A través de Wang he sabido que el refrán "Buscar tres pies al gato", (que se utiliza como todos sabemos para indicar que no debe uno complicar lo sencillo o intentar probar lo imposible), no fue así en su origen.
En su origen parece que era "Buscar cinco pies al gato", lo que parece más lógico. Y fue Cervantes, en boca de Don Quijote, quien decidió darle ese giro hacia los tres pies que ha llegado hasta nuestros días.
Me remonto por tanto al refrán original para ver si podemos "atrapar al gato" que es el Estado de Bienestar y que como buen felino, además de no dejarse atrapar con facilidad, tiene cuatro patas. ¿O no?
Seguro que habéis oído hablar mucho de que los Servicios Sociales son el cuarto pilar del Estado de Bienestar. Los otros pilares, las otras patas de nuestro gato, serían la Sanidad, la Educación y las Pensiones (en las que algunos autores incluyen la garantía de ingresos, aunque eso no está tan claro).
Sobre el origen del concepto os pongo este artículo de Vicenç Navarro y si queréis profundizar en el tema os vuelvo a recomendar el magnífico libro de nuestro colega Joaquín Santos "El cuarto pilar: un nuevo relato para los Servicios Sociales".
En cualquier caso, la metáfora de los cuatro pilares o patas ha arraigado con fuerza en el discurso de muchos profesionales y políticos. Superado el riesgo de identificar esa cuarta pata únicamente con los Servicios para la Dependencia, la metáfora tiene una indudable utilidad para visibilizar el Sistema de Servicios Sociales. Sin embargo, creo que también puede confundir respecto al contenido de los mismos.
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También son seis, pero no hablamos de estas patas... |
El problema de la metáfora del cuarto pilar es que puede interpretarse que el Sistema de Servicios Sociales debe asumir todo lo que no es Educación, Sanidad y Pensiones y que es el sistema que al final tiene que garantizar a los ciudadanos los ingresos suficientes para subsistir, una vivienda para alojarse, un empleo para integrarse y la solución a los problemas de deterioro convivencial o dependencia que les limiten su autonomía.
Ante semejante encargo, imposible de asumir, teníamos dos salidas: cuestionarlo; o aceptarlo, pero sólo para los pobres. Y así, hemos definido el sistema como aquel que hace todo lo que no tiene que ver con educación, sanidad y pensiones, para las capas más pobres de la sociedad.
La pobreza, por tanto, se constituye como la principal referencia del sistema (coherentes también con una tradición benéfica y asistencialista aún no superada).

Y como consecuencia de ambas, redefinir el sistema de servicios sociales desde un nuevo paradigma.
Es la única manera de que nuestro gato comience a cazar ratones, digo patos, digo...