Establecer una relación de ayuda con alguien es algo verdaderamente complejo, pues requiere de mucha técnica, un compromiso ético, cierta
experiencia y también, por qué no decirlo, algo de arte.
Algunos
pensamos que esa es la principal función de los servicios sociales y la
verdadera razón por la cual somos necesarios en ellos los trabajadores
sociales, cuya formación universitaria nos permite realizar
correctamente esa (compleja como digo, a la vez que apasionante), aventura de
ayudar a alguien. Sólo nuestra disciplina, y no en exclusiva sino en
colaboración con otras afines, es capaz de abordar todos los matices y factores
que son necesarios para ello.
Paralelamente,
hay quien piensa que la función de los servicios sociales no es la generación
de esas relaciones de ayuda, sino que su cometido fundamental es proveer de
recursos (económicos la mayoría de las veces) para las peticiones (no
necesidades, ni demandas) de la gente. Es un esquema muy simple y potente. Por
ejemplo: alguien alega no tener dinero ni recursos para pagar el alquiler. Los
servicios sociales son los encargados de comprobar esa ausencia de recursos y
una vez certificada, conceder la correspondiente prestación económica para
afrontar el pago.
En un
ejercicio de reduccionismo necesario para continuar mi reflexión, denominaré a
ambas posiciones como RELACION DE AYUDA vs. PROVISIÓN DE RECURSOS y obviaré por
el momento otras cuestiones y matices que he ido desarrollando en muchas
entradas de este blog.
Quedémonos
sólo con las dos posiciones y vamos a reducirlas un poco más (siendo consciente
de que con cada reducción uno va siendo cada vez más impreciso). Hablaremos de
AYUDAR vs. SUBVENIR.
AYUDAR entendiéndolo
dentro de un marco terapéutico, pues se persigue en última instancia el cambio
del sujeto para que pueda superar su situación, y SUBVENIR dentro naturalmente
de un marco asistencial que pretende únicamente cubrir las necesidades del
usuario.
Llegados hasta
aquí, diremos que el debate sobre qué posición tienen que adoptar los servicios
sociales está muy lejos de estar resuelto. Conviven ambas posiciones en una
dialéctica que frecuentemente se torna problemática, dado que tanto los
paradigmas de los que parten como las estrategias que promueven son en muchas
ocasiones incompatibles y/o antagónicos.
Todas estas
reflexiones surgen de una noticia que una compañera,
Alba Pirla, nos hacía llegar el otro día. En ella denunciaba la situación de algunos
servicios sociales en Lleida, presionados en su trabajo por diversas
plataformas ciudadanas. Por mi parte, leía con verdadera preocupación las dinámicas
que se habían generado y la difícil situación que estaban sufriendo muchos
profesionales. Alba compartía las reflexiones que al respecto hacía otro
compañero, Ramón Juliá, en el blog
Ágora del treball social de Lleida. Os invito a
que las leáis, pues el problema debe hacernos reflexionar y el escrito del
compañero contiene muy buenas claves para ello y aporta a mi juicio elementos
muy pertinentes.
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Situación en la queda el usuario |
Por mi parte, comprendo la situación de esos compañeros y compañeras que han
sufrido esas situaciones. A mucho menor nivel, yo también he tenido ese tipo de
presiones y he visto cómo usuarios eran “secuestrados” por activistas de
algunos movimientos y utilizados en nuestra contra, interrumpiendo procesos de
ayuda y dañando irremediablemente el trabajo profesional realizado. Además de
las consecuencias para esos usuarios, sé lo difícil que es para los profesionales
presenciar y soportar esos procesos y si, como en Lleida, las presiones entran
en la agresividad y la violencia no puedo más que decirles a estos profesionales que, aún que sea virtualmente,
estoy incondicionalmente de su lado.
Porque en realidad, y vuelvo a la reflexión de inicio, lo que está sucediendo no tiene que
ver con ellos. Es consecuencia de la dialéctica que señalaba y en el fondo, del
fenómeno que se describe como deslizamiento
de contexto.
Volvamos a
nuestras queridas y erróneas simplificaciones y digamos que la dialéctica
descrita entre AYUDAR y SUBVENIR es
resonante a la dialéctica entre CONTEXTO TERAPÉUTICO y CONTEXTO ASISTENCIAL. Ya
hemos hablado en este blog (y seguiremos hablando) del valor terapéutico de
todos los contextos, incluido el asistencial y de cuestiones como si éste debe
o no formar parte del sistema de servicios sociales, pero esas cuestiones vamos hoy a dejarlas de lado.
Cardona y Campos (2009) definen
con claridad el fenómeno de deslizamiento de contexto:
“En el marco de las profesiones orientadas a
las relaciones de ayuda, y por tanto, desde la perspectiva del Trabajo Social,
la definición del contexto de intervención profesional pasa necesariamente por
explicitar la finalidad, los propósitos, las expectativas y las disposiciones,
y que éstos sean compartidos por las personas que integran una relación de
ayuda permitiendo, a su vez, la creación de una relación colaborativa de
confianza en el marco de un servicio.
No definir adecuadamente un contexto da
lugar a la probable confusión de los significados entre los participantes
(trabajador/a social y sistema cliente), que pueden tener la vivencia de estar
trabajando en contextos diferentes, con finalidades diferentes. Esta situación
se verá más agravada si el profesional no se percata de que se ha producido una
discrepancia de contexto, un cambio de contexto, y por tanto un cambio en las
pautas de relación, dando lugar al fenómeno de “deslizamiento de contexto”
descrito por Selvini (1990):
Sin un marco de referencia (contextual),
compartido, al menos en mínimo grado, los malos entendidos y las discrepancias
comunicativas son inevitables. La confusión se agrava si los participantes no
son conscientes de haber encontrado un propósito o un marco de referencia
comunes.
Esta situación puede verse como un terreno
abonado para generar situaciones de dependencia y cronicidad entre las familias
y los servicios asistenciales”
Portularia Vol. IX, Nº 2, [17-35]
Y es
también terreno abonado, añado yo, para que sucedan situaciones y conflictos
como la que estamos refiriendo.
La
indefinición del contexto entre el que el profesional considera que debe
utilizar (terapéutico) y el que el usuario pretende (asistencial) es la causa
de las dificultades de comunicación y entendimiento entre ambos y por tanto, de
conflicto.
Por ejemplo,
en el contexto terapéutico es importante preservar la relación, espacio e
intimidad entre profesional y usuario. Es lo que piensan los profesionales de
Lleida cuando definen en su protocolo que no harán entrevistas a nadie que vaya
acompañado por plataformas y personas que intenten presionar a los trabajadores
sociales. Pero eso lo piensan, como digo, porque definen su contexto como
terapéutico. En el contexto asistencial en el que se define el usuario, eso no
tiene importancia, por lo cual no hay posibilidad de entendimiento.
Y cuando hay
un conflicto en una díada (en nuestro caso profesional-usuario),
indefectiblemente aparecerá un tercero (en este caso esas plataformas o
activistas), para constituir la necesaria coalición que desequilibre la
balanza.
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Errando el tiro |
Además, es
necesario tener en cuenta que en la coalición usuarios-plataformas intervienen
muchos factores. Los usuarios pretenden forzar ese contexto asistencial respondiendo
a fenómenos intrínsecos como la delegación, la desresponsabilización,
cronicidad, dependencia y pasividad dentro en muchas ocasiones de una situación
que Cirillo describe como “síndrome de indemnización” y que en otra ocasión
desarrollaremos. Por otra parte, los intereses de esas plataformas son más de
orden político y en algunas ocasiones fundamentadas en búsquedas de
protagonismo cuando no en otras carencias personales que propician la
“cosificación” de los usuarios.
Naturalmente,
la pregunta es obligada: ¿cómo salir de esta situación?. La única manera es
redefinir el sistema de servicios sociales, pues en la definición actual están
los contextos tan confusamente mezclados que los deslizamientos son
inevitables. A falta de esta redefinición general del sistema, tal vez podamos intentar
redefiniciones internas, pero difícilmente así solucionaremos el problema.
Mientras, tal
vez lo único que podamos hacer sea metacomunicar, hablar de la propia
comunicación y de los elementos que subyacen a estos contextos y relaciones.
Que es lo que
he pretendido yo, no sé si muy acertadamente, en esta entrada.
P.D. Un fuerte abrazo de Wang y otro mío para los y las profesionales que están sufriendo esas situaciones de presión y coacciones.