viernes, 17 de febrero de 2017

El secuestro de la relación de ayuda



Establecer una relación de ayuda con alguien es algo verdaderamente complejo, pues requiere de mucha técnica, un compromiso ético, cierta experiencia y también, por qué no decirlo, algo de arte. 


Algunos pensamos que esa es la principal función de los servicios sociales y la verdadera razón por la cual somos necesarios en ellos los trabajadores sociales, cuya formación universitaria nos permite realizar correctamente esa (compleja como digo, a la vez que apasionante), aventura de ayudar a alguien. Sólo nuestra disciplina, y no en exclusiva sino en colaboración con otras afines, es capaz de abordar todos los matices y factores que son necesarios para ello.

Paralelamente, hay quien piensa que la función de los servicios sociales no es la generación de esas relaciones de ayuda, sino que su cometido fundamental es proveer de recursos (económicos la mayoría de las veces) para las peticiones (no necesidades, ni demandas) de la gente. Es un esquema muy simple y potente. Por ejemplo: alguien alega no tener dinero ni recursos para pagar el alquiler. Los servicios sociales son los encargados de comprobar esa ausencia de recursos y una vez certificada, conceder la correspondiente prestación económica para afrontar el pago.

En un ejercicio de reduccionismo necesario para continuar mi reflexión, denominaré a ambas posiciones como RELACION DE AYUDA vs. PROVISIÓN DE RECURSOS y obviaré por el momento otras cuestiones y matices que he ido desarrollando en muchas entradas de este blog.

Quedémonos sólo con las dos posiciones y vamos a reducirlas un poco más (siendo consciente de que con cada reducción uno va siendo cada vez más impreciso). Hablaremos de AYUDAR vs. SUBVENIR.

AYUDAR entendiéndolo dentro de un marco terapéutico, pues se persigue en última instancia el cambio del sujeto para que pueda superar su situación, y SUBVENIR dentro naturalmente de un marco asistencial que pretende únicamente cubrir las necesidades del usuario.

Llegados hasta aquí, diremos que el debate sobre qué posición tienen que adoptar los servicios sociales está muy lejos de estar resuelto. Conviven ambas posiciones en una dialéctica que frecuentemente se torna problemática, dado que tanto los paradigmas de los que parten como las estrategias que promueven son en muchas ocasiones incompatibles y/o antagónicos.

Todas estas reflexiones surgen de una noticia que una compañera, Alba Pirla, nos hacía llegar el otro día. En ella denunciaba la situación de algunos servicios sociales en Lleida, presionados en su trabajo por diversas plataformas ciudadanas. Por mi parte, leía con verdadera preocupación las dinámicas que se habían generado y la difícil situación que estaban sufriendo muchos profesionales. Alba compartía las reflexiones que al respecto hacía otro compañero, Ramón Juliá, en el blog Ágora del treball social de Lleida. Os invito a que las leáis, pues el problema debe hacernos reflexionar y el escrito del compañero contiene muy buenas claves para ello y aporta a mi juicio elementos muy pertinentes.

Situación en la queda el usuario
Por mi parte, comprendo la situación de esos compañeros y compañeras que han sufrido esas situaciones. A mucho menor nivel, yo también he tenido ese tipo de presiones y he visto cómo usuarios eran “secuestrados” por activistas de algunos movimientos y utilizados en nuestra contra, interrumpiendo procesos de ayuda y dañando irremediablemente el trabajo profesional realizado. Además de las consecuencias para esos usuarios, sé lo difícil que es para los profesionales presenciar y soportar esos procesos y si, como en Lleida, las presiones entran en la agresividad y la violencia no puedo más que decirles a estos profesionales que, aún que sea virtualmente, estoy incondicionalmente de su lado.

Porque en realidad, y vuelvo a la reflexión de inicio, lo que está sucediendo no tiene que ver con ellos. Es consecuencia de la dialéctica que señalaba y en el fondo, del fenómeno que se describe como deslizamiento de contexto.

Volvamos a nuestras queridas y erróneas simplificaciones y digamos que la dialéctica descrita  entre AYUDAR y SUBVENIR es resonante a la dialéctica entre CONTEXTO TERAPÉUTICO y CONTEXTO ASISTENCIAL. Ya hemos hablado en este blog (y seguiremos hablando) del valor terapéutico de todos los contextos, incluido el asistencial y de cuestiones como si éste debe o no formar parte del sistema de servicios sociales, pero esas cuestiones vamos hoy a dejarlas de lado.

Cardona y Campos (2009) definen con claridad el fenómeno de deslizamiento de contexto:


“En el marco de las profesiones orientadas a las relaciones de ayuda, y por tanto, desde la perspectiva del Trabajo Social, la definición del contexto de intervención profesional pasa necesariamente por explicitar la finalidad, los propósitos, las expectativas y las disposiciones, y que éstos sean compartidos por las personas que integran una relación de ayuda permitiendo, a su vez, la creación de una relación colaborativa de confianza en el marco de un servicio.
No definir adecuadamente un contexto da lugar a la probable confusión de los significados entre los participantes (trabajador/a social y sistema cliente), que pueden tener la vivencia de estar trabajando en contextos diferentes, con finalidades diferentes. Esta situación se verá más agravada si el profesional no se percata de que se ha producido una discrepancia de contexto, un cambio de contexto, y por tanto un cambio en las pautas de relación, dando lugar al fenómeno de “deslizamiento de contexto” descrito por Selvini (1990):
Sin un marco de referencia (contextual), compartido, al menos en mínimo grado, los malos entendidos y las discrepancias comunicativas son inevitables. La confusión se agrava si los participantes no son conscientes de haber encontrado un propósito o un marco de referencia comunes.
Esta situación puede verse como un terreno abonado para generar situaciones de dependencia y cronicidad entre las familias y los servicios asistenciales”
Portularia Vol. IX, Nº 2, [17-35]

Y es también terreno abonado, añado yo, para que sucedan situaciones y conflictos como la que estamos refiriendo.

La indefinición del contexto entre el que el profesional considera que debe utilizar (terapéutico) y el que el usuario pretende (asistencial) es la causa de las dificultades de comunicación y entendimiento entre ambos y por tanto, de conflicto.

Por ejemplo, en el contexto terapéutico es importante preservar la relación, espacio e intimidad entre profesional y usuario. Es lo que piensan los profesionales de Lleida cuando definen en su protocolo que no harán entrevistas a nadie que vaya acompañado por plataformas y personas que intenten presionar a los trabajadores sociales. Pero eso lo piensan, como digo, porque definen su contexto como terapéutico. En el contexto asistencial en el que se define el usuario, eso no tiene importancia, por lo cual no hay posibilidad de entendimiento.

Y cuando hay un conflicto en una díada (en nuestro caso profesional-usuario), indefectiblemente aparecerá un tercero (en este caso esas plataformas o activistas), para constituir la necesaria coalición que desequilibre la balanza.

Errando el tiro
Además, es necesario tener en cuenta que en la coalición usuarios-plataformas intervienen muchos factores. Los usuarios pretenden forzar ese contexto asistencial respondiendo a fenómenos intrínsecos como la delegación, la desresponsabilización, cronicidad, dependencia y pasividad dentro en muchas ocasiones de una situación que Cirillo describe como “síndrome de indemnización” y que en otra ocasión desarrollaremos. Por otra parte, los intereses de esas plataformas son más de orden político y en algunas ocasiones fundamentadas en búsquedas de protagonismo cuando no en otras carencias personales que propician la “cosificación” de los usuarios.

Naturalmente, la pregunta es obligada: ¿cómo salir de esta situación?. La única manera es redefinir el sistema de servicios sociales, pues en la definición actual están los contextos tan confusamente mezclados que los deslizamientos son inevitables. A falta de esta redefinición general del sistema, tal vez podamos intentar redefiniciones internas, pero difícilmente así solucionaremos el problema.

Mientras, tal vez lo único que podamos hacer sea metacomunicar, hablar de la propia comunicación y de los elementos que subyacen a estos contextos y relaciones.

Que es lo que he pretendido yo, no sé si muy acertadamente, en esta entrada.

P.D. Un fuerte abrazo de Wang y otro mío para los y las profesionales que están sufriendo esas situaciones de presión y coacciones.

7 comentarios:

  1. Gracias por esta reflexión, una vez más. Te acompaño otra de mi hermano (psicólogo y coach ejecutivo): https://www.pablotovar.com/arreglas-ayudas-o-sirves/

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    1. Gracias Virginia, interesante conceptualización la de tu hermano. Un abrazo.

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  2. Esta situación que describes está ocurriendo yo creo que en muchos lugares. A mi humilde entender actualmente, y dada la indefinición de los servicios sociales, en mi caso públicos, de Ayto pequeño, nos encontramos con que las familias acuden para ambas cosas, relación asistencial pura y dura, y relación de ayuda si el profesional la enmarca e involucra. Cuando acuden acompañados de plataformas, abogados, etc, lo hacen ante la duda sobre sus derechos asistenciales, dudas fomentadas por la indefinición de sus derechos, las variaciones de valoración dentro de un mismo ente,. Etc. Desde luego en esa entrevista no se puede trabajar la relación de ayuda, pero yo me pongo en sus zapatos y ante la duda, se pide ayuda, y hasta la fecha no me he negado a atender estás consultas, eso si, centrada exclusivamente en la duda en cuestión. Sería más sencillo con una Cartera clara y publica de derechos, e infinitamente mejor si hubiera renta básica y nos dedicaramos solo a nuestro trabajo, para ello seguimos luchando.

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    1. Gracias, Belén, por compartir tu experiencia. Un abrazo.

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  3. Lo has explicado perfectamente, el asunto de los contextos es clave en servicios sociales, ojalá lo conociesen más profesionales ¿o debería decir operadores?

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    1. Me gusta el concepto de operadores, y también profesionales. Y sí, el análisis de contextos es algo muy importante para orientar la intervención. Para mí, imprescindible.

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  4. Totalmente de acuerdo con todo lo que has dicho. Siempre he sostenido que el Trabajo Social tiene que seguir evolucionando, y el problema es que hemos llegado a un punto de estancamiento en parte por la propia Administración, por los usuarios, y en gran parte por los propios Trabajadores Sociales. La mayor herramienta que tenemos para trabajar con una persona somos nosotros mismos, y todo lo demás son accesorios...

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Gracias por comentar.