jueves, 31 de octubre de 2013

Fontanería social

Estoy de obras en mi casa. Ya tiene unos cuantos años y necesitaba algunas reformas, entre ellas, la fontanería. Y mis conversaciones con albañiles y fontaneros me han sugerido unas cuantas reflexiones que me vais a permitir que comparta con vosotros.


http://www.flickr.com/photos/lefthandrotation/988177531/
Os contaba hace unos meses que los hospitales son unos lugares donde se establecen unas relaciones breves, pero muy intensas, y donde surgen conversaciones ciertamente curiosas. Pues he descubierto que hacer obras en casa es parecido. Debe ser que los entornos hostiles y cargados de emociones propician el diálogo sobre lo humano y sobre lo divino. (Nota al márgen: si pensaís que obrar en casa no es un entorno hostil y cargado de emociones, es que no habéis tenido esta "maravillosa" experiencia).

Pues lo dicho. Entre presupuestos, imprevistos y las vicisitudes propias de una obra, he podido hablar con los profesionales que la están haciendo de muchos temas. Naturalmente uno de ellos ha sido sobre la política y sobre la crisis económica. Tema recurrente, en el que estos amigos me contaban lo mal que lo están pasando para intentar sobrevivir, la radical reducción de personal que han tenido que hacer en sus pequeñas empresas, las dificultades y trabas administrativas que tienen que solventar cada día y la cantidad de familiares, compañeros y conocidos a los que la crisis ha expulsado del mundo del trabajo y del empleo.

Yo les contaba que en mi sector (funcionario, -con perdón y sin más especificaciones-, que uno a veces es muy prudente...), pasaba algo parecido. Recortes de personal, compañeros que se quedan en el camino y en general, dificultades cada vez mayores para realizar el trabajo. Y no es que no me creyeran, que sí que lo hacían, pero se quedaban pensando como si las dificultades que yo les contaba no fueran comparables a las suyas.

Venían a argumentarme que, aunque la situación fuese difícil para todos, al fin y al cabo su trabajo era mucho más penoso que el mío. A diferencia de mí, ellos no tenían un salario asegurado a fin de mes, ni las tardes libres, ni el cómodo trabajo de oficina que me atribuyen. El fontanero además me contaba algunos trabajos, ciertamente penosos e incómodos, que frecuentemente tiene que realizar.

http://www.flickr.com/photos/luisus_d/5347672983/
Ni el tiempo ni el entorno (escombros, polvo y tuberías viejas, ya os imagináis) permitían profundizar en la conversación. Si hubiese podido les hubiera explicado que hoy el salario ni el trabajo lo tenemos asegurado nadie (nuestros gobernantes ya se han encargado de ello, definiendo como privilegio insolidario el derecho a un trabajo fijo) y como la Reforma de la Administración Local se va a llevar por delante cantidad de puestos de trabajo en mi sector.

Y sobre la penosidad en mi trabajo... Ahí sí que hubiese tenido difícil la argumentación, porque los riesgos psicosociales del trabajo están infravalorados respecto a los físicos. Porque a nosotros, los que nos dedicamos a la intervención psicosocial, nos pasa igual que a los fontaneros. Nos toca frecuentemente "mojarnos" y embarrarnos (tenemos que tomar partido ante muchas desigualdades e injusticias sociales, bien concretas); tomamos contacto con realidades sucias y desagradables (maltratos, violencia, desamparos, negligencias, conflictos, miseria...); a menudo nos vamos a casa cansados y en ocasiones muy heridos (con esas heridas que presenciar el sufrimiento ajeno y las injusticias te dejan en el alma).

"Malos tiempos para tener una fontanería", oí que le decía a Wang mi fontanero.

"Sin duda", pensé yo.

jueves, 24 de octubre de 2013

Wang al rescate

La semana pasada escribí desde las tripas para intentar sacarme de encima ese sentimiento de derrota que las malas noticias que nos trajo me habían dejado. Bien, no lo conseguí del todo, pero...

 



Con el fin de semana y el inicio de la cotidianeidad que nos trae el lunes he ido viendo algunos brotes verdes. Estos sí, no los que nos quieren hacer ver los PPgobernantes ahora que enfilan la recta final de su mandato y se les aproxima el periodo preelectoral.

 [Abro un paréntesis: (presumen de tener una hoja de ruta marcada; sin duda. Consistía en acrecentar la crisis y el negro panorama económico al inicio de su mandato, para inducir miedo y justificar los recortes, y a continuación, como digo preparando las elecciones, decir que la crisis se ha solucionado como consecuencia de su gobierno. Así la crisis es causa del gobierno anterior y ellos la demostrada solución. Y si para eso hay que maquillar estadísticas, mentir, manipular o tergiversar, pues se hace. Es tan burdo y previsible que hasta me temo que les funcione.) Cierro paréntesis.]

Volviendo a mis brotes verdes, he estado intentando buscar algunas briznas de esperanza. Algunas buenas noticias que nos iluminaran un poco entre tanta podredumbre. Algo a lo que agarrarnos para pensar que no todo está perdido.

Y Wang, especialista como es en señalarme las cosas positivas, me ha recomendado mirar lo pequeño, lo cotidiano. Así lo he hecho.

Y he descubierto a un montón de compañer@s comprometidos en el día a día con su trabajo. Preocupados y un poco más desanimados que en otras ocaciones, pero comprometidos con los casos, las familias, los servicios y los programas que gestionan, dando lo mejor de sí mismos para que todo salga adelante.

También he visto como las Mareas Naranjas de todo el territorio organizan acciones, denuncian las injusticias, nos convocan, movilizan... Defienden el Sistema en una palabra. Os pongo por ejemplo un enlace a una de las últimas acciones de la Marea Naranja de Aragón sobre la defensa del Ingreso de Inserción.  (Enlace)

Otros colectivos y asociaciones, como la asociación de directores y gerentes de servicios sociales, (enlace) elabora y nos proporciona documentos, argumentos, mantiene su actitud de denuncia ante el desmantelamiento de los servicios sociales y ante los duros corazones de quienes lo promueven. (Enlace)

Internet, la red, está llena de colectivos y personas que se posicionan, que luchan, que convocan, que comunican sus experiencias, reflexiones... Barro un poco para casa y os pongo un ejemplo de ello: la blogotsfera (Blogosfera del Trabajo Social).

Más de 1.000 Trabajadores Sociales nos vamos a reunir en el Congreso que el Consejo General y el Colegio de Málaga han organizado. "La Intervención social en tiempos de malestares: sabemos, podemos, queremos." Sobran las palabras.

Algunas personas y familias que conozco están solucionando sus problemas, sus conflictos, saliendo adelante, agarrándose y utilizando los pocos recursos que el sistema ha dejado a su alcance.

Las alumnas en prácticas han llegado este curso a mi centro con la misma mezcla de inexperiencia, incertidumbre e ilusión de siempre. Savia nueva y empuje para la profesión. Al respecto os recomiendo esta entrada de Nacho sobre el tema.

Los compañeros del sistema educativo han organizado una huelga y con valentía y coraje, se están oponiendo a una Ley Educativa que arrasa el Sistema Educativo. No tanto como la Reforma Local va a hacer con el nuestro, pero casi.

[Abro otro paréntesis: (¿seremos capaces en Servicios Sociales de organizarnos del mismo modo? Creo que ahí está uno de nuestros grandes retos.) Cierro parentesis.]

En fin, un montón de motivos para la esperanza. Unos más pequeños, otros más grandes, pero motivos al fin y al cabo.

No sé qué pasará al final. Tal vez lo único que merezca la pena sea el camino, me dice Wang...

viernes, 18 de octubre de 2013

¡Malditos!...

 Hoy siento que la batalla se ha perdido.  El Sistema de Servicios Sociales, ese que nos atrevimos a soñar y que por un fugaz instante casi pudimos sentir, se ha evaporado. Como se evaporan los sueños cuando te das de bruces con la cruda realidad.


Soñabamos con un sistema que acogiera, que redujese las desigualdades, que garantizara derechos... capaz de aliviar el sufrimiento de la gente, de contribuir eficazmente a generar condiciones de vida digna. Una sociedad para vivir y para convivir.

Unos servicios sociales para todos y todas. Independientemente de sus circunstancias. Donde las personas fuesen más importantes que las necesarias normas y reglamentos. Un sistema para todos.

Pero ellos, los poderosos, lo han destrozado. Les maldigo. Maldigo sus recortes, su ostentación, sus obscenos argumentos, sus mentiras, sus manipulaciones y su poderosa propaganda. Han conseguido imponer la ley del más fuerte, el "sálvese quien pueda", el "no te lo mereces".

Los derechos sociales han sido sustituidos por la limosna, televisada y expuesta. Las prestaciones sociales son dádivas graciables y los procesos... los poderosos no creen en los procesos. Ellos ayudan para sentirse bien y por que queda feo que los pobres mueran a sus puertas. Pero no creen en ellos. No les importan. No les importamos. "Tanto tienes, tanto vales". No valemos.

Son tiempos duros. En los que la esperanza apenas se sostiene. Nos queda poca capacidad de lucha, de aguante. Nos han derrotado.

Quisiera no sentirme así. Tal vez haya sido la semana, dura y llena de malas noticias que acabamos de atravesar. Tal vez la semana que viene recupere la esperanza que hoy no tengo. Tal vez vuelvan los sueños. Esos que teníamos y que nos están arrebatando. 

¡Malditos!...

miércoles, 16 de octubre de 2013

Enemigos íntimos

Hoy os propongo un acertijo matemático: dividir 650 entre 10. ¿Fácil, no? Ahora un poco más complicado, no mucho: dividir 300 entre 15.


http://www.flickr.com/photos/grandmaitre/5846058698/
Si a vosotros, como a mí, os salen las cifras de 65 y 20 respectivamente os diré qué son estas cifras que, como todas, si no se contextualizan no se acierta a comprender su significado.

Y es que son dos números con los que me topé la semana pasada cuando revisaba algunas cosas para escribír la entrada sobre los "Malos hijos" .

65 son las mujeres asesinadas cada año como consecuencia de la violencia de género. 650 en los últimos 10 años. 650. ¡650!  Una cifra escandalosa de la que sólo alcanzamos a ver su magnitud cuando trascendemos del goteo incesante de casos a mirarlos en su conjunto. Cualquier accidente, el del tren de Santiago por ejemplo, que alcance unas decenas de muertos nos deja conmocionados y entristecidos durante mucho tiempo. En este caso son centenares las mujeres muertas pero, ocurre igual con los accidentes de tráfico, como se van produciendo poco a poco no terminamos de comprender los números de semejante drama.

Pero si esta cifra es espeluznante os voy a decir el significado de la siguiente: 20 son los niños que mueren asesinados a manos de sus progenitores cada año. Sí, lo habéis leído bien. 300 niños en los últimos 15 años.
http://www.flickr.com/photos/juanydiego/4352129671/
¡300!  Alarmante. ¿Cómo puede estar sucediendo en una sociedad que llamamos "civilizada"?

Esta segunda cifra me ha dejado más removido si cabe que la primera. Porque las cifras sobre la violencia sobre la mujer, que aunque como digo me han sorprendido al ver los datos agregados, era algo que ya intuía. Son multitud las páginas de instituciones y organismos, asociaciones, que se hacen eco de estas estadísticas y de los casos concretos que hay detrás de ellas. Es una violencia, que gracias al trabajo de estas entidades y personas, ha conseguido visibilizarse.

Algo que me parece que no pasa todavía suficientemente con la violencia sobre la infancia. Los datos son mucho más difíciles de conseguir y las entidades que se ocupan de ellos son sin duda menos que en la violencia anterior.

300 niños asesinados por sus progenitores. Probablemente la punta del iceberg de esta otra epidemia social que es la violencia sobre la infancia, el abuso y el maltrato infantil y sobre la que me parece necesario un esfuerzo social de concienzación, de visibilización, para intentar erradicarla.

Os dejo el enlace de la Federación de Asociaciones para la Prevención del Maltrato Infantil, una página imprescindible y llena de recursos en este tema. http://www.fapmi.es/









jueves, 10 de octubre de 2013

Malos hijos

El domingo pasado me levanté con una noticia que hizo que no me sentara bien el desayuno. En Zaragoza, un adolescente de 16 años había matado esa madrugada a su madre de varias cuchilladas. Esta fue la noticia.



Como todas las noticias relativas a la violencia intrafamiliar, ésta me ha dejado impresionado y bastante apenado. Al parecer este pobre chaval, (y digo pobre porque a pesar de que parece haber sido el agresor de esta historia no puedo evitar pensar en él como una víctima más de la misma) discutió con su madre por el proceso de separación en el que estaban sus padres y tras golpearla y dejarla inconsciente, le asestó varias puñaladas en el corazón. Tras la dramática agresión llamó al padre, quien después de acudir al domicilio y ver lo sucedido avisó a la policía.

Poco a poco se han ido filtrando datos de la noticia: el chico era adoptado, los padres habían acordado una custodia compartida, se turnaban cada quince días a vivir con el chaval.... Al mismo tiempo van saliendo noticias y detalles del suceso: que si el tiempo que tardó el padre en avisar a la policía, que si los washaps que el muchacho envió antes y después avisando del asesinato... Por momentos he tenido miedo de que el caso se convirtiera en un nuevo espectáculo de morbo periodístico y televisivo. Espero que no sea así.

Por mi parte no analizaré esta historia. Carezco de la información necesaria para ello y, aunque puedo intuir una separación conflictiva y un hijo atrapado en un conflicto de lealtades, la espeluznante agresión y el brutal desenlace me proporcionan la certeza de que la misma es muy compleja y probablemente responda a un montón de variables multicausales difíciles de determinar. Jueces y profesionales sociales y sanitarios tendrán que averiguar qué ha pasado y espero que puedan ayudar a este chico. En cualquier caso estoy seguro que no van a encontrar explicaciones simples.

De todos modos este lamentable suceso me ha removido a nivel profesional, porque en nuestro trabajo cotidiano estamos presenciando separaciones de pareja cada vez más difíciles e hijos/as atrapados en la conflictividad de dichos procesos. Vemos con mucha frecuencia progenitores que, cegados por el dolor y el malestar de la ruptura, no consiguen proteger a sus hijos ni ayudarles en el difícil camino de entender y asumir la separación de sus padres. Al contrario, en muchas ocasiones sin pretenderlo los instrumentalizan y  triangulan, unas veces de modo sútil, otras de maneras más burdas y las más de las veces, como digo, de modo inconsciente.

Creo que hay ocasiones en que ejercer la parentalidad de forma protectora es muy difícil. Estoy acostumbrado a ver muchas de estas situaciones. Padres y madres traicionados por su vivencia como hijos, por relaciones de pareja donde habían depositado expectativas inadecuadas, encuentran graves dificultades para actuar correctamente como padres en los procesos de separación.

Estos padres se presentan ante el mundo (y por tanto ante sus hijos, aunque no lo pretendan) como las víctimas en el proceso de separación. Es el otro el culpable de la ruptura y además, quien ha obtenido tras la misma una posición ventajosa (económicamente, en la custodia de los hijos...). Lejos de poder asumir una responsabilidad compartida y neutral se sienten agraviados. Y para los hijos, con sus ojos y pensamiento de niños, es dífícil sustraerse a la tentación de ver la situación en términos de parte agresora-culpable y parte víctima inocente.

Esta dinámica relacional entre los tres actores de la situación: padre-madre-hijos es frecuentemente amplificada por las familias extensas. El niño queda así dolorido por la pérdida del vínculo entre sus padres y confuso ante los contradictorios mensajes de los mismos.

Pero en los procesos a los que me refiero la cuestión no comienza con la ruptura. Suele comenzar bastante tiempo atrás. Todos los padres que conozco dicen haber protegido a los niños de las discusiones de pareja y todos se sorprenden cuando comprueban hasta qué punto no lo consiguieron. Y aparecen historias donde el conflicto de pareja envolvió a los niños durante mucho tiempo y como en todo conflicto, se vieron obligados a tomar partido.

Tampoco el conflicto acaba con la separación. Durante mucho tiempo después proseguirán los litigios, las peleas y, en resumen, el hondo dolor de todos estos niños.

Ya os digo que no sé si alguna de estas dinámicas que os relato ha tenido lugar en este caso. Lo que sí me preocupa cada vez más es la situación de toda esta infancia maltratada, depositaria de un maltrato oculto, negado y difícil de identificar.

Y sobre todo qué podemos hacer, como profesionales, para ayudarlos.