miércoles, 9 de enero de 2013

Homo antecessor

     El homo antecessor es la especie homínida más antigua de Europa, ancestro del homo neanderthalensis y por tanto antepasado nuestro, los homo sapiens. Sus fósiles fueron descubiertos en los yacimientos de la sierra de Atapuerca, en Burgos, donde parece ser que vivió esta especie hace la friolera de unos 800.000 años. 

 


¿Que por qué os hablo de estos homínidos? Pues sobre todo, porque eran buena gente. El estudio de sus fósiles ha revelado, entre otras muchas características apasionantes, que se ocupaban de los enfermos y discapacitados. En concreto, el cráneo de un niño de unos 10 años con una grave malformación congénita ha sugerido a los científicos que se dedican a esto la hipótesis de que para alcanzar dicha edad tuvo que ser atendido y cuidado con esmero en su comunidad.
 
     Como trabajador social, pensar que ya por el Pleistoceno medio nuestros ancestros habían desarrollado una forma de protección de los débiles, es algo que me hace reflexionar. No puedo evitar echar a volar la imaginación y pensar en aquellas primitivas comunidades, mucho antes de que aparecieran los Estados, organizándose para dedicar tiempo y recursos al cuidado de los ancianos y desvalidos. Imagino algo así como unos paleo-servicios sociales.

    Lamentablemente la Historia no avanza de forma lineal, y posteriormente surgieron especies y comunidades que, lejos de proteger a los débiles, los abandonaban a su suerte para que murieran y fueran devorados por los animales, pues eran considerados un estorbo para el conjunto.

        Entre estas dos dialécticas se ha debatido y se debate la especie humana. Cuidar del que no puede hacerlo por sí mismo... ¿es algo propio de la naturaleza del ser humano o es algo anti-natura, una carga insostenible para la especie en general?

     No puedo dejar de pensar en esto cada vez que oigo que los Servicios Sociales, la Sanidad o la Educación son algo insostenible. Si en una sociedad moderna, con toda su riqueza, consideramos insostenibles los Sistemas Públicos de Protección social es porque los débiles, los desfavorecidos, los enfermos y discapacitados nos importan más bien poco. Y si esas manifestaciones se hacen en sociedades como la española, donde tradicionalmente hemos dedicado al gasto social un porcentaje muy inferior al de otras sociedades avanzadas, la cosa ya raya el cinismo.

   
     Así que desde aquí quiero apelar a ese gen que seguro hemos heredado del Homo antecessor y denunciar de nuevo todos y cada uno de los recortes que se están haciendo en política social. Desproteger a los débiles va contra nuestra naturaleza y los que están recortando o y/o justificando los recortes en prestaciones, dependencia, pensiones, desempleo, becas de comedor o servicios sanitarios, sociales o educativos tienen más de animales que de humanos.

      Y si nuestros gobernantes no se dan por aludidos, les contaré otra cosa: el Homo antecessor practicaba el canibalismo. Y seguro que lo hacía en defensa propia. Eran buena gente.

   

miércoles, 2 de enero de 2013

De la ciencia a la caridad.

Los blogueros pioneros en el arte de las video-conferencias nos propusieron que antes de la siguiente quedada digital escribiéramos todos una entrada sobre los repartos de alimentos, que fue un tema que abordaron durante la reunión. Aquí está la mía.

 



Porque los compañer@s  hicieron bien en hablar de ese tema y en proponernos que escribiéramos sobre él. Creo que toda la profesión debe reflexionar sobre esta regresión a la beneficencia que estamos experimentando en nuestro país. Como trabajadores sociales tenemos la obligación de analizarlo y posicionarnos. Y nada mejor que el diálogo entre profesionales para ir reflexionando y tomar postura.

En cuanto a mi postura la he ido desarrollando en este blog en algunas entradas, por ejemplo en La vida es una tómbola... y en otras. Pienso seguir haciéndolo, pues me parece un tema capital en estos momentos.

Pero a veces una imagen vale más que mil palabras (sólo a veces). Y andaba yo pensando en estas cosas cuando me asaltó la imagen que encabeza esta entrada. Como bien sabréis, desde que Joaquín  las ha revolucionado, andan las imágenes asaltándonos sin piedad y en concreto ésta me ha tocado a mí.

Me la encontré en un viaje a Vitoria, durante una visita al Museo de Bellas Artes de Álava. Se trata de una pintura de Ignacio Díaz Olano, un influyente pintor alavés de los siglos XIX y XX. El cuadro se llama "El Restaurante" y a mí me parece una magnífica descripción de la desigualdad.

A este lado, dentro del restaurante, la sociedad opulenta, despreocupada. Al otro lado del cristal, a la intemperie, la sociedad necesitada,  aterida, que mira a la primera de una manera que no me atrevo a describir. (Os dejo a vosotros que la interpretéis).

En esta España donde tanto ha crecido últimamente la desigualdad (os dejo un enlace del colectivo Ioé con unos reveladores datos), esta imagen es representativa de lo que se está generando. Una sociedad polarizada, donde unos pocos cada vez tienen más y grandes sectores de la misma cada vez con más necesidades.

Por mi parte me imagino a las señoronas de este cuadro, que tan bien parecen haber comido, unas horas más tarde acudiendo a algún acto benéfico. Tal vez regenten una tómbola en beneficio de los niños huérfanos, o se dediquen a repartir bolsas de alimentos a los necesitados. A lo mejor hasta, paradoja de las paradojas, la mujer del otro lado del cristal es una de las afortunadas receptoras de su caridad. Y les dará las gracias, entre humillada y momentáneamente aliviada. Y las señoronas se irán a su casa, satisfechas y regocijadas en su bondad.

Reconstruir los Servicios Sociales y asentarlos en derechos sociales es el único camino posible para evitar que escenas como ésta y como la que he imaginado que sucedería después, se conviertan en la forma predominante de la acción social. Como bien nos demuestra nuestro amigo y profesor Miguel Miranda en su libro "De la caridad a la ciencia. Pragmatismo, Interaccionismo simbólico y Trabajo Social." el Trabajo Social surgió como profesión a raíz de "hacerse una serie de preguntas: sobre el porqué de los problemas sociales, de la desigualdad social, (...) sobre el cómo intervenir y sobre el desde donde intervenir".

Ese fue el motor que llevó a la superación de las prácticas altruistas y filantrópicas, basadas en la buena voluntad y el conocimiento ordinario y a su sustitución por prácticas profesionales basadas en el rigor metodológico y el conocimiento científico.

Ahora que desde los poderes públicos y desde grandes instituciones se está proponiendo como solución a los problemas sociales la vuelta a esas prácticas filantrópicas y caritativas y las aplauden como expresión de la solidaridad ciudadana, desde el Trabajo Social tenemos mucho que decir. Nosotros ya hemos recorrido el camino de la caridad a la ciencia, como para ahora permitir que caminemos de la ciencia a la caridad quedándonos cruzados de brazos.

Nos vemos en el tajo.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Donuts y rosquillas

      Suelo ser de natural pesimista. Mi primer impulso es a pensar que todo se deteriora progresivamente y que si las cosas van mal, tienden a ir a a peor.
    
      Afortunadamente, tengo a Wang a mi lado. Él es de naturaleza optimista. Tiene una convicción infinita en la bondad del ser humano y en las posibilidades de mejora y crecimiento de las personas y las cosas. 

     Como os he dicho en numerosas ocasiones, yo siempre hago a caso a Wang. He comprobado que siempre tiene razón y que sus optimistas previsiones son más certeras que mis malos augurios. Y además son más útiles.

     Hace tiempo que aprendí que no podemos cambiar la realidad. Que no podemos cambiar a las personas. El único cambio posible es sobre nosotros mismos. Sólo podemos cambiar la mirada que tenemos sobre las cosas. Y entonces las cosas cambian. 

     Y en este asunto es cuando me alegro de tener a Wang. El me presta su mirada y en vez de lo negativo, comenzamos a ver lo positivo. En vez de lo que falta, comenzamos a ver lo que existe. Un sabio terapeuta nos decía que hay gente que de los donuts (yo prefiero las rosquillas) sólo se fija en el agujero. En lo que falta, en la carencia. Esa gente va a fracasar en sus intentos por cambiar la realidad a mejor. Si sólo te fijas en lo negativo harás crecer lo negativo.

     No es un tema baladí, en estos momentos. Estos años de crisis, en especial este último año, nos ha llenado de desesperanza y desánimo. Todo son recortes, problemas, dramas... Pero hemos de hacer el esfuerzo, y sé que es difícil, por encontrar las cosas positivas entre todo esto, agarrarnos a ellas y construir. Construir con confianza y con esperanza.

     Yo me lo voy a tomar muy en serio este año que va a comenzar. Y cuando sienta que no puedo, le pediré a Wang que me ayude a mirar las cosas de otra manera.

     Os deseo lo mejor para el próximo nuevo año.


miércoles, 19 de diciembre de 2012

Lo aprendimos en la infancia

A modo de felicitación de Navidad, hoy quiero compartir con vosotros este escrito de Robert Fulghum, de su libro "Todo lo que realmente necesito saber lo aprendí en el jardín de infancia".

Estas son las cosas que yo aprendí:

Compartir todo, 
jugar sin hacer trampa,
no pegar a la gente,
poner las cosas donde las encontré,
limpiar mis propios líos, 
no coger cosas que no son mías, 
decir perdón cuando hiero a alguien,
lavarme las manos antes de comer, 
tirar de la cadena del servicio,
vivir una vida equilibrada,
aprender algo, pensar algo, 
dibujar, pintar, bailar, jugar y trabajar algo todos los días,
echarme la siesta cada tarde. 

Cuando salgo al mundo, tener cuidado del tráfico,
agarrarme de la mano y permanecer juntos, 
estar atento a las maravillas. 

Recordar la vieja semilla en el plato: las raíces van para abajo y la planta crece para arriba y realmente nadie sabe cómo ni porqué, pero nosotros somos igual que esto, el pez dorado y la tortuga e incluso la semilla morirán. Y nosotros también. Y recuerda la primera palabra que aprendiste: MIRAR, todo lo que necesitas saber está ahí, en alguna parte...

        Coge cualquiera de estas normas y llévala al mundo adulto, a tu familia, a tu trabajo, a tu pueblo, a tu país y seguirá siendo verdad, échate la siesta... e imagina que tienes capacidad para poner las cosas en su sitio o de limpiar tus propios líos cuando las cosas no van bien... Y continúa siendo cierto, no importa cuál sea tu edad, que cundo salgas al mundo es mejor que te agarres de la mano y permanezcas junto a alguien.

* * *

A todos nuestros amigos y lectores, a todos los que están comprometidos con mejorar la realidad, y en especial, a todos los que lo están pasando mal en estos tiempos difíciles, Wang y yo os ofrecemos nuestras manos y os deseamos FELIZ NAVIDAD.



                                                      

miércoles, 12 de diciembre de 2012

La vida es una tómbola...

He dudado mucho en ponerle título a esta entrada. Dudé si llamarla nueva caridad, o nueva beneficencia, o nueva solidaridad... He dudado en el título y he dudado en el contenido. Se perfectamente lo que quiero decir, pero no se si voy a saber expresarlo bien en estas líneas. 

Y es que es un tema polémico, y no quisiera levantar susceptibilidades. Ultimamente anda el personal bastante ocupado en paliar (en sus propias carnes y en las ajenas) los efectos de la crisis como para que venga yo a cuestionar algunas prácticas. 

Juro que no es mi intención hacerlo, pero como cada vez que algo me incomoda prefiero ponerle palabras (es algo que voy aprendiendo con la edad), voy a intentar explicaros lo que pienso y lo que siento.

Lo que siento y lo que pienso ante la gran proliferación de iniciativas solidarias y prácticas de ayuda mútua entre ciudadanos que intentan paliar los efectos de la oleada neoliberal que a modo de tsunami, (ahora que están más de moda en los cines que en la realidad,) está destruyendo nuestro bienestar.

No puedo evitarlo, pero cada vez que surge una noticia en la que desde la iniciativa social o ciudadana se organiza una actividad para hacer frente a algún aspecto de la crisis, me asaltan sentimientos encontrados. Por un lado me reconcilia con el ser humano, que todavía puede desarrollar formas de solidaridad y ayuda mútua ante congéneres en situación de necesidad. Por otro, me queda un regusto amargo, porque siento que este camino, aún siendo una buena noticia, no es más que un retroceso. En este artículo que os enlazo se apuntan algunas cuestiones al respecto.

Es un hecho que el Estado está abdicando de proteger a los desfavorecidos. Lenta, pero inexorablemente, se va desmantelando nuestro Estado de Bienestar. El nuevo lema viene a ser un "sálvese quien pueda" y quien no lo haga es por su torpeza y falta de iniciativa. Ya hemos reflexionado en alguna ocasión sobre la ideología que hay detrás de todo esto. 

El caso es que toda la tarea de protección a los débiles queda en manos de la Sociedad Civil. Y aquí surgen dos caminos: uno son las oportunidades de negocio. Hace poco asistí a unas jornadas sobre economía social y se presentaron datos en los que el volumen de negocio para las empresas sociosanitarias se va a incrementar en los próximos años de una manera exponencial. Lógico y coherente con el mantra privatizador que promueve la secta neoliberal.

El otro camino es el de la solidaridad. Asociaciones, grupos, entidades tendrán que hacerse cargo de lo que no sea rentable en términos económicos. Y es lo que está sucediendo: asociaciones recogiendo libros de texto para los niños de familias que no pueden pagarlos, entidades promoviendo comedores o roperos sociales, consultorios médicos para los ciudadanos que no tienen asistencia sanitaria... Y todo está empezando aún. Iniciativas y actuaciones todas ellas loables y necesarias pero...

Mientras tanto los servicios públicos que antes se encargaban de todo ello están desapareciendo. Lo que en anteriores épocas se presentaba como un complemento de la iniciativa social a las funciones del Estado, poco a poco, sin darnos cuenta, se está convirtiendo en una sustitución de dichas funciones.

Y ahí radica mi malestar. Asociaciones, Fundaciones, ONG´s... están asumiendo la protección social, en una tarea que lleva camino de convertirse en exclusiva. Pero... ¿y los derechos sociales? ¿Serán todas estas entidades las garantes de los derechos de los ciudadanos cuando se encuentren en situación de necesidad? ¿Con qué criterios? ¿Con qué capacidad? ¿Veremos satisfechos o no unos derechos u otros en función de la presencia o no de alguna de estas entidades en nuestro entorno?

Personalmente, me parece un triste camino para la protección social en el siglo XXI (que por cierto, se escribe igual que el XIX tan sólo cambiando el I un poco). Pero no me malinterpretéis. No quiero decir con todo esto que todas estas entidades deban dejar de hacer la función social que realizan. Convivo a diario con situaciones de malestar y se de primera mano lo importante de la labor que algunas de estas entidades hacen.

Tan sólo quiero decir que, a mi juicio, cada vez que surge alguna de estas iniciativas deberíamos vivirlo como un fracaso colectivo, y no como un éxito.Sé que es duro, pero cuantas más iniciativas de este tipo surgen, más fracasado me siento.

Por eso creo imprescidible acompañar la iniciativa de una intensa y mantenida (que a veces se nos olvida pronto), denuncia de los derechos sociales y de la función social que el Estado ha dejado de garantizar y por la que esa iniciativa ha tenido que desarrollarse.

Sin esa labor de denuncia, sin esa reivindicación constante, me parece que no tienen demasiado valor estas actuaciones solidarias, pues nos acercan más a la beneficencia que a la justicia social.

Espero vuestros comentarios.