miércoles, 17 de mayo de 2017

¿Viva el Trabajo Social?

Aún ando sorprendido por la repercusión de la entrada que he escrito sobre la muerte del Trabajo Social. A las pocas horas de publicarla ya tenía miles de lecturas y yo ya había perdido el hilo de los comentarios y ramificaciones que se iban generando en las redes.


¿Nuevo Trabajo Social?
Así que ahora, con las aguas un poco más quietas, considero preciso hacer algunas aclaraciones. Por un lado, (y mucho más allá de las licencias con las que a veces, aconsejado por Wang, adorno mis escritos para impactar y llamar la atención), la sensación de haber dado en la diana. Algo del problema que he señalado está conectado a la actualidad de la profesión, pues ha generado importantes debates con posiciones bastantes polarizadas.

La pérdida de espacios propios de nuestra profesión es alarmante y se encuentra en progresión constante. Es un hecho y un problema sentido y reconocido que no estamos abordando con eficacia.

No me sirven los argumentos de que el retroceso de nuestra profesión se refleja sólo en los servicios sociales públicos. La iniciativa privada no es la quintaesencia donde se conservan los principios de nuestra disciplina, ni el ejercicio libre de la profesión el lugar donde se reinventará... de la misma manera que tampoco son los servicios sociales públicos los creadores ni conservadores del verdadero Trabajo Social.

El deterioro y retroceso del Trabajo Social en el sistema de servicios sociales es evidente. Aún se conservan espacios donde profesionales desarrollan funciones e iniciativas dignas de nuestra profesión, pero cada vez más esos espacios comienzan a parecerse a la aldea gala de los tebeos de Asterix.

Y también es cierto que en ONG's y en el ejercicio privado hay compañeros que desarrollan actividades de gran valía, pero no es menos cierto que en muchas ocasiones desarrollan funciones y tareas que se parecen al Trabajo Social tanto como los huevos a las castañas.

Y es que el debate no es público o privado. Respeto profundamente el Trabajo Social que se realiza en la iniciativa social o privada. De la misma manera que pienso que, en nuestra historia reciente, el Trabajo Social ha estado indisolublemente unido al desarrollo de los servicios sociales públicos y a éstos tenemos unido nuestro destino.

Más allá del contexto en que desarrollemos nuestro trabajo, como profesión no podemos permitir el deterioro del sistema público de servicios sociales, y dentro de él, del papel fundamental y protagonista de nuestra disciplina. Del mismo modo que los médicos lo ejercen dentro del sistema de salud o los maestros en el educativo. 

Lo diré sin ambages, por poner un ejemplo. En Servicios Sociales y en todas las agencias o instituciones dedicadas a la acción social todos los puestos de coordinación y dirección deberían estar ocupados por trabajadores sociales. No podríamos ni pensar en cualquier otra posibilidad. Lo mismo podríamos hablar de la Universidad, donde el profesorado y los puestos de dirección en las Facultades de Trabajo Social deberían ser ocupados mayoritariamente por trabajadores sociales.

Y si no me vale el argumentario público-privado, tampoco me sirven las posturas idealistas, entusiastas o románticas con las que se defiende la profesión. Lo de "somos agentes de cambio, creámoslo", o lo de que "mientras haya una persona que necesite ayuda, ahí estará el Trabajo Social", están muy bien como slogans o alharacas, pero no sirven de nada al desarrollo de nuestra disciplina y en ocasiones son utilizados tan inapropiada como infantilmente.

La última cuestión que quería aclarar es la crítica a la iniciativa solidaria propiciada por una asignatura en los estudios de Trabajo Social de la Universidad de Zaragoza. El evento consiste en recoger ropa durante una semana destinada a personas sin techo de la localidad, y ha sido publicitado como una magnífica forma de ayuda a un colectivo tan desfavorecido como el de estas personas con el que se ha implicado toda la Universidad.

Con lo que hemos peleado Wang y yo en este blog y en otros sitios contra iniciativas de este estilo, denunciando la perversidad de estas formas de acción social benéfico-asistenciales (y recibiendo montones de críticas por insolidarios), presenciar cómo son alentadas desde la Universidad es (paradoja) desalentador cuando menos. 

Lamento que estos alumnos (y sobre todo los profesores que los deberían orientar) se hayan dejado seducir por el mensaje navideño de nuestra flamante Ministra de Servicios Sociales más que por las entradas de este blog.

Y dado que las razones de mi tristeza, verguenza y desaliento están contenidas en muchas de esas entradas, me atrevo a recomendar, a quien le interese, algunas de ellas:


Y una, especialmente dedicada a quien me lea desde la Universidad: De la ciencia a la caridad

Con la esperanza de que algún día podamos gritar, como en la sucesión de las monarquías medievales "El Rey ha muerto, viva el Rey" "El Trabajo Social ha muerto, viva el Trabajo Social", me despido del debate agradeciéndoos los múltiples comentarios y críticas recibidos y esperando no haber herido a ninguno de los magníficos profesionales que a lo largo del Estado desarrollan su labor.

8 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo Pedro. Por un lado,menos frases grandilocuentes y más desarrollo profesional. Menos “Somos la voz de los sin voz”(estamos llegando al borde del delirio megalomaniaco) y más intervenciones profesionales. Yo también estoy cansado de ver el aluvión de profesionales que se han apuntado, y encima en puestos directivos, a “la gestión de los servicios sociales y entidades de carácter social en general” sin tener la más remota idea de para que fueron diseñados, cual es su misión, que procesos deben estimularse y cuáles abandonar. Sin tener la experiencia real de haber hecho entrevistas individuales y familiares, haber llevado grupos y trabajado con las comunidades. Sin la experiencia para el manejo de equipos, la planificación estratégica y la orientación al cambio. Sin la mirada necesariamente compleja de lo que supone la intervención social.
    Y es triste, muy triste, que precisamente en este mes de mayo que se cumplen 100 años de la publicación del libro de Mary Richmond sobre el diagnóstico social,intentando profesionalizar la atención, unos estudiantes de esa profesión que ella comenzó a consolidar como tal,se dediquen a tareas propias del S XIX . Yo les ponía de deberes leerse en grupo el libro de Mary Richmond. Solo con el capítulo dedicado a la primera entrevista aprenderían mucho más que repartiendo ropa. Perdón por la extensión u gracias por poner n común tus pensamientos Pedro

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    1. Suscribo una por una tus palabras. Se dedican a la gestión y a la intervención social profesionales sin apenas idea de todas las cosas que planteas, en especial la complejidad de la acción social. En cuanto al libro de Mary Richmond, más que a los estudiantes se lo ponía como obligatorio a los profesores que han alentado-consentido esa actividad, que probablemente ni conozcan. Saludos.

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  2. Escribes muy bien, Pedro. Estoy de acuerdo con tus reflexiones. El debate entre lo público o lo privado para salvar el Trabajo Social, los espacios que están ocupando otras profesiones en actividades propias, los sloganes utilizados de forma infantil con un entusiasmo desmedido, la tendencia a confundir "derechos", "solidaridad" y "caridad"... No has dejado ni un palo sin tocar. Creo que tenemos problemas dentro de la profesión y sería necesario definir muchos espacios de trabajo, repensar nuestro papel en diferentes organizaciones, seguir luchando por conseguir una Ley Marco de Servicios Sociales, .... pero el Trabajo Social No Ha Muerto. Quiero ser optimista y pensar que el momento político y de crisis económica también nos está arrastrando hacia una deriva que no deseamos en el Trabajo Social, y que gracias a denuncias como la tuya seremos capaces de recapacitar, reponernos y no "perder el norte".

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    1. Gracias por tu valoración y por tus palabras, estimada compañera. Yo también espero que, entre todos, seamos capaces de recapacitar y "recuperar el norte". Un abrazo.

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  3. Cuánta lucidez. Todos mis respetos y agradecimiento, Pedro.

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    1. Nada que agradecer, me limito a poner por escrito lo que muchos compañeros y compañeras sienten y piensan. Saludos.

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