miércoles, 28 de agosto de 2013

Twitter y Wang


Llevo un tiempo intentando que Wang se abra un par de cuentas en algunas redes sociales. Le explico las ventajas que a mi juicio tiene estar presente en las mismas, pero aún no he conseguido convencerle. 



Le he hablado de las múltiples posibilidades que tiene Internet para el acceso a la información, para conectar con otras personas y establecer diálogos, hacer sinergias… incluso para el activismo social. Y está de acuerdo, pero tiene dudas. Le argumento que no puede ir en contra de los tiempos y que hoy Internet, como bien señala el sociólogo Manuel Castells en esta entrevista que os enlazo, es un lugar de sociabilidad ineludible.

Por Foomandoonian, en Flickr

 Le argumento también la presencia en Internet porque en las redes se están produciendo debates y batallas en los que es imprescindible participar. El control de la información y de los medios de comunicación, tan necesario para quien ostenta el poder, se ha dificultado con la aparición de las redes sociales quienes empiezan a ocupar la función que antes tuvo la prensa. Enlace.

Eso explica, por ejemplo, el desprestigio y ataque que está sufriendo Twitter por parte de muchos políticos y medios de comunicación afines. Se acusa a esta red de estar llena de una especie de vándalos que se dedican a insultar y difamar y a la propia red de permitir y favorecer este tipo de actitudes. El último ejemplo, la polémica surgida a raíz del accidente de la Delegada del Gobierno de Madrid.  

Tras el accidente, a través de Twitter circularon numerosos mensajes, más o menos desafortunados, comentando el mismo y haciendo diversos comentarios descalificatorios a la delegada. Ésta, que goza de la antipatía de gran parte de la población, fue blanco de las iras de un buen número de personas, llegando incluso algunos a alegrarse del accidente y desear su muerte.  

Injustificables manifestaciones, sobra decirlo, pero nada extraño dentro de una red social formada por millones de personas donde siempre habrá algunos sujetos y algunas opiniones extemporáneas.

La estrategia de las fuerzas conservadoras ante este hecho ha seguido lo que parece un manual de propaganda del siglo pasado. En primer lugar se generaliza, acusando a toda la red como autora de dichas manifestaciones: "Twitter se ensaña con Cristina Cifuentes." Luego se acusa a los autores de las mismas de ser miembros de la extrema izquierda. "La miseria moral de la extrema izquierda se ensaña...". Y a lo largo de los artículos se va atribuyendo dichas posturas a toda la izquierda.

Toda esta estrategia se acompaña de algún personaje que manifiesta abandonar Twitter como éste que os enlazo también, que califica a los miembros de esta red social de “tarados, resentidos y enfermos” y a la red “generadora de debates artificiales y que carecen de interés”

De este modo queda la cosa completa. 

Así que cuando le propongo a Wang que se abra una cuenta en Twitter le estoy proponiendo que pase a formar parte de esa banda de tarados, violentos e insensibles ante el dolor ajeno, radicales de izquierdas que sólo quieren desestabilizar los pilares fundamentales de la democracia.

No me extraña que me diga que no.

P.D..- Y hablando de Twitter, mención aparte para la alcaldesa de Cádiz, cuyo argumento "si eres pobre no puedes tener Twitter" la hace digna de figurar entre los grandes políticos y estadistas de este país. Otro día le haremos el homenaje que merecen sus manifestaciones.

martes, 20 de agosto de 2013

Almejas

Buscando este verano algunas lecturas más relajadas que las que solemos afrontar en otros tiempos me he encontrado con un libro de Alvaro de la Iglesia, uno de los clásicos escritores de humor del siglo XX, hoy casi olvidado. Su título "En el cielo no hay almejas".

 

Es un libro de 1959, compuesto por unos relatos cortos que desgranan todo el humor y la ironía de su autor, un periodista y escritor que, entre otras cosas, dirigió "La Codorniz", ese semanario satírico que debía ingeniárselas para hacer humor y crítica social burlando la censura de la dictadura en la España del franquismo por la que algunos (increiblemente jóvenes) todavía suspiran.

Los relatos del libro están repletos de metáforas y dobles sentidos y contienen reflexiones sobre la sociedad y sobre la condición humana más profundas de lo que pudiera parecer a primera vista. Si tenéis oportunidad de leerlo, no dudéis. Pasaréis un buen rato y os hará pensar un tanto.

Pero no es de este libro ni de su autor de quien quería hablaros, sino de lo que me ha sugerido su cuentito sobre las almejas.

Las almejas son eso, almas pequeñas y despreciables. Suelen poseerlas las personas egoístas, viles y abyectas, incapaces de hacer el bien nada más que a sí mismas.

Almejas poseen estos gobernantes nuestros a los que no les tiembla la mano para recortar partidas sociales.

Almejas poseen los que justifican y defienden estos recortes en dependencia, en protección social a los desfavorecidos, en políticas de igualdad o preventivas...

También tienen almejas toda esa pléyade de políticos que anteponen sus intereses particulares y la pervivencia en sus cómodos cargos al bien común y al interés colectivo.

Almejas tienen, al final, todos los que consienten estas políticas que estamos sufriendo de recortes de derechos sociales, humanos, y de ataque a las clases más pobres y desfavorecidas.

A veces, a los dueños de esas almejas les llamamos "desalmados", o "gente sin alma".

Nada tienen que ver estas almejas con las almas nobles, grandes y transparentes, que también poseen un buen número de gente. Estas almas transmiten justicia, solidaridad y compromiso. Honradez, trabajo compartido. Y humildad.

Almas como las que poseen algunos políticos, que se atreven a comprometerse en política en estos tiempos de descreimiento con la ilusión de mejorar las condiciones de vida de sus conciudadanos y sin anteponer a ello sus sueldos, dietas o compensaciones.

Almas como las que tienen las personas que creen en los seres humanos por encima de toda condición. Que creen en la igualdad por encima de todo y que la dignidad de las personas está más allá de su raza, de su orientación sexual o de su lugar de procedencia.

Almas como las que tienen todos aquellos que defienden que todas las personas tienen derecho a un trabajo, a una vivienda y a unos medios de vida dignos, pero que no se quedan en proclamarlos... Las almas grandes se mojan y se ensucian haciendo cosas concretas para conseguirlo.

Hoy, en estos tiempos de lucha donde se hacen bandos con tanta facilidad, yo propongo una confrontación más. Las almas nobles contra las almejas.


martes, 13 de agosto de 2013

Los Tai-Ping y la cultura del esfuerzo

Es verano. Y no sé por qué extraña razón, pero en estas tardes de calor que a mí sólo me dan ganas de dormitar, Wang se pone a reflexionar sobre política. Y en concreto sobre la política y el esfuerzo. ¡Son raros, estos chinos!



Como os lo cuento. A Wang el calor le da ganas de hablar y discutir sobre política, así que ayer por la tarde no pude escaquearme más y tuve que aguantar sus últimas reflexiones. Y como considero que en el fondo me parecieron interesantes, os las comparto.

Me decía mi extraño colega lo preocupado que le habían dejado las últimas sentencias del Tribunal Supremo en las que rebajaban las penas a diversos políticos y sobre todo, los argumentos que utilizaba este tribunal para no considerar delito el cobro de dietas de Caja Navarra por parte de la Presidenta Foral de Navarra cuando era alcaldesa de Pamplona. Enlace.

A Wang estos argumentos le parecían ciertamente difíciles de admitir y me reconocía que le tenían entre cabreado, deprimido y estupefacto. Me decía que la lógica jurídica cada vez está más alejada de la lógica del mundo de los mortales, y eso es un verdadero problema.

Porque este Tribunal Supremo viene a defender que no es delito que la Presidenta citada cobrara dietas por asistir a reuniones dobles y triples de órganos de la Caja (órganos que no tenían función ejecutiva) cuando era alcaldesa de Pamplona. El argumento es que no lo hacía como alcaldesa, sino como miembro de la Junta de la entidad.

Remata el tribunal diciendo que la dieta se corresponde con la ocupación y que "no es factible en una causa penal indagar sobre la justificación de la dieta y el esfuerzo realizado". (sic)

  • "En román paladino: -intentaba Wang, que lo entendiera- La alcaldesa, como tal, no puede cobrar dietas por su cargo. Pero si tiene otros cargos, por ejemplo en las Cajas de Ahorros, sí puede cobrar dietas por ellos. Independientemente de que esos cargos no sirvan para nada y la susodicha no realice ninguna función en ellos ni le supongan esfuerzo alguno".

www.anticapitalistes.net
Resumiendo, que el Tribunal Supremo legitima que nuestros políticos acumulen las dietas que quieran, con el simple mecanismo de adjudicarse cargos en órganos de diferentes entidades. Que esos órganos sean meramente decorativos y las funciones del cargo practicamente figurativas, no importa.

Y para más infamia, estos mismos políticos que realizan estas prácticas son los que nos hablan de volver a la "cultura del esfuerzo". 

Para esfuerzo, el mío. El que tengo que hacer para contener a Wang e impedir que vuelva a salirle el asesino Tai-Ping que fue en su juventud y se lance con el cuchillo entre los dientes a una nueva insurrección. (*)

(*) No es broma. En el reciente Congreso Español de Sociología se advertía del posible incremento de la violencia ante la actual situación de crisis y de descreimiento en los políticos y en la democracia representativa. Enlace.



jueves, 8 de agosto de 2013

"Me he equivocado..."


El perdón es algo muy complejo, que a veces se simplifica demasiado. Cuando eramos niños y hacíamos algo mal o algún daño a alguien, pedíamos perdón y ya estaba todo arreglado. Podíamos pasar a otra cosa, aliviados, sin culpa y tan amigos.


Pero de mayores la cosa no es tan fácil aunque como digo, quisiéramos que lo fuera. En mi trabajo me encuentro frecuentemente con personas que han dañado a otras, a veces con la palabra, otras por inacción, y habitualmente con violencia de diversas formas.

 En algunas ocasiones puedo presenciar cómo los agresores intentan pedir perdón a las víctimas. En algunas de ellas esa petición de perdón se queda en un pseudo-reconocimiento del error cometido, lo cual no es sino una nueva agresión a las víctimas.

Para que pueda darse el verdadero perdón (que es un derecho de la víctima y no algo automático consecuencia de la actuación del agresor) el reconocimiento tiene que ser auténtico y genuino. Sólo así es útil y agresor y víctima pueden comenzar a avanzar hacia la resolución de la situación.

Porque este reconocimiento ("te he hecho daño"), no es sino el primer paso. El siguiente es la exoneracion de la víctima, esto es, la compensación, la reparación, el alivio... ("qué puedo hacer para reparar el daño que te he hecho"). Esta exoneración debe partir del agresor también, pero la sociedad y la justicia serán necesarias para que sea completa.

Una vez que la víctima ha recibido el reconocimiento y ha obtenido la reparación a través de la exoneración, es el momento de que el agresor pueda pedir perdón, que en ningún caso será exigible a la víctima.

Os cuento brevemente estas reflexiones profesionales porque todas ellas han venido a mi cabeza con la última comparecencia del Presidente del Gobierno ante el Pleno del Congreso de la Nación. Independientemente del análisis político que pueda realizarse, a mí toda la explicación del Presidente me ha parecido todo un ejemplo de pseudo-reconocimiento.

Comparece y reconoce un error, pero niega ninguna responsabilidad en los hechos. Recientemente leía los distintos tipos de negación posibles que utilizan los padres abusadores y maltratadores (*). Para negar su participación en los hechos de los que se les acusa, éstos utilizan diversos tipos de negación que representan distintos grados de dificultad para los profesionales.

Estos niveles son el de negación de los hechos ("no es verdad"), negación de la conciencia ("yo no sabía nada, por tanto no soy responsable de nada y no hay nada más que entender"), negación de la responsabilidad ("la culpa es de otro") y negación del impacto ("tampoco es para tanto, no es tan grave").

Creo que, en una medida u otra, nuestro Presidente ha utilizado todos estos niveles, con lo cual ese reconocimiento se ha quedado en una nueva agresión, que creo que se podría haber ahorrado.

Algo bastante diferente a lo que hizo nuestro Rey hace unos meses, en el famoso episodio de la caza de elefantes. No es que sea tampoco santo de mi devoción, pero he de reconocer que, al menos en este episodio, (y echando en falta asímismo la reparación), el reconocimiento pareció genuino. Un pequeño paso que, viendo como se comportan todos nuestros políticos, cada vez me parece más importante.

(*) Conceptualización de Trepper y Barret, 1989, en "Malos Padres" Stefano Cirillo. Ed. Gedisa. Barcelona 2012. Pgs. 52 y ss.

martes, 30 de julio de 2013

Y normales...

En otra entrada anterior os hablaba de subnormales. Hoy os quiero hablar de los "normales", que según lo que entiende Wang, son aquellas personas y familias que no son usuarios habituales de los servicios sociales


Hablando el otro día con Wang sobre algunas noticias le cuestionaba la diferenciación que hacía entre "usuarios de servicios sociales" y "gente normal". Le pregunté de donde había sacado semejante idea y él me miraba como si le estuviese hablando en chino, digo en sueco.

Me explicaba que, según lo que él estaba viendo en nuestro país, todo el mundo hacía esa diferenciación. La mayoría de políticos, periodistas y muchos profesionales del sector la hacen. Y por supuesto, la población general.

Y pensándolo bien, tiene razón. A diferencia de otros Sistemas Públicos de Protección Social, como el Educativo o el Sanitario, de los cuales todo el mundo se siente usuario o susceptible de serlo en algún momento, no ocurre asi con el de Servicios Sociales. 

Creo que uno de nuestros "debes" es haber perdido la batalla de la universalidad. No hemos sabido construir ni defender nuestro sistema dirigido a toda la población, y lamentablemente se asocia con prestaciones y servicios dirigidos a gente marginal y desfavorecida. Reflexionaba sobre ello hace unos meses en esta entrada Universalidad, ¿realidad o ficción?.

Os manifiesto mi perplejidad ante los debates que están surgiendo en torno a las Rentas Mínimas y las Ayudas de Urgencia. Con frecuencia oigo a algún político e incluso algún profesional que argumenta algún cambio normativo o presupuestario "para que puedan acceder a las mismas familias normales". Explican que, con motivo de la crisis, muchas familias "normales" están atravesando situaciones de necesidad y hay que adaptar las prestaciones a ellas.

Esta argumentación lleva implícita el estigma y la marca de contexto a que hacía referencia antes. Una familia "normal" es la que no necesita servicios ni prestaciones sociales. Pues vale. Entonces, las familias y personas que han accedido a las mismas hasta ahora ¿qué eran?. ¿Anormales? ¿Subnormales? Tal vez ¿paranormales?

Tal vez en nuestra sociedad hayan calado demasiado los conceptos funcionalistas de "normalidad" y de "desviación social" o tal vez sea que nuestro sistema de servicios sociales se haya edificado de una manera precaria y subsidiaria. Tal vez haya un poco de todo, pero lo cierto es que lo que piensa Wang está muy extendido entre la sociedad.

La población general suele desconocer las múltiples tareas y prestaciones que desarrollamos los servicios sociales. No voy a enumerarlos, pero me preocupa que se nos asocie unicamente con una prestación: la garantía de medios para la subsistencia, que personalmente opino que no es competencia exclusiva de nuestro sistema, sino que debía garantizarse de una manera más general.

La asociación entre servicios sociales-pobreza-subsistencia está demasiado presente en nuestro imaginario colectivo y creo que esto le hace un flaco favor al sistema. Mientras siga siendo así, será fácil, como lamentablemente está ocurriendo, acabar con las políticas sociales.

Y como hace mucho que no acababa una entrada con un vídeo, os dejo con esta vieja canción de Rosendo, que no tiene mucho que ver con el tema pero tiene buen rollo, que falta nos hace.