jueves, 16 de octubre de 2014

Más virus (2ª parte) "Nadie hablará de nosotros cuanto hayamos muerto."


En la anterior entrada comenzaba a exponer los virus que, a mi juicio, han infectado al Sistema de Servicios Sociales hasta llevarlo al borde de su desaparición. Hoy continúo con algunos de ellos.


  •  La iniciativa privada es más ágil y más eficaz en la prestación de los servicios sociales.


Combinado con el que os contaba en la pasada entrada, este virus tiene consecuencias absolutamente letales. Cuanto más deteriorado está el Sistema, más oportunidades existen de que quede parasitado por entidades privadas.

Poco a poco, la complementariedad o subsidiariedad en las actuaciones se convierte en sustitución. Lo que antes se hacía desde la administración pública pasa a hacerse por medio de entidades sociales o mercantiles.

Otro día os daré una receta para convertir servicios públicos en privados. La he visto realizar en muchas ocasiones y me parece infalible. Para otra entrada.

Como muestra de la virulencia de este virus (valga la redundancia), os pondré un ejemplo. Actualmente en Aragón se ha comenzado el proceso para la elaboración de una Ley que regulará las entidades, centros y servicios sociales de titularidad privada. En principio es una buena noticia, pues responde a un mandato (durante años incumplido) de la Ley de Servicios Sociales de Aragón. El problema es que se prioriza este proyecto por encima de otros a los que la Ley también obliga; por ejemplo la regulación de las prestaciones económicas y de la renta básica en Aragón, o la reglamentación de los Servicios Sociales Generales.

Esta priorización deja a mi juicio muy claro por donde va el tema. Qué es lo importante y qué es prescindible para este gobierno. Regular (veremos que para dar más cancha) a los servicios sociales privados mientras se dejan morir de inanición a los servicios sociales públicos.

Si con el anterior virus el tratamiento era difícil, con éste me parece imposible. Está demasiado extendido como para que podamos ya controlarlo.

Estos son, a mi juicio, los dos virus más letales. Hay unos cuantos más, creo que menos peligrosos pero que pueden producir también graves complicaciones. Por ejemplo el que plantea que 



  • Todas las situaciones de sufrimiento humano son enfermedades que tienen un origen genético o biológico y su único tratamiento el médico y farmacológico.

Ello excluye cualquier abordaje de una situación de malestar desde el ámbito psicológico, y mucho menos desde el relacional o social. Por ejemplo, un niño con problemas de comportamiento será diagnosticado de Déficit de Atención y, con mucha probabilidad, medicado. Difícilmente se estudiará su entorno social o familiar, ni se considerará éste como objeto de intervención. A un adolescente con problemas de absentismo tal vez le será colocada la etiqueta de fobia social y si se mete frecuentemente en líos trastorno límite de la personalidad.

En cualquier caso se producirá una psiquiatrización de la problemática y se obviarán las intervenciones que podrían (deberían) hacerse desde el sistema de servicios sociales.


http://prezi.com/ycnbfeqiew1z/?utm_campaign=share&utm_medium=copy&rc=ex0shareDe las causas y consecuencias de este virus hablé en las últimas Jornadas de la Asociación Aragonesa de Terapia Familiar, donde me invitaron a desarrollar un taller sobre el tema. Por cierto, allí compartí espacio con otro compañero de la Blogotsfera, Sergio Siurana, que presentó una comunicación sobre psicoeducación sistémica bien interesante. Enlace.

Para quien esté interesado, os adjunto el prezi que hice para el taller. Lo titulé ¿Cómo hacer un diagnósticorelacional y no morir en el intento?


En fin, como os digo, aún hay más virus. Por ejemplo, el que dice que el dinero o el empleo, por sí sólos, son suficientes para conseguir la inserción social de las personas., o ese otro que plantea que los Servicios Sociales deben solucionar lo que los demás sistemas públicos de protección social no pueden hacer. No voy a desarrollarlos aquí para no cansaros con tanto virus. Además, seguro que vosotros también habréis descubierto unos cuantos.

 Os invito a que los compartáis en los comentarios.

lunes, 13 de octubre de 2014

Más virus (1ª parte) "El día después de mañana"



Creo que el Sistema de Servicios Sociales se encuentra enfermo. Enfermo de gravedad. Y creo que la razón son los virus. Nuestro sistema se encuentra infectado por unos cuantos virus mortales que ponen en grave riesgo su supervivencia.



Si en el caso de los organismos biológicos los virus son agentes microscópicos que invaden sus células, en el caso de una organización social los virus son ideas, creencias o valores que poco a poco van determinando la manera en la que ésta desarrolla su función.


En ambos casos se trata de entidades no excesivamente complejas. Si la estructura de un virus es bastante simple, compuesta de dos o tres partes, la estructura de las ideas infecciosas tampoco es muy elaborada. Suele ser un mensaje claro y que no requiere mucho análisis para su comprensión.


Del mismo modo tanto los virus como las ideas tienen sus propias vías de transmisión y en muchas ocasiones es difícil identificarlas. Si no se está muy atento, uno puede infectarse con mucha facilidad.

Y la más importante coincidencia. En las dos situaciones el objetivo es colonizar el organismo por entero, lo cual frecuentemente acaba produciendo la muerte del mismo.

Os cuento los que creo que son más peligrosos.

  • La principal función de los Servicios Sociales es garantizar la supervivencia y erradicar la pobreza.

En este caso la vía principal de transmisión, aunque no la única, ha sido la crisis económica. Y en cuanto a los efectos, absolutamente devastadores. Hoy muchos servicios se encuentran desbordados atendiendo demandas cuyo contenido es exclusivamente económico, sin poder acometer otras tareas y funciones.

Este virus, en forma de mandato social y político, nos ha llegado y no hemos sabido hacerle frente. Y así se ha ido construyendo nuestra principal función en estos momentos: proveer de dinero a la gente que lo necesita. Insatisfactoria, ingente e ineficaz tarea.

Como digo, el virus tuvo un mandato político. Ya he recordado en otras ocasiones cómo varios políticos plantearon la tesis de que no importaba recortar, reducir o eliminar las prestaciones por desempleo, puesto que podían ser fácilmente sustituidas por las prestaciones de servicios sociales, “que para eso estaban”.

No abundaré más en los múltiples problemas que todo ello ha traído a los servicios sociales. Estigmatizaciones, presiones, acusaciones de ineficacia…

¿El tratamiento? Difícil, pues pasa por comprender que el derecho a la supervivencia no puede ser garantizado por un único sistema. Es competencia de todos los sistemas públicos de protección social el garantizarlo (sanidad, educación, vivienda, empleo…). Ni tan siquiera políticas sectoriales en cada uno de ellos podrían conseguirlo. Deben estar complementadas por amplias políticas universales de garantía de rentas e ingresos.

Si estamos condenados a ser el Sistema de los pobres es que la infección no tiene ya remedio. La inminente vuelta a la beneficencia certificará la defunción del Sistema de Servicios Sociales.

(continuara...)

miércoles, 8 de octubre de 2014

Los virus de Wang



El lamentable suceso de la auxiliar de enfermería contagiada por el virus del Ébola en España ha extendido el miedo a que se propague entre nuestra población. No es para menos. La inoperante, chapucera y prepotente gestión de nuestro Gobierno no puede generar sino una profunda intranquilidad. Algunas personas imaginan nuestro país  invadido por el virus y los más agoreros predicen miles de muertos, como en África.



Es curioso comprobar cómo hasta ahora este virus nos importaba más bien poco. Se encontraba en África, a miles de kilómetros de nosotros. Desde allí llegaban noticias de países con nombres difíciles de pronunciar, y asistíamos al sufrimiento que la situación estaba causando en ellos como quien mira una película. Pueblos y familias enteras arrasadas. Personas muriendo sin la mínima atención sanitaria. Niños y niñas abandonados a su suerte.

Y ante semejante tragedia (como en tantos otros lugares de nuestro globo), la comunidad internacional mirando hacia otro lado. Los Gobiernos del llamado primer mundo o mundo desarrollado, no han dedicado a la cooperación con estos países más que unas migajas. Coherentes con la ideología neoliberal que todo lo invade, los Estados no deben intervenir en los problemas sociales. Para eso ya están las ONGs. Dejemos que sea la propia sociedad la que se organice. Es el modelo que se ha impuesto, y sirve para la política nacional tanto como para la internacional.

Ese es el verdadero virus. Las situaciones de sufrimiento humano no deben ser objeto de atención de los gobiernos, de los estados o de las administraciones públicas. “La gente debe resolver sus propios problemas” Rajoy dixit.

Y así hemos visto cómo la población de aquellos países se enfrentaba al virus con unos medios absolutamente insuficientes, carentes de casi todo y con la única ayuda de algunas entidades sociales o religiosas, a las que desde el poder se las define como heroicas. Seguro que preferirían menos adulaciones y más medios y compromiso gubernamental.

Es incomprensible que los países desarrollados no se hayan puesto de acuerdo para dotar de todos los medios que hiciera falta para atender la pandemia en aquellos lugares. Los políticos están más preocupados por evitar que el virus nos afecte en nuestros propios países (“estamos preparados para hacerle frente”) que por acabar con el sufrimiento de los países a los que les ha afectado.

Pero podemos lanzar a estos políticos un mensaje tranquilizador. La causa de la extensión del virus en aquellos países no es otra sino la pobreza. La falta de infraestructuras higiénicas y sanitarias y la precariedad de las condiciones de vida es lo que determina que esos países no puedan hacer frente a la extensión del virus sino con muchísimas dificultades. El verdadero virus es su pobreza.

Un nivel de pobreza en nada comparable al que tenemos en los países desarrollados. Aunque al paso que vamos, tiempo al tiempo.

Mientras tanto, aprovecho para deciros que Wang está malito. Hace poco que ha regresado de su larga estancia veraniega en su país y estos días pasados comenzó a encontrarse mal. Malestar general y un poco de fiebre. ¡Los mismos síntomas que el virus del Ébola!

Asustado, decidió ir al médico apresuradamente. Con una sonrisa condescendiente ante la hipocondría de mi compañero, el médico le dio el diagnóstico. Resfriado común. Ni siquiera gripe. Un vulgar y tranquilizador catarro que va a curar con un poco de reposo.

Ojalá todos los virus se curasen con tanta facilidad.



lunes, 15 de septiembre de 2014

Tapones de plástico y gomas de borrar


Cuanto más nos adentramos en la difícil situación socio-económica que nos ha dejado la crisis, más proliferan las iniciativas que apelan a la solidaridad ciudadana para resolver las necesidades de alguna persona o colectivo que precisa de ayuda. Viejas formas de acción social que ¿han vuelto para quedarse?



Septiembre. Tras el verano comienza el curso escolar y todo vuelve a la rutina pos-vacacional. Y con la rutina, la explosión de iniciativas solidarias para atender tal o cual necesidad.

En este blog venimos hablando con frecuencia de este fenómeno. A quien le interese el tema puede consultar mis entradas: “De la ciencia a la caridad” o “La epidemia de la caridad”. También os recomiendo “Beneficencia”   en la que hablo de la regresión que han experimentado las políticas sociales en la administración pública.

A cualquier observador interesado no le pasará inadvertido que no hay un solo día en el que no aparezca una noticia de este tipo. Antes fueron las campañas de alimentos. Ahora es la época del material escolar. Asociaciones, entidades, ayuntamientos, grupos de vecinos… todos lanzados compulsivamente a la recogida y reparto de material escolar para los niños cuyas familias tienen dificultades para pagarlos.

Y por supuesto, todo sumido en la mayor descoordinación. Por momentos pareciera que interesa más el protagonismo de la entidad que promueve la iniciativa (enrollada, sensible y solidaria como ella sola) que la verdadera resolución de la problemática o la eficacia última de la actuación.

  • ¿Análisis previo de las necesidades? -¿Para qué? Cada entidad conoce alguna familia necesitada. Eso basta para saber que existe el problema.

  • ¿Evaluación del impacto, o los resultados? -¡Oiga!, que bastante tenemos con el reparto.
  • ¿Coordinación de entidades? -¿Qué pretenden, controlar nuestra labor?

Ante semejante fenómeno creo que los servicios sociales deberíamos poner algo de cordura. La ineficacia de muchas de esas actuaciones, la estigmatización que producen, el despilfarro de recursos que debieran ser utilizados de otra manera… requieren que denunciemos muchas de estas actuaciones y que propongamos cambios sustanciales en el desarrollo de otras tantas.

Tarea ingente para la que no estamos legitimados en el contexto actual. El modelo que se propone por parte del Estado es precisamente potenciar este tipo de actuaciones y nuestra Sociedad tiene un claro déficit histórico con respecto a la herencia benéfico-asistencial que a duras penas se empezaba a superar en las últimas décadas.

Los servicios sociales quedamos así atrapados. Por un lado, por un Estado que no reconoce derechos sociales y que considera que debe dejar en manos de la sociedad y de la iniciativa privada la satisfacción de las necesidades de la gente; por el otro, por una Sociedad que legitima, aplaude y pone como ejemplo estas formas solidarias de ocuparse de las mismas.

Lo mismo sucede con otra de las iniciativas que más desasosiego me causan: las recogidas de tapones para pagar los tratamientos médicos de niños enfermos. Cada vez que conozco un caso de éstos me da una punzada el estómago. ¿Cómo puede condenarse a una familia al oprobio de esta nueva mendicidad para que su hijo reciba un tratamiento médico? ¿Cuánto hay de anhelos, engaños y de vagas esperanzas? ¿Dónde queda la denuncia, concreta y constante, de los responsables de que esos niños no reciban en su entorno y junto a los suyos los tratamientos necesarios?

Por momentos siento que hemos perdido la batalla. Todo esto ha vuelto (nunca conseguimos que se fuera del todo) para quedarse.

Bienvenidos al Siglo XIX. Aplaudamos el nuevo altruismo y la filantropía de los tapones de plástico y las gomas de borrar.

Es lo único que nos va a quedar.



lunes, 8 de septiembre de 2014

Niño, deja ya de joder con la pelota...

L@s amig@s que teneís la amabilidad de seguir este blog y aguantar las reflexiones y sandeces que  este humilde titiritero de la acción social suscribe, sabéis que hay unos cuantos temas que me preocupan especialmente. Entre ellos, el ejercicio de la política local y en concreto las manifestaciones y desatinos de algunos alcaldes. Así que no podíamos dejar pasar más tiempo sin comentar la propuesta que está haciendo el Partido Popular sobre la elección directa de alcaldes y el gobierno de la lista más votada.


Siempre he trabajado en la administración local, lo cual me ha permitido conocer de primera mano la función pública de numerosos concejales y alcaldes. Al mismo tiempo que he conocido personas que han ocupado estos cargos con una voluntad de sacrificio, honestidad y afán de servicio público encomiables, he conocido otras (lamentablemente con demasiada frecuencia), cuyo único interes era su beneficio particular y su única guía para la política el permanecer en el cargo.

He visto mancillar en numerosas ocasiones esta noble función de la política local por personajes de oscuros intereses, con graves carencias en lo personal y en lo profesional, tomando medidas y decisiones que han perjudicado gravemente a los ciudadanos y a la comunidad, sin la mínima conciencia de los efectos que producían.

Así que, cuando nuestro inefable presidente del gobierno de la nación propone la reforma de la ley electoral, de manera que la lista más votada sea la que se ocupe del gobierno municipal, (excluyendo la posibilidad de gobernar con pactos entre listas minoritarias), me embarga el desasosiego de saber que, de salir adelante, la reforma causará no pocos desajustes y problemas en la administración local.

Es obvio que dicha reforma responde únicamente a intereses partidistas, pero también a una especie de ideología de concentración del poder a la que tanta querencia tiene este partido. En vez del consenso, los pactos, el diálogo, las cesiones... prefieren el "ordeno y mando", convencidos de que así la política es más eficaz. Ese es el problema.

La reforma ha sido en muchos ámbitos tildada de "caciquil", oportunista, anti-democrática... Suscribo la mayoría de las críticas. Concentrar el poder en un único partido y en un alcalde me parece una mala noticia y ciertamente peligrosa. Desde mi experiencia en la administración local, a más concentración del poder más ineficaces y peligrosas son las medidas de gobierno. Mucho más riesgo de corrupción, de despilfarro y, en general, de políticas que beneficien a unos pocos y no al conjunto de los ciudadanos, y mucho menos a los ciudadanos que peor lo pasan.

Naturalmente, esgrimen para su defensa el respeto a la voluntad de la mayoría ciudadana. Lo tramposo de este argumento se demuestra con un poco de aritmética básica. Supongamos que a unas elecciones municipales concurren tres partidos. El Partido A obtiene el 40% de los votos. El Partido B y el Partido C obtienen un 30% cada uno. Con la reforma propuesta gobernaría el Partido A directamente, sin posibilidad de que B y C pudieran sumar sus fuerzas para oponerse a sus políticas, a pesar de que entre ambos superasen ampliamente al primero.

Supongamos ahora que B y C tengan una coincidencia en sus programas de un, digamos 80%. Y que ambos no coinciden en nada con el Partido A. ¿Cúal sería en este caso la voluntad popular?  ¿Que se desarrollase el programa del Partido A, al que apoyan 40 personas de cada 100? ¿O que entre B y C desarrollasen el programa común, que es apoyado por 48 personas de cada 100? ¿Qué es más democrático?

Todo en un sistema democrático tiene sus pros y sus contras. Y que una reforma electoral sea necesaria puede ser debatido. Listas abiertas, compromiso con los programas electorales, sistemas de representatividad, cuotas de proporcionalidad... Pero nada de eso figura en la propuesta.

Propuesta que, además, se hace a pocos meses de las elecciones, en una clara estrategia electoralista. Tan evidente es que pretenden cambiar las reglas a mitad de partido que recuerdan a esos grupos de niños en los que las reglas del juego las pone el dueño de la pelota. Ahora el dueño de la pelota (mayoría absoluta) la tiene el PP. Por tanto se juega como él quiere, por irracional, absurdo y aburrido que parezca el juego.

Y es que el juego lo único que pretende es sustituir los alcaldes por caciques. Como si no tuviéramos ya bastantes.