jueves, 15 de mayo de 2014

Violentados

Reniego de toda forma de violencia. Trabajar en Servicios Sociales me lleva a presenciar las múltiples y variadas formas en que los seres humanos somos capaces de hacernos daño. Y tener que asistir y proteger a las víctimas, tocar y sentir su sufrimiento, experimentar la dificultad de conseguir el cese del maltrato, me hace especialmente sensible ante el hecho violento.

La Guerra de Kurukshetra en una ilustración del Mahābhārata.
Lo cual, lo digo desde el principio, no me inmuniza para no ejercer la violencia. A veces me descubro comportándome de forma violenta en alguna situación o con alguien en concreto. Valgan mis más sinceras disculpas si con las palabras de este blog en alguna de sus entradas he podido herir a alguien. Aunque procuro estar atento, tal vez en alguna ocasión sobrepase la delgada línea de la acidez y la crítica para entrar en el terreno de la desconsideración o el insulto.

Aclaro esto porque siento que sólo desde este reconocimiento propio puedo comentar los últimos hechos violentos que han sido noticia en nuestro país. Unos han sido plenamente reconocidos y visibles, como el lamentable asesinato de la Presidenta de la Diputación de León, o como los comentarios que han justificado el crimen dada la condición de política de la misma o el modo caciquil con el que juzgaban que la ejercía.

Otros cuesta más reconocerlos, como los que han aprovechado para relacionar el asesinato con el descrédito y la "persecución" a los políticos o cuando acusan a las redes sociales de hacer apología de la violencia contra los mismos. En esta línea me han parecido especialmente violentas las declaraciones de la Alcaldesa de Valencia, relacionando sin relacionar el hecho con el clima de violencia social en el que, según ella, se halla inmersa nuestra sociedad.

Estas formas de violencia, como digo, son más difíciles de descubrir. A veces no, pues se realizan de una manera torpe y descarnada, pero en muchas ocasiones se tiñen de una sutileza que dificulta su identificación como actos violentos, aunque no por ello son menos dañinos y peligrosos.

 Yo suelo utilizar para descubrirlos una especie de prueba del nueve: estos segundos jamás son reconocidos por sus autores. Así como los primeros, en ciertas ocasiones, los autores terminan confesando, reconociendo y a veces mostrando arrepentimiento por lo que han cometido, en esta forma de violencia invisible y sutil sucede todo lo contrario. Jamás encontraremos un reconocimiento, como el que por ejemplo, ha hecho una de las causantes del crimen, reconociendo su autoría e incluso la inquina personal que lo motivó. O a otro nivel el reconocimiento de la concejal que ha dimitido tras sus desafortunadas declaraciones respecto al hecho.

Pero todavía hay otras formas de violencia que no suelen reconocerse como tal. Me refiero al desmontaje de derechos sociales y de protección social que estamos sufriendo. Violencia, al fin y al cabo, teñida de mentirosas justificaciones sobre la sostenibilidad del sistema, que tanto sufrimiento está causando a tantas personas condenadas a malvivir abandonadas a su suerte o a la caridad.


Triángulo de Galtung sobre los tipos de violencia

Y también está esa otra violencia que nos pasa desapercibida, de la que no nos enteramos. He comentado en otras ocasiones, hace ya un año, los terribles sucesos donde profesionales de la intervención social son agredidos y asesinados. Por aquel entonces me sorprendió (y me sigue sorprendiendo ahora) la frecuencia con la que ocurren estos sucesos. Me quedo con la sensación de que no se trata de meros accidentes, sino que tiene que ver con las condiciones en que ejercemos la intervención psicosocial, sin la suficiente protección ni medios. Lo cual también considero violencia.
 
Termino este incompleto y apresurado análisis de las formas de violencia con una que siempre me ha preocupado: el  no reconociento. Transcribo las palabras de Richard Sennet en su libro "El respeto, sobre la dignidad del hombre en un mundo de desigualdad", que no me canso de recomendar desde hace años:

"La falta de respeto, aunque menos agresiva que un insulto directo, puede adoptar una forma igualmente hiriente. Con la falta de respeto no se insulta a otra persona, pero tampoco se le concede reconocimiento; simplemente no se la ve como un ser humano integral cuya presencia importa."

Creo, por tanto, que la violencia no es algo ajeno a nosotros, ni fácil de descubrir ni erradicar. En todo caso, creo que como profesionales de lo social estamos obligados a denunciar todas sus formas y no sólo las más claras y aparentes.

El otro camino es hacernos cómplices.

4 comentarios:

  1. Buena entrada Pedro. Me hago cómplice contigo en la denuncia de cualquier tipo de violencia.

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    1. Gracias Begoña. Me alegro de que te haya gustado y de tu "complicidad". Saludos.

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  2. Gracias también a tí, Monica. Saludos.

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Gracias por comentar.