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lunes, 1 de septiembre de 2014

Silencio

En estos tiempos, uno ya no sabe qué es verdad ni qué es mentira. Pero la noticia de que el PP pretende prohibir que los funcionarios públicos se manifiesten me la creo. Me parece coherente con el estilo de gobierno que han instaurado, con su ideología y, sobre todo, con su miedo.



Como funcionario público, he leído la noticia y casi me atraganto. Aunque, como os digo, tras reflexionar un poco, me parece que no hay nada de lo que sorprenderse. Que el Partido Popular pretenda que los funcionarios nos quedemos callados ante sus tropelías (de las que en muchas ocasiones somos testigos de excepción) no es sino la demostración de cómo entienden la administración y, en el fondo, la democracia.

Porque esta cuadrilla piensa que la administración pública es su cortijo y que los funcionarios no podemos expresar ningún tipo de desacuerdo con las políticas que ejecutan. Y para impedirlo, nada mejor que mostrar su autoritarismo mediante la instauración de diversas sanciones a los funcionarios que se atrevan a contradecirles.

Para esconder lo que no es sino una estrategia para conservar el poder a toda costa, exhiben el argumento de que los funcionarios debemos ser neutrales. En concreto, parece que argumentan entre otros el Artículo 52 de la Ley 7/2007 del Estatuto Básico del Empleado Público, que dice lo siguiente:

“Los empleados públicos deberán desempeñar con diligencia las tareas asignadas y velar por los intereses generales con sujeción y observancia de la Constitución y del resto del ordenamiento jurídico, y deberán actuar con arreglo a los siguientes principios: objetividad, integridad, neutralidad, responsabilidad, imparcialidad, confidencialidad, dedicación al servicio público, transparencia, ejemplaridad, austeridad, accesibilidad, eficacia, honradez, promoción del entorno cultural y medioambiental, y respeto a la igualdad entre mujeres y hombres".

A pesar de lo denostados que estamos los empleados públicos y de todos los prejuicios que caen sobre nosotros (y que en muchas ocasiones los gobernantes se afanan interesadamente en alimentar), la gran mayoría de los funcionarios que conozco cumplen con creces este artículo. Algunos no, justo es decirlo, pero la vocación de servicio público, y por tanto el empeño en dar el mejor servicio posible a la ciudadanía es algo mayoritariamente extendido en la administración. Otra cosa son los medios que se están poniendo a nuestro alcance para desarrollar este servicio, o la nefasta organización e ineficaz e incompetente dirección que desde el poder político se impone para dicho desarrollo.

Por otra parte, no veo en los artículos que se esgrimen ningún argumento para intentar evitar que nos pronunciemos y nos manifestemos ante lo que consideramos injusto. Es más, creo que es una obligación nuestra el denunciar y poner de relieve cuantas medidas políticas vulneren los derechos de los ciudadanos. En el ámbito del Trabajo Social creo que es además algo inherente a nuestra profesión.

Sin entrar en razones históricas o de identidad profesional, en lo más concreto podríamos citar, por ejemplo, el Artículo 39 de nuestro Código Deontológico, que viene a decir lo siguiente: "El/la profesional del trabajo social debe dar a conocer a los responsables o directivos de la institución u organismo donde presta sus servicios, las condiciones y medios indispensables para llevar a cabo la intervención social que le ha sido confiada, así como todo aquello que obstaculice su labor profesional."

Así mismo podríamos aludir al Artículo 34, que viene a decir algo parecido, o al 46, que nos recuerda nuestra "responsabilidad principal hacia la persona usuaria" para lo cual debemos "proponer los necesarios cambios de política, procedimientos y actuaciones".

De modo que está claro: manifestarse contra las políticas de recortes y vulneradoras de derechos humanos y sociales que está desarrollando este gobierno no es sólo nuestro derecho.

Es además, desde nuestra responsabilidad, una obligación.

jueves, 14 de agosto de 2014

Las vacaciones de Mariano

No, el título de esta entrada no es el de la última novela que he leído, aunque bien pudiera serlo. Más bien se trata de los mensajes que nuestro presidente del Gobierno nos ha querido hacer llegar mientras pasa sus habituales días estivales por la costa gallega.



Son unas declaraciones que no han tenido demasiada trascendencia, pero a mí me han resultado de lo más reveladoras y en nada inocentes. 


Como os digo, aprovechando sus días de asueto (y supongo que tras alguna copiosa comida bien acompañada de los vinos a los que tan aficionado es nuestro dirigente) ha lanzado unas cuantas proclamas donde se puede observar el núcleo de su pensamiento (y por ende, el del partido a través del cual gobierna).


Las copio tal cual han salido en la prensa:


  • "la gente tiene que actuar sin esperar a que sus problemas se los vengan a resolver las administraciones públicas"

  • "hay valores del deporte que se han de aplicar a la vida para llegar al éxito: la perseverancia, el sacrificio, el aguante, de vez en cuando mirar para otro lado y siempre que haya gente que apoye a uno, aunque no lo entienda muy bien"

  • "a veces la gente piensa que las Administraciones públicas tienen que llegar a todo, y las administraciones llegan a donde llegan"

  • "un país es su gente, su voluntad, su tesón, su capacidad de actuar por sí mismo sin esperar que sus problemas se los vengan a resolver las administraciones públicas, su empuje. Un país sólo funciona con gente."

La verdad es que no se puede ser más claro, eso hay que reconocérselo. Pero como sé que el lenguaje de estos neoliberales trasmite mensajes que a veces pasan un poco desapercibidos, me he atrevido a meter estas frases en el traductor "neoliberal-vulgar" de Google. Y esto más o menos me ha salido:

  • "España es un país lleno de gente vaga y que no se esfuerza lo suficiente. En vez de luchar con tesón y empuje para solucionar sus problemas se sientan a esperar que las administraciones públicas se lo solucionen"

  • "De las situaciones de necesidad que la gente atraviesa, no han de ocuparse las administraciones públicas. Los pobres, los dependientes, los desempleados... se encuentran en situación de necesidad porque no se esfuerzan y no deben ser objeto de la protección del Estado. Ha de ser la solidaridad de la gente quien se ocupe de ello."

  • "Los derechos sociales son algo a extinguir. Pueden ser sustituidos perfectamente por la caridad y la compasión ciudadana".

  • "No es responsabilidad del Estado solucionar los problemas de la gente. Ha de ser la propia Sociedad quien se encargue de ello. Por tanto, las prestaciones y servicios sociales son algo perfectamente prescindible y pueden recortarse sin ningún miramiento"

¿A que así se entiende mejor? Al menos a mí esta traducción me ha ayudado a entender la política social que este Gobierno lleva ejecutando estos últimos años, desmontando sin piedad los sistemas públicos de protección social y permitiendo que fenómenos como la desigualdad, la exclusión social o la pobreza infantil crezcan sin ponerles remedio.

¿Porque acaso nuestros gobernantes son unos seres desalmados, que gozan con el sufrimiento de la gente y se afanan en provocarlo? Sé que por momentos parece que sí, pero yo no lo creo. Aunque muchos de ellos hayan accedido a la política preocupados únicamente por su propio beneficio y la gestión del bien común sea algo a lo que no le prestan interés, a una gran parte de ellos estoy seguro de que las situaciones de sufrimiento humano les conmueven y preocupan. El problema es que están convencidos de que desde su ejercicio público no deben ocuparse de ello.

Y si el Estado no ha de ocuparse de las necesidades de los ciudadanos, ¿en qué ha de ocuparse? No sé muy bien que piensa esta gente, pero una de las primeras cosas que hizo este Gobierno fue ponerse a gestionar la venta de armas internacional, que antes era responsabilidad únicamente de las empresas privadas. Enlace. ¿En ésto sí ha de intervenir el Estado? Yo no lo entiendo, pero ¿cómo asumimos entonces que le hayamos vendido a Israel durante 2013 cinco millones de euros en material bélico antes de que, avergonzados por su utilización en el conflicto de Gaza, le hayamos suspendido la venta? Enlace.

No haré la demagogia de decir que este Gobierno prefiere la venta de armas a, por ejemplo, la atención a la dependencia. 

Aunque lo parezca, al menos, durante las vacaciones de Mariano.

Os dejo con un clásico: Os resentidos y su "Galicia Canibal". Y es que... ¡fai un sol de carallo!.




lunes, 21 de julio de 2014

¡Joder con las vanguardias!

Se acaba de celebrar el debate sobre el Estado de la Comunidad de Aragón. Y la presidenta del gobierno, sin despeinarse, va y define la política social que están ejecutando como "política social de vanguardia". Puestos a definir con tanta rotundidad, a mí se me ocurren otras cuantas definiciones. Ahí van:


Franz Marc-Tyrol (Tirol) (1914)
Política social "como pollo sin cabeza": Sin norte ni sentido. Sin objetivo alguno ni guía u orientación. Hoy pensamos una cosa y mañana otra. ¿Planificación? ¿Para qué? ¿Acaso la política social es importante? Sanidad, educación, servicios sociales..., no son cosas de las que debe ocuparse un Gobierno. Es también conocida como política "a salto de mata", pero sólo en ámbitos académicos.

Política social "el que pueda que se lo pague". Deteriorando los servicios públicos conseguiremos que la gente termine aborreciéndolos y tenga que acceder al mercado privado para acceder a los recursos. El ahorro es innegable. Y todavía nos queda la baza del copago.

Política social "tonto el último". Una política social no basada en derechos, sino en el amiguismo, en el clientelismo. De esta manera se garantiza que los escasos recursos son bien empleados, al menos se conocen de primera mano a los destinatarios.

Política social "a la defensiva". Los dependientes... esos seres peligrosos que pretenden que entre todos les paguemos las prestaciones y servicios que necesitan. Los excluidos, esos desarrapados que quieren percibir unos ingresos mínimos para sobrevivir... Hay que dificultar el acceso de todas estas hordas parásitas de nuestro Estado de Bienestar. Y para ello, nada mejor que normativas complejas, farragosas, con montones de trampas que disuadan y retrasen la percepción de servicios y prestaciones.

Política social "pobrecito pobre". Unas cuantas obras de caridad, unos miles de eurillos para algún programa asistencial, y así nos sentimos bien y nos reafirmamos en todas las políticas anteriores.

Sumen vds. todas las definiciones expuestas y obtendrán la descripción de lo que nuestra Presidenta entiende como política social de vanguardia.

¿Que no les parece tan vanguardista?  Wang, que de esto sabe un rato, dice que es porque las vanguardias siempre han sido unas incomprendidas. Pues será por eso, ¿verdad Presidenta?

lunes, 7 de julio de 2014

La rebelión de las amas de casa

¡Al fin! Hemos encontrado a las verdaderas culpables de la crisis, del crecimiento de la deuda pública y del déficit estructural a consecuencia del cual estamos sufriendo los amargos recortes en nuestro Estado de Bienestar. Nos lo ha descubierto ese gran benefactor de la humanidad y profundo pensador que se llama Juan Rosell, el presidente de los empresarios del Reino de España.


No os dejéis engañar por su cara angelical...
Naturalmente, ¿cómo no habíamos caido antes?. Son las amas de casa (bueno, igual también hay algún "amo de casa", según el análisis de nuestro amigo, pero como creo que serán los menos utilizaré sólo el femenino). Efectivamente, las amas de casa, organizadas en un contubernio contra el orden establecido, se han apuntado en masa al desempleo para cobrar un subsidio y así, hacer quebrar al sistema.

A mí me dan escalofríos saber que el ser humano (si es que estas amas de casa merecen que las llamemos así) pueda albergar tanta maldad. 

Es de agradecer que el presidente nos haya descubierto esta maquiavélica actitud de las amas de casa. Yo, en mi ignorancia, me había dejado embaucar y me había creído que el único fin de que las amas de casa quisieran trabajar (o en su defecto percibir un subsidio), era aportar algo de dinero para vivir o para subsistir a sus familias. ¡No sé cómo he sido tan tonto!

Menos mal que tenemos a pensadores como Rosell, (del que podéis consultar otras de sus preclaras propuestas en esta otra entrada) que descubren las aviesas intenciones de esas hordas de amas de casa. O a la fundación FAES, siempre dispuesta a elaborar propuestas para eliminar los derechos a toda esta gente que no los merece: la prestación por desempleo no puede seguir siendo un derecho de los trabajadores.

Porque las familias de estas amas de casa seguramente están llenas de vagos y degenerados que, si tienen dificultades, es como consecuencia de sus nefastas actitudes. La vida está llena de oportunidades, buenos empleos y condiciones que estas personas no aprovechan por su dejadez y su falta de esfuerzo. 

Y si no, pongamos como ejemplo a los empresarios. Ellos crean y mantienen sus empresas con su esfuerzo, abnegación y sacrificio. Gracias a ellos y a los puestos de trabajo que tienen la generosidad de crear nuestro país avanza. Y su esfuerzo no es en vano:  frecuentemente el éxito de sus empresas es también su éxito personal, y así ocupan los lugares más destacados de nuestra sociedad.

Toda la vida ha sido así. El que se esfuerza, prospera y el que no trabaja de manera abnegada sólo merece una vida llena de penurias y calamidades.

Hace falta ser muy malvadas y desagradecidas para querer subvertir este orden natural de las cosas.

Wang está asustado. Desde que supo el plan de las amas de casa, lleva unos días durmiendo con la luz encendida, no vaya a ser que una de ellas le sorprenda por la noche y, con alevosía y premeditación, le robe los pocos ahorros que aún conserva. O tal vez le haga algo peor y le robe los certificados de su plan chino de pensiones...

¡No quiero ni pensarlo!

martes, 10 de junio de 2014

La epidemia de la caridad

Las formas benefico-asistenciales de la acción social están tomando un auge inusitado. Era de esperar. Lo que antes eran iniciativas esporádicas se han generalizado y ahora se impone apelar a la solidaridad de tus semejantes para resolver tus necesidades. Es la nueva y moderna mendicidad.


 Las formas han cambiado, pero el contenido es el mismo. Desde la Campaña del régimen franquista en los años 50 "Siente un pobre a su mesa" hasta la proliferación actual de iniciativas solidarias que pueblan nuestro territorio y se difunden y reflejan por las redes sociales, no hay más diferencias que las meramente estéticas. En cuanto a la ética que subyace, sigue siendo la misma: es en la compasión y en la caridad donde se debe sostener la protección social de los débiles. 

Naturalmente, es el modelo apropiado al sistema económico que hemos desarrollado. El ejercicio de dichas formas caritativas sirve para lavar las conciencias y legitimar las desigualdades. El otro camino es incrementar los derechos sociales y la protección del Estado, pero eso es incompatible con la acumulación de riqueza por parte de los poderosos.

Ello explica esta epidemia de caridad a la que estamos asistiendo. Es el modelo que nos han impuesto. La mayor prueba de ello es que desde la televisión pública se promueva el bochornoso espectáculo de la caridad que supone el programa "Entre todos", al que de manera ciertamente adecuada define nuestro compañero J. Manuel Navarro como "Telemendicidad"

Una vez institucionalizado, sólo queda ver cómo lo desarrolla la sociedad. Y, como digo, asistimos a una verdadera explosión de actividades solidarias. Las más se refugian en un argumento pragmático: "si no lo hacemos así, la necesidad X (póngase aquí desde la silla de ruedas de un niño discapacitado hasta las necesidades de alimentación de las familias desfavorecidas de un barrio) quedaría sin cubrir". Otras lo plantean como elección: "El Estado no puede cubrir todas las necesidades de la gente, por eso es importante la solidaridad ciudadana". Y algunas, pocas, compatibilizan sus actuaciones con un ejercicio de denuncia: "Tenemos que hacerlo nosotros porque el Estado, que debería ocuparse, no lo hace".

blog.calicospanish.com
Cuidado, no se me malinterprete. Yo creo que la solidaridad ciudadana es importante para resolver los problemas sociales y que tampoco el Estado debe cubrir todos y cada uno de los aspectos de la convivencia social. Pero sólo con otras reglas del juego, donde el Estado garantice unos derechos y asuma su responsabilidad básica en mantenerlos y donde esa solidaridad ciudadana pueda complementar (y nunca sustituir) la acción del primero.

En lo que no creo, y me resultan cada vez más difíciles de sobrellevar, son estas iniciativas donde una familia golpeada por un problema apela a la solidaridad de sus vecinos para solucionarlo.  Veo con preocupación como cada vez más aparecen "campañas solidarias" en las que la familia de un niño con una enfermedad o discapacidad se lanza a recaudar fondos para poder pagar los tratamientos, terapias o ayudas que ese niño necesita.

Algo funciona mal cuando a una familia dolorida por un problema la condenamos además  al escarnio público de tener que mendigar para sacar ese problema adelante. 

Ya no es el pobre con harapos que no tiene que comer; es el niño discapacitado que necesita tratamiento. Ya no es la mesa de Navidad a la que le invitamos; es en las redes sociales donde lo exponemos. Y ya no es comida lo que le damos (o sí); son las terapias y tratamientos que el sistema de protección social le ha negado.

Pero si no es lo mismo, se parecen demasiado.

jueves, 13 de febrero de 2014

Atando cabos

En el proceloso mundo de los Servicios Sociales suceden habitualmente cosas bastante extrañas, algunas de las cuales llevamos tiempo retratando en este blog. Hoy os voy a contar una de esas cosas que suceden en una parte de ese sistema: en los servicios sociales de atención primaria, comunitarios, generales, o como quiera que se les llame.




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Es una de esas realidades con las que solemos lidiar a menudo en esta parte del sistema de servicios sociales que hemos definido en alguna ocasión como "primera línea de batalla" o "trincheras de la acción social". Esa parte cuya responsabilidad ha recaído hasta ahora en los Ayuntamientos, en la administración local, y a la cual la reforma que ha preparado el gobierno de la nación va a golpear sin remedio.

(Aprovecho para recomendar la serie de entradas que nuestro compañero Joaquín está haciendo en su blog sobre esta reforma local, con acertadas reflexiones sobre sus repercusiones e incidencia en el medio rural. Enlace.)

Como todo sistema, el de Servicios Sociales ha tenido siempre unas "zonas de incertidumbre". Aspectos confusos, difíciles de definir y gestionar. Naturalmente, cuando un sistema está sufriendo un ataque dirigido a su desaparición (para ser sustituido por beneficencia) y además está sometido a la gran presión que el incremento de las necesidades ciudadanas supone, esas zonas de incertidumbre se multiplican.

En la realidad que conozco, una de esas zonas de incertidumbre ha sido siempre el papel de los políticos y su relación con los técnicos en la gestión de los servicios sociales locales. A veces he pensado en esta relación como la de un sordo y un ciego intentando escalar juntos una montaña. O el ciego confía mucho en su compañero y el sordo está muy atento a las dificultades del anterior, o no sólo no conseguirán su objetivo, sino que es muy probable que terminen enfadados. Os dejo a vosotros que adivinéis quién es el ciego y quien el sordo en mi metáfora.

Dentro de esta compleja relación, os voy a contar que frecuentemente me encuentro con demandas de atención que políticos nos hacen en relación a determinadas personas o familias. Por mi parte he dividido estas demandas de atención en tres tipos:

  • BIENINTENCIONADAS. El político tiene una honesta preocupación por el caso y lo plantea al técnico para su resolución. Naturalmente, el político no es consciente de la presión que esta derivación supone para el técnico, ni de que esa atención "especial" o "privilegiada" que propone supone un cierto grado de contradicción con la organización y funcionamiento normal del Servicio. En cualquier caso, es la más fácil de reconducir.

  •  HOSTILES. El derivante considera que los técnicos no han atendido previamente  la problemática o bien son responsables de la misma. En estos casos el conflicto está garantizado a no ser que el técnico se pliegue a las exigencias del político, perdiendo así su capacidad de actuar.

  • TRAMPOSAS. Hay una agenda oculta, bien por parte del político, bien por parte del usuario o familia. En el primer caso, con frecuencia, la búsqueda de un trato de favor para familiares o amigos. En el caso de la familia, el acceso a prestaciones o recursos saltándose las normas e intentando presionar indirectamente al técnico.

"Extracción de la piedra de la locura". El Bosco, 1480
Estos tipos de demanda a cargo de remitentes políticos evolucionarán de una manera u otra en función de múltiples variables. Entre ellas, el estilo del remitente: agresivo, desinteresado, partícipe... En cualquier caso, son siempre situaciones que requieren de un cuidadoso trabajo profesional si se quiere salvaguardar la capacidad de ayudar y por tanto, de ser útiles para la problemática que se trate.

En mi experiencia, aunque me he encontrado demandas de los tres tipos, las más frecuentes son las primeras, esto es, una actitud bienentencionada del político. Como digo, son derivaciones no exentas de problemas, aunque habitualmente evolucionan bien. 
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Pero dentro de éstas hay un fenómeno con el que me estoy encontrando recientemente y que me ha hecho reflexionar. En estas derivaciones los políticos no son conscientes de la falta de recursos y prestaciones que el destrozo del Estado de Bienestar está generando. Derivan situaciones y problemáticas en las que ya se ha hecho todo lo posible, incluso a veces sobrepasando los límites técnicos. No deja de sorprenderme que cuando estos políticos desarrollan, (o al menos aplauden y apoyan), las medidas de desmantelamiento del sistema de bienestar social, mantengan la fantasía de que eso no tiene ninguna repercusión en la vida de los ciudadanos. Y cuando se encuentran de bruces con una situación de sufrimiento, no conciben que no haya recursos para solucionarla.

Yo aún albergo esperanzas de que, algún día, vayan atando cabos...

miércoles, 15 de enero de 2014

Crueldad intolerable

El partido político que mantiene y da cobertura a este gobierno tan insensible a los temas sociales que padecemos acaba de sacar una lista con lo que, a su juicio, son los 40 principales éxitos de su gestión. Es tan burda la mentira y tan torpe la propaganda que contiene la lista, que no merecería mayor comentario. Pero el listado contiene una aseveración que me ha llamado poderosamente la atención...



Se trata de la frase con la que evalúan sus medidas sobre la Ley de Dependencia. Os pongo aquí el enlace al listado. Contiene la siguiente afirmación: "Las prestaciones por dependencia por fín llegan a quien más lo necesita."

No se a vosotros, pero a mí la frasecita me ha provocado. Lo ha hecho porque creo que es de una crueldad, como digo en el título, absolutamente intolerable.


Con todas sus carencias, tanto en el diseño como en su desarrollo normativo, de las que ya hemos hablado en este blog, la Ley de Dependencia ha constituido uno de los grandes hitos en materia de protección social en este país. Por primera vez se reconocían una serie de derechos sociales para la protección y autonomía de personas especialmente vulnerables, como son las afectadas por una situación de dependencia. Un avance en el Estado de Bienestar comparable a la universalización de la Sanidad, la Educación o las Pensiones.

Pero a este Gobierno que sufrimos esto de los avances en Bienestar Social le da como urticaria, y desde su acceso al poder se ha dedicado con fruición al desmontaje de la Ley. Recortando prestaciones, retrasando el reconocimiento de derechos, eliminando cotizaciones a los cuidadores, ampliando los tiempos de espera, aumentando el copago, disminuyendo inmisericordemente la aportación estatal...

Los recortes han sido tan brutales que, en la práctica, han supuesto la eliminación de la Ley. Os pongo un enlace aquí al  Observatorio de la Dependencia de la Asociación estatal de Directores y Gerentes de Servicios Sociales, cuyos dictámenes contienen un excelente relato de esta derogación encubierta.

Cualquiera además que conozca a nivel familiar o profesional el sistema de dependencia sabrá de los sufrimientos y el malestar que estos recortes han causado a muchas personas y en muchas situaciones.

Y es que además de ser mentira (las ayudas a la dependencia no es que lleguen a quien más lo necesita... es que han dejado de llegar, o lo hacen tarde, mal y de forma insuficiente en numerosas ocasiones) la frasecita contiene un "por fin" que señala el sentido de la frase. Con este "por fin" se alude a la gestión anterior, en la cual, según el ideario que nos están queriendo imponer, todo era despilfarro y se daban ayudas indiscriminadamente a quienes no lo necesitaban. Con este "por fin" se autoproclaman como aladides de la justicia, que han venido a poner coto a tantos desmanes. Con este "por fin" justifican el haber dejado las ayudas a la dependencia en algo meramente residual.

Son argumentos propios de esta ideología conservadora que nos gobierna, en la que se atribuye al gasto social el haber desestabilizado la economía y se justifican los recortes en política social en aras de una supuesta sostenibilidad del sistema. Para ello no se duda en estigmatizar a los pobres, a los dependientes, a los parados, a los perceptores de prestaciones sociales varias... Se deja caer la idea de que muchos de ellos son unos aprovechados, unos pseudo-defraudadores que perciben estas prestaciones sin necesitarlo o sin merecerlo, y que ello es la causa de que el sistema esté en riesgo y haya que recortarlo. (Es curioso por otra parte como en esta ideología se pasa tan rápidamente de la conmiseración hacia los pobres y necesitados al ataque y acusación hacia los mismos como unos vagos y aprovechados...)

En realidad todo ello esconde un pensamiento estratégico neoliberal en el cual la protección social no es tarea del Estado.

Es lamentable esta consideración del gasto social, (aprovecharemos para volver a señalar que en España siempre hemos estado muy por debajo de la media europea), que no tiene en cuenta ni la capacidad de estímulo de la economía del mismo, ni el importante ahorro futuro que supone implementar políticas de prevención.

Dos cuestiones que estaban muy presentes en la Ley de Dependencia y que apenas habían comenzado a desarrollarse cuando se han visto cruelmente desmontadas.

Wang me ha recordado un viejo proverbio, en este caso árabe: "La crueldad es la fuerza de los cobardes". No podría definirlo mejor.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Un cuento (chino) de Navidad

Busco de vez en cuando, por la red y los períodicos, alguna buena noticia que me alivie un poco el espíritu, que me traiga un poco de esperanza e ilusión entre tanta desgracia, recorte y malestar con el que trabajamos y que nos envuelve a diario.


Oriental puppet, www.flickr.com
Y en esas estaba el otro día, cuando Wang llama mi atención sobre una noticia de su país. Curiosamente, un ciudadano apellidado igual que él (me aclara que es un nombre muy común por allí), ha protagonizado una historia que, ciertamente, tiene algo de esperanzador, aunque también de lo contrario. Os explico.

Resulta que el homónimo de mi amigo, podéis leer la noticia aquí, un hombre de 53 años, ha pasado más de veinte viviendo en una alcantarilla y con todo tipo de privaciones para poder pagar la educación de sus tres hijos. Según cuenta la noticia, el hombre se había arruinado como consecuencia de las multas que tuvo que pagar al haber infringido la ley de hijo único con la que China intenta frenar su superpoblación desde los años 70.

La verdad es que no sé si esta historia que me ha señalado Wang es verdad o sólo es un "cuento chino", nunca mejor traído. En internet circulan habitualmente noticias bastante tergiversadas. En todo caso, cierta o no, es una noticia que me ha traído sensaciones contradictorias.

No cabe duda de que tiene tintes dramáticos. Una ley y una política que se aplica por encima de los ciudadanos y que les limita en algo tan íntimo y personal como la decisión de tener descendencia. Hasta el punto de que no duda en dejar en la indigencia a un hombre, y por tanto, a su familia. Desconozco la realidad de aquel país, (y eso que Wang lo intenta...) pero imagino a sus autoridades apelando al bien común y a la sostenibilidad de su población y su economía para aplicar la ley con tanta dureza.

No puedo evitar pensar en muchas analogías con la situación en nuestra sociedad. Unas políticas y unas leyes por encima de los ciudadanos. Unos gobernantes aplicando con dureza recortes y limitaciones de derechos apelando a la sostenibilidad y al bien común, aunque eso signifique condenar a la miseria y al sufrimiento a muchos ciudadanos. ¿Os suena, verdad?

Pero por encima de todo este dramatismo a mí la noticia me ha hecho reflexionar en la capacidad de superación del ser humano. Me imagino a este hombre, comprometido en sus recursos para sacar su familia adelante, desesperado... Me pregunto qué pensaría cada noche, cuando se acostase lejos de sus hijos, esperanzado en que su sacrificio sirviese para que ellos tuviesen un futuro mejor. Me imagino a estos niños sin entender nada, echando en falta a su padre, probablemente estigmatizados y viendo a su madre entristecida, insistiendoles en la importancia de los estudios.

Se me va la imaginación y le pongo cara a este hombre. La de otros padres y madres (muchos inmigrantes que he conocido estos años, por ejemplo) sacrificados hasta el límite para darles un futuro a sus hijos. Un futuro que a ellos se les negó.

Este cuento chino me habla de todo eso. De padres y madres comprometidos, de amor y sacrificio. Por eso me parece una buena historia. 

Por eso me parece un buen cuento (chino, naturalmente) para esta Navidad.

martes, 20 de agosto de 2013

Almejas

Buscando este verano algunas lecturas más relajadas que las que solemos afrontar en otros tiempos me he encontrado con un libro de Alvaro de la Iglesia, uno de los clásicos escritores de humor del siglo XX, hoy casi olvidado. Su título "En el cielo no hay almejas".

 

Es un libro de 1959, compuesto por unos relatos cortos que desgranan todo el humor y la ironía de su autor, un periodista y escritor que, entre otras cosas, dirigió "La Codorniz", ese semanario satírico que debía ingeniárselas para hacer humor y crítica social burlando la censura de la dictadura en la España del franquismo por la que algunos (increiblemente jóvenes) todavía suspiran.

Los relatos del libro están repletos de metáforas y dobles sentidos y contienen reflexiones sobre la sociedad y sobre la condición humana más profundas de lo que pudiera parecer a primera vista. Si tenéis oportunidad de leerlo, no dudéis. Pasaréis un buen rato y os hará pensar un tanto.

Pero no es de este libro ni de su autor de quien quería hablaros, sino de lo que me ha sugerido su cuentito sobre las almejas.

Las almejas son eso, almas pequeñas y despreciables. Suelen poseerlas las personas egoístas, viles y abyectas, incapaces de hacer el bien nada más que a sí mismas.

Almejas poseen estos gobernantes nuestros a los que no les tiembla la mano para recortar partidas sociales.

Almejas poseen los que justifican y defienden estos recortes en dependencia, en protección social a los desfavorecidos, en políticas de igualdad o preventivas...

También tienen almejas toda esa pléyade de políticos que anteponen sus intereses particulares y la pervivencia en sus cómodos cargos al bien común y al interés colectivo.

Almejas tienen, al final, todos los que consienten estas políticas que estamos sufriendo de recortes de derechos sociales, humanos, y de ataque a las clases más pobres y desfavorecidas.

A veces, a los dueños de esas almejas les llamamos "desalmados", o "gente sin alma".

Nada tienen que ver estas almejas con las almas nobles, grandes y transparentes, que también poseen un buen número de gente. Estas almas transmiten justicia, solidaridad y compromiso. Honradez, trabajo compartido. Y humildad.

Almas como las que poseen algunos políticos, que se atreven a comprometerse en política en estos tiempos de descreimiento con la ilusión de mejorar las condiciones de vida de sus conciudadanos y sin anteponer a ello sus sueldos, dietas o compensaciones.

Almas como las que tienen las personas que creen en los seres humanos por encima de toda condición. Que creen en la igualdad por encima de todo y que la dignidad de las personas está más allá de su raza, de su orientación sexual o de su lugar de procedencia.

Almas como las que tienen todos aquellos que defienden que todas las personas tienen derecho a un trabajo, a una vivienda y a unos medios de vida dignos, pero que no se quedan en proclamarlos... Las almas grandes se mojan y se ensucian haciendo cosas concretas para conseguirlo.

Hoy, en estos tiempos de lucha donde se hacen bandos con tanta facilidad, yo propongo una confrontación más. Las almas nobles contra las almejas.


viernes, 5 de julio de 2013

El olor de la injusticia

Últimamente ando un poco en plan "abuelo Cebolleta", rememorando algunos casos que me tocó atender en mis comienzos como trabajador social. El otro día me sorprendí contándole a Wang el caso que os voy a relatar.


Fue un caso que atendí con el entusiasmo y la inexperiencia propia de quien comenzaba en la profesión. Inés era una anciana de edad indefinida, de esas de las que casi podíamos decir que siempre habían sido ancianas, que no habían tenido juventud, ni niñez. Probablemente hubiese sido así, en la España en la que vivieron no había lugar para muchos niños ni jóvenes.

Vivía en los bajos de una casa vieja, prácticamente en ruinas, en las afueras del pueblo, sin apenas el equipamiento básico para sobrevivir. Un grifo con un lavabo en la única habitación que hacía las veces de cocina, dormitorio, salón y despensa. Una cama en un rincón y dos sillas desvencijadas con una mesa camilla en el otro. Un gran armario ocupaba casi por completo una de las paredes y en la otra tan sólo un minúsculo ventanuco que apenas iluminaba la habitación. 

A pesar de no tener baño ni luz eléctrica, ni la anciana ni la casa estaban sucias. Lo que sí transmitían ambas era una amarga tristeza. Una gran pesadumbre te envolvía en cuanto entrabas en la casa, recuerdo perfectamente la sensación.

Inés no tenía historia. Siempre había vivido allí. No se le conocía familia y siempre había sobrevivido con una  mísera pensión de orfandad. Ella tan sólo nombraba a una sobrina que tenía en Barcelona y que decía que solía ir a visitarla y ayudarle. Los vecinos nunca la vieron. Apenas hablaba ni tenía relaciones con nadie. De vez en cuando salía a comprar a la tienda del pueblo y una vez al año, para la Fiesta Mayor, se le veía sentada en uno de los bancos de la Iglesia.

Poco a poco, las enfermedades y los años comenzaron a pesarle demasiado. Como sucede en los pueblos pequeños, los vecinos, preocupados por lo que para ellos era una evidente necesidad de cuidados para la anciana, nos llamaron. Pero Inés no quería ayuda de nadie. Tuve que visitarla muchas veces para que, (supongo que aquel día la pillé desprevenida), aceptase el servicio de ayuda a domicilio. Lo disfrutó poco. A mí me sorprendía entonces que lo que más valoraba de la auxiliar es que la ayudaba a peinarse y "ponerse guapa", como solía decir.

Un día Inés enfermó gravemente y quedó en la cama. Los servicios médicos no consideraron su ingreso en un hospital (era inmiente su muerte) y yo intenté que pasase sus ultimos días en una residencia, sin conseguirlo. La auxiliar de hogar que la atendía se convirtió en su única compañía en esos momentos. Olvidándose de horarios, la auxiliar se comprometió con ella y pasaba muchas más horas de las asignadas con Inés. Yo pasaba todas las mañanas a verla y en una de esas visitas, Inés murió.

Nunca había visto morir a nadie, y me sorprendió la manera en que lo hizo. Ines simplemente exhaló un suspiro y la auxiliar dijo "me parece que ha muerto". Acercándole un espejo a la cara, se cercioró de que no respiraba. Llamamos a los servicios médicos, quienes certificaron la muerte.

A la auxiliar y a mí, lo comentamos luego en muchas ocasiones, nos embargó una gran tristeza. Inés no merecía una muerte así. Siempre he pensado que ni los servicios sanitarios ni los servicios sociales estuvimos a la altura que Inés necesitaba. Se merecía una muerte más digna, en un hospital o residencia, donde pudieran garantizarle los cuidados  que precisaba en esos momentos.

Pero no los obtuvo. Para la administración sanitaria y social de aquellos años dedicar una cama de hospital o residencia para esa anciana prácticamente desconocida y sin familiares, era un gasto innecesario.

En estos tiempos de recortes en los servicios, cuando la gente enferma, dependiente o necesitada, parece no importar; cuando las personas se sitúan detrás de lo que cuesta atenderlas y su bienestar se mide en términos de rentabilidad yo me acuerdo muchas veces del caso de Inés.

Porque estoy viendo que en España estos casos cada vez son más frecuentes. Porque cada vez hay más personas abandonadas a su suerte. Porque no importan, porque no son rentables o sostenibles para el sistema.

Porque este país me huele cada vez como la casa de Inés. A opresión, a injusticia, a tristeza, a oscuridad y pesadumbre.

Yo con Inés fracasé. Pero desde entonces sigo luchando y confiando en que llegará un día en que no sucederán más casos como el de ella y que las personas vivirán (y morirán) con la dignidad que se merecen.


jueves, 24 de enero de 2013

Las ratas

"Las ratas"es una novela de Miguel Delibes, que describe muy bien la opresión de los poderosos sobre la gente del pueblo en la España de hace 50 años. En este caso, de los dueños de las tierras sobre los habitantes de un pequeño pueblo rural. Me he acordado de ella cuando me he enterado de algo que ha sucedido en Teruel. Os lo explico.



Pues resulta que en una de las capitales de nuestro querido Reino de Aragón, van sus gobernantes y dejan sin adjudicar el contrato para la desratización del municipio. Seguro que, apurados económicamente como van los municipios, consideraron que no era demasiado importante y que se podía ahorrar en el tema. Si se recorta en Sanidad, Educación, Servicios Sociales, ¿porqué no recortar también en este tipo de limpieza?

Y qué más quisieron las ratas. Como tienen la mala costumbre de reproducirse mucho (no como los aragoneses), comenzaron a invadir algunos lugares del municipio, hasta el punto que los vecinos comenzaron a quejarse. Además las ratas acumulan más defectos y entre ellos está que tienen que alimentarse, por lo cual comenzaron a roer el cableado de fibra óptica que une la sede territorial del Gobierno de Aragón con el Ayuntamiento (desconocemos si las ratas querían denunciar algo con esta acción), dejando sin Internet a este último y dificultando por tanto el trabajo y los servicios de la sede municipal. Enlace a la noticia.

Nada menos que quinientos metros de cable que tiene que ser reparado. Imagino que no se comerían tantos metros, porque si no deben ser las ratas más orondas de Europa, pero debieron hacer el daño suficiente como para tener que repararlo todo.

Ahora el Ayuntamiento tiene que afrontar el gasto de la reparación del cableado además del gasto en el contrato de desratización. 

Y colorín colorado... No, este cuento no se ha acabado.

Porque es un lamentable, frecuente y  magnífico ejemplo del funcionamiento de nuestros políticos y gobernantes. Con sus recortes y su visión cortoplacista pretenden ahorrar no se sabe muy bien cuánto. Pero la realidad se impone y terminan gastando mucho más. Sólo miran el balance de resultados y así están quebrando la economía del pais. No distinguen gasto de inversión, y prevención para ellos es un concepto tan lejano... ¿Acaso pensaron que las ratas no se reproducirían? ¿Estos son los políticos que nos quieren dar lecciones de economía, austeridad y buena administración?

Llevemos por un momento todo este argumentario al campo de lo social. Todos los recortes en los sistemas públicos de protección social... ¿creen de verdad que no va a tener consecuencias? ¿Acaso no saben que al final vamos a tener que gastar mucho más en arreglar y reparar los destrozos sociales que los recortes están dejando que el dinero que se pretende ahorrar haciéndolos?


Personalmente creo que sí lo saben, pero no les importa. No les importan las bolsas de pobreza que se están creando, les traen sin cuidado los graves problemas familiares que el progresivo empobrecimiento de la población y la falta de protección social están causando. Les importa un bledo el coste en términos de sufrimiento humano que todos estos recortes suponen y les da igual que a nuestro país le vaya a costar décadas y una cantidad ingente de recursos económicos el devolver a la población a un nivel digno de bienestar social.

Lo dicho: son ratas. Sucias y asquerosas ratas.





miércoles, 16 de enero de 2013

Desnud@s

Hoy voy a comentar una de esas noticias, cada vez más frecuentes, que me desconciertan. Es el caso de las madres que han hecho un calendario erótico con el propósito de recaudar fondos para recuperar el transporte escolar de sus hijos. ENLACE

 

     La cosa ha sucedido en la C. A. de Valencia, donde los recortes de educación se han concretado, entre otras repercusiones, en la desaparición de algunas rutas de transporte escolar. Los responsables políticos de la Consellería utilizan el eufemismo de "redistribución" para justificar lo que no es más que eso, un puro y duro recorte de servicios y derechos.

     Y en un Colegio donde han sido agraciados con esa redistribución, quedándose sin transporte escolar, va un grupo de madres y realizan un calendario en el que posan semidesnudas para, con su venta, recaudar fondos y financiar con ello un microbús para sus hijos.

     La noticia apareció ya en Noviembre del pasado año, y ha sido en este Enero cuando ha vuelto a salir en los medios ya que al parecer han conseguido su objetivo y ya tienen transporte escolar hasta final de curso. Pues nada, enhorabuena.

     Por razones obvias, he realizado un seguimiento de la noticia. Otros compañeros, como Nacho, también la han comentado. A mí, todo este fenómeno de colectas, tómbolas y solidaridades varias con el que se están parcheando los agujeros de necesidades que los recortes en política social están dejando me tiene muy removido.  Me promueven, como ya os he comentado en otras entradas, sentimientos encontrados.

     Esta noticia en particular me desagradó desde el principio, cuando ví el titular. También os tengo que decir que conforme he ido leyendo alguna cosa más no me ha desagradado tanto. Aunque el calendario tiene el fin de recaudar fondos, no es una acción aislada, sino que forma parte de un conjunto en el que se denuncia, se protesta y se reclama la injusticia de que consideran han sido objeto. 

      Por otra parte, no me negaréis que hace falta cierto grado de compromiso y de valentía para posar en un calendario que van a ver tus vecinos durante todo el año y además someterse al juicio público por semejante acción: que si es una "idea chabacana", que "si lo siguiente será la prostitución"... han sido algunos comentarios que ha recibido la noticia, y tiene cierto mérito el aguantarlos.

     Nada diferente hasta aquí de otras iniciativas de este corte que están desgraciadamente apareciendo cada vez con más frecuencia. Unas más inclinadas hacia el asistencialismo, otras hacia la denuncia y en todas la pregunta de si el fin justifica los medios.

     Pero en esta noticia, como en casi todas que me llaman la atención, había algo más. Algo de lo que no era consciente y que me dejaba especialmente intranquilo. Hasta que Wang  me lo ha señalado.

     ¡Estos niños no tienen padres! Todas las noticias hacen referencia exclusivamente al grupo de madres que ha puesto en marcha la iniciativa. ¿Y los padres de los niños? Como si no existieran. Si nos atenemos a las noticias, o no les interesa la educación de sus hijos o no están de acuerdo con la manera de reclamar el transporte. 

     Aunque puedo imaginar que haya algo de lo segundo, estoy seguro que los padres, igual que las madres, están ocupados y preocupados en la educación de sus hijos. Porque me niego a creer que hoy, en esta España del siglo XIX, perdón XXI, sigan los roles de género tan sesgados como para estar los padres dedicados al trabajo y sustento de la familia y las madres a la crianza y educación de los hijos. Aunque sea el tipo de familia que algunos añoran y suspiran, creo que está superada. O tal vez no.

     De cualquier manera, contradictorio que es uno, vaya mi crítica a la iniciativa de estas madres al tiempo que mi enhorabuena por hacerla. Y una idea: en el siguiente calendario que salgan desnudos ellos.

      No, los padres de los niños, no. Los políticos (y las políticas) responsables de los recortes.

miércoles, 9 de enero de 2013

Homo antecessor

     El homo antecessor es la especie homínida más antigua de Europa, ancestro del homo neanderthalensis y por tanto antepasado nuestro, los homo sapiens. Sus fósiles fueron descubiertos en los yacimientos de la sierra de Atapuerca, en Burgos, donde parece ser que vivió esta especie hace la friolera de unos 800.000 años. 

 


¿Que por qué os hablo de estos homínidos? Pues sobre todo, porque eran buena gente. El estudio de sus fósiles ha revelado, entre otras muchas características apasionantes, que se ocupaban de los enfermos y discapacitados. En concreto, el cráneo de un niño de unos 10 años con una grave malformación congénita ha sugerido a los científicos que se dedican a esto la hipótesis de que para alcanzar dicha edad tuvo que ser atendido y cuidado con esmero en su comunidad.
 
     Como trabajador social, pensar que ya por el Pleistoceno medio nuestros ancestros habían desarrollado una forma de protección de los débiles, es algo que me hace reflexionar. No puedo evitar echar a volar la imaginación y pensar en aquellas primitivas comunidades, mucho antes de que aparecieran los Estados, organizándose para dedicar tiempo y recursos al cuidado de los ancianos y desvalidos. Imagino algo así como unos paleo-servicios sociales.

    Lamentablemente la Historia no avanza de forma lineal, y posteriormente surgieron especies y comunidades que, lejos de proteger a los débiles, los abandonaban a su suerte para que murieran y fueran devorados por los animales, pues eran considerados un estorbo para el conjunto.

        Entre estas dos dialécticas se ha debatido y se debate la especie humana. Cuidar del que no puede hacerlo por sí mismo... ¿es algo propio de la naturaleza del ser humano o es algo anti-natura, una carga insostenible para la especie en general?

     No puedo dejar de pensar en esto cada vez que oigo que los Servicios Sociales, la Sanidad o la Educación son algo insostenible. Si en una sociedad moderna, con toda su riqueza, consideramos insostenibles los Sistemas Públicos de Protección social es porque los débiles, los desfavorecidos, los enfermos y discapacitados nos importan más bien poco. Y si esas manifestaciones se hacen en sociedades como la española, donde tradicionalmente hemos dedicado al gasto social un porcentaje muy inferior al de otras sociedades avanzadas, la cosa ya raya el cinismo.

   
     Así que desde aquí quiero apelar a ese gen que seguro hemos heredado del Homo antecessor y denunciar de nuevo todos y cada uno de los recortes que se están haciendo en política social. Desproteger a los débiles va contra nuestra naturaleza y los que están recortando o y/o justificando los recortes en prestaciones, dependencia, pensiones, desempleo, becas de comedor o servicios sanitarios, sociales o educativos tienen más de animales que de humanos.

      Y si nuestros gobernantes no se dan por aludidos, les contaré otra cosa: el Homo antecessor practicaba el canibalismo. Y seguro que lo hacía en defensa propia. Eran buena gente.

   

miércoles, 31 de octubre de 2012

Tontos, vagos y delincuentes

Los discursos configuran la realidad, y algunas noticias, si no se filtran y contrastan, pueden convertirse en peligrosas profecías autocumplidas al servicio de los intereses de los poderosos.

     Desde hace ya tiempo me pregunto cómo podemos vivir en este país, apático, sucio, con la peor juventud del mundo, la mas tonta de todo nuestro entorno,  la sociedad más indolente y menos productiva de los paises desarrollados.

     Si habéis caído en la cuenta, cada cierto tiempo nos asalta alguna noticia en que la sociedad española, o alguno de sus sectores, habitualmente la juventud, se encuentra en los últimos puestos de un supuesto ranking de virtudes y defectos entre paises.

    Por ejemplo, el informe PISA. Siempre que se hace público, se destaca que ocupamos los últimos lugares en cuanto a desempeño escolar y quedamos con la sensación de que tenemos los escolares más retrasados y los maestros más ineptos de toda nuestra vecina Europa. Naturalmente, esto sirve de coartada para que el gobierno de turno acometa reformas sobre el sistema educativo, amparados en que son necesarias ya que los datos demuestran la ineficacia del sistema. Este artículo que os enlazo reflexiona sobre ello.

     Yo siempre me he preguntado hasta qué punto son verdad estas noticias. Estos estudios, ¿quién los hace?, ¿cómo se hacen?, ¿desde qué criterios evalúan?, ¿a qué intereses sirven?. Si no los analizamos en profundidad, al final lo único que consiguen es minar nuestra autoestima y nos quedamos con la sensación de que los españoles somos los más tontos de Europa e incluso del mundo.  

      Por que, aunque diéramos veracidad al 100 % a los resultados del estudio, ¿a qué atribuimos el resultado? Y aquí nos encontramos ante una encrucijada clásica y bien conocida por los que nos dedicamos al mundo de lo social. Podemos atribuirla a los individuos (tenemos los alumnos y maestros más vagos y menos preparados de todo el entorno) o a la estructura (somos el país que menos recursos dedica a la educación). Personalmente pienso que las personas, por el hecho de nacer en un país o en otro, no somos esencialmente diferentes. Lo que nos hace diferentes son las  oportunidades que en un entorno u otro tenemos. Por ello, nuestro desempeño escolar ¿tendrá algo que ver con la inversión que hemos hecho en educación? ¿estará por casualidad relacionado con que tengamos el gasto social en educación, desde hace décadas, más bajo de la Unión Europea? (ver enlace) 


     Pues al Gobierno de nuestra nación no debe parecerle tan evidente la relación, afanado como está en seguir detrayendo recursos y recortando cada vez más los exiguos sistemas de protección que teníamos, entre ellos la educación.

      Pero si la utilización de informes como el de PISA les sirven a los talibanes del neoliberalismo para recortar la educación, para recortar derechos laborales utilizan una especie de palabra mágica: la productividad. De cuando en cuando, se nos recuerda que somos los trabajadores menos productivos de Europa. En comparación con los alemanes, ejemplo de sobriedad y honradez, los españoles venimos a ser algo así como una banda de vagos sin moral ni ética, sólo interesados en escaquearnos del trabajo y en vivir siempre de fiesta, como muy bien señala nuestro amigo Joaquín en esta entrada de su blog.

     De nuevo la carga de la culpa se sitúa en el individuo, en este caso el trabajador, tildado de vago y aprovechado y por tanto, queda legitimada la destrucción de sus derechos. Se obvia, naturalmente, la relación entre la productividad y la calidad del entorno laboral, tanto en condiciones como en recursos de las propias empresas. ¿No serán las empresas las que necesitan reformas, y no los trabajadores? Pues parece ser que no, a la vista de la política económica que nos aplican.


   Y tan grave como los anteriores es otro de los estigmas que frecuentemente aparecen en las noticias: los españoles lideramos habitualmente (en dura pugna con los ciudadanos de la Gran Bretaña) (ver enlace) el ranking en el consumo de cocaína. Aunque esta historia es algo más compleja que las anteriores y merecerá que le dediquemos en el futuro una reflexión más específica.

     Por mi parte, le he preguntado a Wang qué opina de nosotros, los españoles. Si piensa que nuestra sociedad está formada mayoritariamente por tontos, vagos y delincuentes. Críptico como siempre, me ha contestado que lo importante es lo que nosotros pensamos sobre nosotros mismos. Y después nos hemos ido juntos de copas.

sábado, 22 de septiembre de 2012

De Borbones y tópicos.

     Este verano que ahora termina he tenido la "oportunidad" de pasar unos cuantos días de hospitales, acompañando a un par de familiares. He podido presenciar en primera persona las virtudes y defectos de nuestro sistema sanitario (el público y el concertado), así como el deterioro que los recortes están produciendo. Pero no me voy a referir a nada de todo esto, porque en esta experiencia hay cosas que he presenciado y que me han preocupado más si cabe.
    Durante las largas horas de espera en los hospitales he podido entablar algunas conversaciones con distintas personas sobre diferentes temas, desde los más intrascendentes a los más actuales y comprometidos. E invariablemente cuando se comenzaba a hablar de estos últimos, había tres que destacaban sobre el resto. Se trata de la monarquía, los recortes y deficiencias en la Sanidad y los inmigrantes.

     En el primero, prácticamente unanimidad. A pie de calle y a pesar de lo que digan las estadísticas, la institución de los Borbones no parece estar atravesando sus mejores momentos en cuanto a la valoración popular. El comportamiento del Rey y de su numerosa Corte han conseguido granjearse la enemistad de la ciudadanía y ahora se les percibe como una especie de parásitos que se pegan la gran vida a costa de los sufridos (más bien sufrientes) contribuyentes.
     Pero si el merecido descrédito de la Corona es importante, es mera anécdota respecto a los dos siguientes.

     En el de los inmigrantes, pues la verdad es que he vuelto asustado. Ha calado muy hondo en la sociedad la idea de que los inmigrantes tienen la culpa de gran parte del "excesivo" gasto social en educación o en sanidad, principalmente. Los tópicos más tópicos sobre el tema están muy vivos y casi todos están de acuerdo: hay muchos inmigrantes y es insostenible mantenerlos a todos, pues viven de las ayudas y están aquí para beneficiarse y abusar de nuestros servicios públicos. Me ha sorprendido cómo la gente, sin datos y sin reflexión, sostiene con contundencia estas afirmaciones.

     El tercero de los temas más frecuentes en mis debates hospitalarios ha sido, no podía ser de otra manera, la situación de la Sanidad. La gente se queja de los tiempos de espera, de la masificación en urgencias, del trato y ejercicio de algunos profesionales o de las deficiencias de las instalaciones, pero en general valora muy positivamente la atención que el Sistema Sanitario nos procura, que es percibido como eficaz y profesional. La percepción general es que los recortes lo están haciendo cada vez más incomodo y hay una preocupación bastante extendida sobre que cada vez haya menos y peores prestaciones sanitarias.
   Lo que he percibido es que hay cierta comprensión respecto a estos recortes. Se ven como inevitables y se entiende que nuestro sistema sanitario, tal y como lo hemos tenido, universal y gratuito, era un lujo que ahora no nos podemos permitir.

   Se que mis amables y coyunturales contertulios no son una muestra representativa de ningún sentir popular, así que me abstendré de generalizar ninguna conclusión. Pero a nivel de sensaciones, he sacado la impresión de que estas actitudes son más frecuentes de lo que esperaba.

    Naturalmente, me he abstenido también de discutir la mayoría de estas afirmaciones. Ya me ha pasado alguna vez, y cuando hablas de déficit público, de porcentajes del PIB o de distribución de rentas la gente te mira como una vaca a un tren. Así que dado que en estos entornos hospitalarios lo primero es la convivencia, me he limitado en estos debates a lo que podríamos llamar "observación no participante", suponiendo que algo así, como sabemos, pueda existir.
     Pero como es lo que he vivido, os lo cuento.

     ¡Ah!, se me olvidaba. Hay un cuarto tema en el que hay bastante consenso: este Gobierno no lo está haciendo bien.
     - ¡Algo es algo!, dijo Wang cuando se lo conté.