miércoles, 14 de enero de 2015

La lógica de la pobreza (y II)

Como continuación de la pasada entrada, os describo lo que yo entiendo por la lógica común que se aplica ante las situaciones de pobreza o necesidad.


https://www.flickr.com/photos/haddhar/4966459819
Es la siguiente. Pongamos por ejemplo una típica situación de necesidad tal y como se están definiendo últimamente: una familia no tiene para pagar la luz. La explicación social que se le da a esa situación está clara: no tienen dinero porque se han quedado en desempleo como consecuencia de la crisis. Y la solución es igualmente obvia: hay que pagar la luz a esta familia. En cuanto a los responsables de pagarla también están claros: la administración pública “más cercana al ciudadano” y los servicios sociales de los que dispone para ello.

Esta lógica común es la que se ha impuesto y por tanto, define claramente lo que los ciudadanos esperan de los servicios sociales. Y los profesionales de estas estructuras la hemos mimetizado, sin conseguir sustituir la misma por una lógica profesional (no diré científica porque suena hasta pedante y al fin y al cabo, no hace falta mucha ciencia para pagar un recibo de la luz, ¿verdad?).

Las razones por las que no hemos conseguido contraponer otro tipo de lógica son muy variadas, pero responden a dos grandes grupos de responsabilidad. La política y la técnica.

En el nivel de la política, habitualmente los responsables políticos de la acción social y los servicios sociales comparten esa lógica común (a veces por convencimiento y a veces por intereses espurios ligados a los votos) y con ella gestionan los servicios. Tan sólo les entra alguna duda al comprobar que manejan presupuestos escasos para abordar según sus paradigmas todas las situaciones de necesidad que se les presentan.

En el nivel técnico encontramos asimismo diversas razones. La presión institucional es sin duda una de ellas, pero también el haber desarrollado durante muchos años una lógica de necesidades y recursos de evidentes resonancias con esa lógica común.

Así, por opción o inadvertidamente, nos encontramos aplicándola a las situaciones que se nos presentan y reduciendo nuestra función a la aplicación de unos baremos que “objetivan” la necesidad, lo cual en la mayoría de las ocasiones tiene una función más policial que otra cosa: comprobar y documentar lo que nos dicen (en nuestro ejemplo que es cierto que la familia está en desempleo y no tiene dinero).

Aplicando esta lógica hemos forzado prestaciones diseñadas para la inserción para utilizarlas como garantía de subsistencia, lo cual ha generado no pocas disfunciones. Enlace. ¿Qué compromisos o contraprestaciones planteamos a quien cuyo único problema es la falta de dinero? Esos compromisos se supone que iban dirigidos a promover la inserción... ¿de quien ya está insertado? Entonces esas contraprestaciones ¿son un castigo, o el pago para poder recibir la prestación?

Creo que falta un debate profundo sobre el modelo, tanto dentro del sistema de servicios sociales como dentro de la profesión del trabajo social.

En la actualidad hay demasiada confusión entre los modelos: renta básica universal, condicionada, rentas mínimas de inserción, subsidios... mezclados por territorios (la falta de una ley general hace que cada cual desarrolle su particular invento) y cruzados por los diversos intereses, percepciones y motivaciones de, al menos, tres niveles: los técnicos, los políticos y los ciudadanos. Añadámosle al tema cuarto y mitad de ideología y una pizca generosa de dispersión entre los diferentes niveles de la administración y tenemos el panorama completo.

De esta confusión, en este panorama, sólo podemos salir fomentando un debate complejo que nos lleve a consensuar el modo de afrontar las situaciones de necesidad dentro del modelo que queremos para el sistema público de servicios sociales. La otra salida es seguir aplicando la lógica común.

No sé si seremos capaces de salir de esta lógica. No sé ni si queremos salir de ella. Pero me parece que si seguimos más tiempo en ella la desaparición del sistema público de servicios sociales está garantizada. Si la lógica común se impone a la profesional, como está sucediendo, las consecuencias están claras: sobran los profesionales.

Y un sistema sin profesionales ya lo hemos conocido. Se llamaba beneficencia y atendía a los pobres. ¿A quién se le pudo ocurrir un día que eso no era suficiente...?

miércoles, 7 de enero de 2015

Empobrecidos (I)


Así estamos los Servicios Sociales. Empobrecidos. Cada vez tenemos menos recursos y desarrollamos menos programas y servicios. Nuestras energías se consumen en una tarea ingente que defiendo que no es de nuestra competencia (al menos exclusiva): garantizar la subsistencia ante las distintas situaciones de pobreza. En ese sentido también estamos los servicios sociales empobrecidos, en el sentido literal de la palabra. Llenos de pobres.


La presión asistencial como consecuencia de la crisis se ha llevado todo por delante. Antes, ante las situaciones de pobreza, defendíamos que lo prioritario era comprenderlas. Era importante, pues además de atenderlas nos parecía que nuestro trabajo era identificar y cambiar las causas que podían haber llevado a esa persona o familia a semejante situación de necesidad. Eso, y garantizar que los escasos recursos de los que solemos disponer fueran bien empleados para las familias que de verdad lo necesitaran.

Nada de eso parece necesario ni posible en estos momentos. Ante la situación de pobreza, lo prioritario (y en muchas ocasiones lo único) es atenderla. Paliarla, parchearla, subvenirla… me da igual la terminología. La pobreza se soluciona con dinero y las ayudas sociales son eso, dinero. Estamos por tanto impelidos y lanzados a la tramitación de diferentes prestaciones económicas que palíen estas situaciones de pobreza y garanticen unos mínimos de subsistencia.

Antes hablábamos de inclusión social y lucha contra la pobreza como una de las funciones (una más) de los servicios sociales. Ya no hablamos de eso. Ahora hablamos de atender económicamente las situaciones de necesidad que se nos presentan y en eso se ha convertido nuestra prioritaria (y única, en muchos casos) función.

Ya no se hacen diagnósticos. Se aplican baremos. En el fondo… ¿para qué se necesita un diagnóstico cuando todos sabemos que la crisis económica es la causa de las situaciones de pobreza?

Paralelamente, se ha producido un fuerte fenómeno de delegación. Si hay situaciones de pobreza es porque los servicios sociales son ineficientes e ineficaces. Las situaciones de pobreza se crean por la crisis, se detectan en los diversos sistemas de protección social y los servicios sociales son los encargados de solucionarlas. Uno de los corolarios que hemos definido en esta dialéctica de delegación, mediante el cual la aceptamos, es que los servicios sociales deberíamos tener más prestaciones económicas para atender eficazmente las situaciones de pobreza. Desde este fenómeno de delegación interpreto episodios de ataques a profesionales o a centros de servicios sociales como el que conocimos en Barcelona hace unos meses.  Enlace.

Otro fenómeno que vengo observando es el de la desresponsabilización. Las causas de la pobreza, o de una situación de necesidad, son universalmente atribuidas a las condiciones estructurales de la crisis. Nada de lo que le sucede a una familia es consecuencia de sus actitudes, de su historia o de sus actuaciones. La atribución es externa. Por tanto, “si no es mi responsabilidad lo que me sucede, no hay nada tampoco que yo pueda hacer”.

Ambos fenómenos, junto al deterioro objetivo de la situación económica de las familias durante la crisis, hace que la presión asistencial en los servicios sociales sea insostenible. Y así se cierra el círculo: no tenemos tiempo para pensar, diagnosticar o acompañar. Bastante tenemos con tramitar y derivar.

En estos momentos siento que no hay más realidad que ésta. Nos estamos convirtiendo (si alguna vez fuimos otra cosa se nos escapó entre los dedos) en el sistema de los pobres. Tal vez hayamos sido demasiado ambiciosos o ingenuos cuando intentábamos diseñar servicios sociales bajo el principio de la universalidad. ¿O es que a los servicios sociales va alguien más que los pobres? Tal vez algún confundido o despistado para el que cada vez tenemos menos que ofrecer.

Creo que esta deriva de los servicios sociales hacia estas formas de organización y hacia estas funciones exclusivamente asistencialistas es algo imparable, porque responde a condicionamientos, en última instancia, culturales.

Es algo que en otros dispositivos del sistema también ha ocurrido. Por ejemplo, hemos convertido las residencias de ancianos en prácticamente hospitales de asistencia paliativa al exigir un elevado nivel de dependencia con gran deterioro físico o psicológico para el acceso a las plazas públicas.

Y también ha ocurrido, antes, en otros sistemas y con otras situaciones. Por ejemplo, antes se definía la situación de drogodependencia o toxicomanía de alguien como algo prioritariamente conductual. Poco a poco, otros paradigmas se fueron imponiendo y ahora se define la drogodependencia como una enfermedad. Y se trata, obviamente, con la lógica de asistencia médica. Que en muchas ocasiones se reduce (por presiones parecidas a las que venimos nombrando) a un tratamiento farmacológico.

En el fondo, todo responde al paradigma de lo simple. Un diagnóstico sencillo sobre unas situaciones complejas que identifique la causa del problema y aplique el remedio más rápido. Nada que objetar, si no fuese porque las situaciones complejas (y una situación de pobreza, por más que se quiera simplificar, querámoslo o no es algo muy complejo) requieren de soluciones complejas.

Pero aquí también hemos perdido la batalla. La sociedad define las situaciones de pobreza como algo bastante simple, para lo cual no se requiere de ningún diagnóstico complejo. Del mismo modo que las soluciones. Se trata de lo que yo denomino como lógica común, que describiré en la próxima entrada.


viernes, 2 de enero de 2015

Los Top 3 del Chino en 2014

A sugerencia de Wang y para comenzar el año, os cuelgo aquí los enlaces a las tres entradas del blog más leídas durante 2014. Son éstas.



1.- La epidemia de la Caridad. 



2.- Una de anchoas



3.- Tapones de plástico y gomas de borrar




Las tres hablan desde distintas perspectivas de uno de los temas que más frecuentemente abordamos en el blog: la deriva del sistema de servicios sociales hacia formas de organización caritativo-asistenciales basadas en la beneficencia.

Si os apetece echarle un ojo, ahí las tenéis. 

Aprovecho para recordaros que el blog estrena página en facebook:


Allí nos vemos.

martes, 30 de diciembre de 2014

Recapitulando

Acaba 2014. Un apasionante 2015 nos queda por delante. Veremos si todos estamos a la altura y somos capaces de construir una sociedad un poco más justa que la que hemos vivido este año.



Por mi parte, intentaré contribuir a ello manteniendo el espíritu de denuncia y reflexión con el que nació este blog. Tras dos años y medio de travesía, el blog ha superado las 50.000 visitas y creo que se ha hecho un pequeño hueco entre algunos de vosotros y vosotras. 

No se si son muchas o pocas, no me preocupa demasiado. Lo que me resulta gratificante es comprobar que las reflexiones que tanto Wang como yo dejamos en el blog interesan a compañeros y amigos, fomentan nuevas ideas, reflexiones, debates... Por nuestra parte agradecemos cada comentario en el blog, en facebook o en twitter. También las críticas y por supuesto, todos los "me gusta" y cada vez que se comparte en alguna de las redes sociales. Todo ello nos anima a continuar reflexionando y escribiendo.

En este tiempo hemos escrito ya 146 entradas. En la actualidad, cada entrada es vista por una media de 300 personas y el blog recibe unas 2.000 visitas cada mes. Para este pequeño y humilde proyecto, es toda una responsabilidad.

Y como Wang no puede parar quieto ni un momento, ha decidido celebrar estos datos y el haber superado las 50.000 visitas creando una página de facebook para el blog, con la idea de tener otro lugar más para interactuar entre todos. 

Os dejo el enlace a la página.


Para seguirla, sólo tenéis que acceder a ella e indicar que os gusta. Allí nos encontraréis a Wang y a mí compartiendo nuestras tribulaciones con vosotros.

Entre tanto, recibid un fuerte abrazo y nuestros mejores deseos para el año que comienza.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Navidad en un poblado chino

Como no podía ser de otra manera, aprovecho esta historia que me ha contado Wang para felicitar la Navidad a todos los amigos y lectores de este blog


Es una historia real, que al parecer acaba de suceder en China. Sabemos que es real porque Wang conoce el sitio donde ha sucedido y a algunos de sus protagonistas. 

El hecho es que un acaudalado millonario chino ha arrasado el poblado de chozas de madera donde nació y pasó su infancia, para construir en su lugar una urbanización de lujo a los habitantes de dicho poblado.

 Podéis consultar aquí la noticia.

Ya sabéis que no soy muy amigo de este tipo de gestos, en los que un benefactor millonario dedica una gran cantidad de dinero para alguna problemática social. En España tenemos por ejemplo el muchimillonario Amancio Ortega, con sus controvertidas donaciones a Cáritas.

Pragmáticamente, estas donaciones alivian y solucionan sin duda algunas situaciones de sufrimiento, pero más allá de su utilidad coyuntural, fomentan un modelo de supuesta solidaridad y de ayuda que me recuerdan a la filantropía del siglo XIX y nos proponen la beneficencia privada y la graciabilidad como el camino para reparar las injusticias y la desigualdad. Por mi parte, prefiero modelos basados en la redistribución de rentas a través de los impuestos y la definición de unos derechos sociales garantizados para todos mediante el Estado.

Pero hoy no es el día de reflexionar sobre esto, ni en estas fechas me apetece daros la tabarra con el tema. Simplemente quiero compartir con vosotros algunos aspectos de la noticia de este millonario chino y su poblado.

Porque esta noticia me parece que tiene algunos matices diferentes a otras iniciativas filantrópicas que de cuando en cuando aparecen.

 Xiong Shuihua, que así se llama el millonario, dice que podía permitirse este regalo “porque había ganado tanto dinero que no sabría qué hacer con él, y no quería olvidar mis raíces”. “Yo siempre pago mis deudas, y quería asegurarme de que a las personas que me ayudaron a mi y a mi familia cuando era más joven, les fuera devuelto el favor".

Me parece que el gesto y las manifestaciones de este rico chino traslucen una genuina preocupación por sus congéneres, así como un profundo respeto por sus raíces familiares. Por mi parte me lo imagino de niño viviendo con su familia en ese poblado, pobre pero feliz; con muchas carencias, pero protegido por su familia y por sus vecinos, con la seguridad que proporcionan esas redes de ayuda mútua que tejen los seres humanos en entornos difíciles. Y volviendo años más tarde a ese poblado, agradecido y decidido a cambiar para siempre las condiciones de vida del mismo.

A mí me ha parecido una buena historia. Que habla de ayuda mútua, de raíces, de protección, de gratitud, de compartir... Valores que os deseo que nuncan falten en vuestras vidas y con los que aprovechamos Wang y yo para desearos una Feliz Navidad.