miércoles, 12 de diciembre de 2012

La vida es una tómbola...

He dudado mucho en ponerle título a esta entrada. Dudé si llamarla nueva caridad, o nueva beneficencia, o nueva solidaridad... He dudado en el título y he dudado en el contenido. Se perfectamente lo que quiero decir, pero no se si voy a saber expresarlo bien en estas líneas. 

Y es que es un tema polémico, y no quisiera levantar susceptibilidades. Ultimamente anda el personal bastante ocupado en paliar (en sus propias carnes y en las ajenas) los efectos de la crisis como para que venga yo a cuestionar algunas prácticas. 

Juro que no es mi intención hacerlo, pero como cada vez que algo me incomoda prefiero ponerle palabras (es algo que voy aprendiendo con la edad), voy a intentar explicaros lo que pienso y lo que siento.

Lo que siento y lo que pienso ante la gran proliferación de iniciativas solidarias y prácticas de ayuda mútua entre ciudadanos que intentan paliar los efectos de la oleada neoliberal que a modo de tsunami, (ahora que están más de moda en los cines que en la realidad,) está destruyendo nuestro bienestar.

No puedo evitarlo, pero cada vez que surge una noticia en la que desde la iniciativa social o ciudadana se organiza una actividad para hacer frente a algún aspecto de la crisis, me asaltan sentimientos encontrados. Por un lado me reconcilia con el ser humano, que todavía puede desarrollar formas de solidaridad y ayuda mútua ante congéneres en situación de necesidad. Por otro, me queda un regusto amargo, porque siento que este camino, aún siendo una buena noticia, no es más que un retroceso. En este artículo que os enlazo se apuntan algunas cuestiones al respecto.

Es un hecho que el Estado está abdicando de proteger a los desfavorecidos. Lenta, pero inexorablemente, se va desmantelando nuestro Estado de Bienestar. El nuevo lema viene a ser un "sálvese quien pueda" y quien no lo haga es por su torpeza y falta de iniciativa. Ya hemos reflexionado en alguna ocasión sobre la ideología que hay detrás de todo esto. 

El caso es que toda la tarea de protección a los débiles queda en manos de la Sociedad Civil. Y aquí surgen dos caminos: uno son las oportunidades de negocio. Hace poco asistí a unas jornadas sobre economía social y se presentaron datos en los que el volumen de negocio para las empresas sociosanitarias se va a incrementar en los próximos años de una manera exponencial. Lógico y coherente con el mantra privatizador que promueve la secta neoliberal.

El otro camino es el de la solidaridad. Asociaciones, grupos, entidades tendrán que hacerse cargo de lo que no sea rentable en términos económicos. Y es lo que está sucediendo: asociaciones recogiendo libros de texto para los niños de familias que no pueden pagarlos, entidades promoviendo comedores o roperos sociales, consultorios médicos para los ciudadanos que no tienen asistencia sanitaria... Y todo está empezando aún. Iniciativas y actuaciones todas ellas loables y necesarias pero...

Mientras tanto los servicios públicos que antes se encargaban de todo ello están desapareciendo. Lo que en anteriores épocas se presentaba como un complemento de la iniciativa social a las funciones del Estado, poco a poco, sin darnos cuenta, se está convirtiendo en una sustitución de dichas funciones.

Y ahí radica mi malestar. Asociaciones, Fundaciones, ONG´s... están asumiendo la protección social, en una tarea que lleva camino de convertirse en exclusiva. Pero... ¿y los derechos sociales? ¿Serán todas estas entidades las garantes de los derechos de los ciudadanos cuando se encuentren en situación de necesidad? ¿Con qué criterios? ¿Con qué capacidad? ¿Veremos satisfechos o no unos derechos u otros en función de la presencia o no de alguna de estas entidades en nuestro entorno?

Personalmente, me parece un triste camino para la protección social en el siglo XXI (que por cierto, se escribe igual que el XIX tan sólo cambiando el I un poco). Pero no me malinterpretéis. No quiero decir con todo esto que todas estas entidades deban dejar de hacer la función social que realizan. Convivo a diario con situaciones de malestar y se de primera mano lo importante de la labor que algunas de estas entidades hacen.

Tan sólo quiero decir que, a mi juicio, cada vez que surge alguna de estas iniciativas deberíamos vivirlo como un fracaso colectivo, y no como un éxito.Sé que es duro, pero cuantas más iniciativas de este tipo surgen, más fracasado me siento.

Por eso creo imprescidible acompañar la iniciativa de una intensa y mantenida (que a veces se nos olvida pronto), denuncia de los derechos sociales y de la función social que el Estado ha dejado de garantizar y por la que esa iniciativa ha tenido que desarrollarse.

Sin esa labor de denuncia, sin esa reivindicación constante, me parece que no tienen demasiado valor estas actuaciones solidarias, pues nos acercan más a la beneficencia que a la justicia social.

Espero vuestros comentarios.


miércoles, 5 de diciembre de 2012

El arte de amargarse la vida

"Un hombre quiere colgar un cuadro. El clavo ya lo tiene, pero le falta un martillo. El vecino tiene uno. Así, pues, nuestro hombre decide pedir al vecino que le preste el martillo. Pero le asalta una duda: ¿Qué? ¿Y si no quiere prestármelo? Ahora recuerdo que ayer me saludó algo distraído. Quizás tenía prisa. Pero quizás la prisa no era más que un pretexto, y el hombre abriga algo contra mí. ¿Qué puede ser? Yo no le he hecho nada; algo se habrá metido en la cabeza. Si alguien me pidiese prestada alguna herramienta, yo se la dejaría enseguida. ¿Por qué no ha de hacerlo él también? ¿Cómo puede uno negarse a hacer un favor tan sencillo a otro? Tipos como éste le amargan a uno la vida. Y luego todavía se imagina que dependo de él. Sólo porque tiene un martillo. Esto ya es el colmo. Así nuestro hombre sale precipitado a casa del vecino, toca el timbre, se abre la puerta y, antes de que el vecino tenga tiempo de decir:"buenos días", nuestro hombre le grita furioso:"¡Quédese usted con su martillo, so penco!"."

No, esta vez no se trata de un cuento de Wang, aunque bien podría serlo. Esta vez se trata de un cuento que contiene un libro que recomiendo con frecuencia. Todo un tratado de cómo nuestras actitudes y percepciones ante la vida nos hacen andar por ella quemados y amargados.

No suelo recomendar libros en este Blog pero éste, si no lo conoceís, no dudéis en leerlo en cuanto tengáis oportunidad. Es un libro pequeño y además el estilo del autor (Paul Watzlawick, un psicoterapeuta de obligada referencia en la terapia familiar sistémica) tiene un tono entre humorístico e irónico que lo hace muy agradable de leer. Imprescindible. Podéis descargarlo en este enlace.

Además, esta entrada me apetecía dedicarla a otras cosas, que el blog últimamente estaba tomando un tono muy serio.

 Y ya que estamos de recomendaciones literarias,  aprovecho para comentaros un libro que leí este verano pasado. Se trata de "El abuelo que saltó por la ventana y se largó", de Jonas Jonasson. Tampoco os lo perdáis.

Divertido y más profundo que lo que en principio parece por su fácil lectura y argumento. Con unos personajes tremendos y una historia amable y divertida. No os contaré de qué va, sólo os adelanto que sale hasta un Trabajador Social.

En fin, dos libros para descongestionar y divertirnos, que falta nos hace. Tanto o más que las otras lecturas que también tenemos que hacer, ahora que las circunstancias sociales nos están convirtiendo a todos en sesudos economístas, sociólogos, antropólogos y yo que sé cuántas cosas más.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Una vivienda, por caridad...

Estamos en el año I d. M. (después de Mariano). Toda España está ocupada por los neo-liberales. ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles ciudadanos resiste todavía y siempre al invasor... 

Me he permitido esta adaptación libre de la famosa introducción a los comics de Asterix, porque creo que recoge fielmente lo que siento que en estos momentos está sucediendo en nuestro país con la política social y los servicios sociales. Una invasión de recortes, ideología trasnochada y privatizaciones que están dejando a los servicios sociales públicos en algo residual, pequeño, rodeado de enemigos que por todas partes quieren hacerlos desaparecer.

Y es que además de los recortes con los que pretenden acabar con el sistema (ya hemos hablado de los recortes en Dependencia, en el Plan Concertado y en tantos otros sitios y programas...) están apareciendo ahora nuevos ataques, estos más ideológicos, que propugnan una sustitución de los valores que sustentaban los servicios públicos de acción social (derechos sociales, universalidad, normalización...) por otros más propios de sistemas benéfico-asistenciales (graciabilidad, caridad, estigmatización...).

Pondré el último ejemplo que me ha golpeado. "La Comunidad de Madríd cede 1.000 viviendas a Cáritas" . Esta reciente noticia viene a resumir condensadamente todo un estilo de hacer política social. La PPolitica Social, la llamo yo.

Juro, prometo y lo que queráis que no tengo nada en contra de Cáritas. Al contrario. Me parece una entidad respetable y valoro su papel en el mundo de la acción social. Pero no me parece la institución a la que la Comunidad de Madrid deba ceder esas viviendas. Los irreductibles galos que aún creemos en los servicios públicos creemos que nadie mejor que la red de servicios sociales de esta Comunidad para gestionar esas viviendas.

El Sistema Público de Protección Social que llamamos Servicios Sociales cuenta con magníficos profesionales que conocen de primera mano las necesidades de vivienda de la población que más lo requiere. Cuentan con datos, experiencia, equipos profesionales habituados a trabajar para la inclusión social... ¿Quién mejor que ellos? Pero tienen un problema: son públicos. Y eso parece que a los gestores políticos actuales les produce urticaria.

Además de una operación de maquillaje, esta estrategia de las viviendas tiene una carga de profundidad, dirigida a los Servicios Sociales. "No importáis, no os consideramos, sois prescindibles".

Nunca habíamos previsto una vuelta tan atroz a la beneficencia. "Están locos, estos romanos..." que diría Obelix. Desde esta pequeña aldea digital, conectada con otras pequeñas aldeas digitales y virtuales, tenemos que resistir y defender los servicios sociales públicos. 

Por cierto ¿alguien tiene poción mágica?

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Pequeños detalles

El ejercito neoliberal avanza imparable, con su armamento privatizador y sus estrategias de desprestigio de lo público. Van ganando posiciones, apoyados en el poder, la manipulación, la mentira y el miedo.

Me dice Wang que últimamente ando más enfadado que de costumbre. Él, como buen oriental, suele tener bastante control sobre sus emociones y me ha preguntado, preocupado, qué me pasa. Para explicárselo, le he expuesto un detalle y un ejemplo:

El detalle: la Presidenta del Gobierno de nuestro querido (y maltratado) Aragón, dejando bien clarito su argumentario. "Yo no creo en el empleo público, creo en el privado". Es de agradecer esa sinceridad, y que cuando estamos viendo como vapulean por todos los lados a los servicios públicos, al menos no nos hagan "luz de gas". Gracias.

El ejemplo: una diputada del PP, una tal Pilar Sol acusando en una comisión de Política Social a los parados que cobran 400 euros de malgastarlos en cosas no apropiadas como una "televisión de plasma".
   
   Como trabajador social me ofenden y me hieren este tipo de manifestaciones, que a duras penas aguanto entre la gente de la calle, pero que no soporto cuando las hacen cargos públicos. Me parece mezquino y creo que debería conllevar la dimisión inmediata de la susodicha.

     Eso, o al menos que se atreva a mirar a la cara (que es muy fácil hablar en los Parlamentos) a la gran mayoría de las personas que se las ven y se las desean para sobrevivir con esos 400 euros y les repita, como digo mirándoles a los ojos, semejantes acusaciones. Si quiere hacerlo, yo le presento unas cuantas familias que estarían encantadas de escucharla y de contarle, con mucho más respeto que el que ella les ha mostrado, en qué se gastan 400 euros cuando son lo único que tienes para sobrevivir.

Wang ha entendido mi cabreo. Seguro que tú también.

Hasta la próxima entrada, que ya se me habrá pasado.



lunes, 26 de noviembre de 2012

Trabajo social digital

     No, aunque termine casi igual, esta entrada no se refiere al estupendo Blog de nuestra amiga Belén "Trabajo social y tal". ¡Cómo que aún no lo conoces! ¿A qué esperas? 

     Me refiero al mundo digital, esto es, la red, internet, las nuevas tecnologias, las redes sociales, los blogs, páginas web y demás zarandajas digitales.

     El pasado sábado tuvimos un encuentro en el Consejo General de Trabajo Social un pequeño grupo de trabajadores sociales que tenemos presencia en la red mediante algún tipo de blog. Fue un primer encuentro, muchos compañer@s se quedaron sin venir, porque no pudieron o porque no pudimos contactar con ellos. Habrá más oportunidades, porque los que estuvimos allí compartíamos todos una reflexión: la importancia que para nuestra profesión tienen las redes digitales. 

Éstas se han convertido en un instrumento importante, camino de hacerse imprescindible, para conseguir los objetivos que como trabajadores sociales tenemos.

     Dos conclusiones principales saqué de este encuentro: la necesidad de que el Trabajo Social, los trabajadores sociales tengamos una mayor presencia en la red, nos visibilicemos como tales, las utilicemos para difundir nuestra profesión, nuestros proyectos, nuestras reflexiones... Y las posibilidades que, como digo, la red ofrece para nuestro quehacer profesional. Ambas son complementarias y se retroalimentan.

     Porque si alguna ventaja tienen esto de las redes digitales es que nos conectan. Y una profesión que da tanta importancia como la nuestra a las conexiones, a las interacciones, en suma a la relación entre personas, no puede permanecer al margen de estas redes.

Foto "oficial" del encuentro.

     Cada vez más hay trabajadores sociales que tienen blogs, páginas web, o utilizan internet y las redes sociales para estar informados, compartir y difundir contenidos, participar o intervenir en la realidad social. Es algo que hay que seguir animando y potenciando.

     Otra ventaja que desde mi punto de vista tiene esta presencia en la red de tantos trabajadores sociales es que permite el diálogo entre nosotros. Y a mí me parece fundamental este diálogo. Mediante él reflexionamos, compartimos información, en suma, construimos nuestras intervenciones. Un profesional, un trabajador social aislado difícilmente conseguirá sus objetivos.

     Así que desde este pequeño rincón digital te animo a que te "digitalices" cada vez más. ¡Ah! Y naturalmente sin perder el contacto analógico. Que verse, sentirse, tocarse y estar junto a otros es igual o más importante. ¿No?