miércoles, 5 de junio de 2013

Obituario involuntario

Un obituario es la sección de un periódico en la que se informa de las muertes sucedidas. Según la definición de la wikipedia, el obituario intenta dar un recuento de la textura y el significado de la vida de alguien que ha muerto recientemente.


Ultimamente mi blog ha tenido que desarrollar esta función de obituario. Nada menos que en tres ocasiones en poco más de un mes (y por poco no tuvimos que lamentar una cuarta), he difundido la noticia de la muerte de una compañera. Cuando me hice eco de la primera, Celia, una trabajadora social argentina asesinada por un paciente psiquiátrico al que atendía, pensaba que estaba ante algo excepcional, verdaderamente infrecuente.


Al poco Marisel, esta vez una compañera uruguaya, encontró la muerte a manos de una persona con la que había tenido un encuentro profesional, fugaz, pero suficiente para que quedara obsesionado con ella. Con esta segunda noticia, comencé a tener la amarga sensación de que estas muertes no eran sino la punta de un negro iceberg. Probablemente muchas de estas noticias nos estaban pasando desapercibidas.

Como decía en mis primeras reflexiones sobre la noticia de Celia, como trabajadores sociales convivimos con la violencia y tratamos con personas cuyo sufrimiento y problemas se traducen en muchas ocasiones en agresividad. Ocupamos para estas personas, siquiera temporariamente, lugares importantes, y esto nos coloca en blancos ocasionales de esa agresividad.

Eso le ocurrió a la compañera de Vizcaya cuya noticia relaté en una tercera ocasión, una educadora social salvajemente agredida por un usuario de uno de los pisos de acogida en los que trabajaba.

Con esta tercera noticia comencé a tener la certeza de que tal vez estamos ante un fenómeno demasiado frecuente. Las agresiones y la violencia contra profesionales ocurren a diario en todos nuestros entornos. Las más de las veces son pequeñas y las manejamos con la dificultad propia de estas situaciones, pero a veces se hacen grandes y tenemos que lamentar noticias como las que estamos comentado.

Un denominador común me he encontrado en todas ellas. Son noticias que suelen pasarnos desapercibidas. A no ser que estemos  muy cerca de ellas, nos enteramos de ellas practicamente por casualidad. Al menos eso me ha pasado a mí.

Tal vez nos cuesta mirar la violencia. Es fea y desagradable. Duele. 

Por mi parte, preferiría publicar en mi blog entradas de otro tipo, pero me siento en la obligación de darle difusión a estas noticias, en un pobre intento de que no pasen tan de puntillas y podamos reflexionar sobre ellas.

Noticias como la que tengo que comentar a continuación. Otra muerte. Otra pérdida para nuestra profesión. Otra compañera agredida y asesinada. Esta vez se trata de Laura, una trabajadora social argentina cuya función era asistir a procesados judicialmente y ex convictos. Como siempre en estas noticias, nada está claro, pero parece que fue brutalmente agredida por uno de ellos.

Sus compañeros de la institución donde trabajaba, el Patronato de Liberados de la Provincia de Buenos Aires, han convocado tres días de paro y llevan años denunciando las condiciones de trabajo de las asistentes sociales. Transcribo sus manifestaciones:

      “Hace dos años que venimos denunciando cuáles son las condiciones de trabajo de las asistentes sociales. Son amenazadas, sufren agresiones y hasta intentos de violación ”. El PdL se ocupa de todos aquellos que por disposición judicial deben estar bajo tutela, asistencia y tratamiento, y de quienes han cumplido sus condenas y requieren asistencia social tras salir de prisión.
      Reclaman que las asistentes sociales “vayan en equipo, que por lo menos sean dos personas las que vayan a visitar a los tutelados, y que sea en un vehículo oficial, no en los suyos propios”. Para eso, debería nombrarse más personal: “Ocurre que cada trabajadora debe trabajar por lo menos con 30 expedientes, pero hay quienes tienen cien ”. Enlace al Manifiesto de FAAPSS.

Como decía al principio, si algo tiene sentido de este obituario involuntario en el que se ha convertido mi blog es intentar dar un significado a la muerte de esta compañera. Y creo que nada mejor para ello que hacer mías las manifestaciones de sus compañeros.

En estos tiempos de recortes, de precarización de los empleos, de profesionales atendiendo muchas más personas de las que pueden, de empresas e instituciones sociales recortando en personal... la violencia tiene mucho más riesgo de suceder. 

La pregunta es siempre la misma. ¿Nos protegemos lo suficiente? o más bien ¿Estamos suficientemente protegidos en el ejercicio de nuestra labor? 

Porque con la primera noticia yo pensé que estábamos ante un accidente. Ahora creo que estamos ante una violencia asociada al modo de ejercicio de nuestra profesión. Por tanto, evitable.

Me gustaría que opináseis al respecto.

Gracias a Ana Cuello por proporcionarme la información sobre el desgraciado suceso de Laura, a cuyos familiares, amigos y colegas trasmito desde aquí mis condolencias.

P.D. Si alguien conoce de algún estudio o investigación sobre violencia y agresiones a trabajadores sociales, os agradecería que me proporcionáseis la referencia.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Mierda de fábula.

¡Buf! Vaya final de curso. Agobios por todos los lados. Nuestra profesión, vapuleada. Los servicios sociales, amenazados. Muchas personas llegando a situaciones insostenibles. ¿Pero cuándo vamos a ver un poco de luz?


Esta era la pregunta que le hice a Wang el otro día. Y esto es lo que me contestó:

         «Los instructores de natación que enseñan a evitar ahogarse han aprendido que la gente se ahoga cuando teme el agua y pugna por mantenerse fuera de ella. Si se atreviera a sumergirse, descubriría que puede flotar sin peligro alguno, respirar cómodamente y relajarse por completo. El esfuerzo por impedir que el agua nos engulla es agotador y, en última instancia, fatal.» (*)

  • Para no variar -le contesté- no te entiendo. ¿Estás sugiriendo que nos dejemos llevar?
  • No exactamente -replicó-, tal vez lo entiendas mejor con una fábula.
  • ¡Una fábula! Hace tiempo que no me castigabas con una historia de las tuyas.
  • Si lo prefieres, me la guardo. - Me dijo frunciendo el ceño y a punto de enfadarse-
  • No Wang, estaba bromeando. Disculpa. Adelante con esa fábula.
  • De acuerdo, se llama la fábula del pollo, la zorra y la vaca.
 
"Iba un pollito amarillo por el campo tan feliz, caminando y cantando pío, pío, cuando por el camino se cruzó con una zorra que inmediatamente se puso a perseguirlo para devorarlo.

El pollito, desesperado, se puso a correr de un lado a otro mientras la zorra iba detrás de él. En un momento que pareció que la dejaba atrás, el pollito se encontró con una vaca.

- Vaca por favor, ayúdame. Una zorra me persigue y me quiere comer.

- No te preocupes, pollito. Ponte detrás de mí y quédate quieto.

Y en ese momento le echó una gran plasta de mierda encima, quedando el pollito cubierto por completo.

A continuación llegó la zorra.

- ¿No habrás visto un pollito por aquí, verdad? 

 Como es habitual, la vaca no dijo ni mu, pero en ese instante el pollito, que no podía más con el olor, sacó la cabeza y con un gran PIO descubrió su escondite.

Naturalmente, la zorra se lo comió."

  • ¿Y ya está? -le dije a Wang- ¿Pero qué mierda de fábula es ésta?
  • Espera, faltan las moralejas. Porque esta historia tiene tres moralejas:

  Primera:  No todo el que te llena de mierda es tu enemigo.

  Segunda: No todo el que te saca de la mierda es tu amigo .

Y la más importante:  cuando estés de mierda hasta el cuello no digas ni PÍO.

Y eso es lo que hice, no decir nada.


(*) Wang me ha confesado que ha tomado esta metáfora de uno de sus autores favoritos. Frank Pittman, de su libro "Mentiras Privadas". Editorial Amorrortu. (1994) Buenos Aires.



viernes, 24 de mayo de 2013

Lamentablemente... ¡más violencia!.

No suelo publicar más de una entrada a la semana, pero esta vez creo que es necesario. La noticia de la que acabo de enterarme me ha removido las entrañas: una compañera de Vizcaya, educadora social, ha sido agredida de forma salvaje por una de las personas con las que trabajaba. 

 

Me gustaría que mi blog tuviese otro tono ultimamente, pero es que estas noticias sobre compañeras asesinadas y agredidas me golpean de una manera que no puedo hacer otra cosa que intentar difundirlas.

Recientemente he publicado dos entradas sobre la violencia, a raiz del asesinato de dos compañeras, una argentina y otra uruguaya, Celia Vicari y Marisel Luis. Todavía impactado por la última de ellas, me entero de esta otra noticia

No se trata de una trabajadora social, pero naturalmente da igual. Es educadora social, una de esas profesionales con las que trabajamos codo con codo para desarrollar nuestra labor. Parece que trabajaba en un programa de rehabilitación de drogas y había comunicado a uno de sus usuarios, un joven de origen magrebí, que tenía que abandonar el piso de acogida en el que estaba al saltarse las normas. Éste reaccionó de forma salvaje, atacándola con un cuchillo y violándola.

Sirve para esta noticia todas las reflexiones que hice para las anteriores, pero en especial las que desarrollaba en la primera de ellas: es necesario una reflexión seria y profunda sobre la violencia hacia nuestra profesión (y otras afines) y nuestro modo de protegernos y prevenirla.

Me parece un debate urgente, que debería hacerse en todos y cada uno de los centros en los que trabajamos. Tal vez la violencia no desaparezca, pero seguro que evitamos algún otro suceso tan lamentable como el que nos ocupa.

Es dificil en estos momentos, pero desde este pequeño rincón envío un mensaje de solidaridad con la compañera agredida y mis deseos de que se recupere de la mejor manera posible.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Violenta violencia

A raíz del asesinato de Celia Vicari, una colega argentina, me planteé dedicar alguna entrada al tema de la violencia. Es un tema difícil y complejo, del cual me está costando documentarme porque, entre otras cosas, tampoco dispongo de mucho tiempo en estos momentos. Pero en ello estaba cuando me llega la noticia de que otra compañera, esta vez uruguaya, también ha sido asesinada recientemente.


Por ello he decidido adelantar un poco por donde van mis reflexiones en el tema, al tiempo que me hago eco de la noticia de la compañera uruguaya y sin poder evitar preguntarme cuántas de estas noticias nos pasan desapercibidas.

Su nombre era Marisel Luis Garmendía. Trabajaba para el Centro Cooperativista Uruguayo y para el Centro de Participación Popular, en proyectos del Ministerio de Desarrollo Social. El caso es algo diferente del de la compañera argentina, pero no por eso menos doloroso. 

En esta ocasión una mínima interacción profesional (un censo), sirvió para que el asesino quedara obsesionado con ella y, tras un tiempo de acoso, acabara finalmente con su vida. Os pongo algunos enlaces con la noticia: aquí y aquíasí como el enlace a la página de la Asociación Profesional de Trabajo Social de Uruguay, que contiene algún manifiesto sobre la noticia.

Si los leéis veréis que están mezclados muchos temas: violencia machista contra la mujer, violencia en el ejercicio profesional, tratamiento de la violencia por parte de las instancias judiciales y policiales, aspectos psicopatológicos, denuncias previas, repercusiones... Todo ello me hace pensar en la complejidad de la violencia y en la multitud de variables que se entremezclan a la hora de su diagnóstico y sobre todo, para su prevención.

En alguna ocasión leo análisis demasiado simplistas sobre las causas de la violencia, pero en cada caso que presencio tanto en mi ámbito profesional como cuando nos llegan noticias como esta, constato que las cosas son mucho más complicadas de lo que parecen, y multitud de variables de orden psico-social están entremezcladas en el complejo triángulo que se produce entre la víctima, el agresor y la sociedad y sus instituciones.

Como bien dice Jorge Corsi en su libro "Violencia Familiar":


   "Pensar el problema de la violencia familiar desde una perspectiva ecológica y multidimensional implica renunciar a todo intento simplificador de "explicar" el fenómeno a partir de la búsqueda de algún factor causal, para "abrir" la mirada al abanico de determinantes entrelazados que están en la base y en la raíz profunda del problema"
 
Por otro lado, siempre me han cuestionado en este tema de la violencia las siguientes palabras de Jorge Barudy, recogidas en su libro "El dolor invisible de la infancia" y que también transcribo. Es un poco largo, pero merece la pena:

     "En lo que se refiere a las dinámicas relacionales, pude confirmar que se requieren por lo menos tres grupos de personajes para producir estos fenómenos. (...) encontramos los mismos tres grupos de personas, presentes en las dinámicas humanas en donde la vida está amenazada y los derechos
humanos pisoteados. En los dos casos existe un primer grupo compuesto por los represores, torturadores, acusadores, maltratadores, etc...; un segundo grupo, conformado por las víctimas: hombres, mujeres y niños perseguidos, encarcelados, torturados y exiliados; y un tercer grupo, constituido por los terceros, los otros, los instigadores, los ideólogos, los cómplices, pero también los pasivos, los indiferentes, los que no quieren saber o los que sabiendo no hacen nada para oponerse a estas situaciones y/o tratar de contribuir a crear las condiciones para un cambio."

     Desde aquí me comprometo a intentar no pertenecer a este tercer grupo y por eso escribo esta entrada y se la dedico a la compañera Marisel, con todo mi respeto y condolencias a sus familiares y colegas de Uruguay.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Baltasar Gracián

Cuando propongo que Baltasar Gracián debería ser uno de los patronos de los Trabajadores Sociales, los colegas se me ríen. Pues lo digo en serio. Junto a Mary Richmond y Jane Addams. ¡Palabra!

 

Y no lo digo por su calidad literaria, de sobras conocida y valorada. Tampoco porque se trate de un paisano mío, aragonés y fallecido en Tarazona en 1658. Lo digo por que su pensamiento me parece una guía magnífica para sobrevivir en el proceloso mundo de los Servicios Sociales. A mi juicio, debiera ser uno de los autores de referencia para el Trabajo Social.

Este personaje de nuestro Siglo de las Luces, escribió numerosas obras y se convirtió en uno de los autores más influyentes en el desarrollo del pensamiento occidental. Algunas de sus obras: El héroe (1637), El discreto (1646), Oráculo manual y arte de prudencia (1647), Agudeza y arte de ingenio (1648), El criticón (1651).

Os cuento algunas de las cosas que decía el amigo, y me decís si son o no de aplicación para nuestra profesión:

- "El no y el sí son breves de decir, pero piden mucho pensar." ¡Cuántas veces tenemos que evaluar sobre la concesión o denegación de una prestación o ayuda! Pensar mucho antes de hacerlo es un buen consejo, pues ambas cosas suponen tener en cuenta un montón de variables que habremos de controlar en la intervención. También decía al respecto: "Ciencia sin seso, locura doble."

- "Atención al informarse. Vívese lo más de información. Es lo menos lo que vemos." Pues eso, que sin una buena recogida de datos, sin una cuidada investigación y observación, no hay diagnóstico posible.

- "Saber hacerse a todos. Discreto Proteo: con el docto, docto, y con el santo, santo. Gran arte de ganar a todos, porque la semejanza concilia benevolencia." Probablemente en aquellos años no utilizaban la palabra empatía, pero Baltasar Gracián sabía muy bien lo que era.

- "Pon un gramo de audacia en todo lo que hagas". Pero sólo un gramo ¿eh?. Necesario, pero sin pasarse.

- "Visto un león, están vistos todos, pero visto un hombre, sólo está visto uno, y además mal conocido". Si hay un argumento mejor para nuestro principio de individualización, me lo decís.

"Es cordura provechosa ahorrarse disgustos. La prudencia evita muchos." Complementaria al gramo de audacia.

- "Errar es humano, pero más lo es culpar de ello a otros." La culpa, la atribución externa y la desresponsabilización... ¿os suena, verdad?

- "Muchas veces nace la enfermedad del mismo remedio". Atención a nuestras intervenciones, no vaya a ser...

- "Ninguno hay que no pueda ser maestro de otro en algo". Aprender de los demás depende por tanto sólo de nosotros mismos.

- "A quien pide con prisa, lo que es una treta para engañar a la prudencia, conceder tarde". Está claro, ¿no?

Podría seguir, pero no quiero cansaros. Sólo quería compartir con vosotros a este autor, que no solemos relacionar con nuestra profesión y que a mí me parece muy útil. Podéis descargaros uno de sus libros en este enlace Oráculo manual y arte de prudencia. Os invito a que lo leáis.

Y terminaré trascribiendo completo uno de sus Oráculos, el 251 de ese libro, que a mí me parece de gran actualidad en estos tiempos de recortes.

"Hanse de procurar los medios humanos como si no hubiese divinos, y los divinos como si no hubiese humanos. Regla de gran maestro; no hay que añadir comento."

Pues hagámosle caso. Sin comentarios. Y si los hay, dejádlos más abajo.