miércoles, 27 de noviembre de 2013

Mentiras privadas

Hoy quiero dejar por un momento la política social y los servicios sociales y voy a centrarme en un aspecto que no suelo tocar en el blog. La relación entre los profesionales del Trabajo Social y los usuarios. O al menos, en algunos aspectos de esta relación.


Lo hago porque ultimamente he tenido alguna conversación profesional que me ha preocupado. Me refiero a los comentarios, demasiado frecuentes a mi juicio, sobre que los usuarios nos mienten y sobre lo desagradecidos que suelen ser. Este tipo de comentarios, aunque puedo entenderlos, generan en mí bastante desagrado. 

Sé que la crisis ha llevado hasta nuestros servicios una gran presión asistencial (no sólo por el incremento de las necesidades ciudadanas, también por los modelos que se prestigian y se potencian para subvenirlas) y muchos profesionales se sienten desbordados, generándose las condiciones para que se den este tipo de comentarios. Pero no puedo evitar considerarlos tremendamente injustos. Injustos para los usuarios e injustos para nuestra profesión, a la que creo que no aportan nada bueno.

El contexto asistencial es uno de los contextos más extendidos en nuestra profesión. En la actualidad ha fagocitado muchos servicios y profesionales, viéndose convertidos en máquinas expendedoras de diversos recursos (las más de las veces prestaciones económicas, no nos engañemos) ante diferentes situaciones de necesidad para las que se tiene demasiado poco tiempo para analizar y valorar.

Pero la extensión de este contexto no tiene en la crisis la única explicación. Tradicionalmente muchos profesionales han visto en él un refugio para hacer un tipo de Trabajo Social que consideraban eficaz y para el que no eran necesarios poner en juego demasiadas habilidades o destrezas técnicas. Del mismo modo se ha llevado en ocasiones demasiado lejos la construcción del modelo de provisión social basado en los análisis necesidades-recursos.

Hemos olvidado frecuentemente el resto de contextos profesionales y las claves de la relación de ayuda han quedado limitadas, constreñidas a la dimensión asistencial. Es desde aquí donde surgen estos comentarios a los que me refiero.

La mentira. Oigo (y hasta leo en ocasiones) que los usuarios intentan engañarnos, falsear sus datos y situaciones para acceder a las prestaciones que manejamos. Los profesionales que defienden esto se están traicionando por el contexto asistencial en que se desenvuelven y desde ahí interpretan como interés manipulativo situaciones y actitudes que poco tienen que ver el engaño y la manipulación. Más bien tienen que ver con mecanismos relacionales y psicológicos que las más de las veces se producen por los mecanismos de defensa y estrategias de supervivencia psicológica que las personas en situación de sufrimiento y necesidad deben construir.

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Personalmente puedo decir que he visto como me mentían en muchas ocasiones. Además del asistencial, estas mentiras son muy frecuentes en el contexto cohercitivo, por ejemplo. En bastantes de esas ocasiones, me han engañado. Lo que sí puedo decir es que nunca me he sentido traicionado.

¡Por supuesto que la mentira y el engaño me han enfadado! Pero es nuestra obligación trascender este enfado y, con paciencia, ir deconstruyendo el complejo artificio psicológico que la persona ha construido. Comprendiendo sus razones, legitimándolas desde su malestar, analizando las relaciones de poder en que se producen, contextualizándolas dentro de una historia personal y familiar llena de necesidades insatisfechas sobre las que la persona ha ido desarrollando los mecanismos de defensa que le han llevado a utilizar la mentira con nosotros.

La mentira de los usuarios no es una traición. Tan sólo (nada más y nada menos) señala un lugar desde donde construir una verdadera relación de ayuda, mucho más profunda (y eficaz), que los juegos de policías y ladrones que desde el contexto asistencial nos imaginamos con los usuarios.

En cuanto a lo del agradecimiento de los usuarios para con nosotros, cada vez que lo oigo no puedo evitar pensar en las carencias técnicas y metodológicas (y probablemente personales) de los profesionales que las profieren. Pero como la entrada se hace muy larga, dejaré este tema para futuras ocasiones.

Mientras, os dejo con este poema de Shakespeare, que siempre me ha parecido una deliciosa forma de definir los aspectos relacionales de las mentiras:

 Mi vida, ¡cuánto te quiero!
dijo mi amada y mentía.
Yo tambien mentí: -Te creo.
Te creo, dije pensando:
así me tendrá por niño.
Mas ella sabe mis años.
Si dos mentirosos hablan, 
es la mentira inocente,
se mienten, mas no se engañan.

Poema que el cancionero apócrifo de Machado refleja de esta manera:

Oí decir a un gitano:
-se miente, más no se engaña
y se gasta más saliva
de la necesaria.
Cuando dos gitanos hablan
es la mentira inocente:
se mienten y no se engañan.

Hasta la próxima.


13 comentarios:

  1. Siempre he pensado que la mentira es una estrategia (como muchas otras) de un usuario que no se dirige contra el TS y que éste no debe tomar de forma personal. Lo preocupante no es la mentira del usuario, sino que sirva de excusa a ciertos profesionales para denegar o no hacer. Y peor aún es que se exija al usuario una integridad moral de la que esos TS carecen.

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  2. Bravo por esta entrada, pero el malestar no legitima cualquier forma de actuar. Se puede comprender, pero no todo vale, y devolver eso a la persona que tenemos delante también es una intervención valiosa.

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  3. Gracias por tu comentario, Laura. Comprender no significa justificar. Es más bien algo necesario para contactar con ese malestar, contacto sin el cual esa devolución que planteas será del todo ineficaz. Saludos.

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  4. Hola Pedro,
    aunque dices que no sueles hablar de temas de este cariz, a mí me ha parecido bien que lo hayas hecho. Eso es también parte de esa profesión vuestra tan injustamente desconocida.
    Tiene que ser muy difícil saber cuando te dicen la verdad y cuando no, además yo creo que probablemente tengais que tratar con personas que tengan problemas mentales, y ahí todo se complica.
    Saludos

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  5. Hola,
    En mi experiencia profesional desde el ámbito de Protección de Menores (contexto cohercitivo) me he encontrado muchas veces con el tema de cómo gestionar las mentiras, porque suelen producirse y bastantes.
    Yo siempre he defendido, incluso en debates internos con mi propio equipo, que a mí no me preocupa especialmente, pues creo que toda persona tiene "derecho a mentir".
    También creo que es una oportunidad estupenda de trabajo de la relación profesional y que se han de confrontar cuando se descubren (en el caso de trastornos mentales, el abordaje debe ser diferente).
    Casi nunca me he sentido cuestionado ni personal ni profesionalmente porque alguien me mienta, pero sí que ha habido ocasiones en que "duele más" porque creías haber logrado un buen clima de relación y la mentira viene a cuestionarlo. Pero hay que lograr reconducirlo.
    Yo siempre digo que me pueden engañar, pero realmente no me engañan a mí, sino que se están engañando a sí mismos.
    Por último, creo que muchas veces la mentira es un mecanismo que usan las personas para protegerse de algunos "falsos mitos" que circulan a nivel de calle.
    Enhorabuena por la entrada, Pedro.

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  6. Hola Carolina. No se trata de hacer de detectives para "descubrir" las mentiras de los usuarios. Se trata de trabajar de manera adecuada con la mentira cuando se detecta, evitando los juicios precipitados y equivocados. Saludos.

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  7. Hola Juanma. Gracias por tu comentario y tu valoración. Creo que en el contexto de protección de menores se producen negaciones y mentiras que requieren de un gran, constante y delicado trabajo. Probablemente sea uno de los contextos más difíciles para ello y donde más necesario es. Saludos.

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  8. Pedro, me quito el sombrero ante tu entrada. Antigua discusión ésta. Bueno, yo siempre he creído en el derecho del usuario a "rebelarse a revelar" y, a veces no les dejamos otra que no decir "la verdad, toda la verdad...". Pues esa es una situación en la que poner en práctica nuestras destrezas profesionales y hacer crecer nuestra relación con él. Sentirse traicionado? Tengo un compañero que me dice que hay que venirse "abrazado" de casa. Gracias!

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  9. Gracias a ti, Teresa. Me apunto lo de tu compañero, estoy de acuerdo con él, hay que venir "abrazado" de casa. Y en ocasiones, echar mano de los "abrazos" en el equipo.
    Saludos.

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  10. Una buena entrada. Me atrevo a decir que me sirve como "supervisión de casos", de reflexión y de situar nuestra intervención desde otra perspectiva, la global, la de los porqués, la de pensar y parar para hacerlo.
    En el fondo, mentir privadamente tiene su sentido.

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  11. Es todo un honor que digas que esta pequeña reflexión mía te ha resultado útil. Gracias Elena, por compartirlo. Saludos.

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  12. De nuevo gracias por compartir tan valiosas reflexiones . Detectamos que chirrían discursos porque analizamos, afortunadamente , desde varios ángulos ( personal, familiar, social...) . A veces el discurso -mentira resulta un salvoconducto para "parecer normal " y por supuesto que sigue siendo nuestro objetivo establecer una relación de ayuda profesional . Yo suelo repetirme muy a menudo : "datos , me faltan datos" , porque aún me falta para poder entender. Sin embargo , esas ayudas-estrella y esos plazos y gestiones tan maratonianas , cómo nos precarizan en intercambio de información y esas relaciones de confianza mutua. Que crean también en nosotr@s es difícil tarea!!

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    1. Entender, comprender aún lo que al principio está oculto... sin ello no hay intervención profesional. Es otra cosa. Y tienes razón, muchas veces el contexto nos dificulta esta ineludible y difícil tarea. Saludos, Merce.

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