jueves, 17 de mayo de 2018

El color del dinero


La intervención social en Servicios Sociales lleva un tiempo en una deriva que le hace escorarse cada vez más hacia las prestaciones económicas como respuesta a las problemáticas sociales, en una especie de respuesta universal en la que tanto profesionales como ciudadanos encontramos acomodo.


Porque una gran parte de la gente que acude a Servicios Sociales lo hace para que se le pague el recibo de la luz, para que se le pague el alquiler o para que se le proporcione recursos económicos para afrontar por ejemplo su subsistencia diaria o las dificultades que atraviesa por su condición de dependencia. Estas dificultades económicas ocupan gran parte de las demandas en nuestro sector. Y de sus respuestas.

En parte como consecuencia de la crisis económica (que se ha cronificado en grandes sectores de la población en nuestro país), pero también por razones ideológicas, históricas y tecnológicas, las principales funciones de los servicios sociales se están realizando a través de transferencias económicas. El asunto se resume en dar dinero a quien atraviesa dificultades económicas. No muy lejos de dar dinero a los pobres, que tal vez no nos guste como suena pero que puede responder en gran parte a lo que hacemos.

Y es que hemos perdido el relato, si alguna vez lo tuvimos. Prueba de ello es este artículo  en el que se da cuenta de un informe elaborado por el Área de Equidad, Derechos Sociales y Empleo del Ayuntamiento de Madrid, donde se pone de relieve que los servicios sociales fueron concebidos para una sociedad del pasado y por tanto deben rediseñarse.

Viene a decir el artículo (desconozco si es así en el informe, que no he leído) que por un lado el incremento de la pobreza (consecuencia de la precarización del empleo) y por otro los factores sociodemográficos derivados de los cambios familiares, la inmigración y sobre todo, el envejecimiento de la población, obligan a revisar la labor asistencial de los servicios sociales locales.

Del artículo puede deducirse (insisto, sin leer el informe) que ese rediseño debe ir en la línea de atender la pobreza, el envejecimiento y la inmigración mediante prestaciones económicas conceptualizadas como derechos sociales.

La "novedad" propuesta, por tanto, parece ser la vuelta a lo asistencial, fortaleciendo esta vertiente dentro de los Servicios Sociales., vertiente que en algún momento algunos creimos que podría superarse.

Sobre el alcance de las prestaciones económicas en servicios sociales he hablado mucho en este blog. Además de opinar que no son competencia del sistema de servicios sociales, para lo único que sirven es para ayudar (en muchas ocasiones ni siquiera de manera íntegra o protagonista) a que la gente sobreviva, pero permaneciendo dentro del mismo nivel de dificultades y sin promocionar el acceso a otros niveles menores de sufrimiento o problemáticas.Ya hablé de algunas de estas cosas en esta  entrada de hace un tiempo: "Teoría de los estratos"  

Del mismo modo que en esta otra entrada: "Las leyes de Newton y la atención a la pobreza” proponía deconstruir la ecuación POBREZA-SERVICIOS SOCIALES-DINERO mediante, entre otras cosas, el diagnóstico de las situaciones que hay detrás de esas dificultades económicas.

Proponía pasar de la evaluación (lo que venimos haciendo, que consiste básicamente en constatar la carencia económica o certificar la situación de pobreza) al diagnóstico, entendido como la comprensión objeto de la intervención, su génesis, evolución y pronóstico, así como los aspectos relacionales subyacentes.

Esto es: comprender qué hay detrás de la situación de una persona o familia que carece de recursos. Las dificultades económicas, ¿son una circunstancia objetiva en sí misma o son el síntoma de alguna otra disfunción? ¿Cómo han llegado a esta situación? ¿Pueden hacer algo para salir de ella? ¿Siempre ha sido así? ¿por qué? ¿Quién está principalmente implicado en el problema? ¿Y en la solución? ¿A quién afecta más? ¿Denuncia algo -o alguien- esta situación?... Y tantas otras.

No se trata de preguntas fáciles, pues muchas de ellas nos van a llevar a cuestionar los procesos de delegación y desresponsabilización que estas personas y familias atraviesan. Y eso es algo que está prohibido. Prohibido porque no tenemos tiempo, porque nos complica la vida, porque las normas nos exigen que evaluemos, no que diagnostiquemos, porque asociamos comprender a juzgar…

Claro que no hacer este trabajo tiene consecuencias. La ayuda económica toma un cariz más de indemnización que de verdadera ayuda y la cronificación es una deriva tan probable como inevitable.

Tanto como el debilitamiento de las potencialidades y procesos de autoayuda que tienen las propias personas y familias, dentro de sí mismas o en sus redes familiares y sociales. Procesos que más que potenciar y reforzar, nos hemos dedicado a sustituir sin reflexionar sobre las consecuencias que podía tener.

La salida no es fácil tampoco, pues exige un rediseño de toda la política social,  desarrollando de verdad un sistema de atención a la pobreza donde el sistema de garantía de ingresos, el de vivienda y empleo asuman sus responsabilidades, condición imprescindible para que el sistema de servicios sociales pueda desarrollar las prestaciones relacionales y de convivencia que deberían ser su principal objeto.

martes, 8 de mayo de 2018

Ancianos que mueren solos en sus casas

A raíz de unas cuantas noticias de ancianos solos a los que se ha descubierto muertos en sus casas,  parece que hemos comenzado a ser conscientes de la situación de soledad y falta de apoyos en la que se encuentra gran parte de este sector de población.


No pretendo con esta entrada desarrollar lo que podría hacerse para solucionar esta problemática a la que parece que ahora dirigimos nuestra mirada. Más bien voy a nombrar simplemente unos apuntes que me parecen oportunos para comprender la misma y reflexionar sobre las medidas que podrían implantarse.

Como primer apunte diré que se trata de una realidad compleja, en la que (reduciendo mucho) hay tres sistemas implicados: el sanitario, el de servicios sociales y el de urbanismo-vivienda. Las soluciones por tanto deben plantearse desde la coordinación de estos tres sistemas y ello, por sí mismo, ya nos permite hacer un pronóstico sobre la mejora de la situación: nula. 

Las experiencias de coordinación consisten frecuentemente en "echar el balón" al tejado del vecino para que se responsabilice del mismo. Y ya sabemos cómo termina este juego siempre: el balón acaba en el tejado más débil y por tanto, con más dificultades para hacer algo con él.

Segundo apunte, ¿qué esperábamos? Alineados con la ideología dominante, en la que el indivíduo es lo único que importa, nos hemos dedicado a diseñar políticas sociales delirantes, sustituyendo y destruyendo los vínculos familiares y sociales de ayuda mútua. El modelo tendente es que, ante una situación de necesidad, la gente se relacione sólo con la administración responsable de satisfacerla y a ser posible, mediante comunicación electrónica.

Por ejemplo y en este sentido, cuando se habla de esta problemática de soledad en los ancianos, siempre aparece entre las medidas a desarrollar para paliarla los servicios de teleasistencia. Y sin duda es así. Pero si, como ocurre en gran medida en la actualidad, consideramos esta teleasistencia como un mero recurso (por muy tecnológico que sea) sin acompañarla de otras medidas de apoyo relacional y sobre todo, sin evaluar ni trabajar el impacto que en lo convivencial puede suponer el acceso al recurso, podemos encontrar la paradoja de que el anciano se encuentre más "conectado" al tiempo que más aislado del mundo que le rodea.

En Servicios Sociales particularmente tendremos que asumir nuestra parte de responsabilidad en cómo nuestras intervenciones (por acción o por omisión) aíslan más que conectan, dividen más que relacionan.

Tercero, llamemos a las cosas por su nombre. Esta situación no es sino otra forma de violencia, la punta del iceberg (en forma de negligencia de cuidados y protección) de todo el maltrato que sufren muchos ancianos, tanto a nivel familiar como social e institucional. Por eso el abordaje que se requiere ha de ser global sobre el conjunto de la problemática y no escindiendo las soluciones sobre una de las manifestaciones más llamativas.

Es necesario una mirada global, compleja, transversal e intersectorial sobre la situación. Sólo así podremos comprenderla y promover soluciones eficaces a la misma, sin caer en el estúpido parcheo (bienintencionado o no) de la misma.

Y final. No hace falta descubrir de nuevo la pólvora. No hagamos grandes planes y programas, (en alharacas sin sentido a la sóla gloria de quien los propone) o diseñemos grandes y complejos proyectos con dispositivos ultramodernos (que dificilmente arraigan). Es imprescindible el refuerzo y el "buen trato" a la atención primaria de salud y a la de servicios sociales, dotándolas de competencias, funciones y recursos suficientes.

Como bien señala Mª José Aguilar en este artículo sobre la atención primaria, "no podemos conformamos con ser meros proveedores o intermediarios de servicios y prestaciones (sean sanitarias o sociales), la atención primaria no va de eso".

El reto para los servicios sociales de los próximos años estará en desarrollar esas estructuras de atención primaria sin que queden estranguladas por esa función de proveedoras de recursos y servicios y puedan afrontar, mediante un trabajo comunitario y relacional, los desafíos que las nuevas formas de convivencia nos presentan (y como en este caso de los ancianos, sus dramáticas consecuencias).

martes, 1 de mayo de 2018

Mientras queden mamelucos...

Mañana celebramos otra vez nuestro aniversario, como cada dos de mayo, desde aquel ya bastante lejano año 2012, en que comenzó a caminar este blog...


Goya, 2 de mayo de 1808, "La carga de los mamelucos"
Nunca pensamos Wang y yo que la aventura duraría tanto. Un blog dedicado a reflexionar sobre política social, servicios sociales y Trabajo Social, en el que hemos publicado más de 250 entradas y que ha tenido en conjunto más de 250.000 visitas. Es para celebrarlo.

Nos hemos hecho un poco viejecitos, porque seis años en esto de los mundos digitales es, valga la redundancia, todo un mundo. Pero aún tenemos de vez en cuando ganas de reflexionar, de intentar iluminar de manera diferente algún ángulo de esta realidad social en la que trabajamos y vivimos.

Y mientras tengamos ganas y sintamos que lo que decimos tiene algún interés, seguiremos. Aún sentimos que podemos pelear contra esos mamelucos que pretenden desmantelar el Sistema de Servicios Sociales. 

Y al servicio de esta lucha ponemos las únicas armas que tenemos. Nuestra palabra y nuestra reflexión.

Gracias a tod@s un año más por hacer, con vuestras lecturas y comentarios, que este blog siga en la lucha.

¡Nos vamos a celebrarlo!

miércoles, 18 de abril de 2018

El máster de Wang

Pues nada, otro mito que se ha caído. En el fondo ya lo sabíamos, pero no queríamos creer del todo que la podredumbre que envuelve todo lo que la ideología neoliberal toca hubiera llegado también a la Universidad. 


Todavía confiábamos en que el acceso a la Universidad por parte de grandes sectores de la población era un paso más en la igualdad de oportunidades y en la reducción de las desigualdades, cuando nos enteramos que gran parte de las clases dirigentes han reservado para sí parte del sistema universitario, instrumentalizándolo a su favor para conseguir privilegios y prebendas vetados al resto de los mortales.

Nada nuevo bajo el sol, lamentablemente. Ya sabíamos qué había detrás de la "cultura del esfuerzo", el "gobierno de los mejores" y todas esos mantras utilizados por los prebostes neoliberales que nos gobiernan. Estrategias para ocultar su mediocridad y perpetuar un sistema basado en la desigualdad.

En el fondo no es sino la reproducción de ese pensamiento que con tanto ahínco han conseguido introducir en la sociedad, en la que los poderosos, los gobernantes y los ricos acceden a ese estatus porque son los mejores, mientras que los débiles y pobres se encuentran en esa situación debido a sus muchos defectos, lo cual por otra parte legitima que no se les ayude salvo con diversas formas de caridad.

Wang, que a pesar de sus muchos conocimientos y titulaciones, tan sólo se define como "filósofo" (bueno, a veces presume también un poco de haber sido guerrero Taiping...), ha asistido estos días, entre preocupado y divertido, a todas estas noticias que se han desvelado sobre cómo estos gobernantes habían engordado su curriculum inventándose titulaciones no realizadas o directamente compradas.

Y como parece que ahora si no tienes un máster no tienes nada, ha decidido crear la Fundación de Estudios Filosóficos "Wang", a través del cual va a impartir un master, totalmente gratuito, dirigido a los profesionales que trabajan en el Sistema de Servicios Sociales. Lo ha llamado "Master de supervivencia para trabajar en el Sistema de Servicios Sociales". El diploma se envía con antelación, las clases serán on-line y el temario más o menos el siguiente:

TEMA 1.- "No hay quien entienda... La Ley de Dependencia". 
                   Donde se proporcionarán un conjunto de técnicas, traídas de la sabiduría milenaria china, para obtener el estado de relajación trascendente adecuado para ayudar a los dependientes a soportar los insoportables retrasos en la valoración y acceso a los recursos, así como las prestaciones insuficientes e inadecuadas que se les ha reconocido como derecho.

TEMA 2.- "Nuevos desarrollos profesionales: marketing en consumo energético". 
                   En este tema aprenderá a desarrollar de manera eficiente la función para la que ha sido designado según las últimas normativas: "Comercial de las compañías eléctricas". Aprenderá a considerar y transmitir como un éxito el que las entidades locales dediquen parte de sus escasos recursos a maximizar tanto el ahorro del beneficiario como el beneficio de la compañía.

TEMA 3.- "¿Renta Básica?... ¡para qué!"
                   ¡Actualice su anticuado modo de pensar!.  La supervivencia material de las personas ya está garantizada suficientente con la combinación actual: un poco de economía sumergida, un puñado de rentas mínimas y algo de beneficencia o caridad. Con el colchón de las ayudas de urgencia locales el cuadro queda completamente cubierto y es un ejemplo de colaboración público-privada y de coordinación interadministrativa. Deje de pensar que con una renta básica se podría hacer mejor.

TEMA 4.- La sabiduría de los suizos.
                  Tranquilos, no les vamos a recomendar que evadan capitales a Suiza. (Salvo que los tengan, claro, lo cual será difícil trabajando donde trabajan...). No, de Suiza lo importante no son sus montañas, ni su estructura financiera... ¡Son las navajas!. Sí, esas que sirven para todo. En el master analizaremos las técnicas de esas navajas multiusos y las aplicaremos a sus funciones como profesional del Sistema, en las que tendrá que atender todo lo que los demás sistemas de protección social no quieran hacer. Le garantizamos que podrá hacer de todo con una simple navaja.

TEMA 5.- La coordinación sociosanitaria.
                  Con las antiquísimas técnicas de los monjes tibetanos, expertos en el tema, le enseñaremos el único instrumento que se le va a exigir para que pueda desarrollar esta coordinación de una manera adecuada: la obediencia. Aprenderá a dejar su mente en blanco y aceptar los designios que para sus casos y programas tengan a bien recomendarle desde el sistema sanitario.

De momento Wang ha diseñado y desarrollado estos temas, pero está abierto a vuestras sugerencias para que el master desarrolle un programa lo más completo posible.

Y si alguien no puede o no tiene tiempo para hacer el master que no se preocupe. La Fundación  "Wang" es tan flexible que con la simple lectura de esta entrada le convalida el título. Y si dejas un comentario, lo hace con Matrícula de Honor.





miércoles, 11 de abril de 2018

Ser o no ser, esa es la cuestión

Con más frecuencia que la que desearía, oigo definiciones de nuestra profesión que son de un reduccionismo tal que la convierten en una mera caricatura de nuestra disciplina



Este tipo de definiciones suelen compartir que la principal razón de nuestra profesión es poner en contacto a las personas con los distintos recursos, prestaciones y servicios que puede tener a su alcance para solucionar sus situaciones de necesidad. Para ello, el conocimiento de dichos recursos (y la compleja normativa que les suele acompañar), se convierte en nuestro principal campo de actuación, pues sólo manejando con soltura dicha información podremos encontrar, dentro de la inextricable maraña que conforman estos recursos, aquel o aquellos a los que tiene derecho nuestro sujeto y que mejor van a solucionar sus problemas o carencias.

En muchas ocaciones lo hemos resumido como ser "expertos en recursos". Somos los encargados, como dice la canción, de buscar la pomada que cure el dolor del que tenemos enfrente y de garantizar que se la aplica convenientemente.

Se trata sin duda de una noble función. Y necesaria en nuestra sociedad. Tanto, que la hemos reclamado en exclusividad y como digo, la hemos convertido en nuestra principal identidad como profesionales.

En el juego dialéctico con la sociedad y con otras profesiones hemos construido esta identidad, de manera que las definiciones que la acompañan nos vienen tanto desde fuera como desde nosotros mismos. En el vasto campo de la relación de ayuda nos hemos visto seducidos por la parte del acceso a los recursos, confundiendo esta parte con el todo y encontrando acomodo en "dar ayudas" (con "s" al final) más que en ayudar.

Ha sido un juego peligroso al que hemos jugado durante mucho tiempo, de manera que ahora tenemos difícil salir de este tipo de definiciones.

Como muestra de todo ello, hemos conocido recientemente esta Resolución del Defensor del Pueblo en Navarra , en la que (resumidamente) viene a recordar que, según las Leyes actuales de Servicios Sociales, el deber de información de nuestro sistema sobre las prestaciones del mismo y sobre las del resto de sistemas públicos es prácticamente ilimitada. Esto es, el Sistema de Servicios Sociales (y el Trabajo Social como la profesión de referencia del mismo) tiene la función y obligación de informar de modo preciso y exhaustivo sobre cualquier tipo de prestación o servicio, sea del sistema que sea, al que pueda tener derecho un ciudadano.

Como bien dice Manuel Aguilar Hendrickson en este hilo de Twitter, es lo que tiene atribuir alegremente funciones en la Ley que suenan bien; ...que a veces hay alguien que se lo toma en serio y nos recuerda las responsabilidades que tenemos que asumir.

A mi juicio, llevar a las últimas consecuencias esta función (y más dentro de la complejidad, fragmentación y descoordinación del conjunto de la política social) es una tarea inasumible. O más bien posible a coste (y es algo que viene sucediendo) de reducir las funciones y objetivos del Trabajo Social a ese "profesional experto en recursos" y convertirnos en los gestores de la burocracia que acompaña dichos recursos.

Ya hemos planteando en numerosas ocaciones la necesidad de redefinir el Sistema de Servicios Sociales desde sus cimientos, dado que es la única solución a este tipo de derivas en las que nos encontramos.

Porque son derivas muy peligrosas para la profesión. Si la función social que se (nos) atribuye es esa, deberemos asumirlo y transformarnos en otra cosa. Los planes de estudios de la disciplina deberán cambiar (parece que es una tendencia que en algunas universidades ya se atisba) y primar los contenidos de legislación, normativas, gestión de recursos... frente al resto de materias que estudiamos y que debieran convertirse en residuales.

Creo que es urgente que nos redefinamos y que acompasemos lo que somos y lo que hacemos. Y si no podemos cambiar lo que hacemos... tal vez tengamos que cambiar lo que somos.