Es de esas noticias que te golpean, que te dejan conmocionado y condolido. Y más aún cuando te enteras de ellas casi por casualidad: el asesinato de CELIA VICARI, una colega argentina, a manos de un paciente psiquiátrico que estaba atendiendo. Noticia.
De casualidad, como digo, tengo la primera referencia de tan espeluznante noticia. El amigo y profesor Miguel Miranda, de la Universidad de Zaragoza, nos informa del hecho ocurrido el pasado lunes, dado que la conocía de diversas colaboraciones entre Universidades.
Por mi parte, tengo poco que hablar de Celia Vicari, pues no la conocía. Por lo que me he podido informar tras el desgraciado suceso se trataba de una trabajadora social muy querida y apreciada en sus entornos. Docente en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, al parecer había trabajado en el Hospital Zonal de la localidad de Caleta Olivia, en la provincia de Santa Cruz y una vez jubilada, todavía colaboraba con el Hospital en el seguimiento y apoyo de algunos pacientes.
Y fue realizando esta actividad cuando fue asesinada por uno de ellos. Como no podía ser de otra manera, el hecho ha conmocionado a toda la profesión de aquel país. Enlace.
A veces olvidamos la dimensión internacional de nuestra profesión. Ha ocurrido en otro país, lejos geográficamente de nosotros, pero era una colega nuestra. Por eso creo que es una noticia sobre la que tenemos que reflexionar y por eso la comparto con vosotros.
No se muy bien por qué pero me siento muy cercano a esa, para mí desconocida, Celia. Transmito desde este pequeño rincón mis condolencias a sus amigos, familiares y colegas argentinos.
Todo trabajador social que haya trabajado en la atención directa se ha enfrentado a la violencia y la agresividad en algunas ocasiones. Trabajamos en las trincheras de la acción social, atendiendo a personas cuyo sufrimiento les hace reaccionar de maneras a veces imprevisibles. Soy de los que pienso que como trabajadores sociales debemos tener, de hecho tenemos, una presencia limitada y la mínima incidencia necesaria en la vida de las personas que atendemos. Pero también es cierto que,en ocasiones ocupamos para ellos, siquiera temporalmente, lugares importantes. Y desde estos lugares, a veces la violencia se vuelve contra nosotros.
La Federación Argentina de Asociaciones Profesionales de Servicio Social, desde el impacto de la triste pérdida, plantea la reflexión sobre los procedimientos de intervención que utilizan.
¿Cómo desarrollamos nuestro trabajo? ¿Cómo enfrentamos la violencia y agresividad en nuestro quehacer diario? ¿Disponemos de medios, equipos, protocolos y formación suficiente para ello? Creo que son preguntas que nos debemos plantear todos.
Con frecuencia oigo a compañer@s que plantean que con motivo de la crisis, las demandas se nos presentan de una manera más tensa y agresiva y que, en muchas ocasiones, el encuadre en el que las atendemos no es el más adecuado. Puede ser cierto. Lo cual no significa otra cosa que lo necesario de esta reflexión sobre la violencia y nuestro modo de atenderla y protegernos.
Porque hoy lamentamos la pérdida de una valiosa compañera argentina y al menos su injusta y gratuita muerte debe servir para prevenir más sucesos de este tipo. Antes he dicho que no conocía a Celia, aunque tal vez no sea del todo cierto. Celia puede ser cualquiera de nosotr@s.
Son días tristes para el Trabajo Social. Descansa en paz, Celia.









