domingo, 27 de diciembre de 2020

¡Feliz año 1907!

 

 Finalizando este año que tanto dolor y desasosiego nos ha traído, aprovecho para dejaros todas las entradas del blog de este año en formato pdf, por si las queréis conservar o consultar en este formato.

 TRIBULACIONES AÑO IX (2020)

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Os recuerdo que los enlaces a los documentos correspondientes a años anteriores los ténéis en esta entrada

Actualización entradas blog pdf (2012-2019)

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También quiero aprovechar para recuperar la Comunicación que realicé para el Congreso de Trabajo Social de Aragón en 2017 

¿Cómo se perdió Alicia en el País de las Maravillas? Sobre la desaparición del Trabajo Social en el Sistema de Servicios Sociales

    que recientemente acabo de repasar y que me parece que sigue teniendo mucha vigencia y actualidad.

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Y por supuesto, desearos, de parte de Wang y mía, un feliz año nuevo, donde consigáis vuestros retos y se cumplan vuestros sueños.

Un fuerte abrazo, ahora que parece que vamos a ir recuperándolos poco a poco, para tod@s.


PD. Sí, ya sabemos que estamos felicitándoos un año del siglo pasado, pero es que Wang ha calculado que, dado el actual retroceso en la política social de nuestro país, con la multiplicación imparable de tómbolas benéficas, bancos de alimentos, recogidas de juguetes y demás acciones caritativo-asistenciales, es más o menos esa fecha en la que creen estar nuestros gobernantes.

jueves, 17 de diciembre de 2020

Los burros y las hormigas

 Con este título participé ayer en la Mesa Redonda que el Consejo General de Trabajo Social organizó para reflexionar sobre la propuesta de definir un Sistema Nacional de Cuidados.

 Junto a Belén Navarro y Mª José Aguilar tuve la oportunidad de desarrollar estas reflexiones desde la óptica de la Política Social y los Servicios Sociales.

 Como algun@s de vosotr@s me habéis solicitado la presentación power-point que utilicé y el texto completo de mi aportación, lo comparto a través de estos enlaces:

  PRESENTACION BURROS Y HORMIGAS

TEXTO INTEGRO BURROS Y HORMIGAS 

Como todo en este blog, ya sabéis. Uso libre y, aunque no es imprescindible, si citáis la procedencia, mejor.

Gracias por vuestro interés.

viernes, 4 de diciembre de 2020

Sopa boba en el siglo XXI

 

Sra. Meritxell Batet

Presidenta del Congreso de los Diputados

Estimada Presidenta:

Permítame presentarme. Soy un Trabajador Social que trabaja en la Atención Primaria del Sistema Público de Servicios Sociales. Más concretamente, en el medio rural de Aragón.

Le escribo la presente con una mezcla infinita de dolor, rabia, resignación, impotencia, asco y frustración, motivada por la noticia que acabo de leer en el periódico y que dice que el Congreso que preside abrirá en Nochebuena para repartir cenas a personas sin recursos y que usted personalmente se encargará de entregarlas. Noticia.

Tal vez se pregunte cómo tan loable iniciativa puede generarme esos sentimientos tan cercanos al vómito. Le explico.

Formo parte de un colectivo, los profesionales del Trabajo Social y los Servicios Sociales, que llevamos mucho tiempo en primera línea de batalla contra la pobreza y la exclusión social. Presenciando impotentes el desarrollo de políticas sociales que, lejos de proteger a la población vulnerable, incrementan su sufrimiento y malestar. Sin medios, invisibilizados y ninguneados, viendo como las intolerables y escandalosas cifras de pobreza y desigualdad parecen no importar a los gobernantes de nuestro país. Poniéndole cara, ojos y realidad a esas cifras, en contacto con la población más vulnerable que representan.

Desde esas trincheras, a través de nuestra historia y en el momento actual hemos intentado que la protección social en nuestro país superase prácticas propias de otros tiempos, como la caridad, el asistencialismo, la beneficencia o la filantropía y las sustituyese por otras basadas en el rigor metodológico y en el conocimiento científico, asentadas en unos derechos sociales para toda la población.

Tal vez no lo conozca, pero en siglos pasados una de las políticas de asistencia a los pobres más frecuentes era lo que se conocía como “Sopa boba”, una especie de guiso que se componía con las sobras de los conventos y que se repartía a los pobres que acudían a sus puertas.

Hace ya 7 años, el colectivo de Marea Naranja en Aragón realizó una recreación de esta iniciativa para denunciar la regresión que estaba experimentando la política social del Estado. Le invito a que consulte esta entrada “Sopa Boba” y los enlaces que contiene.

Desde entonces, hemos ido presenciando la deriva de la política social hacia prácticas cada vez más retrógradas, hasta el punto que la beneficencia y la caridad se han asumido como la respuesta preferida y dominante ante la pobreza y la exclusión.

Personalmente, creía que el Gobierno progresista que se encuentra representado en el Convento (digo en el Congreso) que preside daría un giro a estas políticas. La iniciativa que acaban de aceptar desarrollar indican lo contrario.

Pero le voy a ser sincero. No nos pilla de sorpresa. En el peor escenario desde hace décadas, con un incremento inusitado de la población vulnerable, fracasan ustedes con una medida como el Ingreso Mínimo Vital, llena de prejuicios en su diseño y de insuficiencias en su desarrollo, dejando claro que su modelo es otro. El de pocos derechos y mucha beneficencia.

Pero bueno, no nos queda otra que asumirlo.

Y en consecuencia, para que vea que le escribo de buena voluntad y que soy capaz de guardarme mi decepción para intentar ser útil, me atrevo a darle unos consejos para esa iniciativa que va a desarrollar. Llevo mucho tiempo estudiando el tipo de políticas que las impulsan, así que me considero capaz de darle una orientación experta que pongo, gratuitamente, a su disposición.

En primer lugar, no se vista ese día de manera muy alegre. Aunque sea Nochebuena, un vestido oscuro, negro si lo prefiere, con una falda debajo de la rodilla sería lo apropiado. ¿Recuerda las fotos de la Sra. Díaz Ayuso, la Presidenta de la Comunidad de Madrid, durante la primera fase de la pandemia? Ese es el look. Gesto lánguido, mirada triste y perdida, manos en el pecho… Intente imitarla, es una verdadera experta en esas ceremonias, simulacros de la compasión.

Maquíllese como ella. Más bien poco y con el maquillaje debajo de los ojos ligeramente difuminado. Como sugiriendo que ha llorado un poco y que la situación de los pobres a los que está entregando los alimentos le entristece y le conmueve profundamente. Las fotos pueden quedarle estupendas.

Bien pensado, incluso podría invitar a la Sra. Diaz Ayuso a repartir las cenas con usted. Seguro que aceptaría. Al fin y al cabo, comparten ustedes los mismos valores y actitud caritativa. Ya veo los titulares: “Meritxell Batet e Isabel Diaz Ayuso aparcan sus diferencias por un día y se entregan desinteresadamente a aliviar a los pobres en esta Navidad”. Glorioso.

En cuanto a los pobres que van a acudir… Tendrá que darles usted unas cuantas instrucciones antes. Un protocolo o algo así. Que vengan desarrapados, pero sin pasarse de harapos, sucios pero no malolientes. Nada de dientes mellados o tetrabriks de vino barato, que eso da muy mala imagen. Elíjalos con cuidado. Alguna mujer con gesto sufriente y unos cuantos niños estratégicamente distribuidos en la fila, que eso queda siempre bien y le permitirá a usted hablar luego de las políticas de protección a la mujer o a la infancia.

Con respecto a la cena, no se vayan a pasar. Yo le recomiendo volver a los orígenes de la iniciativa. Si lo hacen en el contenido, háganlo también en las formas. Coherencia, se llama. Así que ya sabe: un buen caldero de sopa humeante y un buen cazo para repartirlo. Otro diputado, alguien de Podemos, pongo por caso por eso del Gobierno de coalición, puede estar previamente repartiendo mendrugos de pan entre el gentío de pobres, conveniente agolpado ante el caldero de sopa (manteniendo la distancia COVID, claro, que aunque vaya a deslucir un poco el acto, es necesaria).

Pues nada, ya me despido. Lamento haberle expuesto mi contrariedad con la iniciativa que van a desarrollar, que preferiría que hubieran sustituido por un poco de autocrítica respecto a su política social, esa que consiente esos niveles de pobreza que hacen necesarios esos indignos bancos de alimentos, tómbolas caritativas y cenas benéficas. Y si en lugar de presumir de los mismos, se encargaran de desarrollar políticas para que no fueran necesarios, no le harían falta mis consejos.

Mientras, procure seguirlos. Le aseguro que el acto quedará mucho mejor.

Atentamente.

jueves, 12 de noviembre de 2020

Pobres... y ¡tontos!

Anda Wang bastante enfadado con la gestión del Ingreso Mínimo Vital, que no está cumpliendo ni de lejos el objetivo con el que se publicitó: proteger a los más golpeados por la crisis social y económica que el coronavirus ha incrementado.

Pero es que ayer mi amigo estaba indignado con la comparecencia que el Secretario de Estado de Seguridad Social ha hecho ante la Comisión de Presupuestos del Congreso de los Diputados, donde entre otras cosas ha explicado porqué el IMV no estaba cumpliendo dichos objetivos.

Y no es para menos el cabreo de Wang, porque según me cuenta y, en resumen, el insigne Secretario ha venido a decir que la gente que no lo percibe teniendo derecho a ello es porque es tonta y no sabe tramitarlo.

Así, sin anestesia. Los pobres están acostumbrados a que se les llame vagos, aprovechados, delincuentes, vividores... y otras lindezas semejantes (en base a las cuales se construyen este tipo de prestaciones) pero esto de llamarlos tontos directamente es una novedad.

Igual es un cambio de paradigma, porque más que tontos hasta ahora se les llamaba listos, en el sentido que se aprovechaban de nuestros estupendos Sistemas de Protección Social (sic) para llevar una vida regalada y sin esfuerzo.

Aclaro que lo de tontos lo dice Wang. El Secretario ha sido más elegante: ha dicho que tal vez los posibles destinatarios de esta prestación "no sea la gente mejor informada". Es el mismo insulto pero suena mejor.

Y es que el prejucio y el juego son ya muy viejos. Vuelve una vez más a ponerse de manifiesto esa atribución individual en la que el pobre es pobre por su propia responsabilidad. De las condiciones estructurales o contextuales es mejor no hablar, que nos liamos. Es más fácil así, apelar al indivíduo y  ahora dar una vuelta de tuerca más y atribuirle que, además de estar en situación de pobreza por su culpa, permanece en ella por su ignorancia.

Que digo yo que el señor Secretario pudiera haber apelado a las deficiencias que el Sistema ha tenido para informar correctamente a toda la población y que no han creado los canales adecuados para una tramitación ágil e inclusiva de la misma convertiendola en muchas ocasiones en una delirante e indigna carrera de obstáculos. Pero se limita a pasar por ello de puntillas y dice que es un problema de non-take up, tan común en las Rentas Mínimas, que como todos sabemos van dirigidos a gente ignorante.

Me alegra que se reconozca tan claramente que el IMV, en su diseño, gestión y resultados sea tan parecido a una Renta Mínima, porque como ya he señalado en alguna ocasión, en ello estaría la clave de su éxito o de su fracaso. (Ver mis recientes entradas "Cosas de pobres" o "Debates en la cuerda floja"). En el hipotético contínuo de estas prestaciones cuanto menos se pareciera a una Renta Básica (universal y no condicionada) y más a una Renta Mínima (sectorial y condicionada) más riesgo de fracaso e ineficacia tendría la prestación.

Pero el Secretario tranquilo. Total, las Rentas Mínimas de las Comunidades Autónomas tardan más, hasta un año, dice.

Pues nada. A esperar. Al fin y al cabo, la subsistencia de la gente está garantizada: alguna ayuda de emergencia de servicios sociales, una pizca de mendicidad, un buen pedazo de caridad y bancos de alimentos. Lo de siempre, vamos. Lo que permite que una prestación como ésta, en el momento histórico más importante de las últimas décadas, fracase en sus objetivos sin que nada cambie estructuralmente.

Porque no hay nada que cambiar, ¿verdad Secretario?, cuando el verdadero problema son los tontos.



martes, 27 de octubre de 2020

Cuidado con el cuidado

A vuela pluma, porque no quiero dejar pasar más tiempo, pero quiero comentar una tendencia que está difundiéndose últimamente en la política social: la creación de un "sistema de cuidados".


En un marco donde se ha dejado morir al Sistema de Servicios Sociales, enterrado bajo la única misión que se le asigna: atender la subsistencia de los pobres (siendo simplemente una parte más del engranaje benefico asistencial para ello), surge ahora un nuevo invento, que no viene sino a confundir y a dispersar más una política social cada vez menos protectora para los ciudadanos (es el signo de los tiempos, ya sabéis: "sálvese quien pueda").

Y surge con cierta fuerza. Las palabras son poderosas y la música suena bien. Hablar de cuidados mola. Tanto, que podemos crear un Sistema para ello, han pensado algunos. Lástima que aunque esa música suene bien, la orquesta desafine tanto.

Porque aquí nos inventamos los sistemas como quien siembra alcachofas. Algo saldrá.

Y es que seamos claros. Sistemas, lo que se dice sistemas, en la política social española sólo hay dos: el de Educación y el de Sanidad. Luego hay una cosa que se llama Pensiones, que algunos pensamos que debería convertirse en el Sistema de Garantía de Rentas (cuyas políticas están hoy dispersas en mil pedazos) y un engendro llamado Servicios Sociales dedicado a recoger los resíduos de toda la política social y permitiendo además que las políticas de Vivienda y de Empleo puedan seguir insuficiente y descoordinadamente desarrolladas.

Y dentro de esa política social delirante, surge ahora otra iniciativa. Construir un Sistema de Cuidados. ¿Quién puede decir que no? Pues yo, por ejemplo.

Porque los cuidados deben ser algo transversal a todas las áreas de la política social. ¿O acaso el Sistema de Sanidad no tiene que cuidar? O yo me he despistado, o tiene hasta profesiones especializadas en ello. Y el sistema de Educación... ¿no tiene entre sus cometidos cuidar a los menores y adolescentes a su cargo? 

Y el Sistema de Servicios Sociales y dentro de él, (o fuera, o alrededor... que yo ya no me entero) el Sistema de Atención a la Dependencia, ¿acaso no cuidan?

Creo que, como en el caso de la dependencia, vuelva con esto de los cuidados a crearse un sistema que, a mucho no tardar, se convertirá en el nuevo juguete roto de quienes pretenden hacer una innovadora política social olvidando antes arreglar los profundos déficits estructurales de los Sistemas Públicos de Protección social existentes.

Así que Wang y yo, fieles a nuestros compromisos, nos atrevemos a darles un consejo, una recomendación y un ruego a quienes hablan hoy de Sistema de Cuidados:

El consejo: mejor hablen de Plan de Cuidados, y aprovechen para definir qué papel en ese plan tendría cada uno de esos Sistemas Públicos.

La recomendación: definan antes el conjunto de esos Sistemas Públicos y dótenlos adecuadamente en función del objeto de los mismos, aclarando la confusión e indeterminación actuales.

El ruego: tengan mucho cuidado con el cuidado. No vaya a ser que, de tanto cuidar, hagan sufrir.