. 

  • NIVEL POLITICO.Si las soluciones en los otros dos niveles son complejas, ésta me parece la de peor pronóstico. Mucho se habla de la regeneración de la política, y ésta tiene mucho que ver con el cambio de actitudes de los políticos que gobiernan y gestionan la administración en general y los servicios sociales en particular.  Por mi parte, no me imagino a otros profesionales de la ayuda (por ejemplo médicos) recibiendo las injerencias y presiones políticas que recibimos los trabajadores sociales en nuestra tarea cotidiana. Erradicar el clientelismo y un mayor respeto a los criterios y lugares técnicos son imprescindibles.

Hasta la próxima entrada.



miércoles, 20 de febrero de 2013

Acróbatas sin red

Esta semana van mis reflexiones encaminadas hacia la difícil posición que ocupamos los técnicos en el Sistema de Servicios Sociales. Si tradicionalmente hemos tenido que hacer de funanbulistas y malabaristas ahora se nos exige ser acróbatas y además, nos quitan la red.

 

Ya perdonaréis mis referencias circenses, pero no me negaréis que a nuestro Sistema de Servicios Sociales le va como anillo al dedo la metáfora del circo. Con sus fieras, domadores, acróbatas, payasos, público, empresarios, tramoyistas... Dejo a la imaginación de cada cual asignar (se) el papel que considere en este circo que, de tan desvencijado, tiene que reinventarse al igual que está haciendo el primero.

La última reforma de la administración local nos ha dejado sin red a los Servicios Sociales. La red que constituía el municipio, que al ser la administración más cercana al ciudadano permitió el desarrollo de unos Servicios Sociales pegados al territorio y flexibles ante las necesidades y realidades concretas. La paradoja de una red que se queda sin red.

También he de decir que no he sido nunca demasiado defensor de este municipalismo. Tenía sus ventajas sin duda, pero también sus riesgos. El que más me ha preocupado siempre era que de los tres niveles clásicos de la administración el municipal era sin duda el más débil tanto a nivel político como financiero. Y consecuencia de esta debilidad acabamos de sufrir el hachazo de esta reforma, cuyas consecuencias pueden llevar hasta la desaparición del Sistema Público de Servicios Sociales. 

La desaparición de los Servicios Sociales como competencia de los municipios nos la podrán argumentar como se quiera, pero como todo en esta ofensiva neoliberal liderada por los ultraconservadores que nos gobiernan, no es sino otra estrategia ideológica más. Una estrategia que pretende dos cosas: devolver a los Servicios Sociales Básicos a los tiempos de la Beneficencia y permitir la entrada de la economía de mercado en aquellos Servicios Sociales donde haya algún beneficio que sacar.

Los políticos actuales (en el gobierno sin duda pero también y lamentablemente entre la oposición) ven los Servicios Sociales como algo secundario y fácilmente prescindible. Para ocuparse de atender las necesidades de subsistencia prefieren el modelo del asistencialismo. Como bien reflexiona Luis Barreiro en este artículo el asistencialismo es inmediato, espectacular, simpático y cuantitativo, irresistible por tanto para unos políticos ávidos de votos y medallas. En cuanto al resto de necesidades de las que se ocupa el sistema... símplemente les parecen lujos que no se pueden financiar en tiempos de ajustes y crisis.

Así, el riesgo de desaparición del sistema está firmado. Unos pocos millones de euros para las ONGs que se dedican a repartir alimentos y ropa a los desfavorecidos y sobra todo lo demás.

De manera muy apropiada, nuestro compañero Joaquín Santos en su libro "El cuarto pilar" , que acaba de publicar, plantea que los Servicios Sociales hemos tenido dificultades en la construcción de nuestra narrativa. No puedo estar más de acuerdo con él y aquí hemos sido responsables todos aunque a diferentes niveles, claro. Pero es cierto que esas dificultades en el relato nos han dejado a los técnicos que trabajamos en el sistema en muy mala posición para defenderlo ahora.

En cualquier caso los momentos de crisis son tiempos propicios para la reflexión y mientras nos reponemos del meteorito (cómo muy bien señala Nacho en esta entrada) que nos acaba de caer en Servicios sociales, voy a compartir con vosotros algunas reflexiones sobre la difícil posición que ocupamos los técnicos en este Sistema.

En la siguiente entrada os las cuento. Salvo que nos caiga otro meteorito o como dicen en los tebeos de Asterix, "el cielo caiga sobre nuestras cabezas". Que es lo único que nos falta.

domingo, 17 de febrero de 2013

Bares, ¡qué lugares!...

Esta noticia sí me ha sorprendido. Ahora resulta que los españoles hacemos más vida social a través de Internet que en los bares. Enlace. 

 

Atribulado, como el blog, estoy desde que me he leído la noticia. Si los bares, esos privilegiados reductos donde los españoles practicábamos el arte de convivir y conversar están siendo sustituidos para tal función por las redes sociales, ya no queda esperanza.

A mí, y creo que en general a mi generación, esto de los mundos digitales nos da un poco de vértigo. No es rechazo, son instrumentos que utilizamos y valoramos, pero no nos son "naturales".  Generaciones más jóvenes, sin embargo, tienen otra comprensión de toda esta tecnología. En un curso que estuve una vez se ponía una metáfora: Internet sería como el mar donde nosotros tenemos que decidir cómo, cuando y hasta donde nos metemos. Las generaciones más jóvenes son los peces de ese mar. La perspectiva cambia radicalmente. Por cierto, no os perdáis las reflexiones en el Blog de nuestra amiga Belén sobre alguna de estas cosas.

Tal vez este vídeo me ayude a que entendáis mejor a qué me refiero:



Mi principal preocupación con esto de la tecnología es precisamente la pérdida de contacto humano que se puede dar con todo ello. Llamadme antiguo si queréis, pero el verse, el sentirse, el tocarse, el respirarse... me parecen elementos imprescindibles para la convivencia entre personas.

En mi trabajo comienzo a ver familias que tienen más fácil hablar con sus hijos adolescentes mediante mensajes en el móvil que viéndose cara a cara. Están olvidando cómo se habla. Se escribe y se manda el mensaje. Ya. Rápido y eficaz. Pero ¿cómo se puede cuidar y educar a un adolescente mediante whatsapps?

Paralelamente, están generándose desde hace unos años nuevos problemas, con jóvenes en riesgo de adicción a esto de las nuevas tecnologías (ver enlace) . Particularmente pienso que no son sino nuevas formas tecnológicas de viejos problemas familiares, pero también es cierto que la tecnología en estos casos añade un factor de riesgo más.

Ahora que andamos todos metidos en este mundo digital que nos conecta y que nos es tan útil, yo quiero reclamar también otros espacios: las plazas y calles, las terrazas, las hogueras, los cafés, las cocinas y las mesas de comedor... Los lugares no virtuales donde podemos encontrarnos y conectarnos sin tener que apretar botones ni darle a un ratón. Los trabajadores sociales, que entendemos de convivencia, sabemos de la importancia de que ésta se haga en lugares reales.

Tan reales como los bares. Como decía Gabinete Caligari en nuestra juventud... ¡qué lugares...!