Tras mis últimos escarceos en el mundo del deporte, vuelvo a otros terrenos. Esta vez no puedo dejar de dedicar una entrada a comentar algunos episodios recientes de la realidad social y política actual.
Y es que cuando uno piensa que esta realidad ya no puede sorprenderle más, que lo hemos visto todo, aparece un fulano, (ver enlace) un tal Castelao, Presidente del Consejo General de la Ciudadanía en el Exterior, (por aquí no recortan ¿eh?) y se lanza con la frase de que “las leyes son como las mujeres, están para violarlas”, lo cual ha supuesto una generalizada (que no unánime) reprobación y el subsiguiente reproche.
El hecho es de tal gravedad que se califica a sí mismo, pero hay dos detalles que me parece necesario subrayar. Por un lado que piense que las leyes están para violarlas. Es una afirmación que ha pasado una tanto desapercibida por la salvajada sobre las mujeres, pero ¿es de recibo que un representante gubernamental piense que puede hacer con las leyes lo que quiera a su antojo?. Es algo bastante extendido, me temo, entre muchos representantes políticos actuales. Si la ley no responde a mis intereses, me la salto. La Ley está supeditada a mi criterio.
El otro aspecto de la noticia es que hay cierta comprensión y connivencia con el personaje. No es destituido fulminantemente, dimite dos o tres días más tarde, siendo felicitado por ello y permitiéndose el “amigo” decir que no dimite por el hecho, sino por motivos personales. ¡Toma ejemplo de arrepentimiento!. Cuando tanto se habla de regenerar la vida política me pregunto si es posible con este tipo de actitudes.
El segundo “sucedido” que me ha llamado la atención son los comentarios de nuestro Presidente Rajoy sobre las manifestaciones. Su “reconocimiento a todas las personas que no se manifiestan” contiene un doble mensaje, semejante a un doble vínculo, bastante perverso y que indica un escaso talante democrático. Se trata de descalificar, de menospreciar y de deslegitimar las voces discordantes, tildándolas de “antipatriotas”. El uso de la mayoría silenciosa (buena) contra la minoría que protesta y se manifiesta (mala) es la clásica maniobra dicotómica para desconfirmar el uso de un derecho tan importante como el de la expresión de la discrepancia. Y me parece especialmente grave que lo haga el principal responsable político del país. Vuelve a ser un ejemplo de qué tipo de políticos tenemos y qué difícil va a ser esa regeneración de la que tanto se habla.
Genial vídeo de la “campaña” que con motivo de estas declaraciones realizaron en el programa “El intermedio”, denunciando la manipulación que escondían las palabras del Presidente. No dejéis de verlo.
Y el tercer tema con el que me he encontrado estos últimos días es con la última encuesta del CIS sobre la valoración de los políticos, la peor en toda la historia de nuestra democracia, y en la que se indica, por ejemplo, que el 27 % de la población considera a los políticos como uno de los tres principales problemas del país.
Este descrédito de los políticos está generando no poca polémica en la sociedad, entre detractores y defensores de la función política. Referirse a la “clase política” está de moda, unos para señalar los desmanes y abusos de los políticos y otros para acusar a los primeros de que con esa generalización se está haciendo el juego a quien pretende imponer en el Estado fórmulas de funcionamiento totalitarias y no de representación política. En alguna anterior entrada ya me he referido a esta dialéctica, y me temo que tendremos que seguir aludiendo a estos temas en próximas fechas.

Como dice Wang. ¡qué monos!







