domingo, 18 de marzo de 2018

Que todo está por hacer y todo es posible

El pasado día 13 tuve la grandísima suerte de ser invitado a celebrar el Día Mundial del Trabajo Social en LLeida, participando en un encuentro que bajo el título "Conversaciones desde el Trabajo Social" nos permitió reflexionar sobre "El poder de la palabra en el Trabajo Social".


La verdad es que me resulta difícil expresar lo que vivimos allí en ese encuentro, porque la intensidad con la que los colegas de aquellas tierras viven y sienten el Trabajo Social es absolutamente excepcional.

Fue una gozada ver cómo la Facultad d'Educació, Psicologia i Treball Social, junto al Col.legi Oficial de Treball Social y los profesionales del espacio Ágora habían organizado juntos los actos del encuentro, en una envidiable actitud de colaboración y buen rollo.

Y es que el encuentro, desde el tema elegido hasta el formato de los actos del día, (fiesta incluida) fue todo un acierto que logró que pudiésemos hablar de cosas que con frecuencia no hablamos (atribulados y urgidos por las graves amenazas que nos acechan) y poder conectar con la esencia de nuestra profesión: la palabra, la relación, la ayuda, el encuentro con "el otro"...

Pero más allá de los contenidos, (que podéis consultar por ejemplo en el blog de Ágora) quiero destacar el ambiente que se vivía, caracterizado por la actitud de todos los profesionales y estudiantes que participaron del encuentro. Rara vez he presenciado un tono tan acogedor, tan comprometido, tan alegre y reflexivo como el que nos regalaron. Muchas gracias, colegas.

Y aunque debiera nombrar a mucha más gente, quiero agradecer especialmente a Alba, Ramón y Montse la acogida y el trato durante la jornada y media que pasé por allí. Medio en broma, medio en veras, les decía que teníamos que "clonarlos" y repartirlos por muchos sítios de todo el estado. Creo sinceramente que las cosas funcionarían mejor.

Y ya sin más despido esta pequeña crónica, que sólo ha pretendido recoger un poco de la esencia de lo vivido por allí ese día, esencia que concentro en las rimas de un poeta catalán, Miquel Martí i Pol, cuyo poema "Ara Mateix" (Ahora mismo), creo que nos pueden servir de guía hoy para el Trabajo Social. Os pongo un fragmento:

Y estamos donde estamos, más vale saberlo y decirlo
y asentar los pies en la tierra y proclamarnos
herederos de un tiempo de dudas y de renuncias
en que los ruidos ahogan las palabras
y con muchos espejos medio enmascaramos la vida.
De nada nos vale la añoranza o la queja,
ni el toque de displicente melancolía
que nos ponemos por jersey o corbata
cuando salimos a la calle. Tenemos apenas
lo que tenemos y basta: el espacio de historia
concreta que nos corresponde, y un minúsculo
territorio para vivirla. Pongámonos
de pie otra vez y que se sienta
la voz de todos solemne y claramente.
Gritemos quién somos y que todos lo oigan.
Y al acabar, que cada uno se vista
como buenamente le apetezca, y ¡adelante!
que todo está por hacer y todo es posible.

 Pues eso, colegas. ¡Que todo está por hacer y todo es posible!. En Lleida lo viven y lo demuestran.

 Y si tenéis alguna duda, os diré que hasta hacen cerveza especial para celebrar el Día Mundial del Trabajo Social. Si eso no os convence, yo ya no sé...

viernes, 9 de marzo de 2018

Thi May, robando niños en Vietnam

Hace unos días, Wang y yo nos fuimos al cine. Con la intención de pasar un rato agradable y relajado, sin más pretensiones, elegimos la película "Thi May, rumbo a Vietnam", en lo que creimos que sería una comedia española ligera con la que, simplemente, reirnos un poco.

 

Atención, si tienes intención de ver la película no sigas leyendo,
 porque voy a destripar el argumento.

Si no fuera porque Wang es un inmigrante asiático bastante rebelde y yo un viejo Trabajador Social cascarrabias, hubieramos acertado.

Porque la película es amable y se deja ver con facilidad. Está bien construida, sus actores y actrices lo hacen muy bien y el argumento combina humor, tristeza y emoción de una manera bastante equilibrada, sin que destaque especialmente ninguna cosa sobre otra. El desenlace sin sorpresas, previsible y con un final feliz, hace que la mayoría de gente salga del cine sonriendo.

Y como digo, nosotros también si hubiéramos sido capaces de prescindir del argumento.

La película comienza de un modo trágico, cuando la protagonista recibe la noticia de que su hija ha fallecido en un accidente de tráfico y se entera poco después de que a esta hija se le ha concedido la adopción de una niña vietnamita que había solicitado. A partir de entonces, decide viajar a Vietnam acompañada de unas amigas, para intentar traerse a la que considera su "nieta adoptiva".

Entre bromas y situaciones humorísticas, lo que se narra es la pelea de esta "abuela" contra la administración, tanto española como vietnamita, que consideran que la niña debe permanecer en Vietnam y comenzar un nuevo expediente de adopción con otra familia.

Y para ello, no duda en utilizar todo tipo de engaños y triquiñuelas, llegando a falsificar documentos y engañando a las autoridades del país con la  connivencia de varios personajes a los que convence con su dolor por la pérdida de su hija y su determinación para hacerse con su "nieta", lo cual, naturalmente, al final consigue.

Los temas quedan apuntados. ¿Qué necesidades satisface esa "adopción"? ¿Las de la "abuela" o las de la niña? ¿Es legítimo utilizar cualquier método, incluido el engaño, para hacer valer lo que creemos que es nuestro derecho? ¿Basta, desde nuestra superioridad moral, el convencimiento de que la niña estará mejor aquí que en su país, para considerar que debe venirse a vivir con nosotros?

Pero no creaís que la película profundiza en estos dilemas. Su intención no es generar debate o reflexión al respecto. Simplemente opta por lo que, a nuestros ojos, nos parecía una aberración y nos impidió disfrutar de la película: el robo de niños en otros países está permitido porque aquí podemos proporcionarles el bienestar que en su país no tienen. 

Este mensaje que me pareció tan peligroso es lo que me ha motivado a escribir esta entrada. Porque no todo vale. El bienestar infantil en un tema como la adopción internacional no puede ser objeto de evaluaciones privadas, sino que debe estar sometido a rigorosos controles públicos, tanto en el pais de origen como en el de destino. Por eso está regulada. Para evitar la compra-venta y el tráfico de niños que los convierta en una mercancía más de esta sociedad que nunca se sacia.

Habrá quien diga que es una ficción. Que no es posible una historia semejante. Si yo estuviera convencido de ello, no estaría escribiendo esto. Porque me ha tocado presenciar historias parecidas, estas reales, donde a pesar de toda regulación y el esfuerzo de los sistemas de protección, las necesidades de los niños no han sido consideradas más allá de la comparación entre las condiciones materiales de su país y del nuestro, lo cual ha legitimado su uso como mercancía.

Es lo que tiene el cine. Piensas reirte y sales revuelto y enfadado. Y en cuanto a la película y su alegato al robo de niños... ¡maldita la gracia que tiene!

viernes, 16 de febrero de 2018

Funcionarios

Un programa de televisión acaba de descubrir la actitud de un grupo de funcionarios en la Ciudad de la Justicia de Valencia, con graves incumplimientos de su horario de trabajo. No seré yo quien justifique esas actuaciones, al contrario, me parecen denunciables y castigables, pero me parece importante hacer una serie de salvedades.


Porque creo que, a pesar del estigma que los funcionarios tenemos y de los prejuicios contra nosotros (estigma y prejuicios que estas lamentables actitudes alimentan), el caso no es generalizable en modo alguno al conjunto de quienes trabajamos en los asuntos públicos.

Llevo casi treinta años trabajando en la administración pública y dentro de ella en un sitio con bastante poco prestigio: la administración local y en el área de servicios sociales. Y aún es el día en que con bastante frecuencia, cada vez que desvelo mi condición de funcionario, me encuentro con algún comentario sobre la vida laboral desahogada, placentera y regalada que mi interlocutor me atribuye.

Durante todos estos años he podido conocer infinidad de funcionarios de todos los niveles de la administración y de muchísimas áreas. Médicos, recaudadores, interventores, conserjes, bomberos, administrativos... Por supuesto trabajadores sociales, psicólogos, educadores, maestros... Y economistas, fontaneros, abogados, auxiliares de clìnica, policias... Tanta variedad como profesiones y personas.

Y lo normal entre tanta variedad es encontrar gente comprometida con su trabajo, que intenta sacarlo adelante de la mejor manera posible, esforzándose y sin engañar a nadie. Con frecuencia se encuentra gente excepcional, con una vocación de servicio público y un compromiso inmenso, trabajando sin escatimar esfuerzos y a costa muchas veces de su tiempo y su vida personal. 

Conozco muchas situaciones en las que se acude enfermo y con fiebre a trabajar, porque hay un plazo que se agota o porque hay un asunto grave que atender. Por las mismas razones no es infrecuente renunciar a días de vacaciones o permisos. Como tampoco lo es llevarse trabajo a casa o prolongar el horario de trabajo para conseguir sacar adelante una tarea.

También se encuentra a veces (con mucha menor frecuencia) funcionarios que incumplen sistemáticamente sus tareas y que utilizan la picaresca y el engaño para evadirse de sus compromisos laborales.

Los funcionarios no formamos un colectivo especial, diferente a otros. Como los empresarios, los politicos o los trabajadores en las empresas privadas hay entre nosotros gente noble, gente normal y mala gente. De estos últimos, como digo, no hay muchos. Pero por muchas razones se intenta magnificarlos y presentarlos como el prototipo de funcionario.
Creo que hay una razón para intentar magnificar a esa minoría y no hacer visible el compromiso y servicio de la gran mayoría. Esa no es otra que el desprestigio de lo público.

Interesa desprestigiar lo público, no ponerlo en valor,  en beneficio de lo privado. He hablado de ello en otras ocasiones, denunciando las estrategias de cierta clase política para hacerlo. Si queréis, podéis echarle un ojo en estas dos entradas: "ESTRATEGIA DDD" y "CON LAS MANOS EN LA MASA", que escribí hace años y que podría volver a redactar ahora.

¡Ah! Y un aviso para navegantes. La solución para controlar a esos funcionarios díscolos no es la "mano dura" o intensificar el control. El camino es otro y pasa por dignificar la función pública y dotarla de medios suficientes para hacer su labor.


lunes, 5 de febrero de 2018

Juegos de trileros

Suelo decir con frecuencia que los Servicios Sociales no deben ocuparse de garantizar las necesidades básicas de las personas. La supervivencia material de las mismas no debería ser objeto de nuestro sistema. 


Defender estas tesis me resulta cada vez más difícil, pues siempre que lo hago me encuentro con la incomprensión de mis interlocutores. Probablemente sea consecuencia de mi incapacidad para explicarlo, pero también de cómo la cultura dominante ha asignado a los servicios sociales esa función.

Las razones de ello las hemos analizado de forma recurrente en este blog. Razones ideológicas, políticas e históricas explican esta situación, tanto como el deficiente desarrollo técnico que hemos sido capaces de incorporar al sistema.

Del mismo modo hemos descrito las consecuencias de esta decisión social, la cual considero un enorme error estratégico de la deficiente política social de este país.

No reiteraré pues de nuevo las causas y consecuencias de este fenómeno. Pero sí tengo alguna propuesta.

Asumida por tanto esa convención social que nos asigna la función de satisfacer las necesidades básicas de las personas y familias, creo que tendríamos que hacer el esfuerzo de simplificar al máximo los procedimientos, y para ello considero necesario comenzar cambiando la terminología de muchas de las prestaciones del sistema.

Si nos pusiéramos a unificar estas denominaciones a lo largo de todo el Estado, ya sería perfecto. Pero vamos a ponernos a nombrar las cosas como son. 

Habitualmente nuestras prestaciones son un conjunto grandilocuente de términos vacuos que, a mi juicio, sólo pretenden generar la ilusión de que el contenido de las mismas responde a otra cosa que lo que verdaderamente son.

En el fondo es un juego de trileros, que intenta esconder el contenido asistencial (y asistencialista) de las prestaciones con denominaciones y formas que nos hagan sentirnos menos incómodos y tengamos la ilusión de que van dirigidas a la promoción, rehabilitación, inserción y no sé cuantas zarandajas más.


Por ejemplo: "Subsidio para Familias Pobres" igual suena peor que "Renta Mínima de Inserción para Personas en Situación de Exclusión o Vulnerabilidad Social", pero tal vez responda mejor a su contenido. 

Como sin duda  la "Prestación Económica para cuidados en el entorno familiar y apoyo a cuidadores no profesionales de la Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de Dependencia" (tomad aire) suena mejor que "Pensión por Dependencia", pero seguro que de esta segunda manera se identifica mejor su contenido. 

Algunos podréis aducir que lo que pretenden estas denominaciones es no estigmatizar a sus beneficiarios. Es un error. Lo que verdaderamente estigmatiza es el contenido de las mismas y, por supuesto, las situaciones que se atraviesan para percibirlas. Situaciones para las que todas estas prestaciones han demostrado su absoluta ineficacia.

domingo, 28 de enero de 2018

La delgada línea entre el bienestar y el malestar

Una de mis guías para mi vida personal y profesional es recordar que la delgada línea que separa una vida de cierto confort y bienestar de una vida llena de desgracias y penurias se encuentra mayoritariamente compuesta del azar y de condiciones externas.


Tener por ejemplo una vivienda segura, agua caliente y comida suficiente son privilegios que no todo el mundo tiene y para los que gozamos de ellos no hemos tenido más merito que nacer rodeados de unas circunstancias que nos han permitido acceder a los mismos.

Nacer en una familia que te quiera o que te maltrate, crecer rodeado de libros o de violencia, dormir caliente o a la intemperie... son por ejemplo las únicas cuestiones que marcan la diferencia entre unos seres humanos y otros.

Por eso me indigna la criminalización que se hace de las personas que se encuentran en situación de pobreza, o las políticas de rechazo a los refugiados o inmigrantes. ¿Desde qué superioridad moral se legisla y se diseñan esas políticas? ¿Con qué derecho nos arrogamos en exclusiva el bienestar de nuestra sociedad, reservándolo para unos cuantos mientras a otros no les arrojamos más que unas migajas del mismo?

Hoy la salud y la esperanza de vida se mide más por la geografía, por el barrio, municipio, región o país que por ninguna otra circunstancia. El lugar donde se nace, se crece y se vive determinará con total probabilidad tu nivel y calidad de vida. Los condicionantes sociales de tu entorno serán los más determinantes para ello.

Los que asumimos el reto de intentar ayudar a otros a superar situaciones de dificultad, haremos bien en tener esto muy presente a la hora de comprender y establecer las estrategias y los procesos de apoyo.

De otra manera diseñaremos procesos éticamente reprobables y técnicamente ineficientes. Y eso sí que es un lujo que no nos podemos permitir.