jueves, 12 de diciembre de 2013

Un cuento (chino) de Navidad

Busco de vez en cuando, por la red y los períodicos, alguna buena noticia que me alivie un poco el espíritu, que me traiga un poco de esperanza e ilusión entre tanta desgracia, recorte y malestar con el que trabajamos y que nos envuelve a diario.


Oriental puppet, www.flickr.com
Y en esas estaba el otro día, cuando Wang llama mi atención sobre una noticia de su país. Curiosamente, un ciudadano apellidado igual que él (me aclara que es un nombre muy común por allí), ha protagonizado una historia que, ciertamente, tiene algo de esperanzador, aunque también de lo contrario. Os explico.

Resulta que el homónimo de mi amigo, podéis leer la noticia aquí, un hombre de 53 años, ha pasado más de veinte viviendo en una alcantarilla y con todo tipo de privaciones para poder pagar la educación de sus tres hijos. Según cuenta la noticia, el hombre se había arruinado como consecuencia de las multas que tuvo que pagar al haber infringido la ley de hijo único con la que China intenta frenar su superpoblación desde los años 70.

La verdad es que no sé si esta historia que me ha señalado Wang es verdad o sólo es un "cuento chino", nunca mejor traído. En internet circulan habitualmente noticias bastante tergiversadas. En todo caso, cierta o no, es una noticia que me ha traído sensaciones contradictorias.

No cabe duda de que tiene tintes dramáticos. Una ley y una política que se aplica por encima de los ciudadanos y que les limita en algo tan íntimo y personal como la decisión de tener descendencia. Hasta el punto de que no duda en dejar en la indigencia a un hombre, y por tanto, a su familia. Desconozco la realidad de aquel país, (y eso que Wang lo intenta...) pero imagino a sus autoridades apelando al bien común y a la sostenibilidad de su población y su economía para aplicar la ley con tanta dureza.

No puedo evitar pensar en muchas analogías con la situación en nuestra sociedad. Unas políticas y unas leyes por encima de los ciudadanos. Unos gobernantes aplicando con dureza recortes y limitaciones de derechos apelando a la sostenibilidad y al bien común, aunque eso signifique condenar a la miseria y al sufrimiento a muchos ciudadanos. ¿Os suena, verdad?

Pero por encima de todo este dramatismo a mí la noticia me ha hecho reflexionar en la capacidad de superación del ser humano. Me imagino a este hombre, comprometido en sus recursos para sacar su familia adelante, desesperado... Me pregunto qué pensaría cada noche, cuando se acostase lejos de sus hijos, esperanzado en que su sacrificio sirviese para que ellos tuviesen un futuro mejor. Me imagino a estos niños sin entender nada, echando en falta a su padre, probablemente estigmatizados y viendo a su madre entristecida, insistiendoles en la importancia de los estudios.

Se me va la imaginación y le pongo cara a este hombre. La de otros padres y madres (muchos inmigrantes que he conocido estos años, por ejemplo) sacrificados hasta el límite para darles un futuro a sus hijos. Un futuro que a ellos se les negó.

Este cuento chino me habla de todo eso. De padres y madres comprometidos, de amor y sacrificio. Por eso me parece una buena historia. 

Por eso me parece un buen cuento (chino, naturalmente) para esta Navidad.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Lo difícil de lo fácil

Si alguna entrada me ha costado publicar es ésta que voy a compartir con vosotros ahora. Os cuento mis reflexiones sobre la lamentable noticia que ha conmocionado a mi pueblo, en el que el cura de la parroquia se ha visto envuelto en unos oscuros asuntos y ha sido acusado de varios delitos.


El juicio final (1570) de Marten de Vos (1532-1603)
Es una noticia de la que me duele hasta reflexionar. Me enfada, me da rabia, me entristece, me apena, me desconcierta y me llena de desesperanza. Casi me avergüenza escribir sobre ella. Pero no puedo evitar el comentarla, hay algo que hace que me sienta comprometido a ello. Además, creo que lo que voy a decir puede resultar incómodo para algunas personas y temo que se malinterpreten mis palabras y/o generar algún desagrado. Pero siento que debo hacerlo.

La noticia, que seguramente habréis conocido, se resume más o menos en que este párroco ha sido acusado de apropiarse indebidamente de unos fondos de la parroquia para dárselos a unas familias que él consideraba que los necesitaban y con las que además parece que estaba envuelto en una serie de amenazas y extorsiones en torno a unos supuestos acosos o favores sexuales.

Con todas las reservas que el desarrollo de la información en estas noticias tiene, llenas de claroscuros, quiero señalar algunos aspectos que me han golpeado especialmente.

Primero me referiré al tratamiento mediático de la noticia. Como era de esperar, los medios de comunicación han hecho un acercamiento morboso y espectacular al tema. Lamentablemente, mi pueblo se hizo famoso (también lo recordaréis) hace más de un año como consecuencia de la chapucera "restauración" de una pintura de un "ecce-homo". Os enlazo la entrada que elaboré al respecto entonces y donde hacía una serie de reflexiones que, al hilo de lo sucedido ahora, me parecen más oportunas que nunca.

Esa fama y popularidad ha jugado negativamente para que la noticia todavía haya llamado más la atención. El "cura del ecce-homo" encarcelado por robo y acoso sexual. Casi nada. Me cuesta comprender que en este contexto a alguien le haya sorprendido cómo los periódicos y televisiones han dado difusión al tema. Es una factura que la popularidad así conseguida nos hace pagar ahora.

Otro asunto, mucho más importante, es la polarización que se ha producido en torno al hecho. Enseguida han circulado dos versiones, dos opiniones sobre lo sucedido. 

Una primera versión dice que el cura es un santo. Un hombre comprometido con los pobres, abnegado y sacrificado en su tarea y al que, por causa de su bondad e ingenuidad, ha sido engañado por un clan de delincuentes que primero se acercaron a él pidiéndole ayuda para sus necesidades y terminaron exigiéndole dicha ayuda mediante amenazas y extorsiones.

Otra versión se alinea con la identificación de los curas y la Iglesia como una entidad oscura, llena de asuntos turbios, envueltos en asuntos económicos y sexuales que se encargan de tapar enseguida. En esta versión este cura es uno más de los tantos que han utilizado su posición de poder para obtener favores sexuales (o al menos ha sucumbido a las "tentaciones carnales") y al descubrirse, ha intentado comprar el silencio mediante dádivas y utilizando el dinero de la parroquia.

Personalmente, ambas versiones me parecen, y así las defino, como "fáciles". Ambas dividen el mundo en dos: héroes o villanos, santos o depravados. No hay grises. Ambas obvian la complejidad del ser humano, llena de contradictorios matices y de aristas poliédricas. 

Y ambas versiones, sobre todo, juzgan. Buenos y malos. 

Por mi parte, no me identifico nunca con las versiones "fáciles" y huyo como de la peste de la posición de juzgar (en la que lamentablemente me encuentro a veces, quiero pensar que cada vez menos).

Tengo la suerte de poder ejercer el Trabajo Social, y ello me ha puesto en contacto con muchas situaciones difíciles, complejas, conflictivas y contradictorias, que me han descubierto lo mejor y lo peor del ser humano. Situaciones de sufrimiento en las que las cosas no son nunca como parecen. Donde los "malos" a veces son los que más actitudes positivas tienen y donde con los "buenos" no puedes construir nada útil. Situaciones donde los "débiles y pobrecitos" ocupan la posición de poder y control y los "fuertes" ven relegadas sus oportunidades. 

Y he aprendido que sólo desde una posición de neutralidad profesional puedes arriesgarte a comprender lo que sucede en esas situaciones para que tu intervención pueda servir para cambiarlas. Remarco lo de profesional, pues es un concepto bastante alejado de lo comunmente conocido como neutralidad, que tiene más que ver con no tomar partido y no comprometerse.

Por eso quiero huir de juzgar a este sacerdote. Veremos si al final ha cometido o no los delitos de los que se le acusa y si tiene o no que pagar por ellos. Como tampoco quiero juzgar a la familia que supuestamente le extorsionaba, y a los que parece ser que se les sitúa como reconocidos delincuentes. Ni siquiera quisiera juzgar a los medios de comunicación, ni el tratamiento que han hecho de la noticia.

Me entristece especialmente los juicios rápidos que oigo en relación al hecho. Que si "todos los curas son iguales", o que "esto pasa por ayudar a quien no se lo merece". Juicios preñados de (valga la redundancia) prejuicios, actitudes racistas y en general, bastante irreflexión.

Yo no quiero buscar culpables. Ya se ocupará la justicia de ello. Yo prefiero hablar de responsabilidades, y aquí todos tenemos una parte y en especial, los actores de este drama.

Y es mi parte de responsabilidad la que me lleva a señalar un aspecto que a mi me parece crucial en este caso y que entre otras cosas me ha llevado a elaborar y publicar este difícil escrito. Para mí el problema surge debido a la posición que ocupaba el cura, relacionándose con diversas familias para valorar sus necesidades, y desde su criterio, repartirles dinero para "ayudarlas". Según los medios de comunicación, realizaba una "encomiable labor" ayudando a los numerosos pobres que acudían a su casa y a los que repartía el dinero de la parroquia.

Esta posición, que no es exclusiva de este cura, es una arcaica forma de acción social que algunos creímos que podría erradicarse y que vemos con desesperanza cómo no termina de desaparecer, cuando no es manifiestamente potenciada.

En muchas ocasiones están movidos por la buena voluntad, pero no es menos cierto que en otras están impelidos por otro tipo de motivaciones que les llevan a confundir la satisfacción de su necesidad de sentirse buenos y útiles con la cobertura de las necesidades de los demás. En otras ocasiones, también es cierto, hay otros oscuros y egoistas intereses (obtención de favores, recogida de votos...). Como os digo, no se cuáles han sido las motivaciones concretas en este caso. Espero y deseo que hayan sido únicamente las primeras, pero no me corresponde a mí juzgarlas.

Lo que sí me interesa es señalar que, independientemente de las motivaciones, este tipo de actitudes son muy frecuentes y gozan lamentablemente de un gran prestigio social. Por ejemplo en la iglesia católica, o en la política. Curas y alcaldes que obvian cualquier proceso de reflexión compartida con otros, que ningunean cualquier valoración profesional y, desde su individualidad, deciden sobre el bien y el mal y se dedican al noble arte de "hacer el bien a sus conciudadanos". Naturalmente, lo que ellos entienden por hacer el bien. Que con demasiada frecuencia se convierte en daño, el cual dificilmente identificarán y que se revelará de formas insospechadas para ellos.

Tengo muchas heridas fruto de las peleas que he librado en muchas ocasiones contra este modelo.

Por eso me gustaría que de toda esta noticia saliese algo positivo. Tal vez aprendamos que ayudar a los demás no es "dar dinero a los pobres". Que cualquier ayuda a los demás ha de ser fruto de un proceso, de una valoración en la que se tengan en cuenta el montón de variables exógenas y endógenas que forman parte de una situación problemática. Aprovecho para señalar que hablo de procesos de ayuda, no de formas variadas de solidaridad o ayuda mútua.

Estos procesos de ayuda es una irresponsabilidad pretender construirlos desde la individualidad, al margen de las organizaciones o de los procesos formales que la sociedad y las instituciones han creado para desarrollarlos. En el caso de la política existen los servicios sociales públicos y en el caso de la iglesia católica hay incluso una institución específica creada para dicho fin: Cáritas. ¿Porqué a pesar de existir estos canales hay personas que prescinden de ellos y se lanzan individualmente a la tarea de intentar ayudar a los demás?

Pienso que estas personas creen que ayudar a los demás no es algo que tenga una especial dificultad. Total, consiste en escuchar los problemas y penurias de la gente (en el fondo es halagador que recurran a tí para ello), apiadarse de sus situaciones (cómo no conmoverse ante distintos dramas humanos, si además están presentados convenientemente) y desde la conmoción y conmiseración sentidas, proporcionar esa ayuda económica que el demandante te ha presentado como la solución a sus problemas y dramas.

Desde mi humilde opinión, creo que todo ésto ha sido un factor importante para que se haya dado este lamentable suceso. Tal vez si dejamos de una vez las formas caritativas e individuales de la acción social y las sustituimos por procesos de ayuda organizados basados en derechos y en justicia y no en la graciabilidad o en la pena, evitaremos que sucedan cosas como ésta y si este suceso nos hace reflexionar sobre ésto habrá servido para algo.

Porque erigirse en el salvador individual de algo o de alguien tiene muchos riesgos. Y para evitarlos, nada mejor que de algunos problemas se ocupe la tribu entera, y no un indivíduo suelto.

No se si lo conseguiremos. Mientras tanto, me atrevo a pedir a los que me habéis acompañado hasta aquí en este escrito, que no emitáis juicios sobre este asunto. Porque ayudar a los demás es fácil. Juzgar también. Sólo que a veces las cosas se complican y descubrimos que lo aparentemente fácil era muy difícil.

Es lo difícil de lo fácil.

lunes, 2 de diciembre de 2013

La inseguridad de los poderosos

El Gobierno acaba de aprobar el Anteproyecto de Ley de Seguridad Ciudadana. Por una parte, me parece una tropelía más de las que suelen perpetrar esta banda cuando los viernes se reúnen para hacernos un poco más infelices. Por otra me parece una norma que hacía mucha falta, incluso por lo que he leído se han quedado un poco cortos. Enlace.


http://www.flickr.com/photos/eneas/8219304540/
Sí, creo que se han quedado cortos. Y os lo explico, antes de que penséis que me estoy volviendo loco. Resulta que con esta Ley el Gobierno pretende "garantizar los derechos y libertades de los ciudadanos". Ahora bien, ¿de qué ciudadanos? 

Pues los de siempre. Las de los ciudadanos poderosos y enriquecidos. Los que mandan, los que no tienen que preocuparse por qué comeran mañana ni cómo calentarán sus casas. Los que saben que tienen asegurado el futuro de sus hijos, que podrán estudiar con los mejores medios y ocuparán trabajos bien remunerados sin tener que demostrar más mérito que el dinero de sus padres. 

Y a los demás... ¿quién nos defiende de toda esta poderosa gentuza? ¿Qué Ley garantiza los derechos y libertades de los desposeídos de casi todo? ¿Qué Leyes aseguran los supuestos derechos constitucionales de todos a la vivienda, al trabajo, a unos medios dignos de subsistencia? ¿Cómo nos protegemos de los verdaderos delincuentes, que nos están robando, esquilmando y extorsionando?

Porque hoy los delincuentes ya no atracan bancos, los dirigen. No van encapuchados, les sobra con sus trajes y corbatas de seda para asegurarse su botín particular con el dinero de todos. No portan armas, les basta con asegurar sus alianzas con los políticos, encantados de aprobar normas con las que asegurar sus mútuos privilegios.

Tampoco los drogodependientes consumen ya heroina en sucias jeringuillas, ni amenazan con ellas a los viandantes para conseguir el dinero con el que financiar su adicción. Hoy, henchidos de la mejor cocaina, nos atracan a todos desde los cargos que ocupan en los consejos de administración de las empresas que dirigen nuestras vidas. O con la falsa euforia y seguridad que les proporciona esa mezcla de poder y droga, toman en sus cargos políticos las decisiones que nos encarecerán un poco más la luz, la vivienda, los bienes de primera necesidad, al tiempo que esquilman nuestras cada vez más exiguas rentas.

Violadores y pederastas campan a sus anchas, en este mundo globalizado, viajando en primera clase hacia países donde cometerán sus fechorías mientras a la vuelta se les aplaudirá como adelantados empresarios, capaces de hacer negocios en lo que llaman economías emergentes.

¿Qúe Ley de Seguridad Ciudadana nos protege a todos de estos delincuentes, de estos drogodependientes, de estos pederastas? De estas alimañas que no están en las calles, sino en los hoteles de cinco estrellas, en los grandes chalets de urbanizaciones de lujo y en los ostentosos pisos del centro de las ciudades.

La Ley que acaban de aprobar no. No nos defiende del ataque a nuestros derechos y libertades que toda esta gente está haciendo.

Wang me recuerda que todo esto sucede cuando se pone al zorro a guardar a las gallinas. Pues a mí este gallinero me está pareciendo cada vez más inseguro.


miércoles, 27 de noviembre de 2013

Mentiras privadas

Hoy quiero dejar por un momento la política social y los servicios sociales y voy a centrarme en un aspecto que no suelo tocar en el blog. La relación entre los profesionales del Trabajo Social y los usuarios. O al menos, en algunos aspectos de esta relación.


Lo hago porque ultimamente he tenido alguna conversación profesional que me ha preocupado. Me refiero a los comentarios, demasiado frecuentes a mi juicio, sobre que los usuarios nos mienten y sobre lo desagradecidos que suelen ser. Este tipo de comentarios, aunque puedo entenderlos, generan en mí bastante desagrado. 

Sé que la crisis ha llevado hasta nuestros servicios una gran presión asistencial (no sólo por el incremento de las necesidades ciudadanas, también por los modelos que se prestigian y se potencian para subvenirlas) y muchos profesionales se sienten desbordados, generándose las condiciones para que se den este tipo de comentarios. Pero no puedo evitar considerarlos tremendamente injustos. Injustos para los usuarios e injustos para nuestra profesión, a la que creo que no aportan nada bueno.

El contexto asistencial es uno de los contextos más extendidos en nuestra profesión. En la actualidad ha fagocitado muchos servicios y profesionales, viéndose convertidos en máquinas expendedoras de diversos recursos (las más de las veces prestaciones económicas, no nos engañemos) ante diferentes situaciones de necesidad para las que se tiene demasiado poco tiempo para analizar y valorar.

Pero la extensión de este contexto no tiene en la crisis la única explicación. Tradicionalmente muchos profesionales han visto en él un refugio para hacer un tipo de Trabajo Social que consideraban eficaz y para el que no eran necesarios poner en juego demasiadas habilidades o destrezas técnicas. Del mismo modo se ha llevado en ocasiones demasiado lejos la construcción del modelo de provisión social basado en los análisis necesidades-recursos.

Hemos olvidado frecuentemente el resto de contextos profesionales y las claves de la relación de ayuda han quedado limitadas, constreñidas a la dimensión asistencial. Es desde aquí donde surgen estos comentarios a los que me refiero.

La mentira. Oigo (y hasta leo en ocasiones) que los usuarios intentan engañarnos, falsear sus datos y situaciones para acceder a las prestaciones que manejamos. Los profesionales que defienden esto se están traicionando por el contexto asistencial en que se desenvuelven y desde ahí interpretan como interés manipulativo situaciones y actitudes que poco tienen que ver el engaño y la manipulación. Más bien tienen que ver con mecanismos relacionales y psicológicos que las más de las veces se producen por los mecanismos de defensa y estrategias de supervivencia psicológica que las personas en situación de sufrimiento y necesidad deben construir.

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Personalmente puedo decir que he visto como me mentían en muchas ocasiones. Además del asistencial, estas mentiras son muy frecuentes en el contexto cohercitivo, por ejemplo. En bastantes de esas ocasiones, me han engañado. Lo que sí puedo decir es que nunca me he sentido traicionado.

¡Por supuesto que la mentira y el engaño me han enfadado! Pero es nuestra obligación trascender este enfado y, con paciencia, ir deconstruyendo el complejo artificio psicológico que la persona ha construido. Comprendiendo sus razones, legitimándolas desde su malestar, analizando las relaciones de poder en que se producen, contextualizándolas dentro de una historia personal y familiar llena de necesidades insatisfechas sobre las que la persona ha ido desarrollando los mecanismos de defensa que le han llevado a utilizar la mentira con nosotros.

La mentira de los usuarios no es una traición. Tan sólo (nada más y nada menos) señala un lugar desde donde construir una verdadera relación de ayuda, mucho más profunda (y eficaz), que los juegos de policías y ladrones que desde el contexto asistencial nos imaginamos con los usuarios.

En cuanto a lo del agradecimiento de los usuarios para con nosotros, cada vez que lo oigo no puedo evitar pensar en las carencias técnicas y metodológicas (y probablemente personales) de los profesionales que las profieren. Pero como la entrada se hace muy larga, dejaré este tema para futuras ocasiones.

Mientras, os dejo con este poema de Shakespeare, que siempre me ha parecido una deliciosa forma de definir los aspectos relacionales de las mentiras:

 Mi vida, ¡cuánto te quiero!
dijo mi amada y mentía.
Yo tambien mentí: -Te creo.
Te creo, dije pensando:
así me tendrá por niño.
Mas ella sabe mis años.
Si dos mentirosos hablan, 
es la mentira inocente,
se mienten, mas no se engañan.

Poema que el cancionero apócrifo de Machado refleja de esta manera:

Oí decir a un gitano:
-se miente, más no se engaña
y se gasta más saliva
de la necesaria.
Cuando dos gitanos hablan
es la mentira inocente:
se mienten y no se engañan.

Hasta la próxima.


viernes, 22 de noviembre de 2013

Caleidoscopio del XII Congreso del Trabajo Social

La deformación profesional que sufrimos nos hace que, una vez que terminamos una actuación, evento o intervención dediquemos un tiempo a evaluarla. Pues aquí va mi evaluación del XII Congreso del Trabajo Social, recientemente celebrado en Málaga.



http://www.flickr.com/photos/lucynieto/sets/72157604220705486/
Cuando me puse a la tarea de reflexionar para escribir sobre lo que había sido este Congreso mi primera sensación fue de complejidad. Han sido muchas las ideas, matices, experiencias y  sensaciones que he experimentado en el Congreso, y configuran una realidad caleidoscópica, llena de aristas y luces cambiantes.

Siempre es bueno dejar pasar un tiempo para realizar este tipo de evaluaciones. Los ecos (que no las voces), se van apagando y permiten un análisis más real y ajustado. Por otra parte, dejar pasar este tiempo tiene una ventaja innegable. Otr@s compañer@s han realizado y compartido sus evaluaciones y, como suele suceder, coincidimos en sus trazos fundamentales.

Así que, aún a riesgo de que consideréis que le estoy echando un poco de cara, os enlazo las evaluaciones que más me han gustado y así me ahorro un trabajo.

Por un lado la reflexión de Eladio, en su Blog  "La raíz de la mandrágora", que suscribo casi por completo, en especial su acertado análisis de las presencias y ausencias en el Congreso, así como de las aportaciones fundamentales.

Por supuesto, Israel Hergón, que hace una crónica bastante fiel a lo desarrollado y puntúa en los momentos más significativos. 

Naturalmente, Nacho Santas, apasionado y certero como él sólo para señalar de manera proactiva los caminos que la experiencia del Congreso sugieren.

Y por su frescura y cómo transmite la ilusión por su primer Congreso, podéis consultar el blog de Tania.

Si queréis enteraros cómo ha ido el Congreso, no dudéis en leer estas referencias imprescindibles. 

Pero seguro que unos lectores comprometidos como vosotros querréis profundizar un poco más, ¿verdad?. Pues nada, podéis visitar la web del Congreso, donde encontraréis suficiente información, en especial dos documentos:
  • las Reflexiones elaboradas por el comité científico y leídas en el acto de clausura.
En especial éste último documento me parece un instrumento imprescindible para guiar nuestra profesión en estos tiempos de incertidumbre. A mi juicio estas conclusiones tienen tres aspectos fundamentales y recogen reivindicaciones históricas para el Trabajo social.

  • Por un lado, la necesidad de una Ley de Servicios Sociales que desarrolle un Sistema de Servicios Sociales garantizado constitucionalmente.

  • En segundo lugar, que las necesidades de las personas y sus derechos están por encima de cualquier otra realidad.

  • Por último la estrecha relación entre movimientos sociales y Trabajo Social.

Os invito a que las leais enteras, pues como digo van a ser referencias imprescindibles en los próximos años.

Por lo demás, como ya había previsto, el Congreso me dejó luces y sombras. A nivel más "micro", en el contacto entre profesionales, ninguna duda. Un magnífico ambiente, mucha complicidad y compromiso. Pero a niveles más "macro", ciertas cuestiones me dejaron un regusto contradictorio. Una organización con un gran esfuerzo y mucha gente trabajando enormemente (se notaba), pero con algunos fallos que hicieron incómodas algunas cuestiones. Un buen diseño de contenidos, pero cierta confusión a la hora de desarrollarlos. Mucha participación, pero la profundidad de bastantes ponencias podía haber sido mayor. Bastante consenso, asistencia y unión, pero con cierta sensación de que el Congreso no había terminado de ser un Congreso de todos.
  
En todo caso, un buen Congreso y una experiencia inolvidable. Una experiencia que no relataría completa si no nombrase a la Blogotsfera. Poco a poco, es un proyecto espontáneo que se ha ido asentando. Cada vez son más los trabajadores sociales que se animan a tener un Blog y poco a poco, nos vamos agrupando en este espacio virtual que hemos llamado Blogotsfera.

La Blogotsfera ha tenido su hueco en el Congreso. Como colectivo, hemos elaborado una comunicación, que presentamos en un Taller. Pretendíamos mostrar las posibilidades de las redes sociales y de las nuevas tecnologías para la intervención social y animar a los profesionales a utilizarlas en su actividad. A mí me tocó hablar sobre los blogs y mostrar sus posibilidades. Os dejo con el vídeo que preparé para desarrollar esta parte en el taller.

Espero que después de verlo os animéis a esta aventura digital. ¡Hasta Wang se lo está pensando...!