Chinos y japoneses mantienen cierto enfrentamiento, sobre todo tras la 2ª guerra mundial. Algunos hechos que los japoneses perpetraron durante la guerra hicieron que en China creciera desde entonces cierto sentimiento contra ellos, aunque algunos lo atribuyen a la manipulación del Partido Comunista Chino.
Wang suele explicarme cómo a lo largo del siglo XX ha surgido en su país una creciente hostilidad hacia los japoneses. Me cuenta historias acerca de distintas ocupaciones, abusos e invasiones del pueblo japonés contra el chino. Ajeno a aquellas culturas, no deja de sorprenderme esta hostilidad, aunque no me cuesta demasiado comprenderla: habitualmente los pueblos cercanos mantienen enfrentamientos de este tipo, bajo diversas formas.
Pero hoy Wang me ha venido con un argumento irrefutable, que para él es un ejemplo que explica la maldad del pueblo japonés y por tanto justifica la animadversión que sienten hacia ellos.
Y este ejemplo no es otro que las declaraciones del ministro japonés sobre los ancianos. Ver enlace. Es el caso que el ministro de finanzas japonés (el De Guindos o Montoro de turno) ha venido a declarar que es mejor que los ancianos enfermos se mueran cuanto antes para no ocasionar más gasto social al Estado.
Por una vez, no voy a estar de acuerdo con Wang. A mí la actitud de ese ministro japonés no me parece tan descabellada. Al fin y al cabo se hace en una cultura que durante las últimas décadas ha sido puesta como ejemplo del moderno y eficaz sistema económico capitalista. Y efectivamente, tiene razón. En términos de economía, la atención a ancianos y enfermos es una ruina.
Creo que Wang lo pone como ejemplo porque él procede de una sociedad distinta, que ha accedido a las bondades del sistema capitalista más bien recientemente. Si hubiera crecido en una sociedad civilizada, como la alemana, inglesa o estadounidense de los últimos años, seguramente estaría de acuerdo con tales manifestaciones.
Es más, son un ejemplo para paises como el nuestro, que aspiramos a transitar por la senda que han marcado los paises citados aplicando con esmero sus recetas neoliberales, de la misma forma que Moisés transmitió al pueblo judio los Santos Mandamientos.
Por lo cual debemos dejarnos de medias tintas, y profundizar en las medidas que nos van a llevar al camino económico exitoso y correcto. Hagamos caso a los japoneses, que nos llevan décadas de ventaja. Ya vale de insuficientes ajustes y reformas, ya vale de tibios recortes. Seamos claros y eficaces.
Los pobres, los ancianos, los discapacitados, los enfermos... son un lastre para la sociedad en general. Nos impiden avanzar y generar riqueza. Es hora de que pensemos formas eficaces y rápidas de liberarnos de ellos. Cuanto antes y de forma activa.
Por supuesto que debemos eliminar de raiz cualquier forma de protección hacia estos sectores por parte de lo público. Pongamos fin definitivamente a dispendios como los de la Ley de Dependencia. Pero esto no es suficiente. Hay que prohibir también que se haga desde la iniciativa privada: los recursos que se destinan a ellos han de ponerse al servicio de la economía, no para soportar la carga que estos sectores suponen.
Es más, estos sectores deberían desaparecer. Hay que aplicar políticas de eliminación de los mismos. Eutanasia, esterilizaciones masivas... deben generalizarse si queremos ser una sociedad moderna, avanzada y económicamente sostenible.
El ministro japonés tiene razón. Que se mueran los viejos. Los viejos, los pobres, los enfermos, los discapacitados y hasta los feos.
Es la nueva y correcta ppolítica social. Que se mueran los feos.









