lunes, 2 de diciembre de 2013

La inseguridad de los poderosos

El Gobierno acaba de aprobar el Anteproyecto de Ley de Seguridad Ciudadana. Por una parte, me parece una tropelía más de las que suelen perpetrar esta banda cuando los viernes se reúnen para hacernos un poco más infelices. Por otra me parece una norma que hacía mucha falta, incluso por lo que he leído se han quedado un poco cortos. Enlace.


http://www.flickr.com/photos/eneas/8219304540/
Sí, creo que se han quedado cortos. Y os lo explico, antes de que penséis que me estoy volviendo loco. Resulta que con esta Ley el Gobierno pretende "garantizar los derechos y libertades de los ciudadanos". Ahora bien, ¿de qué ciudadanos? 

Pues los de siempre. Las de los ciudadanos poderosos y enriquecidos. Los que mandan, los que no tienen que preocuparse por qué comeran mañana ni cómo calentarán sus casas. Los que saben que tienen asegurado el futuro de sus hijos, que podrán estudiar con los mejores medios y ocuparán trabajos bien remunerados sin tener que demostrar más mérito que el dinero de sus padres. 

Y a los demás... ¿quién nos defiende de toda esta poderosa gentuza? ¿Qué Ley garantiza los derechos y libertades de los desposeídos de casi todo? ¿Qué Leyes aseguran los supuestos derechos constitucionales de todos a la vivienda, al trabajo, a unos medios dignos de subsistencia? ¿Cómo nos protegemos de los verdaderos delincuentes, que nos están robando, esquilmando y extorsionando?

Porque hoy los delincuentes ya no atracan bancos, los dirigen. No van encapuchados, les sobra con sus trajes y corbatas de seda para asegurarse su botín particular con el dinero de todos. No portan armas, les basta con asegurar sus alianzas con los políticos, encantados de aprobar normas con las que asegurar sus mútuos privilegios.

Tampoco los drogodependientes consumen ya heroina en sucias jeringuillas, ni amenazan con ellas a los viandantes para conseguir el dinero con el que financiar su adicción. Hoy, henchidos de la mejor cocaina, nos atracan a todos desde los cargos que ocupan en los consejos de administración de las empresas que dirigen nuestras vidas. O con la falsa euforia y seguridad que les proporciona esa mezcla de poder y droga, toman en sus cargos políticos las decisiones que nos encarecerán un poco más la luz, la vivienda, los bienes de primera necesidad, al tiempo que esquilman nuestras cada vez más exiguas rentas.

Violadores y pederastas campan a sus anchas, en este mundo globalizado, viajando en primera clase hacia países donde cometerán sus fechorías mientras a la vuelta se les aplaudirá como adelantados empresarios, capaces de hacer negocios en lo que llaman economías emergentes.

¿Qúe Ley de Seguridad Ciudadana nos protege a todos de estos delincuentes, de estos drogodependientes, de estos pederastas? De estas alimañas que no están en las calles, sino en los hoteles de cinco estrellas, en los grandes chalets de urbanizaciones de lujo y en los ostentosos pisos del centro de las ciudades.

La Ley que acaban de aprobar no. No nos defiende del ataque a nuestros derechos y libertades que toda esta gente está haciendo.

Wang me recuerda que todo esto sucede cuando se pone al zorro a guardar a las gallinas. Pues a mí este gallinero me está pareciendo cada vez más inseguro.


miércoles, 27 de noviembre de 2013

Mentiras privadas

Hoy quiero dejar por un momento la política social y los servicios sociales y voy a centrarme en un aspecto que no suelo tocar en el blog. La relación entre los profesionales del Trabajo Social y los usuarios. O al menos, en algunos aspectos de esta relación.


Lo hago porque ultimamente he tenido alguna conversación profesional que me ha preocupado. Me refiero a los comentarios, demasiado frecuentes a mi juicio, sobre que los usuarios nos mienten y sobre lo desagradecidos que suelen ser. Este tipo de comentarios, aunque puedo entenderlos, generan en mí bastante desagrado. 

Sé que la crisis ha llevado hasta nuestros servicios una gran presión asistencial (no sólo por el incremento de las necesidades ciudadanas, también por los modelos que se prestigian y se potencian para subvenirlas) y muchos profesionales se sienten desbordados, generándose las condiciones para que se den este tipo de comentarios. Pero no puedo evitar considerarlos tremendamente injustos. Injustos para los usuarios e injustos para nuestra profesión, a la que creo que no aportan nada bueno.

El contexto asistencial es uno de los contextos más extendidos en nuestra profesión. En la actualidad ha fagocitado muchos servicios y profesionales, viéndose convertidos en máquinas expendedoras de diversos recursos (las más de las veces prestaciones económicas, no nos engañemos) ante diferentes situaciones de necesidad para las que se tiene demasiado poco tiempo para analizar y valorar.

Pero la extensión de este contexto no tiene en la crisis la única explicación. Tradicionalmente muchos profesionales han visto en él un refugio para hacer un tipo de Trabajo Social que consideraban eficaz y para el que no eran necesarios poner en juego demasiadas habilidades o destrezas técnicas. Del mismo modo se ha llevado en ocasiones demasiado lejos la construcción del modelo de provisión social basado en los análisis necesidades-recursos.

Hemos olvidado frecuentemente el resto de contextos profesionales y las claves de la relación de ayuda han quedado limitadas, constreñidas a la dimensión asistencial. Es desde aquí donde surgen estos comentarios a los que me refiero.

La mentira. Oigo (y hasta leo en ocasiones) que los usuarios intentan engañarnos, falsear sus datos y situaciones para acceder a las prestaciones que manejamos. Los profesionales que defienden esto se están traicionando por el contexto asistencial en que se desenvuelven y desde ahí interpretan como interés manipulativo situaciones y actitudes que poco tienen que ver el engaño y la manipulación. Más bien tienen que ver con mecanismos relacionales y psicológicos que las más de las veces se producen por los mecanismos de defensa y estrategias de supervivencia psicológica que las personas en situación de sufrimiento y necesidad deben construir.

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Personalmente puedo decir que he visto como me mentían en muchas ocasiones. Además del asistencial, estas mentiras son muy frecuentes en el contexto cohercitivo, por ejemplo. En bastantes de esas ocasiones, me han engañado. Lo que sí puedo decir es que nunca me he sentido traicionado.

¡Por supuesto que la mentira y el engaño me han enfadado! Pero es nuestra obligación trascender este enfado y, con paciencia, ir deconstruyendo el complejo artificio psicológico que la persona ha construido. Comprendiendo sus razones, legitimándolas desde su malestar, analizando las relaciones de poder en que se producen, contextualizándolas dentro de una historia personal y familiar llena de necesidades insatisfechas sobre las que la persona ha ido desarrollando los mecanismos de defensa que le han llevado a utilizar la mentira con nosotros.

La mentira de los usuarios no es una traición. Tan sólo (nada más y nada menos) señala un lugar desde donde construir una verdadera relación de ayuda, mucho más profunda (y eficaz), que los juegos de policías y ladrones que desde el contexto asistencial nos imaginamos con los usuarios.

En cuanto a lo del agradecimiento de los usuarios para con nosotros, cada vez que lo oigo no puedo evitar pensar en las carencias técnicas y metodológicas (y probablemente personales) de los profesionales que las profieren. Pero como la entrada se hace muy larga, dejaré este tema para futuras ocasiones.

Mientras, os dejo con este poema de Shakespeare, que siempre me ha parecido una deliciosa forma de definir los aspectos relacionales de las mentiras:

 Mi vida, ¡cuánto te quiero!
dijo mi amada y mentía.
Yo tambien mentí: -Te creo.
Te creo, dije pensando:
así me tendrá por niño.
Mas ella sabe mis años.
Si dos mentirosos hablan, 
es la mentira inocente,
se mienten, mas no se engañan.

Poema que el cancionero apócrifo de Machado refleja de esta manera:

Oí decir a un gitano:
-se miente, más no se engaña
y se gasta más saliva
de la necesaria.
Cuando dos gitanos hablan
es la mentira inocente:
se mienten y no se engañan.

Hasta la próxima.


viernes, 22 de noviembre de 2013

Caleidoscopio del XII Congreso del Trabajo Social

La deformación profesional que sufrimos nos hace que, una vez que terminamos una actuación, evento o intervención dediquemos un tiempo a evaluarla. Pues aquí va mi evaluación del XII Congreso del Trabajo Social, recientemente celebrado en Málaga.



http://www.flickr.com/photos/lucynieto/sets/72157604220705486/
Cuando me puse a la tarea de reflexionar para escribir sobre lo que había sido este Congreso mi primera sensación fue de complejidad. Han sido muchas las ideas, matices, experiencias y  sensaciones que he experimentado en el Congreso, y configuran una realidad caleidoscópica, llena de aristas y luces cambiantes.

Siempre es bueno dejar pasar un tiempo para realizar este tipo de evaluaciones. Los ecos (que no las voces), se van apagando y permiten un análisis más real y ajustado. Por otra parte, dejar pasar este tiempo tiene una ventaja innegable. Otr@s compañer@s han realizado y compartido sus evaluaciones y, como suele suceder, coincidimos en sus trazos fundamentales.

Así que, aún a riesgo de que consideréis que le estoy echando un poco de cara, os enlazo las evaluaciones que más me han gustado y así me ahorro un trabajo.

Por un lado la reflexión de Eladio, en su Blog  "La raíz de la mandrágora", que suscribo casi por completo, en especial su acertado análisis de las presencias y ausencias en el Congreso, así como de las aportaciones fundamentales.

Por supuesto, Israel Hergón, que hace una crónica bastante fiel a lo desarrollado y puntúa en los momentos más significativos. 

Naturalmente, Nacho Santas, apasionado y certero como él sólo para señalar de manera proactiva los caminos que la experiencia del Congreso sugieren.

Y por su frescura y cómo transmite la ilusión por su primer Congreso, podéis consultar el blog de Tania.

Si queréis enteraros cómo ha ido el Congreso, no dudéis en leer estas referencias imprescindibles. 

Pero seguro que unos lectores comprometidos como vosotros querréis profundizar un poco más, ¿verdad?. Pues nada, podéis visitar la web del Congreso, donde encontraréis suficiente información, en especial dos documentos:
  • las Reflexiones elaboradas por el comité científico y leídas en el acto de clausura.
En especial éste último documento me parece un instrumento imprescindible para guiar nuestra profesión en estos tiempos de incertidumbre. A mi juicio estas conclusiones tienen tres aspectos fundamentales y recogen reivindicaciones históricas para el Trabajo social.

  • Por un lado, la necesidad de una Ley de Servicios Sociales que desarrolle un Sistema de Servicios Sociales garantizado constitucionalmente.

  • En segundo lugar, que las necesidades de las personas y sus derechos están por encima de cualquier otra realidad.

  • Por último la estrecha relación entre movimientos sociales y Trabajo Social.

Os invito a que las leais enteras, pues como digo van a ser referencias imprescindibles en los próximos años.

Por lo demás, como ya había previsto, el Congreso me dejó luces y sombras. A nivel más "micro", en el contacto entre profesionales, ninguna duda. Un magnífico ambiente, mucha complicidad y compromiso. Pero a niveles más "macro", ciertas cuestiones me dejaron un regusto contradictorio. Una organización con un gran esfuerzo y mucha gente trabajando enormemente (se notaba), pero con algunos fallos que hicieron incómodas algunas cuestiones. Un buen diseño de contenidos, pero cierta confusión a la hora de desarrollarlos. Mucha participación, pero la profundidad de bastantes ponencias podía haber sido mayor. Bastante consenso, asistencia y unión, pero con cierta sensación de que el Congreso no había terminado de ser un Congreso de todos.
  
En todo caso, un buen Congreso y una experiencia inolvidable. Una experiencia que no relataría completa si no nombrase a la Blogotsfera. Poco a poco, es un proyecto espontáneo que se ha ido asentando. Cada vez son más los trabajadores sociales que se animan a tener un Blog y poco a poco, nos vamos agrupando en este espacio virtual que hemos llamado Blogotsfera.

La Blogotsfera ha tenido su hueco en el Congreso. Como colectivo, hemos elaborado una comunicación, que presentamos en un Taller. Pretendíamos mostrar las posibilidades de las redes sociales y de las nuevas tecnologías para la intervención social y animar a los profesionales a utilizarlas en su actividad. A mí me tocó hablar sobre los blogs y mostrar sus posibilidades. Os dejo con el vídeo que preparé para desarrollar esta parte en el taller.

Espero que después de verlo os animéis a esta aventura digital. ¡Hasta Wang se lo está pensando...!




lunes, 18 de noviembre de 2013

Huevos y castañas, o de cómo reformar la Constitución.

Acaba de terminar el XII Congreso del Trabajo Social, al que he asistido estos días en Málaga. Entre sus principales conclusiones, la necesidad de reformar la Constitución para garantizar la cobertura del Sistema Público de Servicios Sociales en todo el Estado. Noticia.

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http://www.flickr.com/photos/esparta/453100543/
L@s colegas que amablemente me leéis ya sabéis a qué me refiero. Pero por si algún otro incauto se deja llevar por la amistad conmigo y se atreve a leer esta entrada, le explicaré antes dos cosas: primero y aunque le suene sorprendente, nunca ha estado garantizada la prestación de Servicios Sociales a los ciudadanos de este país. Que tuviéramos unos servicios sociales u otros, (o ninguno), dependía en exlcusiva de las Comunidades Autónomas y de los Municipios. Depende de donde vivieras podrías tener reconocidos unos servicios u otros. 

También a Wang le ha sonado siempre raro cuando le he explicado las grandes diferencias en los servicios que se han dado entre unas zonas y otras. Y más raro le suena cuando le explico que reclamamos ¡reformar la Constitución! para acabar con estas diferencias.

El pasado día 8 de noviembre publicaba aquí una entrada hablando de algunas de estas cosas y surgieron algunos comentarios que me han llevado, junto a las conclusiones del Congreso que os cuento, a publicar ésta.

Nos recordaba Juan G. Currás, Vocal del Consejo General y vicepresidente del Colegio Oficial de Cantabria, que la promulgación de una Ley General de Servicios Sociales y de la necesidad de reforma de la Constitución para ello era una reivindicación histórica de los profesionales de nuestro sistema, que se remonta a los años en que se creó el mismo, allá por los primeros 80. Agradezco a Juan sus precisiones.

Los magníficos profesionales que lo hicieron posible, capitaneados por Patrocinio de las Heras, tal y como nos cuenta Juan, ante las dificultades de contar con una Ley General diseñaron y pusieron en marcha el Plan Concertado de Prestaciones Sociales Básicas para dar cobertura al Sistema. Se basó el mismo en la voluntariedad de concertación de las Comunidades Autónomas.El Trabajo Social en general ha de sentirse orgulloso de haber contribuido tan decisivamente a la creación y desarrollo de este sistema y la sociedad y nuestra profesión están en deuda con los profesionales que lo hicieron posible.

Por mi parte, viví de primera mano este nacimiento del sistema, primero de estudiante y luego de incipiente trabajador social, allá por los años 80. He vivido, he gozado y he sufrido todas las virtudes e imperfecciones de este modelo con el que se creó el sistema público de servicios sociales. También desde mi condición de peón del mismo, he intentado contribuir junto a montones de compañeros/as a su desarrollo.

Soy consciente de las dificultades de entonces y la opción de crear un sistema así, sustentado en un Plan y en la voluntariedad de concertación, probablemente fuese la única. Tampoco tengo ninguna duda de que antes, durante y después, los profesionales del sistema hemos seguido reivindicando la necesidad de esa Ley General.
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Esas mismas imperfecciones nos ha obligado a muchos profesionales a hacer cosas bastante raras. Por ejemplo, yo he tenido que hacer “trabajo social de contrabando”, con ciudadanos de municipios cuyos alcaldes se negaban a pertenecer al sistema. Mi compromiso ético me llevaba a no poder entender cómo atender a unos ciudadanos no y a otros sí, no en función de sus necesidades, sino del municipio de mi zona donde vivieran. 
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Lo comparaba con Sanidad y me preguntaba qué pasaría si a los ciudadanos de esos municipios se les hubiese negado la asistencia sanitaria por la misma razón. O que ocurriría si niños de un municipio acudieran a la escuela y otros no en función de la voluntad del alcalde o la corporación municipal. La respuesta era siempre la misma: estos sistemas tienen una Ley General y nosotros no.
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Además de sufrir esas imperfecciones, (que como digo no le restan ni un ápice de valor a la construcción del sistema), no es menos cierto que, al poco de nacer, se le fue dejando morir. La aportación estatal al Plan Concertado, incluso en tiempos de gobiernos progresistas, distó mucho de la que hubiera sido necesaria si de verdad se hubiese creído en el sistema. 
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Y poco a poco, lo que nació con una gran ilusión se fue deteriorando y difuminando en la maraña de normativas y dispositivos extraños que tuvimos que ir desarrollando para ir paliando dichas carencias e imperfecciones.
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http://www.flickr.com/photos/paco_calvino/1810690809/
Hasta tal punto que hablar de sistema de servicios sociales comenzó hace tiempo a ser un ejercicio de buena voluntad muy generoso. Es tal la heterogeneidad y diversidad de los servicios sociales, no solo entre comunidades autónomas, sino dentro de las propias comunidades e incluso municipios, que unos servicios empiezan a parecerse a otros tanto como los huevos a las castañas. Porque tal heterogeneidad no era fruto de las diferentes realidades o contextos geográficos y sociales, lo cual hubiese sido una riqueza. Respondían únicamente a criterios políticos, reconociendo servicios y derechos a unos ciudadanos u otros en función de su lugar de residencia, creando graves diferencias e injusticias.
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Y en este marco llega la Ley de Dependencia. Particularmente nunca entendí (no soy jurista pero a pesar de que varios de ellos me lo han explicado sigo sin entenderlo) cómo se pudo aludir al artículo 149 de la Constitución, que da competencias al Estado para “la regulación de las condiciones básicas que garanticen la igualdad de todos los españoles” para justificar la necesidad de una ley nacional para la dependencia y la misma argumentación no servía para justificar la ley general para servicios sociales.
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Lo que valía para una parte, no valía para el todo, y llegaron a confundirse ambos. Así se introdujo todavía más fragmentación y confusión y nos tuvimos que oir cosas como que el cuarto pilar del Estado de Bienestar era el Sistema de Atención a la Dependencia. A lo cual muchas voces de la profesión respondieron adecuadamente.
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Yo creo que entre los profesionales no hay ninguna duda. Joaquín Santos en su libro explica muy bien esto del cuarto pilar y las dificultades para su definición terminológica y conceptual.
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Pero si es cierto que entre profesionales hay consenso, no es menos cierto que los partidos políticos, (los que nos gobiernan por supuesto, pero también los que nos han gobernado en etapas anteriores, aunque ahora hablen de reformar la constitución para ello) no han creído demasiado, por no decir nada, en un Sistema Público de Servicios Sociales verdaderamente estructurado. Salvo honrosas excepciones, como la época a la que nos estamos refiriendo y algún gobierno o iniciativa puntual en todo el Estado.
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Ahora el partido político gobernante pretende acabar con el Sistema Público de Servicios Sociales. Mientras, partidos políticos en la oposición plantean la reforma de la Constitución para garantizar los mínimos del Sistema en todo el Estado.

Tan diferentes como los huevos a las castañas. El único pero es que a veces los huevos se disfrazan de castañas y las castañas de huevos. Ya nos hemos confundido en varias ocasiones.



martes, 12 de noviembre de 2013

XII Congreso de Trabajo Social

¿Recordáis esa sensación que teníamos cuando éramos niños y en septiembre volvíamos a la Escuela? Pues me he reencontrado con ella mientras preparaba la maleta para irme al XII Congreso Estatal de Trabajo Social.



El primer día era una mezcla de incertidumbre e ilusión. Ganas de reencontrar a los amigos, dudas con los contenidos y las asignaturas, y en general, la certeza de que se abría una nueva etapa. De nuevo.

Como os digo, me voy al Congreso con muchas de esas sensaciones. Ganas de encontrar a colegas y amigos, unos nuevos y otros viejos, y deseando oir sus aportaciones, ideas, experiencias... Encontrarnos y aprender. Se abre otra etapa.

Algunos de estos amigos se harán por fin tridimensionales, como los de la Blogostsfera, después de muchos meses de relación a través de las pantallas y los medios digitales. O con otros con los que intercambiamos avatares y reflexiones a través de Facebook, Twitter, u otros medios.

Soy consciente de que un Congreso de este nivel, a pesar de sus límites institucionales, es sobre todo una oportunidad. Una oportunidad para la profesión, que sin duda crecerá y saldrá más fortalecida en unos "tiempos de malestares" en los que está más amenazada y es más necesaria que nunca.

Y una oportunidad para cada uno de nosotros y nosotras. Que seguro que venimos con las pilas cargadas para afrontar los retos cotidianos que nos esperan en la construcción del proyecto que compartimos como profesión.

Porque hoy más que nunca son tiempos en los que juntarse, compartir y luchar unidos. Debatir, consensuar, establecer estrategias..., superando nuestras pequeñas o grandes diferencias. Porque no son tiempos para francotiradores, ni para hacer la guerra cada uno por su cuenta.

Por mi parte aportaré lo que pueda, desde mi condición de asistente, para que este Congreso consiga los objetivos que pretende. Sé que mucha gente, del Consejo General, del Colegio de Málaga y de otros Colegios y lugares de España ha currado mucho para hacer realidad este Congreso.

Ahora, vamos a aprovecharlo. Como aprovechábamos el tiempo cuando éramos niños y, con nuestros cuadernos y lápices nuevos, corríamos ilusionados a la Escuela a jugar, a aprender, a soñar y a crecer.

Nos vemos en Marbella.