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jueves, 10 de enero de 2019

Política social paliativa

No espero grandes cambios en la política social de este país. Gobierne quien gobierne, hay una mezcla de pragmatismo y miedo al cambio (junto con una generosa ración de mantenimiento de una situación en la que unos privilegiados viven mejor que bien) que hace imposible que se solucionen los grandes problemas que atraviesa nuestra sociedad.


Antes de que me linchéis por pesimista o, peor aún, abandonéis la lectura de este blog y os vayáis a llorar a cualquier rincón, intentaré explicarme.

La pobreza, la desigualdad, la falta de vivienda, el desempleo... son técnicamente posibles de eliminar en una sociedad desarrollada y rica como la nuestra. Con reformas bastante profundas, sí, pero no demasiado complejas de implementar.

Y ese es verdaderamente el problema. No nos van las reformas demasiado profundas y en el delicado equilibrio entre los privilegiados, los que temen perder lo poco que tienen y los que no tienen nada, la balanza se inclina siempre hacia los primeros, perjudicando siempre y gravemente a los últimos.

Ello es la explicación de que durante la crisis que estamos atravesando las clases ricas hayan incrementado sus beneficios mientras las clases más pobres han visto cómo se ha ido deteriorando su ya precaria situación, con el consiguiente incremento de la brecha de desigualdad en la sociedad.

Es una versión del conocido "efecto Mateo", de acumulación de bienes:

 "Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más;
pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado".
                                                                    Evangelio según San Mateo 13:12
y que explica que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres, más pobres.

Sin el miedo y sin la presión homeostática que los privilegiados ejercen en la sociedad (a través de la política, la banca y los medios de comunicación principalmente) no se explica cómo en nuestro país problemas que tienen fácil solución sigan campando a sus anchas.

Por ejemplo, la pobreza. Creo que a estas alturas nadie puede discutir que una Renta Básica Universal solucionaría de raíz el problema. Y desarrollarla sería mucho más simple que mantener la cantidad de subsidios más o menos condicionados que gestionamos. ¿Por qué no se pone en marcha, entonces?

Los que seguís este blog ya sabéis que considero que instaurar la RBU en nuestro país es una utopía tan irrealizable como conseguir la paz mundial o erradicar el hambre en nuestro planeta. Y por razones parecidas: a los poderosos no les interesa, a la mayoría de la población les asusta los efectos que tendría y los que más se beneficiarían... esos no tienen ni voz ni voto en estos asuntos.

Como mal menor, tenemos que aceptar esos subsidios condicionados, intentar que lo sean cada vez menos y que estén más armonizados a lo largo del territorio. Objetivos también difíciles de conseguir, sobre todo para lograr únicamente paliar el problema sin llegar a solucionarlo nunca.

Otro ejemplo, la falta de vivienda. Aquí el tema es también sencillo. ¿Cómo explicar que habiendo más viviendas vacías que familias necesitadas de ella, siga existiendo un problema de alojamiento? Pero las reformas a realizar para erradicarlo requieren modificar el concepto de propiedad privada, evitar la especulación con un bien de primera necesidad o desarrollar una fiscalidad radicalmente distinta a la que tenemos. 

Imposible, por tanto. Nos queda tan sólo la timorata política de vivienda que tenemos, donde el derecho a la misma queda sin garantizar y que tantos problemas de desahucios sin solución ni alternativas está causando.

Y podríamos seguir con el desempleo, que requeriría de una reforma laboral que invirtiera (oh, anatema) la maximización del beneficio empresarial en pro del aumento de los salarios y mejora de las condiciones laborales.


Nada de ello es posible. Abandonad por tanto cualquier esperanza de que los grandes problemas se solucionen. Y los que tengan fuerzas y ánimo para ello, que recuerden la frase de August Murri

Si podéis curar, curad.
Si no podéis curar, calmad.
Si no podéis calmar, consolad.

Porque calmar y consolar es el único margen posible para la política social. Del mismo modo que en medicina se han desarrollado los cuidados paliativos y la atención para pacientes terminales, o en drogodependencias se han desarrollado los programas de reducción de daños, en política social hemos de orientar las acciones considerando los problemas como crónicos e irresolubles. 

Bienvenidos a la época de la política social paliativa.

miércoles, 11 de octubre de 2017

Coplas a la muerte de un sistema

Hace unos meses declaré la muerte del Trabajo Social, en una entrada que generó alguna polémica, pero con la que sólo pretendía reflexionar sobre algunas de nuestras prácticas...  Hoy escribo para certificar la defunción del Sistema Público de Servicios Sociales. Descanse en paz.


"La muerte de Santa Inés" Julio Romero de Torres (Wikimedia Commons)


Han sido años de recortes en el Plan Concertado, de ninguneo e invisibilización calculadas, de políticas para convertirnos en  un sistema residual encargado de parchear las deficiencias del resto de sistemas, de sobrecarga y reducción de funciones para dedicarnos sólo a pagar las facturas de los pobres mediante unas prácticas benefico-asistenciales que solo sirven para realizar una exigua, indigna e ineficaz transferencia de renta...

Y ya no ha podido resistir más.  Su debilidad intrínseca (asentado en una desvencijada, descoordinada y maltratada administración local) le ha impedido sobreponerse a tantos ataques. Murió. Fin. Sin vuelta atrás.

No voy ahora a desgranar responsabilidades. Lo dejo tal vez para otra ocasión. Tan sólo pretendo con esta entrada desvelar esta muerte y aportar pruebas de la misma, porque cuando muere alguien tan pequeño y deteriorado como era ese sistema, suele pasar desapercibido y hay gente que todavía puede pensar que sigue vivo cuando no es así.

Si lo estuviera, hubiera reaccionado contra la última cuchillada que el Gobierno de la Nación le ha asestado con la aprobación definitiva del Decreto que ha perpetrado  para regular el llamado Bono Social Eléctrico.
 
La Asociación Estatal de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales (AEDGSS) (una de las pocas entidades, sino la única, que ha intentado hasta el final defender el sistema para que no muriese) lleva tiempo alertándonos sobre las consecuencias que esta aprobación iba a tener.

Ya hablamos de ello hace unos meses, así que no me reiteraré. Os remito a la entrada en la que lo hice o a la última de la compañera Belén, en la que también habla de ello.

Ni los políticos que gestionan  el sistema ni los técnicos que trabajamos en él han levantado su voz contra este ataque sin precedentes, probablemente porque a muchos de ellos este tipo de política social les parezca la más adecuada. Otros muchos, tal vez porque ya no tengan fuerzas para oponerse.

En cualquier caso, la consecuencia es la misma: tanto unos como otros estamos gestionando y trabajando en un cadáver putrefacto. Abono de políticas sociales tan putrefactas como él mismo.

Y que esta Copla II, de Jorge Manrique, le sirva de homenaje:

Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera
más que duró lo que vio,
pues que todo ha de pasar
por tal manera.


lunes, 2 de febrero de 2015

Un gracioso Presidente



Acabo de ver los últimos vídeos promocionales del Partido Popular en los que, sin pudor ninguno, se dedican a glosar lo magnífico de su gestión. ¡Todavía no salgo de mi asombro!


https://www.flickr.com/photos/rahul3/
En las formas, los vídeos no hay por dónde cogerlos: rancios, cutres, con actores y protagonistas insoportablemente engolados…  Supongo que todo se deberá a alguna estrategia publicitaria, no puede haber tanta necedad. Yo no soy experto en la materia pero, personalmente, me causan arcadas. Y a Wang también, sólo que las suyas están ocultas por las carcajadas. Aún se está riendo, mi amigo…

Mucho más allá de estas formas, en cuanto al contenido, la verdad es que estos vídeos se descalifican por sí mismos. Es tal la autocomplacencia, la falta de autocrítica y las mentiras que los componen que no resisten ningún análisis. Pura y dura propaganda. No hay más. Sólo la liturgia preelectoral y la crueldad que proporciona el haber gobernado tanto tiempo para los poderosos, puede explicar una campaña así.

Pero de entre todos estos vídeos, uno me ha parecido especialmente paradigmático. Es el del Presidente del Gobierno dando las gracias a diversos ciudadanos, incluso visitándoles en sus viviendas o negocios. No voy a negarle valor al Presidente. Hay que tener mucho cuajo para protagonizar un anuncio así, después de la trayectoria que ha llevado durante su Gobierno.

Os resumo, desde mi punto de vista esta trayectoria:
            Primero, LA MENTIRA: “no se recortará ni en sanidad, ni en educación ni en pensiones públicas”. Entre otras muchas mentiras, ésta puede servirnos de ejemplo de su actitud.

            Segundo, LOS RECORTES: De manera cruel y despiadada, sin poner la mirada ni un momento en los ciudadanos de a pie (los mismos que a los que ahora da las gracias), ni en los sufrimientos que les estaba causando, ejecutó su política de destrucción de derechos sociales con la precisión de un neurocirujano. La casi destrucción  de la Ley de Dependencia, el incremento de las tasas de pobreza o el vertiginoso aumento de la desigualdad son muestras de todo ello.

            Tercero, EL PERDÓN: De modo tangencial, obligado por los daños colaterales que el descubrimiento de la corrupción en su Gobierno y en su partido le estaban haciendo, realiza unas peticiones de perdón tan falsas que sólo producen más dolor. Ya comenté estas peticiones en las entradas de este blog: “El perdón y la nada” y “Me he equivocado…”, y lo que escondían estas peticiones de perdón.

            Cuarto, EL AGRADECIMIENTO: Dar las gracias a los ciudadanos por aguantar los padecimientos que su propia política les ha causado sólo tiene una palabra: cinismo.

            Quinto EL MENSAJE: “La crisis ya ha pasado”. “Yo os he sacado de ella de la única forma que podía hacerse”. “Votadme de nuevo o ateneos a las consecuencias”.

Torpemente, pero en este blog intentamos con frecuencia deconstruir los hechos, las palabras y los mensajes con que la ideología neoliberal nos bombardea. Y estos vídeos condensan la mayoría de las esencias de esa ideología, así que no podíamos dejarlos pasar.

Porque, a pesar de lo que nos cuentan, la lucha contra la crisis se pudo hacer de muchas formas.  Y este gobierno apostó por una muy concreta, la que es propia de su ideología. Se trata de crear las condiciones y potenciar las estructuras que permiten que los ricos y poderosos aumenten su riqueza (véase la reforma laboral, la disminución de las prestaciones sociales o el incremento de las privatizaciones, entre otros ejemplos). Según ellos, este aumento en la riqueza proporcionará, en una especie de ósmosis social y principalmente a través del empleo, el aumento del nivel de vida de toda la población.

El problema es que no funciona. La acumulación de riqueza en cada vez menos manos sólo se traduce en una pobreza cada vez mayor para el resto, y así el crecimiento exponencial de la desigualdad. De ahí que las cifras macroeconómicas puedan mejorar sin que la población en general vea a su vez significativamente mejorada su situación.

Por eso el Presidente nos da las gracias. El principal de sus objetivos se ha cumplido. El esfuerzo y sufrimiento de la mayoría de la población ha conseguido enriquecer más a los poderosos. Ahora el resto, dicen, vendrá sólo.

Y con ese agradecimiento nos quedaremos mientras esperamos. ¡Qué gracioso, el Presidente!

De nada, hombre, de nada…

jueves, 30 de octubre de 2014

El perdón y la nada

En un nuevo ejercicio de cinismo sin precedentes, la clase política gobernante en España se ha lanzado a pedir perdón y nos han trasladado sus disculpas por algunas de sus actuaciones y decisiones. La manera en que lo han hecho me parece, por encima de cualquier otra cosa, una nueva y desalmada agresión.



Ya hablé de este tema en este blog hace más de un año, en la entrada "Me he equivocado...", a raíz de otra pseudopetición de perdón que realizó nuestro presidente del gobierno. Pero como, al parecer, Rajoy no se lee mis entradas, y dudo que nuestros gobernantes conozcan mi blog, me veo obligado a reiterar algunas de las reflexiones y recordar algunos de los planteamientos que allí hacía.

Analizaba entonces que la petición de perdón del presidente adolecía de algunos elementos, en especial el genuino reconocimiento, la exoneración y la reparación. Y que sin ellos, las peticiones de perdón no son sino nuevas agresiones, que no producen sino una nueva revictimización de los destinatarios.

Pues bien, al no leer mi blog, los últimos episodios en que nuestros gobernantes han pedido perdón han vuelto a caer en los mismos errores que entonces. Llamativas en este sentido han sido las peticiones de perdón de Esperanza Aguirre y de Mariano Rajoy ante la multitud de escándalos de corrupción que les han salpicado, cometidos por sus otrora amigos, fieles escuderos y servidores.

Un reconocimiento parcial, teñido de uno de los niveles de negación que describen Trepper y Barret (1989) en su conceptualización de los mismos: la negación de la conciencia. Pido perdón... pero... "yo no sabía nada, por tanto no soy responsable de nada, y no hay nada más que entender". Y ya está. Ni un  triste amago de compensación o intento de reparación del daño causado. El perdón y la nada.

Como perdón, y nada más después, han esgrimido por ejemplo, el consejero de sanidad de Madrid, por sus declaraciones sobre la auxiliar infectada por el virus del Ébola; o la asidua de este blog, la presidenta del Círculo de Empresarios, con sus declaraciones sobre la contratación de mujeres embarazadas; o el alcalde de Toledo, por sus machistas manifestaciones sobre mujeres y ascensores.

Y si llamativo es el contenido de las peticiones de perdón, qué decir del lenguaje no verbal de sus protagonistas. Observadlo. No se puede trasmitir más falsedad: diversos tics, lectura textual y apresurada, memorización, mirada ausente, desgana y nerviosismo...

Yo, de verdad, prefiero que no pidan perdón. Y mucho menos, por los escándalos de corrupción que les envuelven. Preferiría que lo hiciesen por sus inhumanas y crueles políticas, cargando sobre los débiles y desprotegidos las consecuencias de la crisis y permitiendo el enriquecimiento, tan legal como inmoral, de los poderosos. Y que lo reparasen.

Pero eso es otra historia. De momento nos quedamos con el perdón y la nada. Un amargo perdón y una insufrible nada.

Y como hablan del perdón, os dejo con unos maestros, estos sí, Les Luthiers y su "Perdónala"