lunes, 11 de enero de 2021

Bombonas de gas y protocolos

La crisis del coronavirus y una tormenta de nieve de dos días con una moderada ola de frío ha descubierto todas nuestras miserias como comunidad, aunque tranquilos, hay una solución para todo.

Tal vez esté equivocado, pero tengo la sensación de una total descoordinación, improvisación, reactividad y falta de planificación en las propuestas de solución a los problemas que esta crisis ha destapado.

Y no es que los problemas no existieran antes. Por ejemplo, llevamos décadas con unos niveles de pobreza escandalosos e inasumibles, impropios de un país con los recursos del nuestro, sin que se haya nunca implementado una verdadera estrategia que abordase de verdad este problema estructural, más allá de unos tibios, confusos y desordenados programas de rentas mínimas.

Parece que es ahora cuando muchos están descubriendo que hay personas y familias con graves dificultades para atender sus medios básicos de subsistencia como vivienda, suministros o alimentación adecuada.

Pero o mucho me equivoco o creo que este “descubrimiento” no vaya a servir de nada, pues las medidas que se proponen para esos problemas desde el ámbito político y que se asumen desde los ámbitos técnico y ciudadano siguen siendo de corte asistencial y paliativo, sin apenas repercusión en los cambios estructurales que serían necesarios.

Medidas asistenciales y llamadas a la solidaridad ciudadana y al voluntariado que parecen dejar satisfechos a todos. Excepto a los beneficiarios de la ayuda, me temo.

Como ejemplo, vaya un botón, con la noticia de que la Comunidad de Madrid va a entregar 120 bombonas y 100 estufas de gas a las familias de la Cañada Real. (Enlace) Sin duda una eficaz y planificada medida para solucionar el problema que el Gobierno de esa Comunidad Autónoma coordina con la parroquia de la zona, en otro ejemplo de la cooperación Iglesia-Estado que tan buenos resultados ha dado siempre en nuestro país.

Ante el virus, ante la nieve, ante el frío, para las personas sin hogar, para cualquier problema comunitario todo el mundo se pone a tomar decisiones como “pollo sin cabeza”.

En lugar de planificar y consensuar (con quien piensa diferente también, no se olvide), se establece una carrera entre políticos a ver quien responde de manera más rápida y efectista. Todo el mundo tiene la razón, “su” razón, y desde ahí tiene clara la solución e intenta demostrar que la pone en marcha. Que funcione o no es irrelevante y en cuanto a los resultados y efectos (hasta los iatrogénicos)… total, no se van a evaluar nunca.

Carrera que se reproduce entre la sociedad civil, con mútiples ONGs tan voluntariosas como desordenadas conviviendo con iniciativas informales cuyo impacto es muy limitado.

La descoordinación entre los múltiples niveles de la administración tampoco ayuda demasiado y se termina elevando a la enésima potencia esa toma de decisiones que venimos describiendo, tan efectista como ineficaz.

Claro que una cosa que esta crisis ha puesto a las claras es que, al igual que para el virus parece que se ha descubierto una vacuna, también para los grandes problemas sociales se ha descubierto una solución universal: los protocolos.

Es una solución mágica, pues de todos es sabido que establecer un protocolo hace que inmediatamente desaparezca el problema. Basta con elaborarlo rápidamente y difundirlo con profusión desde todo medio digital o físico disponible, sin valorar la pertinencia para los receptores. En esto, como en todo, mejor exceso que defecto.

Que los protocolos sean confusos, de inaplicable gestión, sin dotación suficiente o contradictorios entre sí son detalles sin importancia. Lo importante es que se han elaborado a plena satisfacción de… ¿los destinatarios? No, ¡que va! De quien los ha elaborado, claro.

Porque en el fondo, siempre hay cosas más prioritarias que atender, de verdad, las necesidades de las personas vulnerables.

lunes, 4 de enero de 2021

Obscenidades

Obscena. No se me ocurre mejor palabra para describir la política social que se está desarrollando en nuestro país, presidida por un paternalismo, beneficencia, asistencialismo y postureo que, mientras a algunos nos repugna, a muchos otros les tiene absolutamente satisfechos y encandilados.

De sobras sé que es una batalla perdida. Hace ya muchos años que descubrí que en la estructura social de nuestro país, cualquier forma de acción social diferente a la beneficencia (con sus diferentes eufemismos: caridad, altruismo, solidaridad social...) tiene graves dificultades para prosperar.

Unos días antes de Navidad, publiqué mi entrada "Sopa boba en el siglo XXI", donde criticaba la iniciativa de que en el Congreso de los Diputados se realizase una especie de reparto de alimentos a los pobres en la Nochebuena. 

Las fotos del acto perpetrado, personalmente, me causan verguenza ajena. Las podéís consultar aquí. Salvo por el detalle que la Presidenta no hizo caso de mis recomendaciones y no vestía de negro y peineta (hubiera quedado mucho más lucido el acto, donde va a parar), son imágenes que podrían haber quedado estupendas en el NO-DO, ese famoso documental cinematográfico de los años del franquismo.

La Iglesia y el Estado, de la mano (como Dios manda). La izquierda y la derecha, juntitas en el reparto de alimentos a los pobres (no se han puesto tan de acuerdo en ninguna otra cosa desde hace décadas). Es para reflexionar.

De un Congreso, iluso de mí, uno espera que legisle contra la pobreza, no que desarrolle rancias y casposas actividades, más propias de siglos pasados, que para lo único que sirven es para desarollar un modelo que, lejos de combatir las condiciones estructurales de la misma, las mantiene y legitima.

Dejaré clara mi postura. Somos un país rico, donde nadie, bajo ninguna circunstancia, debería tener comprometida ni su alojamiento ni su subsistencia. Si hay quien se encuentra en esas situaciones, no es por falta de recursos, sino a causa de un infame y desigual reparto de los mismos, consecuencia directa de unos gobernantes que legislan para los poderosos y no para los vulnerables.

En lugar por tanto de presumir de ese tipo de iniciativas, mejor harían nuestros dirigentes en virar sus políticas y generar las condiciones para que no tuvieran sentido.

Lo cual no es de esperar, claro. El modelo propuesto (y el reclamado) es el de no luchar contra las causas estructurales (dejarlas al arbitrio del libre mercado, que para el caso es lo mismo) y abordar de forma asistencial las consecuencias. En el fondo, se trata de un asunto epistemológico o conceptual en el que la gran mayoría de la población (políticos, técnicos y ciudadanía) ha encontrado un fuerte consenso.

Consenso que ha permitido que el Sistema de Servicios Sociales haya perdido todo el sentido con el que se construyó y se encuentre colonizado de prácticas asistenciales y burocráticas de absoluta ineficacia para resolver ninguna problemática social, ni de orden individual ni comunitaria pero a las cuales, de modo muy comprometido, se adhieren muchos profesionales y políticos.

No son tiempos fáciles para oponerse a estas prácticas. La pedagogía y los argumentos a utilizar son mucho más complejos que los que sirven para defenderlas.

Pero Wang y yo (y seguro que muchos/as de los que estáis leyendo estas líneas) estamos comprometidos con un modelo alternativo para la política social, en un intento de resolver de otra manera los grandes problemas sociales que nos atraviesan como sociedad y que están causando tanto malestar a tanta gente.

Aunque nos canse. Aunque nos repitamos. Aunque sea una causa perdida. 



miércoles, 30 de diciembre de 2020

¡Malditos finlandeses!

El pianista inglés James Rhodes cae bien. Es simpático, un virtuoso músico, confiesa una admiración importante por nuestro país y ha hecho de su infancia desgraciada una palanca para luchar contra el maltrato infantil.

Parece ser que por esas cosas le han concedido la nacionalidad española. Nacionalidad que espero que hubiera pedido porque si no… Pongo por caso que a mí, digamos los finlandeses me conceden la nacionalidad sin que la haya pedido y los mando a freír espárragos. Porque mira que a mí me gusta Finlandia, con su frio, su nieve y todo eso, pero con los finlandeses… ¡es que no puedo! ¡Qué se habrán creído! ¿Que pueden conceder su nacionalidad a quien quieran? Pues conmigo han pinchado en hueso. A otro perro con su prepotencia. 

¡Buf!, los finlandeses…

Pero mi hipotético caso con los finlandeses (¡qué inquina les he cogido en un rato, oye!) no tiene nada que ver con el del pianista que venimos hablando.

Seguro que él, enamorado de España como dice estar y viviendo desde hace tiempo en nuestro país tenía una solicitud de nacionalidad española, con su correspondiente expediente y demás, donde hay que aportar pruebas y documentos de que te corresponde la concesión.

Y el Gobierno, en atención a esos méritos que hemos nombrado, ha decidido saltarse el procedimiento ordinario y utilizar la concesión por “carta de naturaleza”, procedimiento tan legal como el anterior que consiste en valorar el posible merecimiento y concederlo sin más criterios que la voluntad política de hacerlo.

En mi pueblo hay un dicho que resume el procedimiento. Y disculpen mi exabrupto, pero de modo literal se dice: “por mis cojones, fulanico, alguacil”, expresando la supuesta potestad de cualquier alcalde para nombrar a quien él considere para ese puesto. Potestad que parece que tenían los alcaldes en tiempos pretéritos y que, visto lo visto, se mantiene todavía en muchas áreas, entre ellas, las de la concesión de la nacionalidad española a los amigos de turno.

Porque en el fondo, no son los méritos de este pianista quien le han llevado a conseguir la nacionalidad. Es la amistad con el gobernante oportuno.

Porque si fuese por méritos… ¡anda que no hay inmigrantes que se lo merecen tanto o más que el personaje del que hablamos! Y no hablo de los deportistas esos a los que les regularizan la situación en un plis-plas. Hablo, por ejemplo, de la mujer ecuatoriana que lleva años cuidando de mi vecino dependiente, o del padre argelino que se agarra a cualquier peonada en el campo para sacar adelante a sus hijos (sí, esos hijos cuya presencia ha permitido que no se cierre la escuela en mi pueblo).

Creo que así se pierden argumentos. Es complicado decir que defiendes la justicia o la igualdad cuando concedes privilegios. Por amistad, pero privilegios. Merecidos, pero privilegios.

Justo antes de la pandemia, ya escribí (enlace) que llamar ley Rhodes a la nueva ley de protección a la infancia propuesta por el Gobierno me parecía una desconsideración imperdonable hacia otros muchos colectivos profesionales y ciudadanos que se están dejando la piel en la defensa de los derechos de la infancia. Creo que esta concesión responde a los mismos criterios y errores.

Y no se me interprete mal. Que no tengo nada en contra del pianista James Rodhes. Como tampoco tengo nada en contra de los finlandeses. Pero desde que a uno le han dado a dedo la nacionalidad española y los otros se empeñan en hacerme finlandés, les estoy cogiendo una manía…

domingo, 27 de diciembre de 2020

¡Feliz año 1907!

 

 Finalizando este año que tanto dolor y desasosiego nos ha traído, aprovecho para dejaros todas las entradas del blog de este año en formato pdf, por si las queréis conservar o consultar en este formato.

 TRIBULACIONES AÑO IX (2020)

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Os recuerdo que los enlaces a los documentos correspondientes a años anteriores los ténéis en esta entrada

Actualización entradas blog pdf (2012-2019)

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También quiero aprovechar para recuperar la Comunicación que realicé para el Congreso de Trabajo Social de Aragón en 2017 

¿Cómo se perdió Alicia en el País de las Maravillas? Sobre la desaparición del Trabajo Social en el Sistema de Servicios Sociales

    que recientemente acabo de repasar y que me parece que sigue teniendo mucha vigencia y actualidad.

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Y por supuesto, desearos, de parte de Wang y mía, un feliz año nuevo, donde consigáis vuestros retos y se cumplan vuestros sueños.

Un fuerte abrazo, ahora que parece que vamos a ir recuperándolos poco a poco, para tod@s.


PD. Sí, ya sabemos que estamos felicitándoos un año del siglo pasado, pero es que Wang ha calculado que, dado el actual retroceso en la política social de nuestro país, con la multiplicación imparable de tómbolas benéficas, bancos de alimentos, recogidas de juguetes y demás acciones caritativo-asistenciales, es más o menos esa fecha en la que creen estar nuestros gobernantes.

jueves, 17 de diciembre de 2020

Los burros y las hormigas

 Con este título participé ayer en la Mesa Redonda que el Consejo General de Trabajo Social organizó para reflexionar sobre la propuesta de definir un Sistema Nacional de Cuidados.

 Junto a Belén Navarro y Mª José Aguilar tuve la oportunidad de desarrollar estas reflexiones desde la óptica de la Política Social y los Servicios Sociales.

 Como algun@s de vosotr@s me habéis solicitado la presentación power-point que utilicé y el texto completo de mi aportación, lo comparto a través de estos enlaces:

  PRESENTACION BURROS Y HORMIGAS

TEXTO INTEGRO BURROS Y HORMIGAS 

Como todo en este blog, ya sabéis. Uso libre y, aunque no es imprescindible, si citáis la procedencia, mejor.

Gracias por vuestro interés.