viernes, 9 de marzo de 2018

Thi May, robando niños en Vietnam

Hace unos días, Wang y yo nos fuimos al cine. Con la intención de pasar un rato agradable y relajado, sin más pretensiones, elegimos la película "Thi May, rumbo a Vietnam", en lo que creimos que sería una comedia española ligera con la que, simplemente, reirnos un poco.

 

Atención, si tienes intención de ver la película no sigas leyendo,
 porque voy a destripar el argumento.

Si no fuera porque Wang es un inmigrante asiático bastante rebelde y yo un viejo Trabajador Social cascarrabias, hubieramos acertado.

Porque la película es amable y se deja ver con facilidad. Está bien construida, sus actores y actrices lo hacen muy bien y el argumento combina humor, tristeza y emoción de una manera bastante equilibrada, sin que destaque especialmente ninguna cosa sobre otra. El desenlace sin sorpresas, previsible y con un final feliz, hace que la mayoría de gente salga del cine sonriendo.

Y como digo, nosotros también si hubiéramos sido capaces de prescindir del argumento.

La película comienza de un modo trágico, cuando la protagonista recibe la noticia de que su hija ha fallecido en un accidente de tráfico y se entera poco después de que a esta hija se le ha concedido la adopción de una niña vietnamita que había solicitado. A partir de entonces, decide viajar a Vietnam acompañada de unas amigas, para intentar traerse a la que considera su "nieta adoptiva".

Entre bromas y situaciones humorísticas, lo que se narra es la pelea de esta "abuela" contra la administración, tanto española como vietnamita, que consideran que la niña debe permanecer en Vietnam y comenzar un nuevo expediente de adopción con otra familia.

Y para ello, no duda en utilizar todo tipo de engaños y triquiñuelas, llegando a falsificar documentos y engañando a las autoridades del país con la  connivencia de varios personajes a los que convence con su dolor por la pérdida de su hija y su determinación para hacerse con su "nieta", lo cual, naturalmente, al final consigue.

Los temas quedan apuntados. ¿Qué necesidades satisface esa "adopción"? ¿Las de la "abuela" o las de la niña? ¿Es legítimo utilizar cualquier método, incluido el engaño, para hacer valer lo que creemos que es nuestro derecho? ¿Basta, desde nuestra superioridad moral, el convencimiento de que la niña estará mejor aquí que en su país, para considerar que debe venirse a vivir con nosotros?

Pero no creaís que la película profundiza en estos dilemas. Su intención no es generar debate o reflexión al respecto. Simplemente opta por lo que, a nuestros ojos, nos parecía una aberración y nos impidió disfrutar de la película: el robo de niños en otros países está permitido porque aquí podemos proporcionarles el bienestar que en su país no tienen. 

Este mensaje que me pareció tan peligroso es lo que me ha motivado a escribir esta entrada. Porque no todo vale. El bienestar infantil en un tema como la adopción internacional no puede ser objeto de evaluaciones privadas, sino que debe estar sometido a rigorosos controles públicos, tanto en el pais de origen como en el de destino. Por eso está regulada. Para evitar la compra-venta y el tráfico de niños que los convierta en una mercancía más de esta sociedad que nunca se sacia.

Habrá quien diga que es una ficción. Que no es posible una historia semejante. Si yo estuviera convencido de ello, no estaría escribiendo esto. Porque me ha tocado presenciar historias parecidas, estas reales, donde a pesar de toda regulación y el esfuerzo de los sistemas de protección, las necesidades de los niños no han sido consideradas más allá de la comparación entre las condiciones materiales de su país y del nuestro, lo cual ha legitimado su uso como mercancía.

Es lo que tiene el cine. Piensas reirte y sales revuelto y enfadado. Y en cuanto a la película y su alegato al robo de niños... ¡maldita la gracia que tiene!

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