domingo, 10 de febrero de 2013

Que se mueran los feos

Chinos y japoneses mantienen cierto enfrentamiento, sobre todo tras la 2ª guerra mundial. Algunos hechos que los japoneses perpetraron durante la guerra hicieron que en China creciera desde entonces cierto sentimiento contra ellos, aunque algunos lo atribuyen a la manipulación del Partido Comunista Chino.


Wang suele explicarme cómo a lo largo del siglo XX ha surgido en su país una creciente hostilidad hacia los japoneses. Me cuenta historias acerca de distintas ocupaciones, abusos e invasiones del pueblo japonés contra el chino. Ajeno a aquellas culturas, no deja de sorprenderme esta hostilidad, aunque no me cuesta demasiado comprenderla: habitualmente los pueblos cercanos mantienen enfrentamientos de este tipo, bajo diversas formas.

Pero hoy Wang me ha venido con un argumento irrefutable, que para él es un ejemplo que explica la maldad del pueblo japonés y por tanto justifica la animadversión que sienten hacia ellos.

Y este ejemplo no es otro que las declaraciones del ministro japonés sobre los ancianos. Ver enlace. Es el caso que el ministro de finanzas japonés (el De Guindos o Montoro de turno) ha venido a declarar que es mejor que los ancianos enfermos se mueran cuanto antes para no ocasionar más gasto social al Estado.

Por una vez, no voy a estar de acuerdo con Wang. A mí la actitud de ese ministro japonés no me parece tan descabellada. Al fin y al cabo se hace en una cultura que durante las últimas décadas ha sido puesta como ejemplo del moderno y eficaz sistema económico capitalista. Y efectivamente, tiene razón. En términos de economía, la atención a ancianos y enfermos es una ruina.

Creo que Wang lo pone como ejemplo porque él procede de una sociedad distinta, que ha accedido a las bondades del sistema capitalista más bien recientemente. Si hubiera crecido en una sociedad civilizada, como la alemana, inglesa o estadounidense de los últimos años, seguramente estaría de acuerdo con tales manifestaciones.

Es más, son un ejemplo para paises como el nuestro, que aspiramos a transitar por la senda que han marcado los paises citados aplicando con esmero sus recetas neoliberales, de la misma forma que Moisés transmitió al pueblo judio los Santos Mandamientos.

Por lo cual debemos dejarnos de medias tintas, y profundizar en las medidas que nos van a llevar al camino económico exitoso y correcto. Hagamos caso a los japoneses, que nos llevan décadas de ventaja. Ya vale de insuficientes ajustes y reformas, ya vale de tibios recortes. Seamos claros y eficaces.

Los pobres, los ancianos, los discapacitados, los enfermos... son un lastre para la sociedad en general. Nos impiden avanzar y generar riqueza. Es hora de que pensemos formas eficaces y rápidas de liberarnos de ellos. Cuanto antes y de forma activa.

Por supuesto que debemos eliminar de raiz cualquier forma de protección hacia estos sectores por parte de lo público. Pongamos fin definitivamente a dispendios como los de la Ley de Dependencia. Pero esto no es suficiente. Hay que prohibir también que se haga desde la iniciativa privada: los recursos que se destinan a ellos han de ponerse al servicio de la economía, no para soportar la carga que estos sectores suponen. 

Es más, estos sectores deberían desaparecer. Hay que aplicar políticas de eliminación de los mismos. Eutanasia, esterilizaciones masivas... deben generalizarse si queremos ser una sociedad moderna, avanzada y económicamente sostenible.

El ministro japonés tiene razón. Que se mueran los viejos. Los viejos, los pobres, los enfermos, los discapacitados y hasta los feos.

Es la nueva y correcta ppolítica social. Que se mueran los feos.





miércoles, 6 de febrero de 2013

Pequeñas historias de la sopa boba

La entrada de esta semana no podía dedicarla a otra cosa sino a comentar la última acción de la Marea naranja en Aragón: la recreación histórica de la Sopa Boba. Una de las prácticas habituales de la beneficencia que imperaba en nuestra España de hace casi cien años y que amenazan con volver.



Pero no voy a hablar en sí de la acción. Toda la profesión del Trabajo Social y todo el colectivo en general de los Servicios Sociales estamos clamando y denunciando por la perdida de derechos sociales que estamos sufriendo en nuestro país. Montones de compañeros y compañeras están debatiendo, manifestándose, realizando acciones para denunciar la situación y para intentar revertirla. El mismo movimiento de la Marea Naranja y esta recreación de la Sopa Boba son una prueba y un ejemplo.

Por mi parte, en este mismo blog he publicado varias entradas reflexionando sobre ello. Por ejemplo, De la ciencia a la caridad o La vida es una tómbola. Seguro que tenemos que seguir haciéndolo, pero hoy voy a enfocar mi reflexión en un aspecto más indivividual, mas microsocial, por llamarlo de alguna manera.

Me refiero al compromiso personal de cada uno. Las acciones que de verdad cambian las cosas muchas veces pasan desapercibidas. Son pequeñas y humildes, pero sin ellas no tendría sentido, no sería posible la transformación de las injusticias.

En esta recreación he sido testigo de multitud de estas pequeñas acciones que, a  modo de gotas, van conformando la marea que hace posible la acción. Gotas aportadas por organizadores, participantes,  asistentes y colaboradores, cada uno sumando y aportando desde su compromiso.

Y, aún a riesgo de que se enfade un poco, voy a señalar una gota en concreto. Como digo, se podrían señalar muchas pero ésta para mí creo que resume y es un ejemplo de estos pequeños compromisos humildes y sencillos a los que me refiero.

Se trata de Sonia, una compañera que se acercó a participar en la representación, vestida como correspondía: pelo recogido, ropa oscura y recipiente para la sopa. Estuvo poco más de media hora, lo que duró la recreación, y se marchó. Fue una más de las participantes. Lo que nadie sabe es que para poder hacerlo tuvo que conducir casi doscientos kilómetros y que además tenía un compromiso familiar importante. Pero quiso estar, y con su presencia pequeña y callada, denunciar la regresión que la protección social está experimentando en nuestro país.

La actividad hubiera salido igual si ella no hubiese estado, pero estoy firmemente convencido de que no hubiese sido lo mismo. Así que, desde estas líneas, vaya mi reconocimiento a Sonia y a todas las personas que, como ella, están comprometidas con la transformación de estas realidades tan injustas. Comprometidas en el trabajo cotidiano, en su esfuerzo individual, con las acciones colectivas y en el día a día. Empeñadas en transformar esta realidad que tanto sufrimiento está causando a tanta gente. 

Son pequeños gestos, pequeñas cosas, pero imprescindibles. Gracias.

martes, 29 de enero de 2013

Money, money...

De nuevo nuestros colegas bloguer@s han dado en el clavo. Nos proponen escribir una entrada sobre las rentas mínimas de inserción. Tema de actualidad, debate y reflexión obligada (me parece) entre nuestra profesión.


Y no es un tema fácil. Creo que en nuestra profesión el contexto asistencial en general y el uso del dinero en particular son asuntos sobre los que no hemos reflexionado lo suficiente, al menos entre los profesionales que estamos en primera línea de la práctica. Desconozco algo más el tema académico, pero por lo que he tenido oportunidad de consultar, me parece que pasa algo parecido.

Mi postura al respecto de las Rentas Básicas la expuse ya hace tiempo en esta entrada del blog. Entrada que incluso tengo en él como entrada recomendada, porque el tema me parece hoy crucial para la sociedad española y para nuestra profesión como trabajadores sociales. Dejé también en ella una serie de enlaces que son muy útiles para comprender y defender el modelo.

Lo que llevo defendiendo mucho tiempo es que había que desvincular la garantía de supervivencia, la cobertura de las necesidades más básicas, de lo que es inserción. El momento histórico (y a mi juicio algunos errores metodológicos) hizo que las Leyes de Rentas Mínimas que se han desarrollado en España plantearan una prestación económica, destinada a cubrir las necesidades más básicas de la familia, acompañada de una serie de medidas (que luego han sido escasamente desarrolladas) tendentes a favorecer la inclusión social y laboral de los beneficiarios. A cambio se les exigía a éstos una serie de contraprestaciones, con las que se comprometían y que en caso de incumplimiento suponían la suspensión o extinción de la prestación.

El modelo utilizado era claramente de inspiración conductual mediante el cual se pretendía modificar las actitudes que los beneficiarios mantenían y  así lograran su inserción mediante el cambio en las conductas que les habían llevado a estar excluidos.

Y ahí radicaban los principales problemas, que han supuesto no pocas dificultades en la aplicación práctica de estas normas. Por un lado partían de la atribución de que las personas que se encuentran en situación de exclusión social lo están como consecuencia de las actitudes que mantienen. Como bien dice Joaquín en su entrada sobre este tema tal vez sea consecuencia del desarrollo histórico de la acción social en nuestro país y la creencia neoconservadora de considerar a los pobres como vagos e indolentes. En cualquier caso es un viejo debate en nuestra profesión: la atribución de las causas de la pobreza a factores internos del indivíduo o externos de la sociedad. En el caso de estas Leyes optaron por lo primero.

Con lo cual, cuando encontrábamos una persona o familia en las que no se encontraban estos factores internos, no había contraprestaciones que exigir. No diagnosticábamos factores internos al estudiar su situación. Poco a poco cada vez hemos encontrado más familias de esta clase, hasta que la crisis ha hecho que sean mayoría.

Es un problema de deslizamiento de contexto: asistencial, control y terapeútico se mezclan en estas Leyes como un magma en el que la intervención profesional con las personas y familias encuentra no pocas dificultades comunicativas.

Lo diré sin ambages, puesto que lo he defendido siempre. Para todas estas familias, no eran de aplicación las Rentas Mínimas en su formulación normativa actual. Pero claro, aquí venía la otra trampa de estas leyes: la alternativa era la no subsistencia. Y así hemos venido forzando el instrumento, a pesar de que estaba claro que la melodía desafinaba, que la orquesta estaba descoordinada y que el concierto era insoportable. Lo hemos hecho los profesionales, lo han hecho los políticos y creo que, en general, hemos confundido a la ciudadanía.

Las dos cuestiones (la atribución interna y la imposibilidad de negar la subsistencia) han hecho que las Rentas Mínimas sean un instrumento absolutamente ineficiente en estos momentos de crisis. No sirven para familias "normalizadas" en las que el único signo de exclusión social es el haber perdido el trabajo y como consecuencia la renta disponible para sobrevivir.

Y tampoco han servido en muchas ocasiones para las familias en situación de exclusión social. El proporcionar dinero a una familia, por sí solo,  rara vez consigue la inclusión social de la misma. Ni siquiera el acceso al trabajo, en sí mismo, lo consigue. Son necesarios mucho trabajo y multitud de otros apoyos para conseguir ayudar a una familia en situación de exclusión social  a que supere dicha situación. Trabajo, apoyos y recursos que en estas Leyes, como digo, han sido escasamente desarrollados.

La única salida a todo esto es, como digo, garantizar la supervivencia a todas las personas independientemente de sus circunstancias. Y aquí el modelo de Renta Básica es mucho más adecuado que el de las Rentas de Inserción. La instauración de una Renta Básica, un mínimo para que todas las personas puedan cubrir sus necesidades más básicas de alimentación, vestido y alojamiento debe hacerse como un derecho social, ya que estas necesidades está recogidas en la Constitución. Ello permitiría además que los programas de Rentas de Inserción pudieran desarrollarse mucho más claramente y, a pesar de sus deficiencias, conseguir los objetivos que pretenden.

Además de posible es urgente su instauración. Los índices de pobreza y miseria están en nuestro país absolutamente disparados y no podemos esperar más tiempo.

No voy a desarrollar aquí el modelo concreto de Renta Básica que puede proponerse, (destinatarios, cuantías...) porque la entrada se hace muy larga. Lo fundamental, como trabajadores sociales digo, es desvincular subsistencia de inserción. Cómo se haga es algo más secundario.

Para terminar, os dejo este vídeo de la película "Cabaret". Como dicen en él: "cuando el hambre llama por la ventana, el amor huye por la puerta". Os invito a que lo veáis entero. Son poco más de dos minutos de rabiosa actualidad.




jueves, 24 de enero de 2013

Las ratas

"Las ratas"es una novela de Miguel Delibes, que describe muy bien la opresión de los poderosos sobre la gente del pueblo en la España de hace 50 años. En este caso, de los dueños de las tierras sobre los habitantes de un pequeño pueblo rural. Me he acordado de ella cuando me he enterado de algo que ha sucedido en Teruel. Os lo explico.



Pues resulta que en una de las capitales de nuestro querido Reino de Aragón, van sus gobernantes y dejan sin adjudicar el contrato para la desratización del municipio. Seguro que, apurados económicamente como van los municipios, consideraron que no era demasiado importante y que se podía ahorrar en el tema. Si se recorta en Sanidad, Educación, Servicios Sociales, ¿porqué no recortar también en este tipo de limpieza?

Y qué más quisieron las ratas. Como tienen la mala costumbre de reproducirse mucho (no como los aragoneses), comenzaron a invadir algunos lugares del municipio, hasta el punto que los vecinos comenzaron a quejarse. Además las ratas acumulan más defectos y entre ellos está que tienen que alimentarse, por lo cual comenzaron a roer el cableado de fibra óptica que une la sede territorial del Gobierno de Aragón con el Ayuntamiento (desconocemos si las ratas querían denunciar algo con esta acción), dejando sin Internet a este último y dificultando por tanto el trabajo y los servicios de la sede municipal. Enlace a la noticia.

Nada menos que quinientos metros de cable que tiene que ser reparado. Imagino que no se comerían tantos metros, porque si no deben ser las ratas más orondas de Europa, pero debieron hacer el daño suficiente como para tener que repararlo todo.

Ahora el Ayuntamiento tiene que afrontar el gasto de la reparación del cableado además del gasto en el contrato de desratización. 

Y colorín colorado... No, este cuento no se ha acabado.

Porque es un lamentable, frecuente y  magnífico ejemplo del funcionamiento de nuestros políticos y gobernantes. Con sus recortes y su visión cortoplacista pretenden ahorrar no se sabe muy bien cuánto. Pero la realidad se impone y terminan gastando mucho más. Sólo miran el balance de resultados y así están quebrando la economía del pais. No distinguen gasto de inversión, y prevención para ellos es un concepto tan lejano... ¿Acaso pensaron que las ratas no se reproducirían? ¿Estos son los políticos que nos quieren dar lecciones de economía, austeridad y buena administración?

Llevemos por un momento todo este argumentario al campo de lo social. Todos los recortes en los sistemas públicos de protección social... ¿creen de verdad que no va a tener consecuencias? ¿Acaso no saben que al final vamos a tener que gastar mucho más en arreglar y reparar los destrozos sociales que los recortes están dejando que el dinero que se pretende ahorrar haciéndolos?


Personalmente creo que sí lo saben, pero no les importa. No les importan las bolsas de pobreza que se están creando, les traen sin cuidado los graves problemas familiares que el progresivo empobrecimiento de la población y la falta de protección social están causando. Les importa un bledo el coste en términos de sufrimiento humano que todos estos recortes suponen y les da igual que a nuestro país le vaya a costar décadas y una cantidad ingente de recursos económicos el devolver a la población a un nivel digno de bienestar social.

Lo dicho: son ratas. Sucias y asquerosas ratas.





martes, 22 de enero de 2013

En tierra de nadie

Suelo publicar una entrada por semana. Me gusta trabajar un poco los temas antes de publicarlos, reflexionar, documentarme y necesito este ritmo para poder hacerlo. Esta semana sin embargo voy a incumplirlo y publico esta entrada un poco apresuradamente.


Me entenderéis enseguida. El blog me sirve para muchas cosas y hoy por recomendación de Wang lo voy a utilizar un poco como denuncia y otro poco como catarsis. Y es que es muy duro descubrir los planes de la PPolítica Social para los servicios sociales municipales. Enlace aquí. 

Un sistema de servicios sociales que se había asentado en España sobre los Ayuntamientos y las entidades locales, como la administración más cercana al ciudadano y la que mejor podía valorar qué servicios sociales se necesitaban en cada lugar. Con todos sus problemas, (que conozco de primera mano, pues no en vano llevo trabajando casi 25 años en el sistema), era uno de nuestros rasgos diferenciadores respecto a otros sistemas (educación, sanidad...) y si se sabía gestionar, era una de nuestras fortalezas.

Pues de un plumazo estos PPgobernantes (ya no tengo ni calificativos para ellos), se cargan esta señal identitaria de nuestro sistema con argumentos sobre la reforma y eficacia, eficencia, no duplicidad y no sé cuantas mentiras más de la Administración Local. Argumentos que no se sostienen en sí mismos, y sobre los que se toma una decisión que va a ocasionar más dolor a nuestros ciudadanos y además va a resultar a medio y largo plazo mucho más cara, incluso en términos económicos.

Una vez más no es gestión. Es ideología. Pura y dura ideología que va destinada al desmantelamiento del Estado de Bienestar y de la protección social que supone.

¡Como si el problema de los Ayuntamientos fuese el gasto que han soportado en Servicios Sociales! Unos Ayuntamientos endeudados no por los Servicios Sociales, sino por la megalomanía, egoísmo y narcisismo de unos políticos embarcados en megaproyectos municipales de altísimo coste y nula rentabilidad social, aunque en muchos casos, altamente rentables para ellos y sus amigotes.

Unido a esta reforma, que deja los Servicios Sociales fuera de los Ayuntamientos, se une la desaparición del Plan Concertado enlace, con la que el Estado culmina su abdicación total respecto al Sistema.


Quedan así los Servicios Sociales en manos de las Comunidades Autónomas. Me imagino el panorama que nos espera. Para muestra, os voy a poner un botón y os propongo que hagáis una prueba. En Aragón, entrad en la página web oficial del Gobierno de Aragón. Veréis unos dibujitos que hacen referencia a los temas que pueden accederse desde la página. 
 
Empleo, Salud, Vivienda... ¿No está Servicios Sociales como tema? ¡Ah!, tal vez pulsando en "ver más temas...".

¡Tampoco! De un total de 40 temas, ninguno hace referencia a Servicios Sociales como Sistema. Cultura, Educación, Deportes, Salud... Todos tienen su enlace, menos los Servicios Sociales, dispersos y confundidos entre distintos temas que sí los tienen: Infancia, Familias, Tercera Edad, Dependencia, Inmigración...

Pues esta es la Administración que, a partir de ahora, va a gestionar en exclusiva el Sistema de Servicios Sociales. Una Administración Autonómica que ni siquiera los reconoce.

Como vengo diciendo desde hace un tiempo: negro panorama y negro futuro nos espera.