domingo, 12 de julio de 2015

Fragmentación al cubo

De nuevo el compañero Nacho da en la diana y toca en su blog un tema crucial en el mundo de los Servicios Sociales: la fragmentación de los recursos de atención. Me parece tan importante reflexionar sobre este asunto que he decidido complementar sus reflexiones con algunas de mi cosecha que tenía elaboradas para subrayar la necesidad de que le pongamos solución.



En primer lugar os pido que leáis con atención la entrada de Nacho. En ella describe el posible recorrido de una familia y un menor de la misma que son atendidos de manera fragmentada por hasta 6 equipos de atención. Desgraciadamente, no es un caso excepcional. Son frecuentes que en este tipo de problemáticas aparezcan varios equipos y profesionales atendiendo cada uno su parcela, con una coordinación más que deficiente (por imposible, en muchas ocasiones) y configurando una atención absolutamente ineficaz para solucionar el problema al tiempo que ineficiente en la aplicación de los recursos.

Y eso en recursos internos o próximos al Sistema de Servicios Sociales. Si añadimos que, de manera casi segura, estos menores y familias van a estar atendidos también por otros Sistemas de Protección, como son el Sanitario y el Educativo, la fragmentación pasa del "cuadrado" al "cubo". 

Por ejemplo, con mucha frecuencia, los problemas de conducta de estos menores se van a atribuir a algún tipo de trastorno psíquico, y van a ser atendidos por equipos y profesionales de Salud Mental. Con mucha probabilidad también encontraremos problemas de adicción, y ellos y sus familias serán "intervenidos" por algún recurso "especializado" para ello. 

Añadamos a todo ello las problemáticas individuales de otros miembros de la familia, la procedencia distinta (en cuanto a realidad e intereses, no lo obviemos) de los variados recursos (públicos, privados, mixtos...),  su frecuente inestabilidad... y tendremos el verdadero panorama en la que las familias son atendidas. Estamos hablando de fragmentación "a la enésima potencia".

Nacho, con buen criterio, aporta que tal vez el profesional de referencia pueda ser la solución a la descoordinación inherente a esta compleja ecuación. En teoría sí. En la práctica, soy de la opinión de que la figura del profesional de referencia no es todavía lo suficientemente potente en nuestro sistema como para que de verdad pueda cumplir esa función. Las "grandes orquestas" necesitan de directores competentes y, sobre todo, respetados y prestigiados. De otra manera desafinan.
"Cada loco con su tema..."

Esta fragmentación de los recursos de atención no sucede sólo en la atención a menores y sus familias. Es algo crónico de nuestro Sistema de Servicios Sociales, que se extiende a todas las problemáticas que se atienden, desde la violencia contra la mujer, por ejemplo, hasta la atención a la dependencia.

En vez de consolidar estructuras e integrar en la atención primaria los profesionales, equipos, y programas que permitan abordar de manera integral las problemáticas, nos hemos dedicado a crear estructuras paralelas, "chiringuitos" y "paracaidistas" que en la mayoría de los casos no han añadido sino confusión y una atención fragmentada. Una de mis principales luchas ha sido siempre contra esta fragmentación, y que en la atención primaria se consoliden este tipo de intervenciones integrales. Estoy convencido de que ahí reside una de las claves principales para un adecuado desarrollo de nuestro sistema.

Pero me he encontrado siempre resistencias a esta potenciación de la estructura. El planificador prefiere en muchas ocasiones recursos coyunturales, de los que pueda prescindir en función de sus disponibilidades presupuestarias. El político tiene muchas más posibilidades de hacerse fotos y colgarse medallas creando estos "chiringuitos" que apoyando y consolidando las estructuras existentes. Los técnicos estamos con frecuencia enzarzados en peleas corporativas y competenciales que dificultan el diseño de intervenciones integrales. Y los ciudadanos... bastante tienen con sufrir las consecuencias.

De algunas de estas consecuencias, como son la pérdida del proceso familiar y su dilución en los servicios de atención, con unos claros efectos desestructurantes para estas familias, habla con claridad Jorge Colapinto. Os pongo el enlace a su web, que contiene varios artículos al respecto y que os recomiendo.

Y como hace mucho que no os pongo ningún vídeo, ahí va el de una canción de Serrat  "Cada loco con su tema" cuyo título bien pudiera ser también el de esta entrada.


lunes, 6 de julio de 2015

Solidaridad bien entendida

Sobre la bajeza moral y la estulticia del actual Gobierno de nuestra nación hay pocas dudas. La vileza con la que han aplicado su política de recortes en el Estado de Bienestar deja bien a las claras su ideología. Pero uno espera que el Presidente de su país no sea tan mentecato como para evidenciarlo de una manera tan burda explicando su concepto de solidaridad.



"Una cosa es ser solidario, y otra es serlo a cambio de nada". Pocas veces una frase explica tantas cosas y muestra de forma tan transparente los valores de su autor. Sería hasta cómico, si no fuera por lo trágico que resulta pensar que quien pronuncia esta frase ha dirigido (y todavía dirige) la política de este país los últimos años.

Sin duda, ha tenido que ser una especie de "acto fallido" en el que el inconsciente de nuestro Presidente ha traicionado su voluntad y  ha expuesto  sin pretenderlo su oculto y oscuro concepto sobre la solidaridad.

Esta gente mide todo en términos de mercado, de beneficio. Cualquier acto solidario, cualquier política social se considera una inversión que, al final, tiene que dejar un resultado neto a corto plazo. De otro modo no se la considera "sostenible" y se la hace desaparecer. Las privatizaciones y los llamados "co-pagos" son la piedra filosofal para ello.

De este modo se comprende la situación del Sistema Público de Servicios Sociales, agonizando tras estos cuatro años de gobierno con estas claves ideológicas.

Porque lo diremos hasta la saciedad. Es perfectamente sostenible en términos económicos y  en una sociedad como la española, un Estado de Bienestar fuerte y consolidado, que desarrolle políticas sociales que solucionen los problemas más graves de los sectores más desfavorecidos de nuestra sociedad. Si no se ha hecho es por esta ideología que tan a las claras expresa nuestro Presidente.

Ideología que les hace tener un concepto de solidaridad mercantil, y sustituir los derechos sociales por unos actos caritativos con los que, en el fondo, no invierten en otra cosa que en lavar sus sucias conciencias.

Recuerdo ya hace unos cuantos años, cuando en una de mis múltiples reuniones con políticos para reclamar fondos para políticas sociales, uno de ellos me espetó: "la caridad bien entendida empieza por uno mismo".

Yo por entonces creí que ese espécimen político se iría agotando y desapareciendo, como hicieron en su momento los dinosaurios.

Algo hemos debido de hacer mal cuando ahora esos dinosaurios nos gobiernan.

P.D. Wang está contento estos días. Primero porque los griegos se han atrevido a decir "no" a los poderosos. Como decía nuestro ilustre paisano Baltasar Gracian: "El no y el si son breves de decir, pero piden mucho pensar". Espero que lo hayan pensado bien.

Segundo, porque tiene la sensación de que los nuevos gobiernos municipales y autonómicos están abriendo las puertas para que a los servicios sociales llegue gente comprometida, con ganas de desarrollarlos para que cumplan su verdadera función. Al menos en Aragón, Luisa, Nacho, Mariví... y otros más. Y como éstos sin duda sí que lo han pensado bien, sólo nos queda desearles la suerte que sin duda su trabajo va a merecer. Porque de solidaridad entienden mucho más que nuestro ínclito Presidente.




miércoles, 1 de julio de 2015

Interregno

Desde las pasadas elecciones municipales y autonómicas, incluso desde comienzos de este año, estamos viviendo en España una especie de interregno. Es decir, ese término con el que en la Edad Media se denominaba al periodo desde que se producía la abdicación o fallecimiento de un rey hasta que comenzaba a gobernar su sustituto.


Al menos, esa es mi sensación. El gobierno ultraliberal de las huestes del PP está dando las últimas bocanadas, conscientes de que su lider, el reyezuelo Rajoy, murió hace tiempo engullido por la corrupción y por la miseria y podredumbre que sus políticas económicas y sociales han extendido entre la población.

Y mientras adviene el cambio de gobierno que se adivina que se producirá en las próximas elecciones generales, las elecciones locales y autonómicas nos han traído un montón de nuevos gobiernos que pretenden, en el mejor de los casos, desarrollar políticas que reduzcan la envenenada herencia que el PP deja: la masiva extensión de la pobreza, (practicamente un 25% de la población, 12 millones de pobres, que se dice pronto) un incremento inusitado de la desigualdad social (muchos cada vez más empobrecidos y unos cuantos cada vez más enriquecidos) y la casi absoluta desaparición de los sistemas públicos de protección social (abandonados a la responsabilidad individual y al mercantilismo más atroz).

Falacias burdas y carentes de toda lógica ni análisis se han convertido en una especie de dogmas de fe en estos años, y gran parte de la población los han admitido sin más reflexión. Por ejemplo, que el Sistema Público de Pensiones es insostenible (hasta Wang se está planteando dejar de cenar e invertir lo que se ahorre en un plan de pensiones privado) o que la culpa de la crisis económica la tienen las políticas de Bienestar Social.

No tengo ninguna duda de que las medidas que los gobiernos que están comenzando ahora su andadura fracasarán en su empeño. Lo que pueden hacer los gobiernos locales y autonómicos es tremendamente limitado sin unos cambios legislativos, estructurales e institucionales que solo pueden darse a nivel nacional.

Así, vamos a asistir a la aparición de múltiples medidas bientencionadas que, en el mejor de los casos, sólo van a aliviar algunos problemas de la población, al tiempo que se les mantiene dentro del mismo nivel de sufrimiento y pobreza en el que se encuentran. A cambio de este alivio, que no solución, obtendremos más dispersión, confusión y desigualdades territoriales. Tal vez sea un peaje temporal que haya que pagar.

Al menos hasta que, como digo, las elecciones generales conformen un nuevo panorama nacional que haga posible los profundos cambios legislativos (incluso constitucionales) que configuren un nuevo sistema y unas nuevas políticas económicas y sociales de carácter universal. Si nos hemos jugado mucho en las elecciones que acabamos de tener, las elecciones generales que se avecinan son absolutamente cruciales. O el nuevo gobierno acomete esas profundas reformas o perderemos el último tren para tener un auténtico Estado de Bienestar cuya prioridad sea la protección de los débiles.

No en vano, los interregnos son tiempos de incertidumbre y confusión...

martes, 16 de junio de 2015

Radicales y miserables

Comentaba yo con Wang el otro día algunas de las propuestas que en materia de política social empiezan a configurarse como consecuencia de las nuevas relaciones de poder que se han establecido tras las últimas elecciones. Al igual que en otras ocasiones, sus reflexiones me han dejado tan pensativo que he decidido compartirlas con vosotros.



Y es que yo le comentaba mi preocupación ante lo inconcreto de muchas de estas medidas y sobre mis dudas de que, las que al final la correlación de fuerzas políticas va a permitir, vayan a reducir de verdad la insoportable pobreza y desigualdad que se ha instalado en nuestra sociedad.

Hasta ahora, los nuevos políticos se parecen, muy a su pesar, a los viejos, y andan metidos todos en unas dinámicas de acceso al poder que de momento está relegando el verdadero planteamiento de las medidas necesarias. 

No me malinterpretes, le decía yo a Wang. Que a lo mejor todo esto es necesario. Que tal vez la política tenga algo de necesario teatro y pronto, cuando se acaben las luces de la función, los políticos se pongan a solucionar de verdad los problemas. Tal vez. Pero de momento, desde el pequeño rincón desde el que veo las cosas, no acierto a ver muchos motivos para la esperanza. 

En nuestro país hemos convivido con ocho millones de pobres durante muchos años, sin haber acertado con una política social que solucionase dicho problema. Ahora estamos en doce millones de pobres, cifra igual de insostenible, injusta e innecesaria que la anterior, a la cual creo que al final nos acostumbramos y toleramos mirando hacia otro lado. Y no veo nada novedoso en las políticas sociales que se proponen que me lleve a pensar que el problema se vaya a solucionar ahora.

  •  -Paciencia, me sugiere Wang. -Igual en un poco más de tiempo vemos cómo cristalizan algunas medidas coherentes y eficaces.

  • -Vale, te haré caso. ¿Y mientras esperamos, qué hacemos?, le pregunté con un poco de sorna, he de reconocerlo.
  • -Siempre te puedo contar un cuento. Respondió, volviendo a sorprenderme. -Por ejemplo, éste: Se titula "Los barcos viejos"

"Cuando Yu Li-si abandonó la capital para regresar a su pueblo natal, el primer ministro puso un funcionario a su disposición para que lo acompañara y le dijo:

-Elige para tu viaje el barco del gobierno que más te agrade.

El día de la partida, Yu Li-si fue el primero en llegar al embarcadero. Había allí varios miles de embarcaciones amarradas a lo largo de la ribera. Todo esfuerzo para reconocer los barcos del gobierno le resultó inútil. Cuando llegó el funcionario que debía acompañarlo, le preguntó:

-¡Aquí hay tantos barcos! ¿Cómo distinguir los del gobierno?

-Nada más fácil -contestó el funcionario-. Aquellos que tienen el toldo agujereado, los remos quebrados y las velas rasgadas, son todos barcos del gobierno.

Yu Li-si levantó sus ojos al cielo y suspirando se dijo a sí mismo: "No es de extrañar que el pueblo sea tan miserable. ¡El emperador seguramente también lo considera como propiedad del gobierno!"

Y Wang se marchó sonriendo mientras yo me quedaba pensando en cómo los gobiernos van a solucionar el problema de la pobreza con unos barcos tan viejos...

domingo, 7 de junio de 2015

Del futuro de los Servicios Sociales y otras películas...

Últimamente el compañero Nacho y yo hemos iniciado un diálogo bloguero sobre nuestra visión del Sistema de Servicios Sociales. Como siempre,  él aporta su pragmatismo y su optimismo. Por mi parte intento avisar de los riesgos utilizando cierto tono escéptico e irónico que tal vez no siempre se entienda.



Ante mis apreciaciones sobre la crisis del Sistema de Servicios Sociales y sobre la deriva en la que el Trabajo Social y los Servicios Sociales nos encontramos, Nacho viene a contraargumentar que no todo está perdido. Que hay muchas iniciativas en los Servicios Sociales donde se trabaja muy bien, desarrollando programas, proyectos y atenciones muy adecuados. Actuaciones que trascienden la política benéfico-asistencialista a la que muchas veces nos empujan, para entrar en territorios de promoción y de incremento del bienestar que son la verdadera esencia de nuestro quehacer.

Podría decir que esas iniciativas son aisladas e insuficientes, pero no lo haré. De sobras sé, pues a lo largo de mis años de ejercicio profesional he podido presenciarlo, que las "buenas prácticas" (aunque no me gusta esta terminología), están muy extendidas en nuestra profesión. Sé de cantidad de centros y de profesionales que trabajan de una manera muy correcta, que desarrollan proyectos de mucha calidad, que son capaces de responder a la realidad social actual de una forma muy útil. Del mismo modo que conozco (las he nombrado muchas veces) auténticas iniciativas de reforma y denuncia social, que entroncan directamente con la verdadera razón de ser del Trabajo Social y que utilizan metodologías participativas y comunitarias con mucho acierto.

Tal vez os parezca una aberración, pero no he visto la película Matrix, a la que se refiere Nacho en su entrada. Lo he intentado un par de veces, pero no he conseguido terminarla. De todos modos, estoy de acuerdo con él. No pienso que los centros en los que se trabaja bien sean el último reducto para el Trabajo Social o los Servicios Sociales.

Dicho lo cual, también he de plantear que la gran mayoría de estas iniciativas son realizadas a costa exclusiva de los hombros de los profesionales, obligados a realizarlas con escasos medios y reconocimiento. Lo cual, obviamente no les quita ningún mérito, más bien al contrario. Pero sí que les añade algunos riesgos. Por ejemplo, en muchas ocasiones, al no ser asumidas por las instituciones ni demandadas por la ciudadanía son iniciativas prescindibles.

En todo caso, me parece que Nacho tiene razón cuando intenta señalar lo positivo del sistema. Muchas veces miramos más lo negativo, lo que nos falta, que lo que hacemos y así no ponemos en valor nuestros aciertos ni nuestra utilidad.

Eso compensa otras estrategias, como la que utilizo yo en algunas ocasiones. Señalar los riesgos. Tal vez abuse de ello o, en alguna ocasión, me permita alguna licencia con el ánimo de remover y perturbar.

En este sentido, hace ya tiempo que hice mía esta reflexión de Jorge Barudy, reflexión que he convertido en una de mis guías para ejercer el trabajo social:

“...no me veo como el detentor de un poder para cambiar, cuidar, ayudar o hacerme cargo de alguien, sino más bien como una persona capaz de relacionarme con otros para perturbarles, a raíz de mi creatividad, en el sentido de estimular sus potencialidades y sus posibilidades de cambio. Los límites de mi acción están determinados por mi propia estructura y por mi reflexión ética, realizada en el marco de un trabajo en equipo que me permite evaluar en cada momento los riesgos de mis intervenciones para la vida de las personas implicadas, así como para la mía.” 

Por todo ello, pido disculpas si alguien se siente perturbado en demasía por algunas de mis reflexiones. Tan sólo pretendo que, en servicios sociales, no nos pase como a los protagonistas de la película de Amenabar, "Los Otros", y nos demos cuenta demasiado tarde de que estamos muertos.