jueves, 11 de diciembre de 2014

Observando, que es gerundio...

Acabo de volver del XI Observatorio de Servicios Sociales y Política Social que el Colegio Profesional de Trabajo Social de Aragón ha organizado. Una actividad que dicho colegio desarrolla todos los años para analizar y pulsar la situación de los servicios sociales en nuestra comunidad autónoma.


Este año el colegio me ha invitado a exponer, junto a otros profesionales de diversos ámbitos, nuestra mirada sobre la difícil realidad que afrontamos hoy en nuestro sistema. Primero nos hemos introducido en el tema con una conferencia marco bajo el título de "Servicios Sociales en la encrucijada: lectura de la realidad actual" y que ha desarrollado de manera muy acertada Germán Jaraiz, un profesor de la Universidad Pablo de Olavide, en Sevilla. 

Tras ella hemos desarrollado en una mesa redonda, como digo compuesta por varios profesionales, diferentes miradas sobre la situación de los servicios sociales en Aragón y sobre las diferentes alternativas a dicha situación. 

Y para terminar, un trabajo en grupos entre todos los asistentes donde se ha intentado debatir sobre los temas propuestos y llegar a la difícil tarea de concretar algunas propuestas.

El contenido me ha parecido muy interesante y el debate muy enriquecedor. Pero más allá de los contenidos, por mi parte creo que cada vez son más necesarios encuentros de este tipo. Lugares donde podamos salir del hacer y dedicarnos al pensar. Reflexionar, debatir, dialogar, intercambiar experiencias, compartir intuiciones, ideas... me parece cada vez más una tarea ineludible. Hoy, cuando la realidad nos demanda sobre todo actuar, tenemos que compatibilizarlo más que nunca con la reflexión y la teorización.

A mi juicio, la principal conclusión del Observatorio, y donde creo que hemos coincidido mayoritariamente, ha sido en la necesidad de redefinirnos. Reformular nuestros viejos paradigmas, que tal vez ya no sean útiles, y construir a partir de ellos (sin negarlos) un nuevo modelo de servicios sociales y del trabajo social dentro de los mismos. Es necesario generar un nuevo discurso que podamos contraponer a los discursos neoliberales y deshumanizadores actuales, al tiempo que constituya nuestra propuesta para la sociedad que queremos.

Tengo la sensación de que, poco a poco, va cristalizando ese nuevo modelo, ese nuevo discurso. Vamos teniendo algunas certezas, muchas dudas y no pocas discrepancias... Por eso planteo que es más urgente que nunca que nos pongamos a dialogar y reflexionar. Construir ese nuevo discurso que nos permita generar un nuevo modelo de servicios sociales, reitero lo de nuevo, pero desarrollado a partir de los modelos anteriores a los que ya no es posible ni conveniente volver.

En fin, como digo, el Observatorio ha sido una oportunidad para todo ello, para salir de la dificil tarea que tenemos en lo cotidiano y respirar el aire fresco que supone compartir y reflexionar entre profesionales. 

Las conclusiones más concretas supongo que las colgarán en la página web del Colegio . Por mi parte, por si alguien le interesa, cuelgo aquí el vídeo con las diapositivas de mi aportación al debate.


sábado, 6 de diciembre de 2014

Más trincheras

Ultimamente no puedo escribir demasiado en este blog, pues varios proyectos me tienen ocupado en otros menesteres. En uno de ellos, Wang y yo hemos podido compartir unas jornadas con profesionales y técnicos del Area de Servicios Sociales del Ayuntamiento de Logroño. Toda una experiencia de la que quiero compartir con vosotros algunos retazos.



Como digo, hemos tenido la oportunidad de conocer a un montón de profesionales que trabajan en este Área, y reflexionar con ellos sobre nuestro quehacer diario en esto del trabajo social, los servicios sociales y la intervención psicosocial. Bueno, la verdad es que Wang no ha participado demasiado pues ha preferido dedicarse a hacer un poco de turismo, que la zona bien lo merece.

La verdad es que la experiencia no ha podido ser más satisfactoria. He presenciado cómo estos profesionales enfrentan su quehacer diario, las problemáticas a las que se enfrentan, sus dudas y sus certezas. Pero por encima de todo, he quedado gratamente impresionado por su compromiso y su motivación.

Son tiempos duros para la intervención social. El Sistema de Servicios Sociales, especialmente la atención primaria, se encuentra fuertemente amenazado por varias circunstancias. Hacer frente a toda la problemática social que se ha generado como consecuencia del modo en que la ideología neoliberal actúa en estos tiempos de crisis no es sencillo. Los problemas se multiplican, los instrumentos con los que contamos son cada vez más escasos y los profesionales andamos cada vez más confusos y cansados.

Uno de mis temores es que los profesionales nos agotemos y caigamos derrotados. Nada más lejos de cómo estos profesionales se sitúan ante el trabajo. Cansados y confusos, como todos, pero llenos de proyectos, de ganas de mejorar su intervención, comprometidos sobre todo con los últimos destinatarios de su acción: las personas y familias que lo están pasando mal, por una razón u otra, en estos tiempos extraños.

Hemos reflexionado sobre algunos de los barros en que nos estamos envolviendo en estas trincheras de la acción social que ocupamos y hemos compartido algunas alternativas a los principales dilemas y amenazas que nos acechan. De algunas de ellas hemos hablado en este blog en varias ocasiones y de otras, tal vez más adelante encontremos el tiempo y las ganas de desarrollar y compartir con vosotros lo que hemos reflexionado.

Hoy no toca. Tan sólo quiero en esta breve entrada reconocer el trabajo de todos estos profesionales. Trabajadoras sociales, psicólogas, educadores, directivos... resistiendo el temporal, reinventándose y redefiniendo su intervención. Y darles las gracias por comprometerse y embarrarse en esas trincheras de Logroño.

¡Bien por vosotr@s!


viernes, 21 de noviembre de 2014

Mensajes fáciles.

Nos van los mensajes fáciles. Que no requieran demasiado esfuerzo para comprender, para analizar o que nos hagan reflexionar demasiado. Ideas rápidas que confirmen nuestra visión del mundo, sin atrevernos a contraponer otras miradas.


Os voy a contar una anécdota al respecto. El otro día en el trabajo, tras una larga mañana de reuniones y diversas gestiones, un responsable político me reclama a su lado y me muestra un mensaje de wasap (o como diablos se llame), que acababa de recibir y en el que se venía a decir, más o menos, que los inmigrantes están acumulando todas las ayudas sociales, las cuales se les conceden indiscriminadamente y en detrimento de personas nacidas en España, que ven así perjudicados sus derechos. Quería saber mi opinión al respecto.

El tufillo racista y xenófobo del mensaje estuvo a punto de provocar que le mostrara a mi interlocutor algún otro mensaje que tengo donde se manifiesta con total rotundidad que todos los políticos son unos corruptos  pero afortunadamente me contuve y decidí intentar explicarle cómo funcionan esas "ayudas sociales" a las que se refería el mensaje.

No pude saber si este responsable político daba mucha o poca credibilidad al mensaje, ni si mis explicaciones servían o no para que comprendiera algo más el sistema de servicios sociales, sus objetivos, dificultades y carencias, o si le estaba aportando algún punto de vista diferente que le llevara a cuestionarse sus ideas y sus certezas.

Al menos, él había preguntado, lo cual indica, si no alguna duda, sí al menos la posibilidad de generarla. Pero me quedé pensando en la cantidad de gente que recibe este tipo de mensajes y los da por buenos sin más. Y, sobre todo, la facilidad y rapidez con que se propagan por el mundo digital.

Y es que este tipo de mensajes, tan rápidos, tan breves y fáciles de consumir, encuentran un vehículo perfecto en las redes sociales. Hoy todo es tan rápido que es dificil escapar a la inmediatez de estos mensajes y así, sin darnos cuenta, van configurando nuestra visión del mundo y nuestras actitudes.

El antídoto es complicado, pues requiere un proceso mucho más lento y trabajoso. Leer, reflexionar, argumentar, dialogar... ¿quién tiene tiempo para todo eso?


viernes, 7 de noviembre de 2014

Con las manos en la masa

Dentro de la vocación de servicio con el que nació este Blog y próximos a presenciar la vertiginosa carrera a la que muchos políticos se van a lanzar para perpetuarse en el poder, Wang y yo nos atrevemos a dar una serie de consejos a los que accedan al mismo en las próximas elecciones. Y como de todos es sabido que la culpa de todos nuestros males la tiene la desmesurada dimensión del Estado, estos consejos estarán centrados en cómo reducir el mismo para que la iniciativa privada pueda beneficiarse y ejercer así su labor salvífica de nuestra economía.

 

Receta para externalizar o privatizar un servicio público:

Esta receta va dirigida a políticos tanto profesionales como aficionados, pues su aplicación no revierte demasiada dificultad ni requiere de altas capacidades, habilidades o formación. Pueden así aplicarla desde concejales en los más pequeños ayuntamientos hasta ministros con elevadas responsabilidades.

  • En cuanto llegue al poder, elija usted un servicio público cualquiera. Tal vez le deleguen la gestión de alguno. No se preocupe si no entiende demasiado del tema, quien se lo ha delegado confía en usted. Aproveche el entusiasmo que siente al haber sido elegido (sin duda se lo merece) y dé sus primeras órdenes: que le traigan con urgencia los datos del servicio. 

  • Este paso es importante: durante el estudio del servicio, ante todo, no consulte con ningún técnico. Probablemente le contaminarán con sus ideas y al fin y al cabo, es usted el responsable de que las cosas funcionen como es debido.

  • Si lo hace bien, y consigue mantener a raya a los técnicos que trabajan en dicho servicio (si es necesario sea descortés con ellos, recuerde que son unos abyectos funcionarios, están acostumbrados y es una manera de remarcar su necesaria autoridad), en poco tiempo (no más de 5 ó 10 minutos), habrá llegado a un correcto diagnóstico. Probablemente del tipo: esto no puede continuar así.

  • A estas alturas estará fatigado. Aproveche para descansar unos meses y despreocuparse del importante asunto que tiene entre manos. Vaya a un congreso de su partido o simplemente, no haga nada.
  • Tras el merecido descanso retome con entusiasmo la tarea para la que ha sido designado y aborde el siguiente paso: la planificación. Debe ser absolutamente inexistente. No planifique nada, no prevea nada. La planificación y la previsión hace que surjan menos problemas y los políticos están para resolver problemas. 
  • Tome por tanto las decisiones en la gestión del servicio absolutamente al azar. Presupueste al tun-tun (total, nadie cumple luego los presupuestos), cargue los gastos de sus necesarias gestiones al servicio... y sea imprevisible. Que nadie sepa su estrategia.
 
  • Cada vez que le pidan que tome una decisión, hágalo sin dudar, que se note que sabe qué es lo que está haciendo. Lo importante no es acertar con la decisión, sino la seguridad con que es capaz de tomarla.
  • Cuando vayan surgiendo los problemas en la gestión, échele siempre la culpa a algún técnico. Recuerde que son unos vagos y aprovechados que sólo funcionan bajo presión y con mano dura.
  • Reciba las quejas de algún ciudadano y legitímelas en todo momento. Sobre todo si son cercanos a usted (políticamente hablando, claro). Vuelva a aprovechar para desprestigiar a los técnicos pero deje tranquilo al ciudadano: usted va a ocuparse personalmente del problema y las cosas van a cambiar mucho.
  • Naturalmente no debe ocuparse nunca de ningún problema. Pero tiene que intentar que tampoco lo hagan los técnicos (lo harán mal sin duda). Para ello dificulte cuanto pueda su labor. Deje sin firmar documentos, no acuda a reuniones y sobre todo, remarcamos, sobre todo: NO LES ESCUCHE NUNCA.


  • Tómese otros meses de descanso. No sabía usted que la gestión política era tan dura. Aproveche esta vez para pedir alguna compensación, en forma de remuneración económica. Es una manera de reconocer su preciada labor.

  • Si ha seguido bien todos los pasos, cuando vuelva al servicio estará ya lo suficientemente deteriorado y maduro como para tomar una decisión: la situación es insostenible y debe privatizarse, que así se gestionará de una manera más eficaz y eficiente. (No sabe muy bien la diferencia entre las dos palabras, pero la ha oído en un cursillo de su partido y nota que queda bien utilizarlas).

  • Pero no se precipite. Es muy importante que ahora se tome otro descanso mientras el servicio sigue deteriorándose. Un mayor deterioro le dará justificación para tomar la decisión de privatizar de una manera urgente. 
  • Tras pasar unos meses, estaremos llegando al final. Ahora debe usted hablar con alguna empresa (eso sí, que sean de su confianza. Si no conoce alguna en su partido le recomendarán sin duda un par de ellas). Ellos le asesorarán cómo tramitar el expediente (no lo haga con los técnicos de su servicio, no vayan a ponerse en contra) de una manera rápida y de apariencia legal. Si hay alguna cosa dudosa, siempre podrá decir que era urgente y si algún técnico se opone, obvie sus informes.
  • Casi está acabando. Acepte la invitación de los responsables de la empresa y diviértase.
  • Por último recuerde: no debe evaluar nunca el servicio privatizado. Si necesita datos sobre su eficacia, la propia empresa se los podrá proporcionar.
  • P.D. IMPORTANTE. Intente no utilizar demasiado la palabra privatización. Queda mucho mejor externalización, y le permite explicar a la ciudadanía que la responsabilidad pública del servicio está garantizada.

     Esta receta ha sido comprobada en numerosas ocasiones por múltiples políticos de diferentes partidos y orientaciones, por lo cual nunca falla. Y lo más importante: es legal.

      Además, existe otra versión de esta receta bajo el nombre "In troubled waters fishermen gain", pero está en inglés y ya se sabe que los idiomas son uno de los principales déficits de los políticos españoles.



jueves, 30 de octubre de 2014

El perdón y la nada

En un nuevo ejercicio de cinismo sin precedentes, la clase política gobernante en España se ha lanzado a pedir perdón y nos han trasladado sus disculpas por algunas de sus actuaciones y decisiones. La manera en que lo han hecho me parece, por encima de cualquier otra cosa, una nueva y desalmada agresión.



Ya hablé de este tema en este blog hace más de un año, en la entrada "Me he equivocado...", a raíz de otra pseudopetición de perdón que realizó nuestro presidente del gobierno. Pero como, al parecer, Rajoy no se lee mis entradas, y dudo que nuestros gobernantes conozcan mi blog, me veo obligado a reiterar algunas de las reflexiones y recordar algunos de los planteamientos que allí hacía.

Analizaba entonces que la petición de perdón del presidente adolecía de algunos elementos, en especial el genuino reconocimiento, la exoneración y la reparación. Y que sin ellos, las peticiones de perdón no son sino nuevas agresiones, que no producen sino una nueva revictimización de los destinatarios.

Pues bien, al no leer mi blog, los últimos episodios en que nuestros gobernantes han pedido perdón han vuelto a caer en los mismos errores que entonces. Llamativas en este sentido han sido las peticiones de perdón de Esperanza Aguirre y de Mariano Rajoy ante la multitud de escándalos de corrupción que les han salpicado, cometidos por sus otrora amigos, fieles escuderos y servidores.

Un reconocimiento parcial, teñido de uno de los niveles de negación que describen Trepper y Barret (1989) en su conceptualización de los mismos: la negación de la conciencia. Pido perdón... pero... "yo no sabía nada, por tanto no soy responsable de nada, y no hay nada más que entender". Y ya está. Ni un  triste amago de compensación o intento de reparación del daño causado. El perdón y la nada.

Como perdón, y nada más después, han esgrimido por ejemplo, el consejero de sanidad de Madrid, por sus declaraciones sobre la auxiliar infectada por el virus del Ébola; o la asidua de este blog, la presidenta del Círculo de Empresarios, con sus declaraciones sobre la contratación de mujeres embarazadas; o el alcalde de Toledo, por sus machistas manifestaciones sobre mujeres y ascensores.

Y si llamativo es el contenido de las peticiones de perdón, qué decir del lenguaje no verbal de sus protagonistas. Observadlo. No se puede trasmitir más falsedad: diversos tics, lectura textual y apresurada, memorización, mirada ausente, desgana y nerviosismo...

Yo, de verdad, prefiero que no pidan perdón. Y mucho menos, por los escándalos de corrupción que les envuelven. Preferiría que lo hiciesen por sus inhumanas y crueles políticas, cargando sobre los débiles y desprotegidos las consecuencias de la crisis y permitiendo el enriquecimiento, tan legal como inmoral, de los poderosos. Y que lo reparasen.

Pero eso es otra historia. De momento nos quedamos con el perdón y la nada. Un amargo perdón y una insufrible nada.

Y como hablan del perdón, os dejo con unos maestros, estos sí, Les Luthiers y su "Perdónala"