Wang y yo nos
hemos puesto a hacer limpieza de papeles y nos hemos encontrado con este
pequeño artículo que nos ha sorprendido por su actualidad. Se trata de “Viejos o nuevos: orientaciones actuales de los Servicios Sociales en España” y fue escrito en 1993, en un contexto de crisis parecido (salvando las
distancias) al actual.
El artículo da
unas cuantas claves para entender los Servicios Sociales que en aquellos
momentos se estaban construyendo y es muy interesante observar la actualidad de
algunos temas que plantean las autoras, así como la evolución que han tenido 20
años después los conceptos que desarrollan y la involución en los mismos que
venimos observando con la actual crisis.
Las épocas de
crisis son propicias para la reflexión y ahora que tenemos que repensar el
papel de los Servicios Sociales en una situación de crisis socioeconómica como ésta
y el modelo de Servicios Sociales que queremos para el futuro, artículos como
el que citamos nos ayudan a situar la reflexión en un contexto histórico que a
veces olvidamos.
Discutiendo
sobre el artículo, Wang y yo hablábamos que uno de los elementos que hay que
redefinir en el sistema de Servicios Sociales es su universalidad. Aunque en
teoría está configurado así, en la práctica está tan insuficientemente dotado en
cuanto a recursos y prestaciones que se le incapacita para atender a toda la
población, limitándose a atender únicamente a los más desfavorecidos de la misma. De ahí que hoy
siga resultando muy difícil luchar contra uno de los estigmas de los servicios
sociales: el atender únicamente a la pobreza.
La
universalidad cuesta dinero, viene a resumir Wang. Y tiene razón. Durante las últimas
décadas tal vez la quisimos comprar demasiado barata y como suele pasar, lo
barato a veces termina resultando caro. Ahora que con la crisis grandes
sectores de población están acudiendo a nuestros servicios nos encontramos con
que no tenemos respuestas para ellos y nos estamos dando de bruces con la
falacia de esa universalidad.
Es, otra vez
más, el momento de reinventarnos. En lo grande y en lo pequeño, en lo más
global y en nuestros quehaceres profesionales más concretos. Sin perder ese
principio fundamental de la universalidad, aunque ahora nos hayamos dado cuenta
que esa realidad era sólo (y nada menos que) una utopía.
¿Servicios
Sociales para todos o Servicios Sociales para los más desfavorecidos? ¿Cuál será
nuestro futuro?








